Estamos en una época
en la que las encuestas electorales fracasan estrepitosamente ante la
dificultad cada vez mayor de evaluar a la ciudadanía. Así, en las elecciones
presidenciales de Estados Unidos celebradas ayer, han vuelto a fallar. Los sondeos
lanzaban una perspectiva muy igualada, sobre todo en las últimas semanas, entre
la candidata demócrata, Hillary Clinton (Chicago, 1947) y el republicano, Donald
Trump (Nueva York, 1946), con una leve ventaja a favor de la primera. Sin embargo,
el resultado a sorprendido por la contundente victoria de Trump, con lo que las
encuestas no han podido reflejar la intención de voto real (solo si el
candidato republicano hubiese ganado por un estrecho margen, como Bush en 2000,
hubiesen podido acertar ligeramente).
Finalmente, el
controvertido candidato del Partido Republicano, reconocido racista, xenófobo,
homófobo y machista, será el presidente de la primera potencia mundial tras
imponerse tanto en número de Estados como en compromisarios aunque ha empatado
con Clinton en voto popular y esta, de hecho, tiene unos pocos miles de votos
más que él que no le permiten la victoria.
Esto se debe a que en
las elecciones presidenciales cuenta el número de votos electorales que
proporciona ganar en cada Estado. Así, quien gana, por ejemplo, en Florida
consigue sus 29 votos. Por tanto, no se reparten según el porcentaje de voto. De
esta manera, es fundamental ganar en los Estados considerados clave debido a
que oscilan su voto en cada elección y no son siempre fieles a un único
partido.
La premisa “lo que hace Ohio lo repite la
nación”, ha vuelto a cumplirse como lleva haciendo desde los años 60. Trump ha
ganado con soltura en ese Estado de Medio Oriente pero la novedad es que su
discurso contra las élites (a pesar de que él mismo es un empresario
multimillonario) ha calado en las clases obreras de raza blanca de la región de
los Grandes Lagos, duramente golpeadas por la crisis económica iniciada en
2008. Así, muchos obreros que votaron a Obama en 2008 y 2012 en Ohio y otros
Estados de la zona como Pennsylvania, Michigan, Indiana, Iowa o Wisconsin, esta
vez se han decantado por Trump, dándole unos votos claves para hacerse con la
presidencia.
El republicano además
ha ganado en los Estados tradicionalmente republicanos de Lejano Oeste y sur
del país (Montana, Idaho, Wyoming, las dos Dakotas, Nebraska, Utah, Arizona,
Kansas, Oklahoma, Missouri, Arkansas, Louisiana, Mississippi, Alabama, Georgia,
las dos Carolinas, Tennessee, Kentucky y Virginia Occidental), zonas muy conservadoras
y con menor diversidad cultural entre los que destaca Texas en número de votos.
También en Alaska.
Clinton por su parte
ha retenido los Estados más progresistas, laicos o multiculturales: California,
Oregón y Washington en el Pacífico; Nuevo México, Colorado y Nevada; la región de
Nueva Inglaterra (Maine, Massachusetts, Vermont, Rhode Island y Connecticut),
Nueva York, Nueva Jersey, Delaware, Maryland y Virginia; la capital, Washington
D.C; Hawaii; y, finalmente, en el Medio Oeste ha mantenido Illinois y
Minnesota.
Queda por asignar
oficialmente un Estado: Michigan, aunque Trump lleva ventaja de momento. En número de votos electorales, Trump de momento tiene 290 (hay que
obtener 270 para lograr la presidencia) y Clinton 232. Trump puede sumar 16 más
por Michigan, con lo que alcanzaría 306.
(Pulsar para ver ampliado) Estados ganados por Trump en rojo, ganados por Clinton en azul. Michigan y New Hampshire aún por designar.
Variación victoria en
Estados clave (swing States) respecto a 2012:
-
Nevada: Demócrata a Demócrata
-
Colorado: Demócrata a Demócrata
-
Minnesota: Demócrata a Demócrata
-
Iowa: Demócrata a Republicano
-
Wisconsin: Demócrata a Republicano
-
N. Hampshire: Demócrata a Demócrata.
-
Ohio: Demócrata a Republicano
-
Pennsylvania: Demócrata a Republicano
-
Virginia: Demócrata a Demócrata
-
Carolina del Norte: Republicano a
Republicano
-
Florida: Demócrata a Republicano
El éxito de Trump se
basa en el fuerte descontento de las clases medias blancas con las élites, y
por ello han dado su apoyo a un candidato rupturista y televisivo. A ellos se
suman los ciudadanos más conservadores de zonas rurales. La influencia de las
minorías, que fue clave en las victorias de Obama, no ha sido suficiente esta
vez para aupar a Clinton a la Casa Blanca. Ha sido un auténtico puñetazo en la
mesa de los blancos que peor lo han pasado en la crisis.
Las elecciones de
ayer también renovaron parcialmente la Cámara de Representantes y el Senado, y
en ambos ganaron los republicanos. También se celebraron referendos en algunos
Estados, destacando la legalización de la marihuana en California y Nevada.
En conclusión, ganan
Donald Trump y sus políticas aislacionistas y populistas, aupado por el rechazo
de las clases obreras y por los Estados industriales de Medio Oriente, más
Florida. En mi opinión, pierde Estados Unidos y ganan la intolerancia y los
mensajes de odio. Una mala noticia para EEUU y el mundo resumida en la portada de hoy de el diario El Periódico.




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