Países sin nombre propio

 

¿Puede haber países que, en realidad, no tengan nombre propio? Sí, y, de hecho, hay varios. Consideramos que un país no tiene nombre propio cuando su denominación es una descripción en vez de un nombre como tal. La mayoría de naciones sí tienen un nombre propio: España, Francia, Alemania, México, Rusia o Brasil son ejemplos. 

¿Qué ocurre con los países que usan descripciones para denominarse? Por norma general son naciones surgidas en los últimos siglos, que se independizaron de potencias europeas y tuvieron que elegir un nombre y, para ello, optaron por una descripción, normalmente en base a su localización geográfica. 

El caso más destacado es Estados Unidos, oficialmente Estados Unidos de América. Su nombre indica que son varios estados que se unieron tras la independencia de Gran Bretaña en el siglo XVIII y que están en América. De hecho, allí es habitual referirse al país simplemente como América, y al continente lo denominan en plural, Américas. 

En África hay dos países sin nombre propio muy obvios: la República Centroafricana, que obviamente se refiere a su localización en el centro del continente, y Sudáfrica, que hace lo propio respecto a que se sitúa al sur del continente. 

Otro país en situación semejante son los Emiratos Árabes Unidos, comúnmente llamados Emiratos. Se trata de una federación de siete emiratos, siendo los dos más importantes Abu Dabi y Dubái, y su nombre hace referencia a su localización en la península arábiga y a su unidad. 

En Oceanía tenemos el caso de los Estados Federados de Micronesia, llamados normalmente Micronesia a secas, por la región oceánica en la que se encuentra, aunque este país no incluye a todas las islas micronesias. Además, Micronesia significa "islas pequeñas", por lo que el nombre en sí es otra descripción.

En Europa destaca el caso de Reino Unido, oficialmente Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Mientras que Gran Bretaña e Irlanda del Norte sí son nombres propios, Reino Unido simplemente hace referencia a la unidad del reino formado por cuatro países: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. También en Europa tenemos a Países Bajos, cuyo nombre se refiere a su localización en buena medida por debajo del nivel del mar debido a que sus habitantes han ganado terreno al mar durante siglos, provocando que la altitud de una parte importante del territorio sea muy baja e incluso, como decíamos, por debajo del nivel del mar, contenido mediante diques. Recordemos que llamar a este país Holanda es incorrecto, puesto que es solo una zona dentro de Países Bajos.

Otro caso interesante es Costa de Marfil, en África. Su nombre proviene de la actividad comercial de compraventa de marfil en esa zona del golfo de Guinea. Otro país llamado costa es Costa Rica, en Centroamérica, cuyo nombre ha sido sujeto de varias hipótesis y teorías, como que los colonizadores españoles se sorprendieron por las riquezas que portaban los líderes de la zona, dándole ese nombre. También en esta zona y con nombre parecido tenemos a Puerto Rico, país insular dependiente de Estados Unidos que debe su nombre, obviamente, a las riquezas que partían de su capital. Como curiosidad, inicialmente la isla se llamaba San Juan y su capital Puerto Rico pero, con el tiempo, los nombres se invirtieron y la isla pasó a ser Puerto Rico y la capital San Juan, hasta hoy. 

En América también tenemos el caso de Ecuador, país que debe su nombre simplemente a que la línea ecuatorial pasa por el mismo (y por muchos países más). Tras la independencia de España y la desintegración de la Gran Colombia, la zona hoy llamada Ecuador sopesó su nuevo nombre, valorando llamarse como su capital, Quito, pero finalmente se optó por una denominación geográfica.

Casos intermedios: países con nombre propio pero también con una referencia geográfica como un punto cardinal: Sudán del Sur, Macedonia del Norte, Timor Oriental, Corea del Norte, Corea del Sur y Australia, la cual significa literalmente "tierra austral", del sur. El Sáhara Occidental es un territorio pendiente de descolonizar según la ONU que está ocupado ilegalmente por Marruecos y que tampoco tiene nombre propio sino que solo hace referencia a su localización al oeste del desierto del Sáhara.

Imagen de la semana: ¿Qué es Castilla hoy?

 

Fuente: elordenmundial.com

Castilla es una región histórica española, que fue inicialmente un condado circunscrito a las actuales Cantabria y Burgos, dependiente del Reino de León y posteriormente ya una entidad separada. Con el tiempo, se convirtió en el Reino de Castilla y se fue ampliando hacia el sur y este hasta englobar lo que se llamaría entre los siglos XIX y XX Castilla la Vieja (actuales Cantabria y La Rioja y las provincias de Ávila, Segovia, Valladolid, Palencia, Burgos y Soria).

Como vemos en el mapa, al contrario que en el pasado, hoy no está del todo claro qué es Castilla, al margen de la definición inicial como región española que cubre buena parte del interior peninsular. Si nos atenemos a criterios históricos, Castilla serían hoy las actuales comunidades de Castilla y León, Madrid, Castilla-La Mancha, La Rioja y Cantabria. Sin embargo, también la historia ha hecho que haya diferencias importantes que hay que tener en cuenta.

La primera es respecto a León. Nació como reino a partir del Reino de Asturias, y el Condado de Castilla se separó del mismo. Durante parte de la Edad Media, ambas entidades se unieron y separaron por motivos dinásticos y políticos hasta su unión definitiva con el rey Fernando III en 1230. Sin embargo, el León original, que corresponde básicamente con las provincias de León, Zamora y Salamanca, mantuvo su propia identidad hasta hoy y no se considera parte de Castilla, aunque actualmente comparta comunidad autónoma con la anterior Castilla la Vieja. 

Tras la unión de 1230, Castilla y León continuaron expandiéndose hacia el sur, con la meseta ya conquistada, iniciando la incorporación del sur peninsular. Así, Castilla se hizo con las actuales Andalucía y Murcia. Era la llamada Corona de Castilla, momento de máxima extensión castellana en la península (posteriormente llegaría la expansión ultramarina, pero eso es otra historia). 

Por tanto, ¿qué es Castilla hoy? Si nos atenemos a la extensión original, serían Cantabria y Burgos pero si nos atenemos a la extensión mayor sería casi toda España menos las comunidades del este, que fueron parte de la Corona de Aragón. Sin embargo, solemos considerar que la región castellana incluye como mínimo las comunidades de Castilla-La Mancha, Madrid y Castilla y León (salvo las tres provincias leonesas). En los casos de las dos comunidades que llevan Castilla en su nombre es obvio: en una por ser heredera de Castilla la Vieja tras volver a unirse una vez más con León (algo que en esa región muchos no vieron ni ven con buenos ojos) y la otra por ser una reconfiguración del viejo Reino de Toledo, que en el siglo XIX pasó a ser Castilla la Nueva. Esta estaba formada por las provincias de Toledo, Guadalajara, Ciudad Real, Cuenca y Madrid. Albacete por motivos históricos era parte de la Región de Murcia. Sin embargo, durante la Transición a la democracia, Albacete fue incorporada a la nueva región de Castilla-La Mancha y Madrid, debido a su capitalidad y a tener una demografía y economía claramente diferentes del resto, se convirtió en comunidad propia por interés nacional a pesar de que es una región castellana. Esto se refleja en sus símbolos: la bandera es roja por ser este el color tradicional de Castilla y en su escudo aparecen dos castillos en referencia a estar rodeada por las dos Castillas. 

Finalmente, dos de las antiguas provincias de Castilla la Vieja se separaron durante la Transición y pudieron crear sus propias comunidades, Cantabria y La Rioja. En el caso de la primera, se adujo su carácter distinto al resto de Castilla al ser una región costera (de hecho era el puerto histórico de Castilla), con tradiciones propias. La Rioja tiene de peculiaridad el estar volcada al valle del Ebro, al contrario que el resto de provincias castellanadas norteñas, enfocadas al Duero. Sin embargo, normalmente se considera que, por motivos históricos, ambas tienen tradición castellana. De hecho, la lengua castellana nació en ese triángulo entre Cantabria, Burgos y La Rioja. 

Países del mundo: Chad

 

Bandera de Chad. Es prácticamente idéntica a la de Rumanía, aunque no tienen relación. De hecho, sus colores se deben a reminiscencias al pasado colonial francés junto a los colores panafricanos. El azul representa el cielo, la esperanza y el agua del lago Chad. El amarillo el sol y los desiertos al norte del país y el rojo representa el progreso y el sacrificio.

Chad es un extensísimo país situado en el centro del continente africano, sin salida al mar. Limita al norte con Libia, al este con Sudán, al sur con la República Centroafricana y al oeste con Camerún, Nigeria y Níger, por lo que está en una situación muy estratégica, con todo lo que ello supone. Como otros países de su entorno, fue colonia francesa entre el siglo XIX y 1960, incluida en el África Ecuatorial Francesa, aunque ya diferenciada con su nombre actual, que hace referencia al gran lago situado al suroeste del territorio y que comparte con las vecinas Camerún, Níger y Nigeria. Al igual que sus países vecinos, el grado de desarrollo de Chad es bajo debido a la inestabilidad política y social.

La capital es Yamena, ubicada en el oeste del país, junto a la frontera con Camerún, y fue fundada por los franceses como Fort-Lamy, nombre que fue sustituido por el actual en un proceso de africanización compartido con otras naciones del continente. Su geografía es tan extensa que se distinguen varias zonas: los dos tercios al norte son desérticos, englobados en el desierto del Sahara, y de mayoría musulmana. El tercio sur restante es parte del Sahel, el enorme cinturón que separa el desierto de las zonas ecuatoriales, mucho más húmedas. Así, Chad es un país de transición. Además, en el sur la mayoría de la población es cristiana. El lago Chad, enorme en el pasado, ha perdido buena parte de su superficie debido a la sobreexplotación debido a las sequías cada vez más prolongadas en el Sahel y a la desertificación de la región, aun mayor debido al cambio climático. En cuanto a la economía chadiana, se concentra en la exportación de petróleo y algodón, además de ganadería y agricultura de subsistencia. 


REPÚBLICA DEL CHAD (en francés République du Tchad, en árabe جمهورية تشاد)

Capital: Yamena

Lema oficial: Unidad, trabajo, progreso

Himno: La Chadiana

Extensión: 1.284.000 km2

Población: 18.300.000 (2023)

Densidad de población: 14 habitantes por km2

Forma de gobierno: república presidencialista bajo dictadura militar

Órgano legislativo: Asamblea Nacional del Chad (unicameral)

Independencia: 1960, de Francia

División administrativa: 23 regiones

Lenguas oficiales: francés y árabe

Religiones principales: 40 % islam suní, 25 % catolicismo, 14 % protestantismo, 10 % islam chií, 10 % animismo

Moneda: franco CFA de África central

PIB: 12.600 millones dólares

PIB per cápita: 702 dólares

IDH: bajo

Situación LGTBI: ilegal, penas de prisión

Miembro de: Organización de las Naciones Unidas, Unión Africana, Francofonía, Comunidad Económica y Monetaria de África Central

Vista satelital de Chad. En ella se ve cómo a geografía del país cambia desde un norte desértico (donde además se hallan las mayores altitudes con las montañas Tibesti) a un sur de transición en el marco del Sahel y más húmedo. El lago Chad se observa al oeste, fronterizo con Camerún, Níger y Nigeria.

Imagen de la semana: la independencia de EE.UU



Estados Unidos siempre está de actualidad. No es de extrañar puesto que es la primera potencia mundial desde hace un siglo y su influencia es clave para entender el mundo. Sin embargo, Estados Unidos (un país que, curiosamente, no tiene nombre propio ya que no se decidieron por uno al declarar la independencia y decidieron que fuese una descripción: Estados Unidos de América) no siempre fue la superpotencia que es hoy. 

Y es que, como muestra el mapa que nos acompaña hoy, trabajo fantástico de El Orden Mundial, el país nació a partir de las trece colonias que poseía Gran Bretaña al este de Norteamérica, limitando al este con el océano Atlántico, por lo que era mucho más pequeño que actualmente. Estas colonias, que hoy son estados de EE.UU, eran diferentes entre sí y, de hecho, cuando se independizaron el 4 de julio de 1776 no había una identidad común como sí la hay actualmente sino que hubo que crearla. 

Además, las colonias se agrupaban por zonas geográficas porque, como ya hemos mencionado, eran muy distintas. El clima y la economía variaban sustancialmente de la colonia más septentrional, Massachussets, a la más meridional, Georgia. De un clima continental frío a un clima subtropical húmedo. Y de un modelo económico basado en la ganadería y la explotación forestal a uno agrícola sustentado por esclavos en el sur. 

Las colonias norteñas formaban Nueva Inglaterra, nombre que perdura hasta hoy. Eran las colonias más parecidas a la metrópoli británica y la primera era Massachussets, con capital en Boston (en donde comenzó todo el movimiento que llevaría a la independencia debido al famoso Motín del Té (o Boston Tea Party, en inglés). En 1820, la zona norte se separaría como Maine. Otras colonias de Nueva Inglaterra eran New Hampshire, Rhode Island y Connecticut, todos ellos pequeños estados en la actualidad a los que se suma Vermont, que en el momento de la independencia no era una colonia independiente sino que la reclamaban tanto Nueva York como New Hampshire, independizándose de manera efectiva durante la Guerra de la Independencia y, años después, sumándose a EE.UU como estado. 

Más al sur estaban las colonias centrales, más industriales y que eran las que enlazaban el territorio. Aquí estaban las ciudades más influyentes, Nueva York y Filadelfia. En esta última fue donde se declaró la independencia de EE.UU y fue su primera capital hasta que se construyó desde cero la nueva y definitiva: Washington Distrito de Columbia (DC). Esta ciudad se construyó en las colonias del sur pero cerca del límite con las colonias centrales para situarse a equidistancia de unas y otras. Las colonias centrales corresponden con los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Pensilvania.

Finalmente, tenemos las colonias del sur, de tradición esclavista y que en la Guerra de Secesión (o guerra civil estadounidense) intentaron separarse del norte sin éxito para mantener unas tradiciones y una economía que negaban la libertad a una buena parte de su población. Estas colonias son los actuales estados de Maryland, Delaware, Virginia (la zona oeste de la misma se separó del resto durante la guerra civil y hoy es otro estado, Virginia Occidental), Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia. 

Tras la independencia, lograda tras una cruenta guerra con Gran Bretaña, Estados Unidos nació como una república federal y pronto comenzó su proceso de expansión hacia el oeste mediante conquistas y compras a otras potencias como Francia o España. Nacía una potencia aunque en ese momento nadie esperaba que llegase a ser lo que es hoy

Otros artículos sobre la expansión posterior de EE.UU:

Una breve historia del colonialismo europeo

 


La imagen de esta semana va a ser un gráfico, una representación visual en este caso de un evento histórico como fue la colonización europea de territorios especialmente en América, África, Asia y Oceanía. Sin embargo, como vemos en nuestro gráfico, no todos los países comenzaron a colonizar territorios a la vez sino que hubo algunos que fueron pioneros y a los que siguieron otras potencias europeas que acabarían convertiéndose en las hegemónicas más tarde hasta que todas ellas perdieron prácticamente todas sus colonias en la segunda mitad del siglo XX durante el proceso de descolonización. Además, el gráfico no incluye a potencias colonizadoras no europeas, aunque existieron, destacando los casos de Estados Unidos, Japón y Rusia mediante su expansión por Asia. 

Así, vemos que el primer país europeo en tener colonias fue Portugal. Habiendo terminado su constitución como Estado tras conquistar a los musulmanes el sur (actualmente el Algarve), los portugueses iniciaron su expansión atlántica, primero conquistando la ciudad de Ceuta en el norte de África y luego las islas que aún hoy son portuguesas, las Madeira y las Azores. Su vecina Castilla no tardó en imitar a Portugal e inició asimismo su expansión en el Atlántico centrándose en las islas Canarias. 

Sin embargo, los modelos de ambos países eran distintos: Portugal apostaba por llegar a la India rodeando África (lo que logró) y Castilla, ya unida dinásticamente con Aragón en época de los Reyes Católicos, se centró en el norte de África (conquistando varios enclaves como Melilla) y, sobre todo, financió la expedición de Cristóbal Colón para llegar a Asia navegando por el oeste. El resultado es de sobra conocido: no se llegó a Asia porque había un error de cálculo y no se contaba con que había un continente entero al oeste del Atlántico, América. Castilla, que dio lugar con el tiempo y la unión dinástica a España, comenzó la colonización de dicho continente, primero en las islas del Caribe y, ya en el siglo XVI, tanto en Norteamérica como en Sudamérica, creando el imperio más grande de esta primera etapa colonizadora puesto que se extendía desde el oeste de los actuales Estados Unidos hasta las actuales Argentina y Chile en el extremo sur. Portugal tampoco salió mal librada y fue el segundo imperio más importante en este momento al poseer numerosos puestos comerciales en África y Asia y, sobre todo, Brasil en América. 

Pero pronto otras naciones europeas reivindicaron puestos en el proceso de colonización. La primera fue Países Bajos, tras independizarse de la Monarquía Hispánica en el siglo XVII. Se enfrentó a Portugal y le sustituyó en algunos enclaves en América y Asia y tuvo presencia en Sudamérica en el actual Surinam. También inició el establecimiento de puestos comerciales en la que sería su gran colonia a posteriori: Indonesia. Herencia de esta historia colonial es el llamado Caribe neerlandés, varias islas que todavía hoy son dependientes de Países Bajos, como Curaçao, Aruba o Bonaire. Solo por el nombre se ve cómo los neerlandeses reemplazaron a los portugueses en muchas zonas.

Francia e Inglaterra fueron las siguientes en tener intereses ultramarinos, ambas sobre todo en Norteamérica en sus inicios. Francia se comenzó a asentar al este de la actual Canadá, en donde no es extraño pues que se hable francés como primera lengua todavía hoy. También se asentó en islas caribeñas y en la Guayana, territorio que todavía hoy es Francia. Inglaterra por su parte inició sus asentamientos en la costa este norteamericana, lo que sería el inicio de las Trece Colonias que hace 250 años proclamaron su independencia como Estados Unidos. Como las anteriores, Inglaterra (convertida primero en Gran Bretaña tras unificarse con Escocia y después en Reino Unido) también tuvo presencia en islas del Caribe, algunas de ellas aún bajo su control. Francia e Inglaterra se enfrentaron en numerosas guerras por el control de Norteamérica en el siglo XVIII y los ingleses lograron el control casi absoluto al hacerse con Canadá. Se ve en el gráfico cómo el Imperio francés casi desaparece mientras el británico no hace nada más que crecer. 

A principios del siglo XIX, España perdió casi todas sus colonias en América tras las guerras de independencia hispanoamericana, como refleja bien el gráfico. España, antaño el principal poder colonial, quedaba reducida a una potencia menor, aunque se mantuvo hasta el final. Portugal perdió Brasil pero mantuvo su influencia en zonas en África y Asia. Países Bajos quedó como potencia menor. La nueva superpotencia era sin dudas el Imperio británico. Tenía presencia en todos los continentes y enormes territorios como Canadá, Australia, India o la franja oriental del continente africano desde Egipto hasta Sudáfrica, lograda durante el reparto de dicho continente tras la Conferencia de Berlín de 1885. La pérdida de las Trece Colonias a finales del XVIII no supuso a la larga un desastre para Londres. Solo Francia le hacía algo de sombra ya que, para compensar la pérdida de territorios en América, se centró en África, en donde logró un extenso imperio colonial, así como en el sureste asiático. 

A finales del siglo XIX se sumaron a la colonización otros países europeos, en concreto países nuevos que no existían como estados independientes hasta este momento. Fueron los casos de Bélgica, Alemania e Italia. Bélgica solo tenía una colonia pero era tan enorme que ya le hace aparecer en el gráfico, que era el Congo (actual República Democrática del Congo). Alemania tuvo un imperio destacado pero fugaz sobre todo en África, el cual perdió tras su derrota en la Primera Guerra Mundial. Italia lo mantuvo más pero lo perdió a su vez tras ser derrotada en la Segunda Guerra Mundial.

Tras este último conflicto se constató la debilidad y descrédito de Europa y llegó la inevitable descolonización. Esta fue rápida y en pocas décadas la mayoría de colonias ya se había independizado, quedando en la actualidad solo pequeñas islas y enclaves pendientes de descolonización que, por extensión, ni aparecerían en el gráfico y en los que, en muchos casos, su población insiste en mantenerse dependiente de Reino Unido o Francia, que son los casos que quedan.  

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