Roma se originó en un
cruce de caminos situado en un lugar estratégico: a orillas del río Tíber, a
unos 30 kilómetros del mar y en una zona con pequeñas elevaciones, colinas, que
salvaguardaban la seguridad de sus primitivos habitantes. En sus inicios, había
espacios pantanosos entre algunas de esas colinas, sobre todo en lo que luego
sería el Foro de la ciudad, que solo se pudo construir a raíz de ser drenada toda
el área.
Son especialmente
famosas sus siete colinas. La ciudad primitiva, sin embargo, pudo originarse en
solo una de ellas, como reconocen tanto la mitología como la arqueología: el monte Palatino. Este tiene unos 40 metros
de altura sobre el nivel del mar y es la colina más céntrica. En el mismo fue
donde según la leyenda Rómulo fundó la ciudad y donde este mató a su hermano
Remo. También fue allí donde supuestamente la loba les habría encontrado y
cuidado tras ser abandonados. Con el auge de Roma, la colina se convirtió en el
lugar de residencia de las familias más ricas y poderosas. Con la llegada del
imperio, Augusto y sus sucesores fueron haciéndose con casi toda la colina y el
complejo imperial llegó a ocupar buena parte de la misma. Actualmente es un
parque arqueológico que ha sobrevivido a guerras y especulación urbanística y
se puede visitar junto con los Foros, situados al norte del Palatino.
Vista del Palatino en la actualidad.
Según la leyenda, Remo
pretendió que la ciudad no se fundara en el Palatino sino en su vecina al sur:
el Aventino. Su situación era
fundamental ya que era la primera a la que se llegaba desde el mar si se
remontaba el río. Fue especialmente relevante la secesión de la plebe en 449 a.
C, cuando los plebeyos, en protesta por no tener los mismos derechos que los
patricios, se fueron de lo que era entonces Roma y se asentaron en el Aventino,
amenazando con fundar otra ciudad si los nobles no accedían a sus exigencias. Finalmente,
los patricios aceptaron dar más derechos a la plebe. Actualmente, el Aventino
es una tranquila zona residencial con rica arquitectura.
El Aventino actualmente.
Al otro lado del Palatino
está otra de las colinas más importantes de la ciudad: el Capitolino. Tiene unos 50 metros de altura y es algo más escarpada
y pequeña que las demás. Se situaba entre el Foro y el Campo de Marte y desde
los inicios de la ciudad era un espacio dedicado a la religión. En la misma se
situaba un templo dedicado a la Tríada Capitolina (es decir, los dioses
principales de Roma: Júpiter, Juno y Minerva). En realidad, el Capitolino
estaba formado por dos picos: el propio Capitolino y el Arx. Otros hitos de
esta colina eran el Tabularium (archivo de la ciudad) y la Roca Tarpeya, desde
la que se arrojaba a los traidores. El Capitolino y su escarpada pendiente
salvaron a muchos romanos de la invasión gala del siglo IV a. C. Esa altura aún
hoy es claramente perceptible aunque la colina dista mucho de parecerse a sus
orígenes tras la profunda remodelación a la que fue sometida en época
renacentista por iniciativa papal. Lo más “clásico” del actual Capitolino, de
hecho, es la réplica de la estatua del emperador Marco Aurelio en su centro. Anexo
a esta colina está el enorme monumento al rey Víctor Manuel II, que asombra (y
también puede horrorizar) a partes iguales.
El Capitolino en nuestros días.
Las otras cuatro
colinas de Roma son menos conocidas que las tres anteriores pero aún así
conviene tenerlas en cuenta. En primer lugar, el monte Celio, situada al sureste del Foro. En época de la República
fue una zona en la que habitaban personas de clase alta. Actualmente, buena
parte de la colina está ocupada por la Villa Celimontana y sus jardines, del
siglo XVI.
Monte Celio.
El monte Esquilino (pronunciado en latín
Escuilino) era la colina más oriental de la ciudad y la más alta: unos 65
metros de altura. Separaba la zona centro de la antigua Roma de la muralla
serviana y la necrópolis, situada extramuros.
Monte Esquilino.
Al norte de Roma se
sitúan las dos últimas colinas: el Quirinal
y el Viminal (pronunciadas
Cuirinal y Uiminal). El Quirinal recibió su nombre del dios romano Quirino,
nombre con el que se veneró a Rómulo tras su presenta desaparición para
ascender a los cielos (aunque, si Rómulo existió realmente, seguramente fuese
asesinado). Actualmente el Quirinal es conocido sobre todo por el palacio
homónimo, sede del presidente de la República Italiana. El Viminal se encuentra
entre la anterior y el Esquilino y es una pequeña colina en donde en época
clásica hubo unas termas relevantes. Actualmente es una zona residencial.
El Quirinal con el enorme palacio del mismo nombre en el centro.
A las siete colinas
tradicionales se suman la Vaticana y la Janícula al oeste del río Tíber (sobre
la Vaticana está la Ciudad del Vaticano) y el monte Pincio al norte del
Quirinal, sede de grandes mansiones y jardines de romanos acaudalados en época
clásica. En cualquier caso, el crecimiento de la ciudad y el mero paso de los
siglos y, con ellos, la transformación urbana de Roma, han hecho que las
colinas sean menos reconocibles a simple vista para un paseante que no las conozca.








Muy útil la verdad para mis apuntes
ResponderEliminar