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Imágenes históricas: el punto azul pálido

Hay una famosa fotografía que se llama precisamente así: el punto azul pálido (the blue pale dot), tomada por la sonda Voyager 1 en 1990 en la que se ve un diminuto punto azulado en medio del espacio que es la Tierra. Sin embargo, en esta imagen histórica, nuevo nombre de la sección imagen de la semana, tenemos otro punto azul pálido.

En este caso la imagen fue tomada por la sonda Cassini en 2013. Se observa cómo la sonda está pasando junto al planeta Saturno y cómo justo debajo de sus famosos anillos se observa un punto azulado, que es nuestra querida Tierra. Incluso, haciendo zoom, se puede apreciar otro punto muy cerca de la misma, que es la Luna. Eso sí, los puntos que aparecen más abajo no son otros planetas sino solo efectos ópticos de la fotografía. 

Una buena imagen para recordar la humildad de la especie humana en medio de un espacio tan inmenso que ni podemos hacernos a la idea.

Imagen de la semana: Artemis



Estos días vivimos un momento histórico. Después de más de 50 años, los seres humanos volvemos a dirigirnos a la Luna, nuestro satélite natural, pero esta vez todo indica que es para quedarnos. 

Entre 1968 y 1972 se dieron las misiones del programa Apolo y en 1969, por primera vez en la historia de la humanidad, un humano pisó un astro que no fuese la Tierra. Las razones para impusar este programa, increíblemente caro, no fueron solo científicas sino también políticas, en el marco de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética y la carrera espacial. Los estadounidenses ganaron esta última (y también la Guerra Fría, en realidad) al llegar antes a la Luna, algo que los soviéticos nunca lograron (con astronautas sobre el terreno, sí enviaron sondas). 

Ahora la NASA estadounidense vuelve a la Luna, para que sea un trampolín antes de ir a Marte. Esto es parte del proceso de expansión por el Sistema Solar, buscando nuevos planetas y, en última instancia, la supervivencia de la raza humana. ¿Por qué se ha tardado tanto en volver? Se tenían los medios y la tecnología, siendo esta mucho más antigua que la de los años 2000, por ejemplo. Sin embargo, el coste es desorbitado y las razones políticas desaparecieron con el fin de la Guerra Fría. Por otro lado, la NASA apostó por otros proyectos, como los transbordadores espaciales, la Estación Espacial Internacional y la exploración de Marte con sondas y robots. 

Ha sido en los últimos años cuando una colaboración entre la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA), las agencias canadiense y japonesa y empresas privadas como SpaceX o Blue Origin ha reimpulsado las ambiciones sobre la Luna. Este nuevo programa se llama Artemis, en honor a la hermana melliza de Apolo, dioses griegos, en clara referencia a ese primer programa lunar. La Artemis I fue de exploración sin astronautas y la Artemis II es la primera misión tripulada a la Luna desde 1972. No van a alunizar en la superficie pero sí van a sobrevolar el satélite, en concreto su cara oculta, y sus cuatro astronautas van a ser los humanos que hayan estado más lejos del planeta en toda nuestra historia, ya que van a sobrevolarlo a gran altura, no como en las misiones Apolo, en donde se arriesgaban bastante más, con unos protocolos menos estrictos que los actuales. 

Esta misión ya nos ha dado una imagen histórica de nuestro planeta, que acompaña a este texto. En ella, en penumbra, vemos a parte de la superficie, en concreto África, Sudamérica y el suroeste europeo, en concreto la península ibérica. Además, se observan arriba a la derecha y abajo a la izquierda auroras boreales y australes, así como las masas de nubes y el reflejo de la cámara del astronauta en el cristal de la nave en el centro. 

Imagen de la semana: Mercurio

 

El planeta Mercurio, fotografiado por la sonda Messenger en 2008.

Nuestro vecindario cósmico está formado por el satélite natural de la Tierra, la Luna, y por los otros planetas rocosos del sistema solar. De ellos, el más cercano al Sol es Mercurio, un pequeño planeta de menos de 5000 km de diámetro (la Tierra tiene algo más de 12.700 km). 

Este planeta recibe el nombre del dios romano mensajero y del comercio. Su superficie está cubierta de cráteres y tiene cierta semejanza con la de nuestra Luna. Al estar tan cerca de la estrella, durante el día mercuariano se alcanzan temperaturas extremas de 350º C, mientras que en su noche caen a -170º C. La vida, por tanto, es absolutamente imposible en un lugar así, mientras que en otros planetas del sistema sí que se investiga la posibilidad de que pueda existir, como en los polos marcianos, ciertas capas de la atmósfera de Venus o algunos satélites de Júpiter o Saturno.

La atmósfera de Mercurio es muy tenue, formada por gases como hidrógeno y helio. Un dato curioso de este planeta es que en ciertas partes de su superficie se da un fenómeno llamado amanecer doble: el Sol sale en el horizonte dos tercios de su tamaño, se detiene y se esconde nuevamente para a continuación volver a salir para continuar su recorrido en el cielo. En el resto del planeta se ve cómo sale para detenerse antes de continuar. Esto se debe a que cuatro días antes del perihelio (punto más cercado de su órbita al Sol) la velocidad de Mercurio alrededor de la estrella iguala a la de su rotación. 

Otras grandes epidemias de la Historia

Influenza virus.png
 Virus de la gripe. 

Estos días estamos viviendo momentos muy complicados debido a la pandemia de Covid-19, que ha situado a Europa ante su peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Una buena parte de la Humanidad vive encerrada en casa con el objetivo de que el coronavirus no siga extendiéndose, sobrepasando a unos ya saturados sistemas sanitarios. El Covid-19 no es la epidemia más mortífera que hemos sufrido los humanos, como veremos en este artículo, pero sí se caracteriza por la relativa facilidad con la que se contagia, lo que lo hace muy peligroso.

Sin embargo, como comentábamos previamente, no es especialmente mortífero si se compara con otros virus. Es cierto que no es una simple gripe, ya que su mortalidad es más alta, pero tampoco llega a ser como la epidemia de gripe de 1918, afortunadamente. Veamos ahora algunos de esos virus que han provocado importantes epidemias en nuestra historia.

DENGUE
 
Extensión del dengue en el mundo.
 
Existen hasta cuatro variedades y se transmite por vía sanguínea, por medio de mosquitos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) provoca de 50 a 100 millones de infecciones cada año. Es un virus relativamente nuevo ya que apareció por primera vez en 1950 en el sureste asiático. Afecta especialmente las regiones tropicales del planeta, donde es endémico, pero no se puede descartar que amplíe su extensión según el mundo se caliente por el cambio climático. Su mortalidad es más baja que la de otros virus, pero en casos concretos puede provocar una enfermedad semejante a la del ébola, que mata al 20 % de los enfermos.

ÉBOLA
Y precisamente de este vamos a hablar ahora. El mundo conoció a este temible virus en 2014, cuando un brote en África, donde apareció por primera en 1976 en la República Democrática del Congo, comenzó a descontrolarse, llegando a haber casos en Europa. Lo positivo de este virus es que no es tan fácil de contagiar como una gripe o el coronavirus: se transmite por sangre u otros fluidos corporales, así como tejidos de personas o animales contagiados. Sin embargo, es muy agresivo y tiene altísimas tasas de mortalidad. En algunas cepas varía entre un 50 y un 70 % de muertes.

FIEBRE AMARILLA

Se llama así porque produce ictericia en ocasiones, es decir, vuelve la piel de color amarillento. Es endémico en zonas tropicales de África y América del Sur, donde infecta a unas 200.000 personas al año, de las que mata a aproximadamente 30.000, según datos de la OMS.

GRIPE/INFLUENZA
 
Hospital de campaña en Kansas en 1918.
 
Una vieja conocida para la Humanidad. Se le conoce también como Influenza porque en la Edad Media se creía que se debía a la influencia de los astros. Cada año hasta 500.000 personas en el mundo mueren por este virus en su variable común, que es estacional.

Sin embargo, cada cierto tiempo surge una nueva cepa más agresiva y contagiosa, por lo que provoca tasas de mortalidad más altas e incluso pandemias. De estas, la más conocida es la famosa pandemia de gripe de 1918, apodada gripe española debido a que surgió en plena Primera Guerra Mundial y España, al ser neutral, no practicó la censura e informó sobre la epidemia, mientras que los países en guerra sí censuraron. Sin embargo, esta gripe apareció en Estados Unidos, probablemente por transmisión animal en una granja. Fue muy mortífera ya que en solo un año mató a más de 50 millones de personas. Además, afectaba especialmente a personas jóvenes, al contrario de lo que ocurre con gripes comunes o con el actual coronavirus. Su tasa de mortalidad fue de entre un 10 y un 20 %, muy alta (recordemos que el Covid-19 está llegando como mucho a un 8-9 % de media, afectando mucho más a personas mayores, en donde puede escalar a casi un 20 % de mortalidad).

HEPATITIS B/C

La Hepatitis B apareció en los años 60 del pasado siglo y provoca una infección crónica del hígado que puede derivar en cirrosis o cáncer, provocando finalmente la muerte. Se contagia mediante fluidos corporales. Afortunadamente, poseemos la vacuna contra ella y es muy efectiva. Aun así, sigue matando a más de 700.000 personas al año, sobre todo en países sin medios para la vacuna.

En cuanto a la Hepatitis C, se provoca por un virus distinto a las Hepatitis A y B. se transmite básicamente por la sangre y muchos casos que viven hoy con esta enfermedad la contrajeron por accidente en transfusiones. Mata al año a casi 500.000 personas y no se conoce aún la vacuna contra ella.

RABIA

Es un virus peligrosísimo ya que, en caso de infección es necesario poner la vacuna rápidamente. Si no, destruye el cerebro y al 100 % la persona muere. En el mundo desarrollado es muy rara porque las mascotas están vacunadas obligatoriamente, pero en algunos países africanos o asiáticos, sin tantos controles a los animales, puede haber casos de mordeduras de animales con rabia que contagien a personas. Cada año mata a unas 50.000 personas, pero millones necesitan de la vacuna para evitar la muerte tras ser mordidos por animales con rabia.

VIH
 
Prevalencia del VIH en el mundo. 
 
Uno de los virus más peligrosos. El Virus de la Inmunodeficiencia Humana apareció por primera vez en 1976 en la República Democrática del Congo y desde entonces ha matado a más de 35 millones de personas. Es un virus que puede integrarse en el ADN humano, por lo que es muy difícil encontrar una vacuna para evitarlo y aún hoy se investiga. El VIH sin ser tratado con potentes antirretrovirales acaba con las defensas de la persona infectada y ello hace que esté indefensa frente a otras enfermedades, lo que le puede conducir a la muerte. Si no se trata con medicamentos, el VIH provoca el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirido (SIDA), cuando la persona tiene un sistema inmunitario más debilitado y es presa de otras infecciones. La mayoría de los infectados con VIH viven en el África Subsahariana, en donde, desgraciadamente, a menudo no se dispone de los medicamentos contra el virus que sí hay en los países desarrollados.

VIRUELA
 
Década en la que la viruela dejó de ser endémica por país. En España cesó en los años 40. 
 
Otro de los virus más destructivos de la Historia de la Humanidad. Eliminó a pueblos enteros, como los mayas, y los seres humanos tuvieron que luchar contra este asesino silencioso durante miles de años hasta que se dio por erradicado en 1980. Solía matar a uno de cada tres infectados y a menudo los supervivientes quedaban con graves secuelas, como ceguera. Solo en el siglo XX mató a 300 millones de personas antes de que, mediante campañas de vacunas masivas en la población, se lograse erradicarlo. Actualmente solo se conserva en dos instalaciones de alta seguridad, una en Estados Unidos y otra en Rusia. Ha habido debate sobre la conveniencia o no de mantener esas muestras o eliminarlas por seguridad, pero allí siguen.

SARS-CoV

El virus que causa el Síndrome Respiratorio Agudo Severo, o SARS, apareció 2002 en el sur de China. Es un primo hermano del actual coronavirus y tuvo síntomas muy parecidos: fiebre, dolores corporales y, si se complicaba, neumonía con inflamación de los pulmones y, a veces, pus dentro de los mismos. La diferencia con el Covid-19 es que el SARS no fue tan contagioso y tuvo menos de 800 víctimas mortales. Lo curioso es que sí tuvo una tasa de mortalidad más alta, de casi un 10 %, mientras que el Covid-19 parece que no llega al 2.5 %.

WEBGRAFÍA


¿De dónde procedemos los europeos?

Esta pregunta ha sido a lo largo de la Historia una obsesión para algunas personas, en especial aquellas que, como los nazis, pensaban en la pureza de su sangre. La cuestión, sin embargo, es muy compleja. Los seres humanos evolucionamos en África y desde allí el primer representante del género Homo, el Homo Erectus, se trasladó a Asia. Más tarde, otros géneros Homo colonizaron también Europa, América y Oceanía, como los Antecessor, Heidelbergensis, Rhodesiensis, Neandertales y Sapiens, estos últimos nuestros antepasados al ser nuestra especie.

La pureza racial, por tanto, es un concepto absurdo ya que todos los humanos procedemos de esos mismos núcleos humanos primigenios en el continente africano. Sin embargo, con el crecimiento del número de seres humanos y su expansión por el planeta se fueron dando distintos grupos con características genéticas que nos diferencian, aunque nunca en profundidad, al contrario que en otras especies animales en las que las diferencias son profundas a simple vista.

Los Homo Sapiens nacieron también en África a partir de la evolución del rhodesiensis. Desde allí se expandieron (o nos expandimos, teniendo en cuenta que el que escribe este artículo y el que lo lee somos también sapiens) a Asia y, posteriormente, a Europa y América (en este último caso cruzando el helado estrecho de Bering). En esa expansión compitieron por los recursos y el espacio con las otras especies humanas, como los erectus y los neandertales, que acabaron extinguiéndose, quedando los sapiens como la única especie humana en el planeta hasta hoy.

En el caso de Europa, la primera oleada de Homo Sapiens se dio hace unos 45.000 años. Provenían de África como hemos mencionado previamente y habían cruzado Oriente Próximo de sur a norte. Según los estudios de ADN, su piel sería oscura y sus ojos probablemente claros. 
 Expansión de los tres grupos humanos que conforman el ADN europeo actual: cazadores-recolectores africanos (flecha blanca), agricultores y ganaderos de Oriente Próximo (verdes) y nómadas yamnayas (naranja). La influencia de cada grupo está presente en toda Europa, pero con diferencias regionales. Fuente: National Geographic.

Europa entonces era un lugar inhóspito: cubierta de hielos de kilómetros de grosor en su mitad norte y con un clima mucho más frío que el actual en el sur. En esos lugares con temperaturas más benignas vivía la fauna y esos primeros sapiens también se encontraron con otra especie humana, los neandertales, cuyos antepasados también habían migrado a Europa miles de años antes.

Como los neandertales, los sapiens eran cazadores y recolectores que vivían en pequeños grupos nómadas. Estos avanzaron desde el mar Negro hacia Europa central y occidental ascendiendo por el río Danubio. Eran muy, muy pocos en número, apenas mil para todo el continente. Así, su influencia en el actual ADN medio europeo es baja. Según los estudios genéticos, se mezclaron con los neandertales que solo 5.000 años después de la llegada de los sapiens desaparecieron, probablemente por cuestiones climáticas y de falta de adaptación frente a la competencia de los sapiens. Aun así, en Europa se calcula que el 2 % de nuestro genoma es neandertal, algo de lo que carecen los humanos africanos. 
 
Los humanos (entendiéndose a partir de este momento solo los sapiens) se adaptaron al frío y allí sobrevivieron de la caza, lo cual reflejaron en las primeras obras de arte de la Historia principalmente en cuevas, pero también al aire libre. Con el cambio climático y el retroceso de los hielos hacia el norte, los humanos se fueron asentando en otras regiones del continente.

Pero ese cambio climático provocó que esos cazadores-recolectores primigenios pronto tuviesen visitas. Hacia el 6.800 antes de Cristo, pueblos procedentes de Oriente Próximo (Anatolia y el llamado Creciente Fértil en las actuales Irak, Siria, Palestina y Egipto), comenzaron a establecerse en Europa desde el sureste. Hace 6.000 años, esos nuevos pueblos ya agricultores y ganaderos estaban presentes por toda Europa y en un mayor número que los cazadores-recolectores. La revolución neolítica llegó a Europa por migraciones y también por aculturación y comercio.

Con el paso de los siglos sus descendientes fueron avanzando por el Danubio y colonizaron Europa central y, más tarde, la occidental. Otros inventaron la navegación y colonizaron las islas mediterráneas, llegando tan al oeste como la Península Ibérica.

¿Cuál era el aspecto de esos agricultores y ganaderos? En su mayoría tenían la piel clara y los ojos oscuros, al contrario que los cazadores-recolectores con los que convivieron. También hablaban lenguas totalmente distintas, por lo que es lógico que los estudios genéticos concluyan que apenas hubo relaciones entre ambos grupos. El recelo era claro entre ellos y duró siglos.

Hace 5.400 años algo ocurrió en Europa que hizo que los asentamientos neolíticos disminuyesen o desapareciesen, comenzando un paréntesis de 500 años. Los arqueólogos no han conseguido identificar la causa ya que no hay muestras de conflictos masivos o guerras en ese momento. Sin embargo, con la recuperación la cultura cambió: los enterramientos comenzaron a ser enormes con túmulos y se creó una alfarería especial llamada cordada.

Los europeos, aun así, siguieron siendo mayoritariamente agricultores y ganaderos ya que estos se habían extendido ya por todo el continente. Su prevalencia en el ADN europeo solo disminuyó hacia 4.500 a. C, cuando, al fin, comenzaron a mezclarse con los cazadores-recolectores, que introdujeron su genética en el ADN medio europeo, manteniéndose hasta hoy en una pequeña proporción. Así, en nuestro ADN tenemos herencia de esos primeros pobladores procedentes directamente de África y también de los agricultores y ganaderos neolíticos procedentes de Oriente Próximo.

Pero falta un tercer grupo humano que completa el ADN actual europeo. Este grupo llegó a Europa desde las estepas que hoy integran países como Rusia y Ucrania. Eran nómadas conocidos como yamnayas, uno de los primeros grupos humanos que montaron a caballo, utilizado la rueda y construyeron carros. Hacia 2.800 a. C comenzaron a avanzar hacia el oeste buscando nuevos pastos. Muchas tumbas de cerámica cordada mencionada anteriormente tienen ADN yamnaya, lo que refleja la llegada de este pueblo desde las estepas y su mezcla con los anteriores habitantes, ganaderos y cazadores-recolectores. Los yamnaya tenían una relación lejana con los nativos americanos, cuyos antepasados procedían de Asia oriental, ya que habían cruzado miles de años antes el estrecho de Bering para colonizar el continente americano. Así, posiblemente los yamnayas tenían los ojos rasgados como muchos de los actuales pueblos asiáticos. 
Extensión inicial de los pueblos yamnayas.
 
En solo unos siglos los yamnayas se extendieron por toda Europa. En algunos puntos del continente como Gran Bretaña, Escandinavia o la actual Alemania reemplazaron en buena medida a los agricultores y ganaderos.

La pregunta ahora es, ¿cómo unos pocos nómadas pudieron eliminar a tantas personas? En 3.000 a. C Europa tenía una población de unos siete millones de habitantes, habían prosperado. La pista nos la da de nuevo el ADN y parece ser que los yamnayas eran resistentes genéticamente a una forma primitiva de la peste, resistencia de la que carecían los agricultores y ganaderos. Habrían convivido con el bacilo de la peste y al final desarrollaron resistencia o inmunidad hacia ella. Eso explicaría cómo el ADN yamnaya se introdujo con tanta rapidez en el continente ante el declive de la población previamente asentada. La mezcla con los grupos anteriores dio paso al europeo actual que, como vemos, surgió de un crisol de los tres.

Los yamnayas aportaron las mejoras tecnológicas antes mencionadas, pero su llegada también coincide con la expansión inicial de las lenguas indoeuropeas, que hoy son las más habladas en el continente por amplísima diferencia. Desde el siglo XIX se debate dónde hablaba el protoindoeuropeo y quiénes lo introdujeron en Europa y aún no está claro. En cualquier caso, la teoría aria nazi es un absurdo viendo estas migraciones. 
Las familias de lenguas indoeuropeas actualmente. En Europa las tres principales son la latina, la germánica y la eslava, además de otras menores como la griega, la báltica, la celta o la albanesa. También descienden del indoeuropeo el persa, el urdu o el hindi.
 
Por tanto, todos los europeos actuales somos una enorme mezcla. El europeo típico sería, a partes casi iguales, yamnaya y agricultor-ganadero procedente de Oriente Próximo, con una pequeña parte de su ADN de cazador-recolector africano y un 2 % restante de neandertal. Sin embargo, este sería el retrato promedio, ya que hay diferencias regionales. En el norte hay más ADN yamnaya y en el sur prevalece el agricultor-ganadero. En Europa oriental, por su parte, la influencia cazadora-recolectora es mayor.

Así, el ser europeo no existe y el nacionalismo que defiende que nosotros (ya seamos alemanes, españoles, británicos, rusos o italianos) siempre hemos vivido aquí y nunca nos hemos mezclado con otros pueblos es ridículo. En realidad, la genética lo deja claro: todos somos africanos, todos somos asiáticos y todos somos europeos. 

BIBLIOGRAFÍA 
National Geographic. Agosto 2019. 

¿De verdad estamos solos?




 Parece que el universo es infinito en esta foto, ¿no? Pues es solo el 1 % del total de nuestra galaxia. Y hay billones de galaxias en el universo.

A veces nos creemos muy importantes, pero solo somos una mota en el espacio. Un espacio que no es infinito pero que desde la gran explosión que inició todo (el Big Bang) hace unos 13.800 millones de años, no para de expandirse. El planeta en el que vivimos, caso único al albergar vida y además inteligente[i], nació hace unos 4.550 millones de años. No tiene más de especial: es un pequeño astro rocoso. Dentro del Sistema Solar, solo Venus, Marte y Mercurio son más pequeños que la Tierra. En definitiva, somos insignificantes por mucho que creamos lo contrario. 

Y, como muestra de esa insignificancia suprema, os dejo la siguiente imagen: 

 Somos insignificantes. Sin más.

Perdidos en el universo

En nuestros cielos nocturnos deberíamos poder ver hasta 2.500 estrellas[ii], cada una de ellas con su propio sistema de planetas. Pero esto supone solo el vecindario de la Tierra, que además está en uno de los brazos de nuestra galaxia (Vía Láctea, agrupación de estrellas). Casi todas las 2.500 están a menos de 1.000 años luz de nosotros. Ah, y se me olvidaba decirlo: las estrellas que vemos desde la Tierra son una cienmillonésima parte del total de nuestra galaxia…que a su vez es solo una de las más de dos billones de galaxias que se cree que existen en el universo. 

¿Podríamos no ser los únicos?

Son datos tan implacables, tan remotos, que nos es difícil asumirlo. ¿Puede haber vida más allá? La respuesta no es si puede haberla sino dónde: en tal inmensidad es casi imposible que el nuestro sea el único planeta con condiciones para que se dé la vida. Otra cuestión es que, al ser tan bastas las distancias, nunca podamos contactar con otros seres inteligentes.

Según los cálculos de los científicos, tomando como base las probabilidades más conservadoras (es mejor ser pesimista que excesivamente optimista), hay unos 100 millones de billones de planetas parecidos a la Tierra en el universo. El equivalente a cien planetas hermanos por cada grano de arena de playas del mundo. Casi nada. 

Y ahora pasemos a los datos clave: imaginemos que el 1 % de esos planetas parecidos a la Tierra haya podido desarrollar una civilización como la humana. Obtenemos el impresionante dato de que habría 10.000 billones de civilizaciones inteligentes en el universo. Si reducimos esos datos solo a nuestra galaxia, los datos también sobrecogen: habría mil millones de planetas análogos a la Tierra y hasta 100.000 civilizaciones inteligentes. 

Entonces, ¿Dónde demonios están? El SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, en sus siglas en inglés) lleva desde los años 70 buscándolos. Y solo ha obtenido una señal fuerte, la llamada Wow! (por el grito que pegó el astrónomo que estaba en ese momento de guardia en el observatorio), que duró varios segundos y cuyo origen todavía se desconoce. 

Nuestra estrella es bastante joven: podría haber civilizaciones extraterrestres nacidas antes al ser su estrella más vieja que la nuestra. Y, por tanto, estar más desarrollada, pero no ha habido ningún tipo de contacto hasta hoy. Según la escala Kardashov, hay tres categorías para agrupar las civilizaciones inteligentes según la energía que utilicen: el Tipo I (usa toda la energía de su planeta, lo cual nosotros ya casi hemos conseguido a base de destruirlo), el Tipo II (aprovechando la energía de su estrella, algo a años luz de nuestras capacidades) y el Tipo III (que podría utilizar la energía de toda la galaxia). 
 Si un planeta semejante al nuestro hubiese "nacido" antes y hubiese posibilitado el desarrollo de una civilización, esta estaría muy por delante de nosotros en desarrollo.

Por tanto, si solo sobreviviese un 1 % de civilizaciones capaces de sobrevivir para llegar al Tipo III y, con ello, poder colonizar miles y miles de mundos desde el original, según los cálculos tendría que haber en nuestra galaxia al menos 1.000 civilizaciones de Tipo III. Pero, nuevamente, nunca nos han hecho una visita. 

La compleja Paradoja de Fermi

Así llegamos a la Paradoja de Fermi: los cálculos científicos nos dicen que hay vida inteligente extraterrestre con casi toda probabilidad y que, además, puede estar bastante más desarrollada que nuestra civilización, pero nunca han hecho signos de existencia. ¿Por qué? Hay intenso debate entre los científicos y se dividen en dos grupos según el tipo de explicación que le dan a ello:

Grupo 1 de explicaciones: No hay indicios de civilizaciones superiores de Tipo II o III porque, sencillamente, no existen. Sin embargo, los cálculos de los que ya hemos hablado dicen lo contrario, por lo que se introduce otro elemento explicativo que los científicos llaman el Gran Filtro. 

¿Qué demonios es eso? Que desde que nace una especie (como la humana en nuestro caso) hasta que llega a ser de Tipo III, hay un muro contra el que la mayoría choca, y que las hace desaparecer antes de alcanzar ese nivel de desarrollo tan alto. Visto lo visto (es decir, que nadie viene a visitarnos) solo de manera anómala una especie lograría superar el Gran Filtro. 

Eso nos deja una pregunta inquietante, ¿en qué punto de la línea temporal de una especie ocurre el Gran Filtro? Y, sobre todo, ¿En qué punto estamos los humanos? Ante esta pregunta surgen tres opciones:

La primera, que ya somos excepcionales: el Gran Filtro está “detrás” de nosotros, es decir, ya lo hemos pasado y, por tanto, somos la primera especie de vida que ha logrado llegar hasta nuestro nivel de inteligencia. Esto explicaría por qué no hay civilizaciones de tipo II o III todavía, porque somos los primeros. Suena muy egoísta, la verdad. Entre las teorías sobre cuál fue el Gran Filtro que superamos, se baraja la mera existencia de vida, el paso de la célula procariota a la eucariota (más compleja) o nuestra evolución. 

La segunda opción sería que somos los primeros, pero no los únicos en estar alcanzando nuestro nivel de inteligencia. No habría Gran Filtro, sino que la galaxia ya estaría asentada, sin los riesgos naturales del pasado (como tormentas de rayos gamma), permitiendo así el paso a formas de vida más desarrolladas a lo largo de millones de años. Como nosotros, las otras especies extraterrestres todavía estarían en el tipo I y no tendrían medios para comunicarse a tanta distancia. 

Y llegamos así a la tercera opción, que es la que pone los pelos de punta: que no seamos ni excepcionales ni los primeros, sino que el Gran Filtro está “delante” de nosotros. Por tanto, la vida podría evolucionar a lo largo de las galaxias como está evolucionando la especie humana, pero hay algo que impide que la inmensa mayoría alcance una inteligencia superior y llegue a ser de tipo II o III. Y, visto lo visto, es improbable que nosotros seamos esa excepción que supere el Gran Filtro. ¿En qué puede consistir este? Quizá en un brote agresivo de rayos gamma que aniquile la Tierra. O en una autodestrucción de las civilizaciones una vez alcanzan un nivel de tecnología[iii]. Por ello, la ausencia de noticias de vida sería al final una buena noticia para la civilización humana: si se encontrase vida, aunque fuese sencilla, en Marte u otro planeta, se eliminarían todos los potenciales Filtros que hemos visto en la primera opción. Y, por otro lado, encontrar restos de vida compleja en otros astros sería la peor noticia posible ya que sería confirmar que el Gran Filtro está delante de nosotros…y, con él, nuestro más que probable fin. 

Grupo 2 de explicaciones: Sí hay civilizaciones de tipo II y III y hay razones lógicas por las que no sabemos nada de ellas…aún. En este caso, se rechaza que seamos excepcionales en absoluto y defienden que, en cualquier caso, seríamos una civilización más bien mediocre. ¿Por qué no hemos podido contactar con ninguna otra? Porque nuestra tecnología es rudimentaria: Solo podemos llegar a señales que estén a cien años luz de nosotros, el equivalente al 0,1 % de la galaxia. 

Así, formulan hasta diez posibilidades: 

1.      La especie de tipo II o III ya podría haber visitado la Tierra, pero antes de que los humanos evolucionasen. Al fin y al cabo, nos remontamos solo 50.000 años. Esos extraterrestres podrían haber llegado a la Tierra y ver solo aves o reptiles, sin más interés para ellos. Además, la escritura comenzó hace tan solo 5.000 años, por lo que una llegada de otra especie en los primeros tiempos de la Humanidad no habría quedado documentada, pero probablemente sí quedasen restos arqueológicos, de los que no hay evidencia hoy en día.

2.      Que la galaxia ya haya sido colonizada por otra especie pero que nosotros vivamos en una zona “rural” y “desierta”, estando aislados cual esquimales. Es más inverosímil, pero si ocurre en nuestro propio planeta, ¿Por qué no en la galaxia?



3.      No podemos casi imaginar cómo serían esas civilizaciones tipo II y III pero, ¿Por qué iban a colonizar toda la galaxia teniendo unas tecnologías tan avanzadas? En el caso II, podrían aprovechar la energía de su propia estrella, satisfaciendo sus necesidades durante millones de años, ¿Para qué embarcarse en aventuras? Y en el caso del III, la tecnología y ciencia serían tan avanzadas que no podemos ni pensar cómo serían esos seres. El concepto de colonización, al fin y al cabo, es humano. 

Nuestra imaginación sí que no tiene límites.


4.      Esta posibilidad es aterradora: que haya civilizaciones aterradoras y que la mayoría prefiera no enviar mensajes al exterior para llamar su atención. Esto explicaría el silencio que detecta el SETI. Y nos dejaría en mal lugar: estaríamos siendo muy estúpidos al estar mandando señales como locos al espacio, diciendo en voz alta: ¡Estamos aquí! El mismo Stephen Hawking ya lo advirtió: “si los alienígenas nos visitasen, las consecuencias serían como cuando Colón llegó a América, lo que no salió muy bien para los nativos americanos”. Y otro experto también recomendó mantener silencio y paciencia en vez de enviar mensajes imprudentemente. 

Fotograma de La guerra de los mundos, de 2005, que cuenta una invasión extraterrestre ficticia aunque, claro, en esa nos salvamos, cómo no.


5.      Que haya una super civilización inteligente dominante que no tiene por qué informar de su presencia y que, en caso de que haya otras inferiores (como la nuestra) que avancen más de la cuenta, las exterminaría para asegurarse la hegemonía. Por eso también habría silencio en el universo. 

6.      Hay mucho ruido y actividad en el espacio, pero nuestra tecnología, simplemente, sigue siendo muy rudimentaria y no estamos prestando atención a lo que debemos si queremos enterarnos de mensajes. Un ejemplo sería la señal Wow! ya mencionada: seguimos sin poder darle un significado claro. 
 La extrañísima señal captada en 1977 desde la constelación de Sagitario que nunca se ha repetido. El investigador al cargo se sorprendió tanto que anotó el famoso Wow! ("¡Guau!") que da nombre a la señal.

7.      Otra opción es que ya estuviésemos contactando con civilizaciones extraterrestres pero que los gobiernos nos lo estén ocultando. Personalmente, no creo en esta teoría: sería un secreto demasiado grande y tenemos líderes con la boca también demasiado grande. 


 No queremos mirar a nadie. 

8.      Hay civilizaciones superiores en la galaxia, pero nos respetan y nos observan sin interferir en nuestro desarrollo, como en un gran zoológico. Y, la verdad, si una especie mucho más avanzada que nosotros quisiese observarnos sin ser detectada, podría hacerlo.

9.      Somos demasiado primitivos como para detectar civilizaciones superiores. Es como si, en el campo, hubiese un hormiguero y, a pocos metros, una carretera. Las hormigas no están lo suficientemente desarrolladas como para saber que esa carretera está ahí o qué es y supone. Y otra cosa, las personas que pasan por la carretera ignoran el hormiguero olímpicamente, no les interesa lo más mínimo. Está claro, ¿no? 

10.  Y la última, y la más cercana a la ciencia ficción, es que quizá estemos totalmente equivocados respecto a nuestra realidad. El universo podría parecer algo que, en realidad, no es y nosotros no podemos ni imaginarlo. A lo mejor somos un experimento creado por esa especie superior, que nos está utilizando como tal. Por eso no habría más especies inteligentes. Es algo muy poco posible, pero ¿quién sabe? 

¿Cuál de todas esas teorías es la verdadera? Sea cual sea, pondría los pelos de punta porque se pueden resumir en solo dos: O estamos totalmente solos en el universo o hay otras formas de vida inteligente. 

Lo que deja claro este debate sobre la Paradoja de Fermi es que debemos ser más humildes. En la Antigüedad se discutía sobre qué era el cielo: ¿La cubierta de un enorme baúl? ¿la cara inferior del cosmos? Por no hablar del ahora estúpido debate sobre la esfericidad de la Tierra. Dentro de solo cien años, este debate podría ser visto como hoy vemos el de qué es el cielo: pensando lo antiguos y atrasados que estaban nuestros antepasados. 

Y otro golpe de humildad: no hemos parado de hablar de civilizaciones superiores a la nuestra de tipo II o III…a nosotros, que nos creemos únicos y superiores y, en general, como tal tratamos a las demás especies de nuestro planeta e incluso a otros seres humanos con menos recursos. Esperemos que, si existen esas civilizaciones extraterrestres superiores, no sean como nosotros.

Fuentes: 

Waitbutwhy.com
El País



[i] Esto está en duda día a día: somos la única especie terrestre que destroza su propio planeta, llevándolo al límite. Algo muy lamentable.
[ii] En las ciudades podemos ver una veintena y gracias: nuestra contaminación lumínica nos impide hasta tener estrellas. De nuevo algo muy lamentable.
[iii] Esto tendría sentido vista la amenaza nuclear. Durante la Crisis de los misiles de Cuba en 1962, la Humanidad estuvo al borde del abismo.

Países del mundo: Chipre

  Bandera de Chipre. Su principal característica es que muestra el mapa de la isla chipriota en el centro, de color cobre, metal importante ...