El horror de la guerra





¿Qué llevó a miles de hombres, muchos de ellos muy jóvenes e incluso menores de edad, a alistarse en un fervor casi religioso a las filas del ejército británico (o francés o alemán, igual da) en la Primera Guerra Mundial? ¿Qué les llevó a acudir en masa a las oficinas de reclutamiento con esos rostros sonrientes y seguros de sí mismos?

Visto desde la actualidad algunos dirían que estaban locos. Yo diría más bien que tenían una idea muy errada de lo que era una guerra, y menos aún una guerra moderna como fue la Gran Guerra. Y ello significa destrucción y ruina y nada de honor. Éste queda sepultado por toneladas de barro, sangre, suciedad y el hedor de la muerte. 

En verano de 1914 Europa se volvió loca y muchos de sus ciudadanos con ella. Se esperaba una guerra corta y que para Navidades todos esos chicos británicos estuvieran de vuelta en casa llenos de dignidad y orgullo de haber defendido su país de los malvados alemanes pero no volvieron tan rápido y, si lo hicieron, fue o bien lisiados de por vida o dentro de una caja de madera. 

Por todos ellos recordemos lo que trae la guerra para que nunca más vuelva a suceder ese horror, que adolescentes de solo quince años consiguieran alistarse para una guerra cruel y sin sentido de la que muchos no volvieron.

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