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La historia de la estación de Atocha

La estación de Atocha es el principal punto de conexiones ferroviarias de la capital de España, Madrid, y también la estación más importante del país, tanto por su extensión como por ser el centro de la red ferroviaria nacional al partir de ella multitud de líneas hacia el sur, este y noreste de España. Así, cada año unos 90 millones de viajeros la utilizan, la mayoría de ellos de la red regional de Cercanías de Madrid (60 millones) pero también 10 millones del Metro de Madrid y 18 millones de otros servicios ferroviarios como las redes de Media y Larga Distancia y la alta velocidad. 
La estación en sus primeros tiempos.

La estación tiene sus orígenes a mediados del siglo XIX con la construcción de los primeros ferrocarriles españoles. Inicialmente era un simple embarcadero, construido hacia 1851, pero unos años después se amplió al actual edificio histórico de 1892, conocida como Estación del Mediodía. En esa época era propiedad de la compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), y todavía hoy se pueden observar esos nombres en la fachada si uno se fija con atención. La arquitectura de la estación es un ejemplo de uso conjunto de hierro y cristal para la cubierta junto a elementos del historicismo como el ladrillo y las columnas de estilo oriental. 
 La estación en 1981, cuando el edificio histórico aún albergada los andenes y las vías.

En el siglo XX la demanda de viajeros fue aumentando paulatinamente y tuvo que ir ampliándose con pequeños edificios adyacentes. Con la nacionalización de los ferrocarriles en 1941 y la creación de RENFE, Atocha, como las demás estaciones, pasó a pertenecer al Estado y cuando RENFE se dividió en Renfe Operadora y Adif en 2005, pasó a depender de Adif, empresa estatal que gestiona las infraestructuras ferroviarias. 

Antes de eso, a finales de los 80, la estación estaba colapsando. La creación de Cercanías y el aumento considerable de viajeros hizo que el antiguo edificio no fuese capaz de asumir su función. Por ello, se planteó una inmensa reforma y ampliación de la estación ya que, si no, la única opción sería crear una nueva. El encargado del proyecto fue el famoso arquitecto Rafael Moneo.  

Así, en 1992 se inauguró la nueva Atocha, que está compuesta no por una sino por hasta cinco estaciones diferentes que forman, todas ellas, un macrocomplejo ferroviario en el que conviven dos anchos de vía diferentes, el ibérico y el europeo:
 Vista satelital de la estación de Atocha en la actualidad (Elaboración propia). Pulsar para ampliar.

-          Estación histórica del siglo XIX: dejó de albergar andenes y vías y fue reconvertida en una gran sala de espera y de estar con restaurantes, servicios, etc. Además, se construyó un invernadero con plantas tropicales. Desde ella se puede acceder a las dos siguientes estaciones. 
 Vista de la estación de 1892 en la actualidad.

-          Atocha-Cercanías: es una estación pasante, es decir, no acaban las líneas en ella (salvo casos concretos) sino que continúan hacia Chamartín gracias a los túneles de la Risa (llamados así porque en la época en la que se plantearon en los años 30 había una atracción infantil que se llamaba así y el proyecto de túnel recordó a la misma). Alberga a los trenes de Cercanías, Media Distancia y algunos de Larga Distancia hacia Chamartín. Por ello, es la estación con más pasajeros del complejo y la que tiene más ajetreo. En 2004 fue testigo del terrible atentado del 11 de marzo, al estallar varias bombas en un tren que acababa de llegar a la estación desde el Corredor del Henares (los otros tres trenes atacados estaban aún haciendo el recorrido hacia Atocha). En homenaje y recuerdo al atentado, en el vestíbulo que comunica con el Metro se construyó un monumento a las víctimas. 
 Principal acceso a Atocha-Cercanías y a la parada de Metro de Atocha Renfe.

-          Puerta de Atocha: aún es una estación con fondo de saco (es decir, que no es pasante y las vías finalizan su recorrido en ella) pero la construcción de un nuevo túnel de la Rosa exclusivo para la alta velocidad hará que Atocha y Chamartín estén también comunicadas de esa forma. Acoge a trenes de alta velocidad (entre ellos el AVE) y de Larga Distancia. Se sitúa a espaldas de la estación original. A finales de los años 2000 fue ampliada hacia el sureste debido al crecimiento de la demanda de alta velocidad por la construcción de nuevas líneas hacia el este peninsular. Dicha ampliación es por sí sola más grande que la estación original. 
 Vista de la enorme estación de Puerta de Atocha.

-          Metro Atocha: comunica con Atocha-Cercanías mediante el gran intercambiador construido con la reforma y del que destaca el templete de acceso con cúpula. La estación de Metro se ubica bajo la Avenida Ciudad de Barcelona y se inauguró en 1988. El objetivo era que la estación de tren tuviese conexión directa con el Metro, ya que hasta entonces la parada del metropolitano más cercana era la estación de Atocha (actual Estación del Arte), la cual se sitúa a unos 500 metros de la de tren.

Las estaciones desiertas del AVE



La historia de la alta velocidad en los ferrocarriles españoles comenzó en 1992, cuando se inauguró la línea Madrid-Sevilla con motivo de la Exposición Universal de ese año. Fue un logro tecnológico para un país que solo dos décadas atrás estaba aún en vías de desarrollo. Desde entonces su expansión ha sido imparable, creando nuevas líneas y manteniendo una red con centro en Madrid. Así, a la línea Madrid-Sevilla se han sumado Madrid-Málaga, Madrid-Valencia, Madrid-Alicante, Madrid-Zaragoza-Barcelona-Frontera francesa, Madrid-Valladolid y ramales como el de Toledo, Huesca y el de Galicia, que une A Coruña con Ourense o Vigo, como paso previo a enlazarla con Madrid. Como se ve, todo un esfuerzo inversor que ha llevado a que nuestra alta velocidad llegue a los 2.777 km en servicio en 2015, solo por detrás en el mundo de China. 
 Red de alta velocidad en España. En verde, líneas en servicio; en amarillo en construcción; en rojo proyectadas y en azul en servicio parcial pero aún sin alta velocidad.

Sin embargo, por desgracia en este país los proyectos no siempre siguen criterios de los expertos y de la demanda de uso que pueda haber previamente y en el caso de la alta velocidad la planificación dependió estrictamente de criterios políticos. Así, la primera línea no fue, como hubiera sido más lógico, para enlazar los dos principales núcleos de población y de poderío económico de la nación, Madrid y Barcelona, sino a conectar con Sevilla, ciudad natal del entonces presidente del Gobierno, Felipe González. 

Eso sí, al menos esa inversión da frutos: en Sevilla cogen cada día los trenes de alta velocidad más de 4.000 personas, la tercera estación más demandada tras Madrid-Atocha y Barcelona-Sants. 

No es el caso de otras estaciones y líneas, claramente infrautilizadas para la inversión que se ha hecho en ellas, como recogía hace unos meses el diario El País (http://economia.elpais.com/economia/2016/05/20/actualidad/1463758343_740934.html?rel=mas): una de cada cuatro estaciones de la red de alta velocidad tiene menos de 100 usuarios al día, lo que demuestra la penosa planificación que ha habido en la expansión del AVE. 

Veamos ahora ejemplos de por qué este relativo fracaso. Es obvio que este tipo de ferrocarril debe plantearse de la manera más recta posible para que se alcancen esas altísimas velocidades, pero no es razonable que haya estaciones en medio de páramos muy alejados de núcleos de población, porque eso motiva que su uso sea bajo. Ejemplos de esto hay por muchas zonas de España. 
 Estación de Guadalajara-Yebes, junto a una urbanización a medio construir.

Muy cerca de Madrid, en Guadalajara, destaca la estación de Guadalajara-Yebes, situada en el segundo, que se planteó para dar servicio a esta capital de provincia, que dista a algo más de 50 km de Madrid y que comunica con ella por la red de Cercanías, que es la que coge la mayoría de la población local para ir a trabajar a Madrid. Así, esa estación, que está cerca solo de una urbanización semivacía llamada Valdeluz, tiene solo 92 usuarios diarios. Otro ejemplo cercano a Madrid es Segovia, con la diferencia de que este caso es aún más sangrante: se encuentra en medio de un páramo (ver foto de satélite) y, ¡es utilizada por solo catorce personas al día!
 Estación de AVE de Segovia: en medio del páramo.

En la Comunidad Valenciana hay otros dos casos de estaciones de alta velocidad infrautilizadas. Una es la de Villena, a 60 km de Alicante, y cuya estación se halla a unos seis kilómetros del pueblo, por lo que es utilizada por tan solo 71 personas al día. El otro caso es más sangrante si cabe. En la estación de Requena-Utiel, situada a medio camino entre ambos municipios en pleno secarral, solo se sube al día una veintena de pasajeros. Su párking, de 280 plazas, contribuye a aumentar la sensación de despilfarro, así como que, como la de Villena, no tengan conexión de autobús con sus municipios, por lo que solo se puede acceder a ellas en taxi o vehículo particular. 
 Estación de Requena-Utiel, alejada de los núcleos de población.
Estación de Villena: mucha infraestructura para estar en medio de la nada.

En Tardienta, un pueblo de mil habitantes en plena comarca semidesértica de Los Monegros, en la provincia de Huesca, el problema es otro. En este caso la estación sí está en el pueblo pero ¡sin pasajeros! Tan solo una persona se sube al día en Tardienta, como mucho 800 al año. ¿De verdad era tan necesaria una estación allí? Quizá un tren convencional hubiera sido suficiente con una inversión menor. 

Otras estaciones de alta velocidad en España con menos de 100 pasajeros al día son la de Huesca (99), Villanueva de Córdoba (23) y Puente Genil (69). Casos opuestos al de las más demandadas y que sí merecen la pena: Madrid-Atocha (casi 19.000 diarios), Barcelona (casi 8.000), Sevilla (4.174), Valencia (casi 3.000), Zaragoza (3.200), Málaga (2.800) o Alicante (1.400). 

En definitiva, falta de planificación y motivaciones políticas. Llevar el AVE a regiones con objetivos electorales y no por verdadera demanda. Una vez más, mala política, despilfarro y poca modestia, defecto que los gobiernos de España han repetido continuamente en las últimas dos décadas.

Breve historia del ferrocarril en España



Antes de la construcción de las primeras  líneas de ferrocarril en España lo más rápido si querías moverte por el país eran las diligencias, carruajes regulares que circulaban por las carreteras españolas de la época. Sin embargo, aún así era cuestión de varios días el traslado entre regiones. 

Por tanto, la inauguración del ferrocarril fue todo un acontecimiento que los gobiernos de la época utilizaron como escaparate de la progresiva (aunque muy lenta e incompleta) modernización de España. 

El primer ferrocarril propiamente español, sin embargo, no se construyó en la Península sino en Cuba, colonia española hasta 1898, y correspondió con la línea La Habana-Güines en 1837. El ferrocarril era un protagonista de la Revolución Industrial junto al carbón, el hierro (ambos ligados al ferrocarril para la fabricación de las locomotoras y de las vías, así como para producir la energía necesaria para la máquina de vapor que impulsaba la maquinaria) e industrias como la siderurgia (también relacionada estrechamente con el ferrocarril) o la textil. 

Locomotora de la compañía MZA en 1920.


A la Península el ferrocarril no llegó hasta 1848, cuando se inauguró con todo boato la línea Barcelona-Mataró, de 29 kilómetros y que sigue hoy en uso. La siguiente línea fue en 1851, de Madrid a Aranjuez y que hoy forma parte de la línea C-3 de la red de Cercanías. Sin embargo, como se ve, a mediados del siglo XIX el ferrocarril aún estaba muy limitado. El motivo era la reticencia del entonces gobierno moderado a impulsar su construcción. 

Cuadro sobre la inauguración del ferrocarril entre Gijón y Langreo en 1852.


Un aspecto fundamental del ferrocarril en España es que su ancho de vía es mayor que el europeo. Hay muchas explicaciones al respecto, muchas peregrinas. Se dijo que el motivo fue que se quería evitar así una posible invasión desde Francia (¿Acaso en 1808, cuando no existía el ferrocarril, se había impedido?). En realidad, el motivo fue más práctico: el relieve español es muy abrupto con numerosos sistemas montañosos. Así, se necesitaba de locomotoras con mayor capacidad en su maquinaria para poder ascender las abundantes pendientes. Para ello, un ancho de vía mayor era conveniente. El problema de esta decisión es que España quedó aislada del resto de Europa por ferrocarril, al tener que cambiar de vía en la frontera. Este aislamiento se prolongó nada menos que hasta 2010, cuando se abrió la línea de alta velocidad hasta la frontera francesa.

La gran expansión del ferrocarril vino con la aprobación de la Ley de Ferrocarriles en 1855 por parte del gobierno progresista. Al contrario que los moderados, los progresistas pensaban que el ferrocarril era indispensable para la modernización y desarrollo del país. Así, la ley impulsó definitivamente la construcción del mismo por toda España. 

De esta manera, en tan solo trece años se construyeron cientos de kilómetros de ferrocarril. El centro de la red sería Madrid, como ya ocurría con las carreteras. La rápida expansión se debió a la colaboración entre empresas extranjeras (sobre todo francesas), españolas y el gobierno. Así, se crearon varias compañías ferroviarias. Las principales fueron la MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante), la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte y la Compañía de Ferrocarriles Andaluces. 
 La gran expansión del ferrocarril en el siglo XIX.

Esta situación, con diferentes compañías gestionando las líneas de ferrocarril españolas, se prolongó mucho tiempo. Una vez construidos tantos kilómetros, el proceso de expansión se detuvo y pasó a asegurarse su mantenimiento en los siguientes años. El esfuerzo de España en la construcción del ferrocarril fue brutal y los beneficios fueron menores de lo esperado pero sí se consiguió articular el país y mejorar considerablemente el transporte. 

La expansión de la red ferroviaria española se truncó con la Guerra Civil española de 1936 a 1939, que dañó seriamente las infraestructuras. Una vez en el poder el dictador Francisco Franco, el gobierno tomó una decisión que fue similar a la de los países comunistas: nacionalizar todos los ferrocarriles de ancho de vía ibérico en 1941. Así, todas las compañías privadas existentes desde el siglo XIX desaparecieron, naciendo la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles (RENFE). En cuanto a los ferrocarriles de vía estrecha, que en España son solo algunas líneas en el norte, mantuvieron su independencia y siguieron siendo gestionados por empresas privadas hasta que en 1965 fueron también nacionalizados, naciendo los Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE). 

Antiguo logo del monopolio del ferrocarril en España: RENFE.


Tras la Transición a la democracia, se comenzó a dejar de operar muchas líneas de ferrocarril que no eran económicamente rentables, de manera que la red se redujo sustancialmente: en 1985 se clausuraron nada menos que 914 km y 132 estaciones. También en esa época se transfirieron muchas vías a las comunidades autónomas. En las grandes ciudades y sus áreas metropolitanas nacieron a su vez los servicios de Cercanías  para trayectos diarios. 

Como dato de interés, en 1983 se creó el Museo del Ferrocarril en la antigua estación de tren de Delicias, en donde continúa su interesante labor divulgativa de la historia del ferrocarril. 

Esta tendencia a cerrar ferrocarriles se invirtió en 1992, cuando se inauguró la primera línea de alta velocidad en España: el AVE (Alta Velocidad Española) Madrid-Sevilla, que llega a alcanzar velocidades de 300 km/h e incluso más. Las líneas de alta velocidad se convirtieron en un símbolo de la modernidad de España y todos los gobiernos desde entonces se han lanzado a construir más y más tramos, siendo España actualmente el segundo país del mundo con más kilómetros de ferrocarril de alta velocidad, tras China. Estas líneas se construyeron ya con ancho de vía europeo, por lo que actualmente conviven tres anchos de vía diferentes en los ferrocarriles españoles: europeo, ibérico y estrecho. 
 Mapa de la actual red de ferrocarril en España: en azul la alta velocidad (ancho de vía europeo o estándar), en rojo el ancho ibérico y en verde el ancho estrecho (FEVE).

RENFE continuó teniendo el monopolio de la red de ferrocarril tras la Transición pero la incorporación a la Comunidad Europea y el inicio de la liberalización del sector motivaron que RENFE fuera dividida en 2005 en dos organismos, a su vez públicos: el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) y Renfe Operadora. ADIF se encarga de la gestión de la infraestructura, es decir, las vías y las estaciones de ferrocarril, mientras que Renfe Operadora se ocupa del transporte de pasajeros y mercancías así como del material ferroviario (trenes). Se decidió dejar el nombre de Renfe al organismo más cercano a los pasajeros, debido a su popularidad. De esta manera, actualmente se puede observar el nombre de ADIF en las estaciones y el de Renfe en los trenes y los billetes. 
 Los logos de ADIF y de Renfe Operadora que se pueden ver hoy en las estaciones (ADIF), trenes, billetes (Renfe) y otros servicios ferroviarios.

El último gran cambio que hubo en la red de ferrocarril fue el fin de FEVE en 2012, que quedó integrado definitivamente en ADIF y en Renfe Operadora.

Más mentiras respecto a la línea ferroviaria de Torrejón

Tal como se puede ver en ese panfleto publicitario del ayuntamiento de Torrejón de Ardoz, lo que llaman Metro y ponen a todo color con vagones y estaciones que en realidad son de MetroSur, será en realidad un Cercanías tal como está señalado en el texto: "[...] conexión rápida y directa con la estación de Chamartín, donde los usuarios podrán hacer transbordo con las líneas 1 y 10 del suburbano Y CON EL RESTO DE LÍNEAS DE CERCANÍAS".

Por tanto, aunque el Ayuntamiento se empeñe en que lo que construyen es Metro en realidad es un gran engaño a los torrejoneros al ser en realidad un Cercanías construido por la Comunidad de Madrid pero gestionado por ADIF y Renfe tal como firmaron la presidenta de la Comunidad y el Ministerio de Fomento.

Lo llaman Metro pero NO lo es



Al fin comenzaron las obras del supuesto Metro de Torrejón. Al ser un proyecto carente de interés para la mayoría de las empresas, la Comunidad de Madrid tardó en poder firmar la adjudicación de las obras que finalmente se llevó Sacyr al no haber más interesadas.

De momento el tramo de la calle Londres entre las calles Roma y Lisboa está lleno de obras, canalizaciones, etc. y se prevé que comiencen a excavar en breve por lo que se cortará la circulación. Esta obra supondrá el derribo de decenas de árboles, algunos bastante antiguos, de la zona.

¿Algo inevitable? quizá no. De acuerdo a datos de ingenieros, hay dos formas de construir el suburbano. O bien con tuneladora, en cuyo caso no es necesario el derribo de árboles en superficie al ser las obras a mucha profundidad, o bien mediante el sistema que se va a llevar a cabo en Torrejón que obliga al derribo parcial de gran cantidad de masa arbórea.

¿Y todo esto para qué? Para algo que nos venden como Metro pero que, evidentemente no lo es. Y no lo digo yo sino los mismos carteles que la Comunidad de Madrid ha puesto junto a las obras explicando el proyecto. Estos carteles dejan bien claro que es una LÍNEA FERROVIARIA que aprovechará las vías de Renfe que ya existen y que usan los trenes Civis para este “metro-tren” que comunicará exclusivamente con Chamartín.

¿Qué inconvenientes tiene esta nueva línea ferroviaria? Desgraciadamente son varios. En primer lugar, al no estar gestionada por Metro de Madrid sino por ADIF y Renfe Operadora, estaremos fuera de los horarios, tarifas y frecuencias de Metro y la línea tendrá los de Cercanías. Por ejemplo, los últimos trenes serían a las 23:30 en vez de a la 1:30 de la madrugada. En cuanto a precios valdrá lo mismo ir a Chamartín en este metro-tren que ir a Atocha en el Cercanías tradicional: actualmente 2,15 €. ¿El motivo? La zonificación del transporte que “obliga” a establecer diferentes precios según la corona tarifaria (Torrejón se sitúa en la zona B2, que paga más para ir a la A (Madrid) que la B1 y menos que la B3). Por último, las frecuencias serán imprevisibles porque todos conocemos las del Metro (cada 4 o 5 minutos aproximadamente en Coslada) pero también las de Cercanías que pueden aumentar a 10 minutos los fines de semana y, en el caso de esta línea, nadie lo sabe.

En segundo lugar, al ser un Cercanías sus paradas serán muy reducidas siendo en un principio sólo dos: la que se está construyendo en la calle Londres y su terminal: Chamartín. Esto supone que haya que ir obligatoriamente a esa estación sin poder hacer ningún transbordo previo. Y, ¿hay tanta demanda a Chamartín desde Torrejón?

En tercer lugar, al usar las vías de Renfe, una vez en Chamartín si se quiere coger el Metro de verdad habrá que salir de la zona de Renfe y entrar en la de Metro pagando otra vez y, en este caso, 1.50 € que cuesta el sencillo de Metro actualmente. El viaje ya se nos ha puesto en 3.65 € que, sumados a una hipotética vuelta a Torrejón suben a 7.30 €.

En definitiva, este proyecto no cumple las expectativas que teníamos los torrejoneros que eran las de un Metro de verdad, integrado en la red de Madrid, con horarios, frecuencias y precios de Metro. Y lo peor es que siguen intentando engañar a mis convecinos diciéndoles que es un Metro cuando saben que estará gestionado por ADIF y Renfe y, por tanto, distará mucho de ser un Metro.

Poco podemos hacer ya que se han comenzado las obras pero exijo al gobierno de Torrejón y de la Comunidad de Madrid que dejen de intentar engañar a los vecinos y les hablen claro.

Países sin nombre propio

  ¿Puede haber países que, en realidad, no tengan nombre propio? Sí, y, de hecho, hay varios. Consideramos que un país no tiene nombre prop...