Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

Imagen de la semana: ¿Qué es Castilla hoy?

 

Fuente: elordenmundial.com

Castilla es una región histórica española, que fue inicialmente un condado circunscrito a las actuales Cantabria y Burgos, dependiente del Reino de León y posteriormente ya una entidad separada. Con el tiempo, se convirtió en el Reino de Castilla y se fue ampliando hacia el sur y este hasta englobar lo que se llamaría entre los siglos XIX y XX Castilla la Vieja (actuales Cantabria y La Rioja y las provincias de Ávila, Segovia, Valladolid, Palencia, Burgos y Soria).

Como vemos en el mapa, al contrario que en el pasado, hoy no está del todo claro qué es Castilla, al margen de la definición inicial como región española que cubre buena parte del interior peninsular. Si nos atenemos a criterios históricos, Castilla serían hoy las actuales comunidades de Castilla y León, Madrid, Castilla-La Mancha, La Rioja y Cantabria. Sin embargo, también la historia ha hecho que haya diferencias importantes que hay que tener en cuenta.

La primera es respecto a León. Nació como reino a partir del Reino de Asturias, y el Condado de Castilla se separó del mismo. Durante parte de la Edad Media, ambas entidades se unieron y separaron por motivos dinásticos y políticos hasta su unión definitiva con el rey Fernando III en 1230. Sin embargo, el León original, que corresponde básicamente con las provincias de León, Zamora y Salamanca, mantuvo su propia identidad hasta hoy y no se considera parte de Castilla, aunque actualmente comparta comunidad autónoma con la anterior Castilla la Vieja. 

Tras la unión de 1230, Castilla y León continuaron expandiéndose hacia el sur, con la meseta ya conquistada, iniciando la incorporación del sur peninsular. Así, Castilla se hizo con las actuales Andalucía y Murcia. Era la llamada Corona de Castilla, momento de máxima extensión castellana en la península (posteriormente llegaría la expansión ultramarina, pero eso es otra historia). 

Por tanto, ¿qué es Castilla hoy? Si nos atenemos a la extensión original, serían Cantabria y Burgos pero si nos atenemos a la extensión mayor sería casi toda España menos las comunidades del este, que fueron parte de la Corona de Aragón. Sin embargo, solemos considerar que la región castellana incluye como mínimo las comunidades de Castilla-La Mancha, Madrid y Castilla y León (salvo las tres provincias leonesas). En los casos de las dos comunidades que llevan Castilla en su nombre es obvio: en una por ser heredera de Castilla la Vieja tras volver a unirse una vez más con León (algo que en esa región muchos no vieron ni ven con buenos ojos) y la otra por ser una reconfiguración del viejo Reino de Toledo, que en el siglo XIX pasó a ser Castilla la Nueva. Esta estaba formada por las provincias de Toledo, Guadalajara, Ciudad Real, Cuenca y Madrid. Albacete por motivos históricos era parte de la Región de Murcia. Sin embargo, durante la Transición a la democracia, Albacete fue incorporada a la nueva región de Castilla-La Mancha y Madrid, debido a su capitalidad y a tener una demografía y economía claramente diferentes del resto, se convirtió en comunidad propia por interés nacional a pesar de que es una región castellana. Esto se refleja en sus símbolos: la bandera es roja por ser este el color tradicional de Castilla y en su escudo aparecen dos castillos en referencia a estar rodeada por las dos Castillas. 

Finalmente, dos de las antiguas provincias de Castilla la Vieja se separaron durante la Transición y pudieron crear sus propias comunidades, Cantabria y La Rioja. En el caso de la primera, se adujo su carácter distinto al resto de Castilla al ser una región costera (de hecho era el puerto histórico de Castilla), con tradiciones propias. La Rioja tiene de peculiaridad el estar volcada al valle del Ebro, al contrario que el resto de provincias castellanadas norteñas, enfocadas al Duero. Sin embargo, normalmente se considera que, por motivos históricos, ambas tienen tradición castellana. De hecho, la lengua castellana nació en ese triángulo entre Cantabria, Burgos y La Rioja. 

Imagen de la semana: la independencia de EE.UU



Estados Unidos siempre está de actualidad. No es de extrañar puesto que es la primera potencia mundial desde hace un siglo y su influencia es clave para entender el mundo. Sin embargo, Estados Unidos (un país que, curiosamente, no tiene nombre propio ya que no se decidieron por uno al declarar la independencia y decidieron que fuese una descripción: Estados Unidos de América) no siempre fue la superpotencia que es hoy. 

Y es que, como muestra el mapa que nos acompaña hoy, trabajo fantástico de El Orden Mundial, el país nació a partir de las trece colonias que poseía Gran Bretaña al este de Norteamérica, limitando al este con el océano Atlántico, por lo que era mucho más pequeño que actualmente. Estas colonias, que hoy son estados de EE.UU, eran diferentes entre sí y, de hecho, cuando se independizaron el 4 de julio de 1776 no había una identidad común como sí la hay actualmente sino que hubo que crearla. 

Además, las colonias se agrupaban por zonas geográficas porque, como ya hemos mencionado, eran muy distintas. El clima y la economía variaban sustancialmente de la colonia más septentrional, Massachussets, a la más meridional, Georgia. De un clima continental frío a un clima subtropical húmedo. Y de un modelo económico basado en la ganadería y la explotación forestal a uno agrícola sustentado por esclavos en el sur. 

Las colonias norteñas formaban Nueva Inglaterra, nombre que perdura hasta hoy. Eran las colonias más parecidas a la metrópoli británica y la primera era Massachussets, con capital en Boston (en donde comenzó todo el movimiento que llevaría a la independencia debido al famoso Motín del Té (o Boston Tea Party, en inglés). En 1820, la zona norte se separaría como Maine. Otras colonias de Nueva Inglaterra eran New Hampshire, Rhode Island y Connecticut, todos ellos pequeños estados en la actualidad a los que se suma Vermont, que en el momento de la independencia no era una colonia independiente sino que la reclamaban tanto Nueva York como New Hampshire, independizándose de manera efectiva durante la Guerra de la Independencia y, años después, sumándose a EE.UU como estado. 

Más al sur estaban las colonias centrales, más industriales y que eran las que enlazaban el territorio. Aquí estaban las ciudades más influyentes, Nueva York y Filadelfia. En esta última fue donde se declaró la independencia de EE.UU y fue su primera capital hasta que se construyó desde cero la nueva y definitiva: Washington Distrito de Columbia (DC). Esta ciudad se construyó en las colonias del sur pero cerca del límite con las colonias centrales para situarse a equidistancia de unas y otras. Las colonias centrales corresponden con los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Pensilvania.

Finalmente, tenemos las colonias del sur, de tradición esclavista y que en la Guerra de Secesión (o guerra civil estadounidense) intentaron separarse del norte sin éxito para mantener unas tradiciones y una economía que negaban la libertad a una buena parte de su población. Estas colonias son los actuales estados de Maryland, Delaware, Virginia (la zona oeste de la misma se separó del resto durante la guerra civil y hoy es otro estado, Virginia Occidental), Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia. 

Tras la independencia, lograda tras una cruenta guerra con Gran Bretaña, Estados Unidos nació como una república federal y pronto comenzó su proceso de expansión hacia el oeste mediante conquistas y compras a otras potencias como Francia o España. Nacía una potencia aunque en ese momento nadie esperaba que llegase a ser lo que es hoy. 

Otros artículos sobre la expansión posterior de EE.UU:

Una breve historia del colonialismo europeo

 


La imagen de esta semana va a ser un gráfico, una representación visual en este caso de un evento histórico como fue la colonización europea de territorios especialmente en América, África, Asia y Oceanía. Sin embargo, como vemos en nuestro gráfico, no todos los países comenzaron a colonizar territorios a la vez sino que hubo algunos que fueron pioneros y a los que siguieron otras potencias europeas que acabarían convertiéndose en las hegemónicas más tarde hasta que todas ellas perdieron prácticamente todas sus colonias en la segunda mitad del siglo XX durante el proceso de descolonización. Además, el gráfico no incluye a potencias colonizadoras no europeas, aunque existieron, destacando los casos de Estados Unidos, Japón y Rusia mediante su expansión por Asia. 

Así, vemos que el primer país europeo en tener colonias fue Portugal. Habiendo terminado su constitución como Estado tras conquistar a los musulmanes el sur (actualmente el Algarve), los portugueses iniciaron su expansión atlántica, primero conquistando la ciudad de Ceuta en el norte de África y luego las islas que aún hoy son portuguesas, las Madeira y las Azores. Su vecina Castilla no tardó en imitar a Portugal e inició asimismo su expansión en el Atlántico centrándose en las islas Canarias. 

Sin embargo, los modelos de ambos países eran distintos: Portugal apostaba por llegar a la India rodeando África (lo que logró) y Castilla, ya unida dinásticamente con Aragón en época de los Reyes Católicos, se centró en el norte de África (conquistando varios enclaves como Melilla) y, sobre todo, financió la expedición de Cristóbal Colón para llegar a Asia navegando por el oeste. El resultado es de sobra conocido: no se llegó a Asia porque había un error de cálculo y no se contaba con que había un continente entero al oeste del Atlántico, América. Castilla, que dio lugar con el tiempo y la unión dinástica a España, comenzó la colonización de dicho continente, primero en las islas del Caribe y, ya en el siglo XVI, tanto en Norteamérica como en Sudamérica, creando el imperio más grande de esta primera etapa colonizadora puesto que se extendía desde el oeste de los actuales Estados Unidos hasta las actuales Argentina y Chile en el extremo sur. Portugal tampoco salió mal librada y fue el segundo imperio más importante en este momento al poseer numerosos puestos comerciales en África y Asia y, sobre todo, Brasil en América. 

Pero pronto otras naciones europeas reivindicaron puestos en el proceso de colonización. La primera fue Países Bajos, tras independizarse de la Monarquía Hispánica en el siglo XVII. Se enfrentó a Portugal y le sustituyó en algunos enclaves en América y Asia y tuvo presencia en Sudamérica en el actual Surinam. También inició el establecimiento de puestos comerciales en la que sería su gran colonia a posteriori: Indonesia. Herencia de esta historia colonial es el llamado Caribe neerlandés, varias islas que todavía hoy son dependientes de Países Bajos, como Curaçao, Aruba o Bonaire. Solo por el nombre se ve cómo los neerlandeses reemplazaron a los portugueses en muchas zonas.

Francia e Inglaterra fueron las siguientes en tener intereses ultramarinos, ambas sobre todo en Norteamérica en sus inicios. Francia se comenzó a asentar al este de la actual Canadá, en donde no es extraño pues que se hable francés como primera lengua todavía hoy. También se asentó en islas caribeñas y en la Guayana, territorio que todavía hoy es Francia. Inglaterra por su parte inició sus asentamientos en la costa este norteamericana, lo que sería el inicio de las Trece Colonias que hace 250 años proclamaron su independencia como Estados Unidos. Como las anteriores, Inglaterra (convertida primero en Gran Bretaña tras unificarse con Escocia y después en Reino Unido) también tuvo presencia en islas del Caribe, algunas de ellas aún bajo su control. Francia e Inglaterra se enfrentaron en numerosas guerras por el control de Norteamérica en el siglo XVIII y los ingleses lograron el control casi absoluto al hacerse con Canadá. Se ve en el gráfico cómo el Imperio francés casi desaparece mientras el británico no hace nada más que crecer. 

A principios del siglo XIX, España perdió casi todas sus colonias en América tras las guerras de independencia hispanoamericana, como refleja bien el gráfico. España, antaño el principal poder colonial, quedaba reducida a una potencia menor, aunque se mantuvo hasta el final. Portugal perdió Brasil pero mantuvo su influencia en zonas en África y Asia. Países Bajos quedó como potencia menor. La nueva superpotencia era sin dudas el Imperio británico. Tenía presencia en todos los continentes y enormes territorios como Canadá, Australia, India o la franja oriental del continente africano desde Egipto hasta Sudáfrica, lograda durante el reparto de dicho continente tras la Conferencia de Berlín de 1885. La pérdida de las Trece Colonias a finales del XVIII no supuso a la larga un desastre para Londres. Solo Francia le hacía algo de sombra ya que, para compensar la pérdida de territorios en América, se centró en África, en donde logró un extenso imperio colonial, así como en el sureste asiático. 

A finales del siglo XIX se sumaron a la colonización otros países europeos, en concreto países nuevos que no existían como estados independientes hasta este momento. Fueron los casos de Bélgica, Alemania e Italia. Bélgica solo tenía una colonia pero era tan enorme que ya le hace aparecer en el gráfico, que era el Congo (actual República Democrática del Congo). Alemania tuvo un imperio destacado pero fugaz sobre todo en África, el cual perdió tras su derrota en la Primera Guerra Mundial. Italia lo mantuvo más pero lo perdió a su vez tras ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial.

Tras este último conflicto se constató la debilidad y descrédito de Europa y llegó la inevitable descolonización. Esta fue rápida y en pocas décadas la mayoría de colonias ya se había independizado, quedando en la actualidad solo pequeñas islas y enclaves pendientes de descolonización que, por extensión, ni aparecerían en el gráfico y en los que, en muchos casos, su población insiste en mantenerse dependiente de Reino Unido o Francia, que son los casos que quedan.  

Imagen de la semana: el "Destino Manifiesto"


American Progress. Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (1872).

El Destino Manifiesto fue una creencia originada en Estados Unidos a mediados del siglo XIX, en 1845, por el periodista John L. O'Sullivan. En la misma se creía que era un destino divino que Estados Unidos se expandiese desde sus 13 estados originales (antiguas 13 colonias británicas) hacia el oeste, conquistando Norteamérica entre los océanos Atlántico y Pacífico. Esto justificaba la expulsión e incluso eliminación de los pueblos nativos americanos y de México, que ocupaba todo el suroeste de lo que hoy es EE.UU (estados de California, Arizona, Nevada, Nuevo México y Texas). 

Y con esta doctrina tiene relación la imagen de esta semana. En la misma se observa a una mujer rodeada de un aura de majestuosidad avanzando hacia el oeste. Junto a ella se acerca la luz y claridad frente a la oscuridad que todavía domina el oeste. Junto a ella avanzan los colonos estadounidenses, ocupando las nuevas tierras, y los nuevos medios de transporte que ayudarían a esta expansión, como el ferrocarril (el primero transcontinental data de 1869). A la izquierda se observa cómo los pueblos amerindios originales de esas tierras huyen sin remedio ante el avance de la mujer y de los colonos, así como una manada de bisontes, animal que fue casi exterminado en este proceso de expansión. 

Se trata, por tanto, de un ejemplo de propaganda y de justificación en base a criterios religiosos de la expansión estadounidense desde su territorio original en la costa atlántica de Norteamérica hacia el oeste, tanto por conquista militar (como los territorios de México o los nativos) como por compras (adquirió la Luisiana a Francia, territorio inmenso en lo que hoy es el centro del país. También compró Florida a España y Alaska a Rusia). 

Imagen de la semana: el calendario revolucionario francés

 


Pocas veces ha habido medidas más extravagantes y radicales como la que decidieron los revolucionarios franceses en 1793, en plena Revolución. El calendario gregoriano, empleado en muchos países europeos desde el siglo XVI y todavía hoy el calendario más utilizado del mundo, fue sustituido por otro que se iniciaría el 22 de septiembre de 1792, coincidiendo con el inicio del otoño en Francia. 

Los meses cambiaban de nombre para eliminar toda referencia religiosa o antigua, pues el objetivo era comenzar una nueva era. Así, su nuevo nombre hacía referencia a aspectos climáticos o agrícolas y había tres meses por estación:

Otoño: Vendimiario (por las vendimias), Brumario (brumas), Frimario (escarchas).
Invierno: Nivoso (nieves), Pluvioso (lluvias), Ventoso (vientos).
Primavera: Germinal (semillas), Floreal (flores), Pradial (prados).
Verano: Mesidor (recolección), Termidor (calor), Fructidor (frutos).

Por lo demás, todos los meses tenían 30 días y los cinco días sobrantes estarían dedicados a fiestas. De septiembre de 1792 a septiembre de 1793 fue el año 1 del nuevo calendario... pero no cumpliría muchos años. Napoleón, ya autoproclamado emperador, decidió abolirlo para volver al gregoriano y continuar así su reconciliación con la Iglesia. Así, el 1 de enero de 1805 Francia volvió al calendario tradicional. Se intentaría recuperarlo brevemente en 1814, tras la primera caída de Napoleón, y en 1871 durante la Comuna de París, pero en ningún caso se consiguió, quedando como una curiosidad histórica hasta el día de redacción de este artículo, que en el calendario revolucionario francés sería 19 de Brumario del año 234. 

Imagen de la semana: el sufrimiento de la guerra

Las imágenes terribles que vemos actualmente en Gaza o en Ucrania también se vieron en nuestro país. En la foto que ilustra esta semana, podemos ver a dos niñas escondidas en la entrada de una cloaca en Madrid en el año 1937, durante la Guerra Civil.

En ese terrible conflicto que destruyó España, se dieron muchas atrocidades pero destacamos el bombardeo sobre población civil de manera recurrente e indiscriminada. El caso de Guernica fue especialmente cruento pero la ciudad que sufrió más bombardeos de manera continua fue Madrid. Su población tuvo que esconderse a menudo en el metro o en espacios subterráneos de cualquier tipo como en el que vemos en la fotografía. Caían tantas bombas que la misma Gran Vía fue apodada popularmente como la calle de los obuses, porque era un espacio muy atacado por los sublevados, que pretendían cortas las comunicaciones telefónicas que se realizaban desde el edificio de Telefónica, situado en esa calle. 

Una vez más, memoria, memoria y memoria. 

Imagen de la semana: el fin de la democracia

 


Con un simple documento, que es el que aparece encima de estas líneas. Así fue cómo, en 1933, Adolf Hitler, ya convertido en canciller de Alemania, destruyó la democracia en ese país. Con la excusa de salvar a la nación de sus perversos enemigos, consiguió que el parlamento alemán (Reichstag) aprobase la Ley Habilitante, la cual le daba poderes extraordinarios al canciller al margen del sistema parlamentario. 

¿Tenía el Partido Nazi mayoría absoluta en el parlamento alemán? No. Pero tampoco hizo falta. Con la excusa (de nuevo, excusas) del incendio del edificio del parlamento, los nazis ya habían encarcelado a los diputados comunistas, a los que se acusó del incendio. Con esto, solo quedaba un grupo de izquierdas en la cámara, los socialdemócratas. Los demás partidos eran de centro o de centroderecha. Con una mezcla de amenazas e intimidaciones, los nazis consiguieron que centristas y conservadores votasen a favor de la Ley Habilitante. Muchos de los conservadores tradicionales consideraban que podrían controlar a los nazis. Eran unos ingenuos, como se demostró poco después. Solo los socialdemócratas se atrevieron a votar en contra de la ley, pero fue insuficiente. 

Una vez investido de casi plenos poderes, Hitler mantuvo algunas formas mientras el presidente de la República, Paul von Hindenburg, siguió vivo. A su muerte en 1934, Hitler asumió también la presidencia, pasando a ser el Führer del nuevo Tercer Reich alemán. La democracia quedaba oficialmente enterrada poco más de un año después de aprobarse la Ley Habilitante. Todos los partidos políticos fueron ilegalizados menos el Nazi, así como los sindicatos. Las libertades civiles fueron anuladas y la economía férreamente controlada por el Estado. Y las minorías perseguidas salvajemente, en especial los judíos, acusados falsamente de ser los responsables de todos los males que se daban en Alemania. 

Ya era tarde para protestar. Los que habían mirado a otro lado, o bien se integraron por convicción o por miedo en el sistema, o bien mantuvieron un cauto silencio intentando pasar desapercibidos frente a la cruel represión nazi. Los que se habían opuesto desde el principio a Hitler, como los socialdemócratas, fueron perseguidos, castigados y, no pocas veces, torturados y asesinados por los medios represivos del régimen, como la policía política (Gestapo). 

¿Podría esto volver a ocurrir? Es cierto que la actual democracia alemana y, en general, en muchos países europeos, tiene cláusulas casi imposibles de modificar en sus constituciones para asegurarse de que una simple ley como la que tratamos en este artículo pueda eliminar la separación de poderes. Pero también es cierto que el ascenso, de momento imparable, de los partidos ultras (con la complicidad en muchas ocasiones de los conservadores tradicionales, que quizá esperen "controlarlos" como en 1933) hace que las normas no siempre se vean como respetables, incluso las constituciones, o que haya que cumplirlas. El segundo partido más votado de Alemania en 2025, Alternativa para Alemania, es una formación abiertamente ultraderechista, ultraconservadora y nacionalista, que ha pasado de menos del 5 % de votos en 2013 a más del 20 % en 2025. 

¿El siglo XXI será una repetición de nuestros peores errores en el siglo XX?

Imagen de la semana: ¿nacionalidades o regiones?

En verde oscuro, comunidades que se definen como nacionalidades que ya tuvieron estatuto de autonomía en la II República y, por ello, son llamadas históricas. En verde claro, comunidades que se definen como nacionalidades, con estatutos desde 1981. El resto, comunidades que se definen como regiones, identidades o comunidades.

España se organiza en 17 comunidades autónomas y dos ciudades autónomas desde la aprobación de la Constitución de 1978. Sin embargo, no todas las comunidades tienen las mismas competencias, dividiéndose en dos grupos según cómo fue su acceso a la autonomía.

Las comunidades llamadas históricas ya tuvieron estatuto de autonomía durante la II República: Galicia, País Vasco y Cataluña. La única que pudo desarrollarlo fue Cataluña, ya que el País Vasco lo aprobó en 1936 y en 1937, tras ser conquistado por el bando sublevado en la Guerra Civil, perdió su autonomía. Galicia aprobó su estatuto pero no llegó a entrar en vigor debido a la guerra. Las demás comunidades no llegaron a aprobar estatutos, aunque algunos estaban en discusión.

Tras la dictadura franquista, a nueva democracia volvió a reconocer el derecho de autonomía a las regiones, plasmado en los estatutos de autonomía de cada comunidad. Sin embargo, en los estatutos cada comunidad se define de una manera distinta, y así resulta en que en España hay distintas nacionalidades, regiones, identidades y comunidades.

Veamos ahora cómo definen a cada comunidad sus estatutos:

Galicia, nacionalidad histórica, se constituye en Comunidad Autónoma para acceder a su autogobierno, de conformidad con la Constitución Española y con el presente Estatuto, que es su norma institucional básica.

Asturias se constituye en Comunidad Autónoma de acuerdo con la Constitución y el presente Estatuto que es su norma institucional básica. (se la denomina también comunidad histórica).

Cantabria, como comunidad histórica, para ejercer su derecho al autogobierno reconocido constitucionalmente, se constituye en Comunidad Autónoma de acuerdo con la Constitución y el presente Estatuto, que es su norma institucional básica.

El Pueblo Vasco o Euskal-Herria, como expresión de su nacionalidad, y para acceder a su autogobierno, se constituye en Comunidad Autónoma dentro del Estado Español bajo la denominación de Euskadi o País Vasco, de acuerdo con la Constitución y con el presente Estatuto, que es su norma institucional básica.

Navarra constituye una Comunidad Foral con régimen, autonomía e instituciones propias, indivisible integrada en la Nación española y solidaria con todos sus pueblos.

La Rioja, como expresión de su identidad histórica y en el ejercicio del derecho al autogobierno recogido en la Constitución Española, se constituye en Comunidad Autónoma dentro del Estado Español, de acuerdo con la Constitución y el presente Estatuto que es su norma institucional básica.

Castilla y León es una comunidad histórica y cultural que tiene su origen en los antiguos Reinos de León y de Castilla, ha contribuido de modo decisivo a la formación de España como Nación, ejerce su derecho al autogobierno y se constituye en Comunidad Autónoma en el marco de la Constitución y del presente Estatuto de Autonomía.

Aragón, nacionalidad histórica, ejerce su autogobierno de acuerdo con el presente Estatuto, en el ejercicio del derecho a la autonomía que la Constitución reconoce y garantiza a toda nacionalidad.

Cataluña, como nacionalidad, ejerce su autogobierno constituida en Comunidad Autónoma de acuerdo con la Constitución y con el presente Estatuto, que es su norma institucional básica.

El pueblo valenciano, históricamente organizado como Reino de Valencia, se constituye en Comunidad Autónoma, dentro de la unidad de la Nación española, como expresión de su identidad diferenciada como nacionalidad histórica y en el ejercicio del derecho de autogobierno que la Constitución Española reconoce a toda nacionalidad, con la denominación de Comunitat Valenciana.

La nacionalidad histórica que forman las islas de Mallorca, de Menorca, de Ibiza y de Formentera, como expresión de su voluntad colectiva y en el ejercicio del derecho al autogobierno que la Constitución reconoce a las nacionalidades y a las regiones, se constituye en Comunidad Autónoma en el marco de la propia Constitución y del presente Estatuto.

Madrid, en expresión del interés nacional y de sus peculiares características sociales, económicas, históricas y administrativas, en el ejercicio del derecho a la autonomía que la Constitución Española reconoce y garantiza, es una Comunidad Autónoma que organiza su autogobierno de conformidad con la Constitución Española y con el presente Estatuto, que es su norma institucional básica.

Castilla-La Mancha, en el ejercicio del derecho a la autonomía reconocido constitucionalmente, accede a su autogobierno de conformidad con la Constitución Española y el presente Estatuto, que es su norma institucional básica. (se habla de región a lo largo del texto)

Extremadura, como expresión de su identidad regional histórica y por voluntad democrática de los extremeños, se constituye en Comunidad Autónoma, dentro de la unidad de la Nación española, de acuerdo con la Constitución y con el presente Estatuto, que es su norma institucional básica.

Andalucía, como nacionalidad histórica y en el ejercicio del derecho de autogobierno que reconoce la Constitución, se constituye en Comunidad Autónoma en el marco de la unidad de la nación española y conforme al artículo 2 de la Constitución.

La provincia de Murcia, como expresión de su entidad regional histórica, dentro de la indisoluble unidad de España, se constituye en Comunidad Autónoma, para acceder a su autogobierno, de acuerdo con la Constitución y el presente Estatuto, que es su norma institucional básica.

Canarias es un archipiélago atlántico que, como expresión de su identidad singular basada en sus circunstancias geográficas, históricas y culturales, ejerce el derecho al autogobierno como nacionalidad, constituyéndose en Comunidad Autónoma en el marco del Estado español.

Ceuta, como parte integrante de la Nación española y dentro de su indisoluble unidad, accede a su régimen de autogobierno y goza de autonomía para la gestión de sus intereses y de plena capacidad para el cumplimiento de sus fines, de conformidad con la Constitución, en los términos del presente Estatuto y en el marco de la solidaridad entre todos los territorios de España.

Melilla, como parte integrante de la Nación española y dentro de su indisoluble unidad, accede a su régimen de autogobierno y goza de autonomía para la gestión de sus intereses y de plena capacidad para el cumplimiento de sus fines, de conformidad con la Constitución, en los términos del presente Estatuto y en el marco de la solidaridad entre todos los territorios de España.

Imagen de la semana: las bases de Occidente

 


Desde 1945 Occidente había estado unido en torno a varios conceptos que teníamos muy claros: la democracia liberal, la economía de libre mercado, la libre competencia, el comercio internacional con las menores trabas posibles, un estilo de hacer política moderado... y teníamos claros también quiénes eran los adversarios del mundo occidental: primero la Unión Soviética y el bloque comunista. Después, el terrorismo en sus distintas variables, en especial el islamista. Y, en los últimos años, Rusia y su modelo expansionista por parte política y China como rival económico. 

Las bases de este sistema que unía a los países occidentales fueron, tras la Segunda Guerra Mundial, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en los aspectos militares; y el Plan Marshall en el aspecto económico. Este plan consistió en el envío desde Estados Unidos de millones de dólares para ayudar a los países europeos a recuperarse tras el desastre de la guerra mundial. De esta manera, Washington se aseguraba de que Europa occidental no cayera en manos comunistas como ya había pasado con la Europa del Este. 

Así llegamos a la imagen de esta semana: un cartel estadounidense con propaganda del Plan Marshall. Con las banderas de los países que recibieron el dinero americano (España no estuvo entre ellos al estar aislada por la ayuda de Franco al Eje durante la guerra, aunque fuese indirecta), el texto señala que cualquiera que sea el tiempo, solo alcanzaremos el bienestar JUNTOS. 

Y es que llama mucho la atención esto actualmente, cuando estamos viendo en directo cómo las bases que han sostenido la alianza entre Europa y Estados Unidos se están haciendo añicos ante nuestros ojos. La vuelta a la presidencia de Donald Trump rompe con estos principios: la democracia liberal desde el momento en que se negó a aceptar su derrota electoral en 2020, llegando incluso a llamar a sus seguidores a asaltar el Capitolio. La economía de libre mercado y el comercio internacional cuando inicia unilateralmente guerras comerciales con sus socios tradicionales y vuelve a principios del siglo XIX con aranceles y amenazas constantes. La política moderada sustituida por una política agresiva y matona. Y la sustitución de sus rivales: ahora Rusia es casi una aliada de Estados Unidos y Europa una rival. Un mundo al revés, un mundo loco. 

Recordémoslo otra vez: cualquiera que sea el tiempo, solo alcanzaremos el bienestar JUNTOS.

Imagen de la semana: Europa desde Moscú



En la imagen de esta semana podemos ver un cartel de época de la Guerra Fría en el que aparece Europa desde una perspectiva poco habitual: la de Rusia, en concreto desde su capital, Moscú. Es una perspectiva amenazante, en la que se divisa el continente entero como una zona de expansión o como unos enemigos que están delante de Rusia. 

En época soviética, varios países de Europa del Este estaban sometidos a las directrices de Moscú, y por ello en este mapa aparecen también en color rojo, como Polonia, Checoslovaquia, Rumanía o Bulgaria. El mapa no es soviético sino británico o estadounidense dado que está en inglés. 

El mapa es también interesante porque se aprecia que Europa, en realidad, es un continente pequeño. Incluso los países más alejados de Moscú, como Portugal y España, en este mapa parece que están más cerca de lo que se cree de Rusia y, técnicamente, así es. Apenas 2.500 km separan la frontera española de la rusa, que se reducen a unos 1.900 si es la frontera bielorrusa, país aliado de Rusia. La amenaza podría estar más cerca de lo que parece.

Imagen de la semana: la nao Victoria


En 2019 se inició la conmemoración del quinto centenario de la primera vuelta completa al mundo, que comenzó en 1519 al mando de Fernando de Magallanes, sufragado por la corona española. El objetivo era abrir una nueva ruta comercial con Asia oriental alternativa a la portuguesa, a la que España no podía acceder. Así, en vez de bordear África para llegar a Asia, navegaron hacia América, bordearon Sudamérica y pasaron al océano Pacífico por el estrecho que lleva el nombre de Magallanes. Eran cinco naves inicialmente.

Cruzaron el Pacífico (al que dio nombre Magallanes debido a su calma) y llegaron a las islas Filipinas en donde Magallanes fue asesinado en una escaramuza con nativos. A partir de ese momento, tomó el mando Juan Sebastián Elcano, originario de Guipúzcoa. Hicieron el negocio comprando las ansiadas especias en lo que hoy es Indonesia y comenzó entonces una persecución entre la única nave española que seguía a flote de las cinco, la Victoria, y los portugueses, que querían acabar con la expedición.

No era viable volver por el Pacífico (se habían dado cuenta de lo largo que era) así que cruzaron el océano Índico y bordearon África hasta volver a España en 1522. Tres años tardaron en dar la vuelta completa al mundo. Y la imagen de esta semana muestra una copia de la nao Victoria escoltada por tres fragadas de la Armada española en 2022 por ocasión del quinto centenario. Una auténtica odisea.

Imagen de la semana: castillos


Castillo de la Mota, en Valladolid.

En esta imagen de la semana nos quedamos cerca, en la provincia de Valladolid, para hablar de castillos. Estos eran fortificaciones, normalmente de época medieval, aunque hay castillos más antiguos y también más modernos, aunque estos últimos ya sin la función defensiva original. 

Si nos centramos en los medievales, estos solían tener un patrón común en sus características. Estaban rodeados por una muralla para su protección y tenían varias torres entre los lienzos de la muralla para vigilar los alrededores y atacar a un posible enemigo mediante flechas. 

Ampliaba aún más la defensa un foso que rodeada el complejo. En las películas suele aperecer lleno de agua y con cocodrilos pero esto es ficción. Un buen foso podía no tener agua y cumplir su misión: dejar a merced de las flechas a los atacantes y dificultar considerablemente la invasión.

Una de las torres del castillo era más alta y donde habitaba el señor: la torre del homenaje. También había otras estancias como establos, creando una pequeña comunidad con el señor, sus caballeros, su familia y sus sirvientes.

Imagen de la semana: la tregua de la Navidad



Hay episodios en la Historia que parecen increíbles pero que, efectivamente, sucedieron. Uno de ellos es la llamada tregua de Navidad, ocurrida en torno al 25 de diciembre de 1914. 

La Primera Guerra Mundial había comenzado unos meses antes, el 28 de julio de ese año. Tras una oleada de ataques alemanes para derrotar a Francia, el frente occidental europeo se había estancado con ambos bandos atrincherados. Fue en ese momento cuando, coincidiendo con la festividad navideña (compartida por soldados de los dos frentes), se dieron una serie de ceses al fuego. Estos no fueron nunca oficiales sino espontáneos en muchos puntos del frente occidental, tanto entre alemanes y británicos como entre alemanes y franceses. 

En los mismos, los soldados hablaron entre ellos en la tierra de nadie entre trincheras, se intercambiaron comida y regalos, cantaron villancicos e incluso jugaron a partidos de fútbol. Fue una luz en medio de la oscuridad que, por desgracia, fue algo puntual. Los mandos de los ejércitos de ambos bandos ordenaron frenar esta situación, ¿cómo iban a enfrentarse en los siguientes días si se hacían amigos? 

Así, la tregua de Navidad es una de las imágenes más memorables de la I Guerra Mundial. En 1915 apenas se repitió, después de año y medio de guerra. Y en 1916 directamente no existió: el enconamiento entre bandos después de tanto tiempo de conflicto y de matanzas como las batallas de Verdún o el Somme solo generaron resentimiento y odio entre los soldados. Sin embargo, esta tregua de Navidad nos muestra que la sinrazón de la guerra puede ser obvia y que, a veces, hasta puede haber momentos de luz.

Imagen de la semana: Clara Campoamor


La imagen de esta semana nos lleva a la España de 1931. En el Congreso de los Diputados se debatía una de las propuestas para incluir en la nueva constitución de la Segunda República. Era una de las propuestas más importantes ya que era el voto femenino. La principal defensora de la propuesta era Clara Campoamor (1888-1972), una abogada madrileña que en las primeras elecciones democráticas de junio de 1931 fue elegida diputada por el Partido Radical, el único que apostó por que ella estuviese en puestos de salida en Madrid.

La idea de Campoamor era que las mujeres pudiesen votar ya en las siguientes elecciones de manera libre. Sin embargo, las otras dos mujeres diputadas que había en las Cortes (Victoria Kent y Margarita Nelken) votaron en contra de dar en ese momento el voto a las mujeres, temiendo que estas estuviesen influidas por sus maridos, padres o sacerdotes a la hora de votar y, con ello, beneficiar a la derecha monárquica. Campoamor defendía que las mujeres ya eran mayores de edad como para tener criterio suficiente al votar.

Fue Clara Campoamor la que consiguió sus objetivos al conseguir el apoyo del Congreso. Votaron en contra muchos de los republicanos, que temían la caída de la República si las mujeres daban el voto a la derecha, mientras que el Partido Socialista votó a favor.

¿Era fundado este temor de los republicanos? En las siguientes elecciones de 1933 ganó la derecha pero menos de tres años después, en 1936, la izquierda volvió al poder, por lo que la tesis de que el voto femenino beneficiaría a la derecha no es exactamente así. Y considerar a las mujeres incapaces de decidir por sí solas fue un error por parte de Kent y Nelken.

Campoamor, como tantos otros políticos republicanos, tuvo que irse al exilio, aunque en su caso ya al comienzo de la Guerra Civil. Su figura fue incomprendida en esa época, al ser libre de partidos y coherente con su pensamiento. Falleció en el exilio en Suiza y solo muchos años después se le reconoció su trabajo y méritos. Tanto que una de las estaciones más importantes de Madrid, Chamartín, lleva su nombre. El de la mujer que consiguió el voto para la mujer en España.

Imagen de la semana: por qué la Reconquista no fue una reconquista

 

El ajedrez fue una de las muchas aportaciones de los musulmanes a la cultura ibérica.

Para la extrema derecha española, el largo proceso por el cual los reinos cristianos medievales del norte de la península ibérica conquistaron el territorio controlado por los musulmanes (al-Ándalus) es llamado la Reconquista. Este es el nombre tradicional dado mucho después de la Edad Media a ese acontecimiento histórico. Y el nombre con el que se glorifica a la conquista cristiana desde los sectores ultras que ignoran la Historia. 

Y es que la realidad, como siempre, es mucho más complicada de lo que parece. ¿Fue la Reconquista eso, una reconquista del territorio a los musulmanes? La respuesta de la mayoría de historiadores actuales es clara: no.

¿Y por qué? Lo primero de todo es recordar quiénes gobernaban la península antes de la llegada musulmana: los visigodos. Este pueblo germánico había conquistado la península en el siglo VI y habían creado un reino con capital en Toledo. En el año 711 comenzó la invasión islámica de la península, que se hizo en tiempo récord ante la derrota visigoda nada más empezar la conquista en la Batalla del río Guadalete. Los visigodos, que controlaban la península pero eran pocos en número, fueron masacrados en la batalla incluido su rey, Rodrigo. Por ello, ellos no fueron los que, en los siguientes ocho siglos, conquistaron el territorio perdido a los musulmanes ya que los supervivientes pactaron con los musulmanes para conservar títulos y propiedades.

Los que realizaron la conquista fueron los pueblos del norte que ni siquiera habían sido del todo romanizados en los largos siglos de dominio romano, cuando la península era llamada Hispania. Estos fueron sobre todo los astures, cántabros y vascones. Fueron los únicos que resistieron debido a su relieve montañoso y a su clima, que no interesaba demasiado a los musulmanes. Así, los que conquistaron el territorio de al-Ándalus no fueron los visigodos y, por ello, no puede ser una reconquista.

Otro mito relacionado con la llamada Reconquista es la famosa "batalla" de Covadonga en el año 722. En ella, un grupo de astures liderados por un noble local llamado Pelayo derrotó a un pequeño contingente musulmán. Si sucedió realmente es complejo porque no hay apenas fuentes pero de ser así fue una escaramuza más que una batalla con unas pocas bajas. Los historiadores cristianos mozárabes la destacaron como símbolo del freno a la conquista musulmana y el inicio de la supuesta Reconquista.

Además, también hay otra teoría historiográfica que señala que no pudo ser una reconquista por la sencilla razón de que la conquista musulmana no fue tal: al margen de la lucha contra los visigodos, la mayoría de la población, que era hispanorromana, se rindió a menudo mediante acuerdos de la aristocracia local con los musulmanes. Estos permitieron a cristianos y judíos mantener su religión a cambio de un impuesto adicional y ello facilitó todavía más una conquista que se realizó en pocos años porque no hubo una resistencia destacada de la población. 

A esto se añade su larga evolución de casi 800 años. Como dijo el filósofo Ortega y Gasset: "no entiendo cómo se puede llamar reconquista a una cosa que dura ocho siglos". Y es que obviamente en esos 800 años hubo largos momentos de estabilidad, treguas e incluso acuerdos entre los reinos cristianos y los musulmanes. El último de estos, Granada, incluso fue vasallo de Castilla durante buena parte de su existencia. 

Para finalizar, los pueblos cristianos del norte no conquistaron las tierras a los musulmanes para recuperar ningún territorio perdido (ya que jamás antes lo habían poseído) sino que lo hicieron por motivos demográficos, estratégicos y económicos, especialmente en los primeros siglos, para acabar siendo también ideológicos hacia el final en época de los Reyes Católicos. Pero no hubo ninguna planificación en esos 800 años y solo se empezó a utilizar el término de Reconquista de una manera nacionalista en el siglo XIX.

En la actualidad, la mayoría de historiadores y profesores no lo utilizamos para referirnos al periodo en sí, pues hay otros mejores desde un punto de vista científico, como conquista de los reinos cristianos peninsulares de al-Ándalus. Ahora es más bien utilizado por grupos y partidos ultras que pretenden glorificar el pasado ignorando todo detalle, sutileza y ciencia. 

Imagen de la semana: la universidad más antigua de España

 


La primera universidad (como entendemos actualmente este término) que se creó en lo que hoy es España fue en Palencia hacia 1212. Sin embargo, este Studium Generale (antecedente directo de las universidades) no tuvo continuidad y hoy no existe una universidad de Palencia independiente sino que el campus universitario que existe en esa ciudad pertenece a la Universidad de Valladolid. 

Por tanto, la que es considerada hoy la universidad más antigua de España que todavía está operativa es la Universidad de Salamanca, fundada también como Studium Generale en 1218. Su conversión oficial en universidad fue en 1252, gracias al rey Alfonso X el Sabio. Su principal edificio son las Escuelas Mayores, que podemos ver en la imagen superior, construidas entre los siglos XV y XVI, ubicadas en pleno centro histórico de la ciudad. Se abre al Patio de Escuelas, símbolo de la urbe junto a su hermosa plaza mayor, todo ello Patrimonio de la Humanidad. Su fachada, en la que aparecen los Reyes Católicos y su escudo, también es famosa por la rana, que hay que buscar entre los distintos elementos decorativos. 

En España tenemos muchas más universidades públicas, la mayoría de ellas creadas en época reciente (1968-1998). Veamos cuándo se fundó cada una, en orden de antigüedad:

Universidad de Valladolid: 1241
Universitat de Barcelona: 1450
Universidade de Santiago de Compostela: 1495
Universitat de València: 1499
Universidad de Sevilla: 1505
Universidad de Granada: 1531
Universidad de Zaragoza: 1542
Universidad de Oviedo: 1608
Universidad Complutense de Madrid: 1822
Universidad de Murcia: 1914
Universidad de La Laguna: 1927
Universidad Internacional Menéndez Pelayo: 1932
Universitat Autònoma de Barcelona: 1968
Universidad Autónoma de Madrid: 1968
Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea: 1968
Universitat Politècnica de Catalunya: 1971
Universitat Politècnica de València: 1971
Universidad Politécnica de Madrid: 1971
Universidad de Córdoba: 1972
Universidad de Málaga: 1972
Universidad de Cantabria: 1972
Universidad Nacional de Educación a Distancia: 1972
Universidad de Extremadura: 1973
Universidad de Alcalá: 1977 (refundación de la universidad histórica de 1499)
Universitat de les Illes Balears: 1978
Universidad de Cádiz: 1979
Universidad de León: 1979
Universitat d´Alacant: 1979
Universidad de Castilla-La Mancha: 1985
Universidad Pública de Navarra: 1987
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria: 1989
Universidade da Coruña: 1989
Universidad Carlos III de Madrid: 1989
Universitat Pompeu Fabra: 1990
Universidade de Vigo: 1990
Universitat de Girona: 1991
Universitat de Lleida: 1991
Universitat Rovira i Virgili: 1991
Universitat Jaume I: 1991
Universidad de La Rioja: 1992
Universidad de Almería: 1993
Universidad de Huelva: 1993
Universidad de Jaén: 1993
Universidad Intenacional de Andalucía: 1994
Universidad de Burgos: 1994
Universidad Miguel Hernández de Elche: 1996
Universidad Rey Juan Carlos: 1996
Universidad Pablo de Olavide: 1997
Universidad Politécnica de Cartagena: 1998

Imagen de la semana: Napoleón III



Cuando le cuento a mis alumnos que en Francia volvió a haber un Napoleón, se sorprenden. Después de la lata que doy con Napoleón Bonaparte, con su final en una isla perdida en medio del Atlántico, lo que menos se esperan las criaturas es que vaya a haber otro Napoleón. Pero, efectivamente, así fue. Hablamos de Luis Napoleón Bonaparte, llamado Napoleón III cuando fue emperador francés entre 1852 y 1870. 

Su padre era el hermano pequeño del primer Napoleón, por lo que era sobrino de este. Saltó a la primera línea de la historia en el año 1848, en el que hubo una tercera y última oleada revolucionaria en Europa que derribó el absolutismo que quedaba (con alguna excepción). En Francia, gobernaba el rey Luis Felipe de Orléans. Este había llegado al poder tras una revolución en 1830 que derrocó a los Borbones. Sin embargo, acabó siendo un rey con tics autoritarios y ello provocó su caída en 1848. 

Tras la revolución, se proclamó la Segunda República francesa, con intención democratizadora. Hubo elecciones... y los franceses eligieron presidente a Luis Napoleón. Y este, una vez en el poder, no se contentó con ser solo presidente sino que solo cuatro años después se proclamó emperador siguiendo los pasos de su tío. Fue Napoleón III, por detrás del propio Napoleón I y del hijo de este, Napoleón II, que solo fue emperador unos días tras la derrota de su padre en Waterloo. Como dato curioso, Napoleón III estaba casado con una española, Eugenia de Montijo. 

Su gobierno fue autoritario, aunque manteniendo las apariencias liberales propias de la época. Inició la construcción del imperio colonial francés e intervino en el extranjero. Fue precisamente una de esas intervenciones exteriores la que causó su final en 1870, cuando Francia y Prusia se enfrentaron en una guerra enmarcada en el proceso de unificación de Alemania. El ejército francés fue duramente derrotado en Sedán e incluso los prusianos llegaron a París, imponiendo sus condiciones. Napoleón III se vio obligado a abdicar, proclamándose la Tercera República, sumándose además el caos de la Comuna de París. 

Era el fin de la casa Bonaparte como gobernantes. Francia no ha vuelto a ser una monarquía desde 1870 y acumula ya cinco repúblicas (Primera de 1792 a 1804, Segunda de 1848 a 1852, Tercera de 1870 a 1940, Cuarta de 1946 a 1958 y la Quinta desde 1958 hasta hoy).

Imagen de la semana: las alianzas de la Guerra Fría


La Guerra Fría fue un conflicto que enfrentó a dos bloques antagónicos: el occidental o capitalista (liderado por Estados Unidos) y el oriental o comunista (liderado por la Unión Soviética). Este enfrentamiento fue especialmente intenso en Europa, que quedó dividida por el llamado Telón de Acero entre los mares Báltico y Adriático.

Así, en el mapa que supone la imagen de esta semana, vemos un mapa del continente durante la Guerra Fría, de acuerdo a las alianzas militares de cada bloque. Por un lado, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), encabezada por EE.UU. Sus miembros fundadores en 1949, además del mismo EE.UU fueron en América Canadá, y en Europa los siguientes países: Reino Unido, Noruega, Islandia, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Portugal e Italia. A ellos se les sumaron, durante los años que duró la Guerra Fría, los siguientes: Grecia y Turquía (en 1952), la República Federal de Alemania (en 1955) y España (en 1982). Nuestro país no pudo unirse antes debido a la dictadura de Franco, quien nunca fue bienvenido al bloque occidental debido a sus devaneos con la Alemania nazi.

En cuanto al bloque comunista, la Unión Soviética se hizo con el control de los países del este europeo tras su victoria en la II Guerra Mundial. Impuso regímenes comunistas y también una alianza militar contraria a la OTAN, el Pacto de Varsovia, creado en 1955. Además de la Unión Soviética, lo formaban Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Albania (hasta 1968) y la República Democrática Alemana (desde 1956). 

Hubo otros países que optaron por la neutralidad, ya fuesen occidentales o comunistas. Solo un país comunista se mantuvo neutral, Yugoslavia, que rompió pronto con la URSS. Los demás neutrales eran occidentales pero sin alinearse con la OTAN. Estos fueron Suecia, Finlandia, Irlanda, Suiza (eterna neutral), Austria, Malta y Chipre. De estos, han entrado en la OTAN recientemente Finlandia y Suecia, ante el temor de las agresiones rusas.

Imagen de la semana: el primer rey Borbón en España



Los Borbones no fueron siempre la familia real española. Hasta el año 1700 eran los Habsburgo, también llamados Austrias en España debido a su origen. La muerte sin hijos del último de estos en nuestro país, Carlos II, provocó la llegada del primer rey de la casa de Borbón: Felipe V. 

Si bien había sido elegido por Carlos II como sucesor debido a que era su sobrino nieto, Felipe no tuvo clara la corona española desde el principio. La rama austriaca de la familia Habsburgo reclamó el trono en la persona del Archiduque Carlos, quien reclamó así la corona española, habiendo de esta manera dos pretendientes a ser rey de España. Comenzaba así la Guerra de Sucesión española (1700-1714). 

Esta pronto se convirtió en una guerra europea debido al temor de varios países a que España y Francia (país de origen de los Borbones. De hecho Felipe era nieto del rey francés, Luis XIV) quedasen unidos por un mismo rey, puesto que Felipe tenía derechos también al trono de su patria. De esta manera, Francia era la principal valedora de Felipe, mientras que al Archiduque Carlos le apoyaron Austria, el Sacro Imperio, Inglaterra, Países Bajos y Portugal. La misma España quedó dividida: Castilla apoyó a Felipe mientras que la Corona de Aragón prefirió a Carlos, temerosa del centralismo borbónico.

La guerra terminó más bien en tablas y se firmó la paz en los tratados de Utrecht y Rastatt. En los mismos se reconoció a Felipe como único rey de España (Felipe V). Sin embargo, a cambio España perdió sus territorios en Europa (Flandes, Nápoles, Milán), así como la isla de Menorca y Gibraltar, este último aún bajo control británico. 

Felipe V, un rey melancólico y que ha sido el rey con el reinado más largo de la historia española (de 1700 a 1746, interrumpido por unos pocos meses en 1724 en los que abdicó en su primer hijo, Luis, que falleció prematuramente forzando a Felipe a volver al trono), queda así como el primer monarca Borbón y antepasado directo del actual rey Felipe VI, que le debe su nombre precisamente a Felipe V.

Países del mundo: Chipre

  Bandera de Chipre. Su principal característica es que muestra el mapa de la isla chipriota en el centro, de color cobre, metal importante ...