Estos días vivimos un momento histórico. Después de más de 50 años, los seres humanos volvemos a dirigirnos a la Luna, nuestro satélite natural, pero esta vez todo indica que es para quedarnos.
Entre 1968 y 1972 se dieron las misiones del programa Apolo y en 1969, por primera vez en la historia de la humanidad, un humano pisó un astro que no fuese la Tierra. Las razones para impusar este programa, increíblemente caro, no fueron solo científicas sino también políticas, en el marco de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética y la carrera espacial. Los estadounidenses ganaron esta última (y también la Guerra Fría, en realidad) al llegar antes a la Luna, algo que los soviéticos nunca lograron (con astronautas sobre el terreno, sí enviaron sondas).
Ahora la NASA estadounidense vuelve a la Luna, para que sea un trampolín antes de ir a Marte. Esto es parte del proceso de expansión por el Sistema Solar, buscando nuevos planetas y, en última instancia, la supervivencia de la raza humana. ¿Por qué se ha tardado tanto en volver? Se tenían los medios y la tecnología, siendo esta mucho más antigua que la de los años 2000, por ejemplo. Sin embargo, el coste es desorbitado y las razones políticas desaparecieron con el fin de la Guerra Fría. Por otro lado, la NASA apostó por otros proyectos, como los transbordadores espaciales, la Estación Espacial Internacional y la exploración de Marte con sondas y robots.
Ha sido en los últimos años cuando una colaboración entre la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA), las agencias canadiense y japonesa y empresas privadas como SpaceX o Blue Origin ha reimpulsado las ambiciones sobre la Luna. Este nuevo programa se llama Artemis, en honor a la hermana melliza de Apolo, dioses griegos, en clara referencia a ese primer programa lunar. La Artemis I fue de exploración sin astronautas y la Artemis II es la primera misión tripulada a la Luna desde 1972. No van a alunizar en la superficie pero sí van a sobrevolar el satélite, en concreto su cara oculta, y sus cuatro astronautas van a ser los humanos que hayan estado más lejos del planeta en toda nuestra historia, ya que van a sobrevolarlo a gran altura, no como en las misiones Apolo, en donde se arriesgaban bastante más, con unos protocolos menos estrictos que los actuales.
Esta misión ya nos ha dado una imagen histórica de nuestro planeta, que acompaña a este texto. En ella, en penumbra, vemos a parte de la superficie, en concreto África, Sudamérica y el suroeste europeo, en concreto la península ibérica. Además, se observan arriba a la derecha y abajo a la izquierda auroras boreales y australes, así como las masas de nubes y el reflejo de la cámara del astronauta en el cristal de la nave en el centro.

