La opinión pública británica ante la Guerra Civil española


(Fragmento de mi Trabajo de Fin de Grado: "Gran Bretaña ante la crisis española y la Segunda Guerra Mundial")

Cartel en apoyo de la República desde Gran Bretaña.

Es importante estudiar no solo cuál fue la postura del gobierno británico, de mayoría conservadora, sino también la de la opinión pública, mucho más compleja que lo que era el ejecutivo del país. Ya se ha comentado anteriormente que la postura muchas veces ambigua y de neutralidad benévola hacia los franquistas había provocado en varias ocasiones las protestas de miembros del Partido Laborista e incluso de conservadores opuestos al fascismo. Además, se puede observar en las actas de la House of Commons de la época que la crisis española era abundantemente tratada en sede parlamentaria con abundantes preguntas a los miembros del gabinete al respecto. Así, puede extraerse que era un tema de actualidad y en el que la opinión pública británica tuvo mucho que decir.

Lo primero que hay que señalar es que, entre los autores que han estudiado los efectos de las campañas publicitarias y de imagen de ambos bandos en Gran Bretaña, se pueden distinguir dos grupos: los que consideran que la propaganda española tuvo una influencia directa sobre los británicos y los que creen que su actitud tuvo más que ver con factores internos de Gran Bretaña. Además, la opinión pública estuvo influenciada por numerosos estereotipos que se tenían sobre España y su cultura. Muchos extranjeros que viajaron al país para participar en la contienda sabían poco o nada sobre España y lo máximo eran esos estereotipos. 

En la reacción de los británicos ante la Guerra Civil española influyeron principalmente los acontecimientos políticos de la época y el hecho de existir dos totalitarismos en Europa: el comunista y el fascista en un eje en el que los conservadores británicos sabían qué preferían evitar dado su carácter plenamente anticomunista. Pero en la opinión pública hubo más factores además de los meramente políticos como el sentimiento religioso (sobre todo en el caso de los católicos), los intereses económicos (que llevaron a la mayoría de los empresarios a apoyar a los sublevados), o la solidaridad de clase (que explica el apoyo del movimiento obrero a la República). También las condiciones socioeconómicas de las diferentes regiones del país influyeron en su respuesta mayoritaria ante el conflicto español: las zonas mineras del sur de Gales apoyaron de manera clara a la República y en el norte rural predominó la indiferencia ante este conflicto. Además, en última instancia la decisión de apoyar a uno u otro bando se debió también a factores personales. Por ejemplo, el caso de Cora Blyth, una joven estudiante de Oxford que fue prorrepublicana  por influencia de su pareja inglesa y acabó casándose con un refugiado español, lo cual es muy evidente del rasgo personal de su apoyo. Otros casos de decisiones personales se dieron en muchos intelectuales de izquierdas que fueron a alistarse a las Brigadas Internacionales o simplemente a viajar a España con espíritu aventurero.

Sin embargo, hay que señalar que en la prensa británica el interés por la crisis española alcanzó su cénit entre su inicio en 1936 y 1937 ya que, con el paso de los meses, se fue perdiendo el interés al trasformarse en una especie de conflicto crónico (

Se entiende esta posición ya que actualmente vivimos una guerra civil en Siria en la que la prensa al principio tenía mucho interés pero que, con el paso del tiempo, perdió atención hasta la llegada de millones de refugiados). Según el corresponsal del Daily Mail en Barcelona: “el sentimiento hacia todo el asunto era de impaciencia, y la prensa británica le concedía un mínimo absoluto de espacio. El pequeño grupo de corresponsales en Barcelona se apodaba a sí mismo Los olvidados”. 

Esta indiferencia de la población se vio clara en que solo una parte reducida del país (45 millones en 1931) apoyaba de manera clara a alguno de los bandos en guerra. Sí es cierto que la sociedad estaba dividida, y que los republicanos contaban con más simpatías que los nacionales. Las encuestas realizadas en la época por el British Institute of Public Opinion lo confirman: en enero de 1937 un 14 % de los encuestados estaban a favor de considerar al gobierno sublevado el único legal de España y un 86 % en contra; en marzo y octubre de 1938 un 57 % apoyaba a la república y un 7 % a Franco; y en enero de 1939, casi acabando la guerra, el gobierno republicano en Barcelona tenía un 71 % de apoyos y el franquista de Burgos un 10 %. La mayor popularidad de la República no solo se ve en encuestas sino también en envío de ayuda humanitaria: hasta mediados de 1938 las organizaciones prorrepublicanas recaudaron más de 300.000 libras en efectivo y las profranquistas solo 24.000. También se vio en el número de voluntarios británicos en las Brigadas Internacionales (2.500 aproximadamente), ante solo un puñado de voluntarios franquistas; o en las cifras de ventas de publicaciones de ambos bandos, la republicana vendió 100.000 ejemplares en una semana y se reeditó dos veces, y la franquista, auspiciada en parte por el duque de Alba, realizó una tirada de unos 50.000 ejemplares

Sin embargo, este apoyo mayoritario a los republicanos se conjugó con un apoyo amplio a la política de No Intervención del gobierno. De los diarios nacionales solo dos (el liberal News Chronicle y el comunista Daily Worker) abogaron en todo momento por intervenir militarmente a favor de la República. El laborista Daily Herald defendió la neutralidad hasta otoño de 1937, cuando criticó la política de Chamberlain; pero la mayoría apoyó al gabinete conservador hasta el final: el Daily Mail, el Daily Telegraph, el Times, etc. En otros ámbitos el apoyo a la No Intervención fue fragante: en la BBC y en los noticiarios cinematográficos. También es cierto que ningún medio apoyó tampoco a los sublevados. 

Por otro lado, se intentó minimizar el impacto de las matanzas y atrocidades de la guerra y además equilibrando las de ambos bandos para reforzar la No Intervención. Además, muchos detalles fueron obviados e incluso manipulados, como la crisis con Italia por el ataque a varios navíos británicos en 1937, cuando se habló de “submarinos no identificados”
Por tanto, a grandes rasgos puede considerarse que dependiendo de la zona del país el interés de la opinión pública británica por la crisis española fue mayor o menor. En el caso de los que apoyaron a uno u otro bando destaca el mayor soporte que recibió la República en todos los sentidos, desde recaudación para ayudas humanitarias a voluntarios. Esto contrasta, sin embargo, con el fuerte apoyo a la política de No Intervención del gobierno ya vista en este trabajo. Puede concluirse que la sociedad británica no deseaba una guerra y de ahí ese apoyo a no entrar en el conflicto español.

BIBLIOGRAFÍA

* GARCÍA, Hugo. Mentiras necesarias La batalla por la opinión británica durante la Guerra Civil, Madrid, Biblioteca Nueva, 2008

Las diferencias y rivalidades entre Madrid y Barcelona



Hace unos días publicábamos un post sobre las ciudades globales y veíamos que en España solo destacan a nivel mundial la capital, Madrid, y Barcelona y Valencia, en especial las dos primeras. Madrid y Barcelona llevan desde el siglo XIX siendo las dos principales ciudades aunque no siempre fue así: Sevilla, Cádiz, Toledo, Valladolid o Valencia fueron especialmente relevantes entre los siglos XV y XVIII. Finalmente han sido Madrid y Barcelona las que han conseguido colocarse como las grandes urbes del país, aunque siempre con claras diferencias y rivalidades entre ellas, que vamos a ver en este post. 

Comencemos con las diferencias más sencillas de apreciar: las geográficas. Madrid está situada en pleno centro de la Península Ibérica, a pocos kilómetros del considerado punto central en el Cerro de los Ángeles. Así, está muy alejada del mar, en la Meseta Central castellana y no lejos del Sistema Central. Su clima, por tanto, es mediterráneo continentalizado, con inviernos fríos y veranos calurosos y precipitaciones más bien escasas de unos 420 litros por metro cuadrado al año. Barcelona, en cambio, se sitúa al noreste de la Península, en la costa mediterránea y en una pequeña llanura litoral junto a pequeñas elevaciones de la cordillera litoral catalana. Su clima, por tanto, es mediterráneo de costa, más benigno que el madrileño al tener inviernos suaves y veranos cálidos además de más precipitaciones, unos 565 litros por metro cuadrado anuales. 


La geografía influye claramente en otras diferencias notables entre ambas ciudades, las históricas. La historia de ambas ciudades es muy diferente. Barcelona es muy antigua, bastante más que Madrid, ya que nació en la Antigüedad, según una leyenda en el marco de las colonizaciones de los cartagineses y que fue fundada por Amílcar o Aníbal Barca, de ahí su nombre primigenio de Barcino. Sin embargo, no se han encontrado evidencias arqueológicas que sostengan esta leyenda y se cree que existía un poblado sobre el que se asentó la ciudad romana, que también se llamó Barcino. De ahí proviene su actual nombre, Barcelona. En la Edad Media creció en importancia y se creó un condado ligado a ella que se liberó del yugo franco con el conde Wilfredo el Velloso. Siglos después fue otro conde, Ramón Berenguer IV, quien ya dominaba buena parte de la actual Cataluña, el que unió sus territorios con los del reino de Aragón mediante su matrimonio con Petronila. En el siglo XIV Barcelona fue la ciudad más importante de la Corona de Aragón y un rico centro comercial que declinó en el siglo XV. Destacaron los conflictos civiles en dicha centuria. Como dato de interés señalar que los Reyes Católicos recibieron en la Ciudad Condal a Colón a su vuelta del primer viaje a América. Durante los reyes Habsburgo, Barcelona y los demás territorios de la Corona de Aragón mantuvieron sus fueros propios pero aún así destacó la rebelión de Cataluña en 1640 en contra de la Unión de Armas promovida por el valido de Felipe IV, el Conde-Duque de Olivares. Esa intentona independentista fracasó y Cataluña volvió a la Monarquía Hispánica. Otro nuevo conflicto surgiría a la muerte de Carlos II sin hijos: designó como heredero a Felipe de Anjou, posterior Felipe V, de la dinastía Borbón. Como los demás territorios de Aragón, Barcelona prefirió apoyar al otro candidato al trono español, el Archiduque Carlos de Austria. Tras años de guerra, finalmente se firmó el Tratado de Utrecht poniendo fin a la guerra. Barcelona se resistió hasta 1714, cuando fue tomada por las tropas de Felipe V. Tras esto se suprimieron los fueros propios de la Corona de Aragón debido a lo que el nuevo rey consideró una “traición”, mediante los Decretos de Nueva Planta. Barcelona continuó siendo importante a pesar de estos conflictos y su industria incipiente se desarrolló a lo largo del siglo XVIII. Sin embargo, sería en el XIX cuando llegase la expansión definitiva de la ciudad, al amparo de su industrialización, en especial del sector textil. Se creó una clase burguesa potente y se expandió la ciudad mediante el plan de Ildefonso Cerdá de ensanche urbano. El siglo XIX también fue el del renacimiento de la cultura catalana y el del surgimiento del nacionalismo catalán como conocemos hoy. Aún así, Barcelona fue muy mimada por el Estado: se la promovió mediante Exposiciones Universales como las de 1888 y 1929 que la convirtieron en la ciudad española más conocida internacionalmente. Este estatus lo mantuvo también con la dictadura de Franco, cuando continuó su industrialización masiva. El Desarrollismo conllevó también su crecimiento debido a la llegada de millones de personas de otras zonas de España. La vuelta de la democracia satisfizo durante unas décadas los anhelos de autogobierno del nacionalismo catalán a través de la concesión de una amplia autonomía en 1979. Barcelona se convirtió en la capital de la nueva comunidad autónoma. A finales de los 80 Barcelona se reconvirtió y modernizó radicalmente por ocasión de ser sede de los Juegos Olímpicos de 1992. Esto provocó que la ciudad se colocara en el mapa del mundo como urbe abierta y muy turística y desde entonces su desarrollo no se ha frenado a pesar de las dificultades. 


 Barcelona hacia 1563

Madrid, por su parte, tiene una historia que se remonta a la Edad Media. Fue fundada alrededor del siglo IX como una fortaleza islámica llamada al-Mayrit, alrededor de la cual surgió una pequeña villa con el nombre actual. En el siglo XI fue conquistada por el reino de Castilla y, desde entonces, comenzó un crecimiento lento pero inexorable gracias a su estratégica situación geográfica en un cruce de caminos, en una zona con agua suficiente para su desarrollo y cerca de las montañas. Reyes castellanos como Enrique IV vivieron en ella a menudo gracias a la existencia de una residencia real y a que estaba muy cerca de grandes bosques en los que poder cazar. Muestra de esa importancia fue que Madrid era la única villa (que no ciudad) con representación en las Cortes de Castilla. Hasta el siglo XVI no creció exponencialmente y su momento de entrar en la Historia con mayúsculas llegó finalmente con el rey Felipe II. Este, muy organizado y burócrata, apostó por establecer la capital de su vasto imperio en Madrid, a pesar de ser una pequeña ciudad, debido a su situación y cercanía al Monasterio de El Escorial así como a que en ella el rey no tenía a nadie que le hiciera sombra del clero ni de la nobleza. Así se hizo y desde entonces Madrid ha sido la capital de España, salvo el breve lapso entre 1601 y 1605. La llegada de la capitalidad hizo que Madrid creciera exponencialmente en su población, sobre todo de funcionarios de la Corona. Tanto era así que se la apodó Villa y Corte. De esta manera el destino de la ciudad quedaba ligado a la Monarquía Hispánica. Ser la capital de España también benefició a Madrid en cuanto a grandes obras públicas, en especial a partir de la llegada de los Borbones al trono español en el siglo XVIII. Destacó en especial Carlos III, quien modernizó la capital y la equiparó a otras ciudades europeas de la época, en el marco de un programa ilustrado. Madrid destacó años después, en 1808, por ser el punto de inicio de la sublevación contra el ejército invasor francés. En el siglo XIX quedó al margen de la industrialización de otras zonas de España pero mantuvo su relevancia como sede política del país. Aún así también aumentó su población y de esa época data el Plan Castro de ensanche de Madrid y la Ciudad Lineal de Arturo Soria, de la que solo se construyeron unos kilómetros. El ferrocarril también tuvo repercusión en Madrid, y se planteó, como en las carreteras, una red radial que partía de la capital hacia el resto de regiones españolas. Comenzó el establecimiento de una clase burguesa relevante, aunque inferior en número a la catalana. Su tímida industrialización llegó en el siglo XX pero se retrasó hasta el Desarrollismo de los 60, cuando llegaron millones de personas de otras regiones españolas. Mantuvo su peso político a lo largo de todo el siglo, y siguió siendo la capital a pesar de todos los regímenes políticos que se travesaron en dicho siglo. La última constitución, la de 1978, la consagra como capital. Desde los 80 y 90 se ha procedido a modernizar la ciudad, un proceso que no ha sido tan rápido como en Barcelona y en el que aún está inmersa. En los 90 se reconoció su importancia mundial (y la de España) al albergar grandes cumbres internacionales, como la de Paz de Oriente Próximo o de la OTAN. 


 Plano de Madrid en 1705.

En cuanto a la demografía, ambas ciudades son grandes urbes europeas que superan ampliamente el millón de habitantes, aunque con diferencias. Barcelona tiene en su término municipal algo más de 1.600.000 habitantes, pero sumando su área metropolitana aumenta hasta cinco millones, debido a la existencia de grandes ciudades dormitorio como Hospitalet de Llobregat, Badalona, Sabadell o Terrassa. Madrid por su parte tiene en su término municipal más de 3.100.000 habitantes, y ocupa mucha más superficie. Sumándole su área metropolitana aumenta hasta seis millones de personas, por lo que en Madrid, al contrario que en Barcelona, la mitad de la población se concentra en la capital y el resto en su periferia. Además, ambas ciudades han recibido multitud de inmigrantes desde los 90, aunque de diferentes procedencias ya que mientras que a Madrid han llegado principalmente personas de Europa del Este y, sobre todo, Iberoamérica, a Barcelona han ido más personas procedentes del Magreb. 

Hay grandes diferencias políticas entre las dos grandes ciudades de España. Mientras que Madrid, como capital del Estado, siempre ha representado el poder de la Corona y del centralismo, a partir de la llegada de los Borbones principalmente, Barcelona ha intentado hacer valer su peso con el conjunto de Cataluña. Con el surgimiento del nacionalismo catalán moderno, las aspiraciones de constituir una autonomía fuerte fueron constantes en el siglo XX, consiguiéndolo en la II República y de nuevo desde 1979. Sin embargo, desde hace unos años se ha iniciado un proceso de independencia de Cataluña de futuro incierto ante la oposición del Estado. Barcelona, especialmente su área metropolitana, es la zona de Cataluña menos proclive al independentismo y en las últimas elecciones autonómicas los no independentistas ganaron ampliamente en dicha provincia y en la capital. Así, la rivalidad entre ambas ciudades como sedes del gobierno de España y de la Generalitat de Cataluña respectivamente no ha hecho sino crecer en los últimos tiempos. 

A pesar de la situación política, esto no ha afectado gravemente a las cuestiones económicas entre las dos grandes ciudades españolas. Los contactos entre ellas son fluidos desde el Desarrollismo en los 60 e incluso antes, cuando la expansión del ferrocarril puso especial hincapié en unir a ambas, lo que se consiguió en la década de 1860. Ya hemos visto que en lo económico Barcelona siempre ha sido muy importante: en la Edad Media destacó como punto comercial del que partían rutas a diversos lugares del Mediterráneo y esto se mantuvo en la Edad Moderna. Madrid, mientras, estaba aislada en el centro de la Península y solo el ser centro político la salvó de la irrelevancia. En el siglo XIX fue Barcelona la que se industrializó y se convirtió en capital económica del país, quedando Madrid más atrasada. Esto comenzó a cambiar con el Desarrollismo de los 60, cuando Madrid se industrializó completamente y pudo hacer competencia a Barcelona. Su peso político la benefició en lo económico y desde los años 80 es el principal centro financiero del sur de Europa, posición afianzada gracias a ser un centro de rutas aéreas con el quinto aeropuerto más importante de Europa, Barajas. Ambas, eso sí, son sedes de grandes multinacionales. En cuanto a sectores como el turístico, Barcelona y Cataluña en conjunto son la región más visitada de España y la Ciudad Condal se mantiene como la urbe con más pernoctaciones al año, aunque Madrid ha levantado cabeza tras años de estancamiento y vuelve a ser la que más visitas totales recibe del país, aunque aún le queda mucho por desarrollar. Como dato adicional, Madrid alberga la sede de la Organización Mundial del Turismo, adscrita a la ONU. 


Por último, vamos a ver los aspectos culturales y deportivos. Barcelona, debido a su cercanía a la frontera con Francia, siempre ha sido más moderna que Madrid y ha estado más “europeizada” en cuanto a costumbres y apertura al exterior. Durante muchos años fue el centro de la moda en España, y donde se recibían primero las tendencias que venían desde Europa. La progresiva globalización ha derribado las barreras que hacían que Madrid recibiese algo más tarde esas novedades y hoy Madrid es el principal centro de la moda de España, aunque sigue siendo distinta a Barcelona en cuanto a influencia cultural extranjera.  A nivel educativo ambas son sedes de importantes universidades (Madrid alberga en su comunidad a seis y Barcelona a cuatro) así como de centros de investigación. En deportes Barcelona siempre ha tenido más desarrollo que Madrid, incentivándolos por influencia europea. Por ello Barcelona fue la elegida como sede de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Verano de 1992, los cuales fueron un gran éxito para la ciudad y para España en general al mostrar una imagen moderna y de excelente capacidad organizativa. Madrid compartió la sede Paralímpica ese año y ha intentado en cuatro ocasiones albergar los Juegos, sin éxito. Ambas ciudades coinciden en tener un gran potencial en fútbol, albergando a tres de los clubes más importantes del mundo: el F. C Barcelona, el Atlético de Madrid y el Real Madrid. 

Inauguración de los JJOO de Barcelona 92.


En definitiva, Madrid y Barcelona coinciden en ser las dos grandes ciudades españolas, con importancia a nivel global, en especial europeo. Son ampliamente conocidas más allá de nuestras fronteras pero también son muy diferentes entre sí en los aspectos que hemos visto a lo largo de este post. Por ello no es de extrañar que históricamente haya habido una rivalidad entre ellas por aumentar su influencia en el conjunto de España y Europa. A pesar de ello, y al margen de las disputas políticas y futbolísticas, la relación entre ambas ciudades ha sido buena y los lazos entre ambas son fundamentales para el desarrollo de cada una. No en vano el puente aéreo entre Madrid y Barcelona es de los más utilizados al mes del mundo, lo que refleja la interdependencia de ambas. 

Las ciudades globales



Una ciudad global es aquella que tiene una influencia que supera los límites de su propio país y es conocida mundialmente, ya sea como centro turístico, financiero, cultural o político. Así, cada vez hay más ciudades globales, mientras que otras pueden perder parte de esa influencia debido a que caen en decadencia. 

Actualmente hay varios estudios que catalogan las ciudades globales. Según el listado GaWC de 2010, estas serían las ciudades globales en el mapamundi:


Se puede observar que la mayoría de las ciudades que consiguen expandir su influencia internacionalmente se encuentran en el llamado Primer Mundo, en los países desarrollados: Norteamérica y Europa, y en Extremo Oriente. Por el contrario, son pocas las grandes urbes globales en Sudamérica y, sobre todo, África, en donde no superan la decena.

Los estudios hacen una clasificación por orden de importancia. El Listado GaWC (Globalization and World Cities) las divide en ciudades Alfa, las más importantes en el mundo, ciudades Beta, que son importantes especialmente en su continente, y las ciudades Gamma, muy importantes en sus respectivos países y que pueden dar el salto internacional. Por detrás el estudio sitúa a las ciudades con suficiencia, alta o baja, que pueden escalar en el futuro categorías si siguen el camino de internacionalizarse. 

Veamos ahora las subdivisiones de cada grupo de ciudades de GaWC con ejemplos. En primer lugar, tenemos las ciudades Alfa, que cualquier persona en el mundo conoce en su mayoría. Son ciudades muy influyentes, pero unas tienen mayor peso que otras: son sede de organizaciones internacionales, de grandes eventos culturales, deportivos y sociales, de ferias o centros financieros. O todo ello, aunque esto último lo reúnen muy pocas ciudades en el planeta. 

El estudio solo considera dos ciudades con la máxima categoría, Alfa ++: Nueva York, en Estados Unidos, y Londres, en Gran Bretaña. Ambas ciudades serían así las más importantes e influyentes del mundo y, efectivamente, parecen serlo en muchos de los aspectos antes señalados. 

 Nueva York.

Las siguen las ciudades Alfa +, que son unas cuantas más: París (Francia), Hong Kong (China), Singapur, Tokio (Japón), Shanghái (China), Chicago (EEUU), Dubái (Emiratos Árabes Unidos) y Sídney (Australia). Esta clasificación ya puede ser más discutible en algunas de sus miembros. Que París, Tokio o Hong Kong son ciudades globales de gran renombre es incuestionable, pero Dubái aún no tiene tanto peso y Sídney también podría estar en la siguiente categoría y no en la Alfa +. 

 Tokio.

En la siguiente categoría, Alfa, ya tenemos más ciudades por todo el mundo, menos importantes que las anteriores pero aún con influencia global: Milán (Italia), Pekín (China), Toronto (Canadá), Sao Paulo (Brasil), Madrid (España), Bombay (India), Los Ángeles (EEUU), Moscú (Rusia), Frankfurt (Alemania), Ciudad de México, Ámsterdam (Países Bajos), Buenos Aires (Argentina), Kuala Lumpur (Malasia), Seúl (Corea del Sur), Bruselas (Bélgica), Yakarta (Indonesia), San Francisco y Washington D.C (EEUU). Aquí el espectro se amplía a ciudades de países en vías de desarrollo, ciudades más industriales y grandes capitales nacionales con influencia mundial. Aún así hay algunas que podrían estar en otra categoría: Los Ángeles bien podría ser una ciudad Alfa + y otras como Yakarta una Alfa -. En esta categoría también tenemos a la primera ciudad española y, por tanto, a la más importante a nivel global, que es la capital, Madrid. Es una ciudad Alfa debido a su influencia no solo en España y la Unión Europea sino también en la zona mediterránea y en Iberoamérica. Es sede de importantes ferias internacionales y de organizaciones mundiales como la Organización Mundial del Turismo, adscrita a la ONU, y la Organización de Estados Iberoamericanos. 

 Madrid. 

La última categoría de las ciudades más relevantes del mundo es la Alfa -, con influencia global pero algo menor: Miami (EEUU), Dublín (Irlanda), Melbourne (Australia), Zúrich (Suiza), Nueva Delhi (India), Múnich (Alemania), Estambul (Turquía), Boston (EEUU), Varsovia (Polonia), Dallas, Atlanta (EEUU), Viena (Austria), Barcelona (España), Johannesburgo (Sudáfrica), Filadelfia (EEUU), Lisboa (Portugal), Santiago (Chile), Taipéi (Taiwán) y Bangkok (Tailandia). En este grupo continúa la ampliación por países en vías de desarrollo y entra la primera ciudad africana, Johannesburgo, ciudad más importante de Sudáfrica, que no en vano es el país más potente económicamente del continente negro. Esta categoría es también susceptible de crítica: ciudades como Dublín, Dallas o Atlanta bien podrían ser ya ciudades beta. En este grupo entran otras dos ciudades ibéricas: Barcelona y Lisboa. Esta última es importante dados sus vínculos con Brasil y otras ex colonias portuguesas y a ser un centro cultural y turístico. Barcelona por su parte es la segunda ciudad española más importante, histórico polo industrial y, desde la restauración de la ciudad por los Juegos Olímpicos de 1992, un centro turístico y cultural de primer orden, más aún que Madrid. ¿Por qué está Madrid, entonces, por delante en la lista? Por el peso de esta última como principal centro financiero del sur de Europa y por su influencia política. 

Lisboa.


Por detrás están ya las ciudades Beta, importantes sobre todo en sus respectivos continentes pero con miras en un futuro a ser ciudades globales tipo Alfa. Comenzando con las Beta +, tenemos a Düsseldorf (Alemania), Estocolmo (Suecia), Praga (Chequia), Montreal (Canadá), Roma (Italia), Hamburgo (Alemania), Manila (Filipinas), Houston (EEUU), Berlín (Alemania), Atenas (Grecia), Tel Aviv (Israel), Bangalore (India), Copenhague (Dinamarca), El Cairo (Egipto), Bogotá (Colombia) y Vancouver (Canadá). 

Atenas.


Ciudades Beta son Budapest (Hungría), Beirut (Líbano), Luxemburgo, Cantón (China), Seattle (EEUU), Caracas (Venezuela), Ciudad Ho Chi Minh (Vietnam), Auckland (Nueva Zelanda), Oslo (Noruega), Kiev (Ucrania), Madrás (India), Bucarest (Rumania), Mánchester (Gran Bretaña), Karachi (Pakistán), Lima (Perú), Ciudad del Cabo (Sudáfrica), Riad (Arabia Saudí), Montevideo (Uruguay) y Minneapolis (EEUU). 

Auckland

 
Un grupo más grande lo forman las ciudades Beta -: Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), Nicosia (Chipre), Birmingham (Gran Bretaña), Río de Janeiro (Brasil), Brisbane (Australia), Ginebra (Suiza), Calcuta (India), Detroit, Denver (EEUU), Monterrey (México), Bratislava (Eslovaquia), Port Louis (Mauricio), Casablanca (Marruecos), Manama (Bahréin), Stuttgart (Alemania), Sofía (Bulgaria), Colonia (Alemania), Saint Louis (EEUU), Helsinki (Finlandia), Panamá, San Diego (EEUU), Lagos (Nigeria), Perth (Australia), Shenzhen (China), Cleveland (EEUU), San Juan (Puerto Rico), Calgary (Canadá), Ciudad de Guatemala y Osaka (Japón). 

Río de Janeiro.


Por debajo de ciudades Alfa y Beta están las ciudades Gamma. Estas son ciudades importantes en sus respectivos países con cierta proyección en el extranjero, aunque claramente inferior a la que puedan tener las ciudades previamente vistas. Así, son ciudades menos conocidas internacionalmente y, de hecho, un lector español quizá no conozca todas las de la lista. 

Las ciudades Gamma +, que en un futuro tienen posibilidades de pasar a ser Beta y, con ello, de ser más relevantes globalmente son: Glasgow, Bristol (Gran Bretaña), Nairobi (Kenia), Hanoi (Vietnam), Cincinnati, Charlotte (EEUU), Amberes (Bélgica), Doha (Qatar), Lahore (Pakistán), Baltimore (EEUU), Yida (Arabia Saudí), Edimburgo (Gran Bretaña), Ammán (Jordania), Hyderabad (India), Zagreb (Croacia), Adelaide (Australia), Kuwait, Portland (EEUU), Belgrado (Serbia), San José (Costa Rica), Túnez, San José (EEUU) y Riga (Letonia). 

Baltimore.


Las ciudades Gamma son: Valencia (España), Kansas City, Phoenix (EEUU), Almaty (Kazajistán), Guadalajara (México), Lyon (Francia), Quito (Ecuador), San Petersburgo (Rusia), Leeds (Gran Bretaña), Santo Domingo (República Dominicana), San Salvador (El Salvador), Vilna (Lituania), Rotterdam (Países Bajos), Tampa, Columbus, Indianápolis, Pittsburgh (las cuatro en EEUU) y Edmonton (Canadá). 

Rotterdam.


Finalmente, las ciudades Gamma – tienen menos peso que las anteriores en sus continentes  y sus países, salvo que sean capitales nacionales: Tallín (Estonia), Pune (India), Oporto (Portugal), Porto Alegre (Brasil), Orlando (EEUU), Gotemburgo (Suecia), Marsella (Francia), Ottawa (Canadá), Colombo (Sri Lanka), Liubliana (Eslovenia), Tegucigalpa (Honduras), Richmond (EEUU), Islamabad (Pakistán), Mascate (Omán), Durban (Sudáfrica), Austin (EEUU), Belfast (Gran Bretaña), Guayaquil (Ecuador), Nagoya (Japón), Turín (Italia), Southampton (Gran Bretaña), Milwaukee (EEUU), Wellington (Nueva Zelanda), Curitiba (Brasil), Accra (Ghana) y George Town (Islas Caimán). 

Orlando.


El estudio GaWC incluye así mismo ciudades con alta o baja suficiencia para poder ascender algún día a ciudades globales. De momento ninguna de ellas alcanza dicha categoría y solo son ciudades relevantes en sus países. Entre ellas están las españolas Bilbao y Sevilla de alta suficiencia y Santa Cruz de Tenerife con baja suficiencia. 

Como se ve, hay países que tienen varias ciudades globales en su territorio, siendo EEUU con 33 el que más tiene. Entre ellas destaca sobre todo Nueva York, considerada a veces la “capital del mundo” dada su gran importancia global y a que es la sede de las Naciones Unidas. Su capital, Washington, es algo menos relevante pero sigue siendo una ciudad Alfa. Alemania también tiene varias ciudades globales en su suelo, siendo Frankfurt la más internacional (Alfa) y su capital, Berlín, Beta +. España ya hemos visto que tiene tres ciudades globales, pero dos de ellas son Alfa. Italia tiene el mismo número, siendo Milán la más relevante y Roma, su capital, Beta +. Otros países, por el contrario, tienen una gran ciudad y las otras son Gammas en su mayoría, como en Gran Bretaña y Francia. Otros países con varias ciudades globales son India, China, Canadá, Brasil y Australia. 

Por tanto, el criterio para establecer una ciudad global es variable y sujeto a subjetividad, pero en general el índice GaWC acierta en sus listados y la mayoría no cambian sustancialmente el orden de las ciudades globales. Eso sí, es cierto que algunas ciudades pueden estar más arriba o más abajo según cada estudio.

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