Hace unos días
publicábamos un post sobre las ciudades globales y veíamos que en España solo
destacan a nivel mundial la capital, Madrid, y Barcelona y Valencia, en
especial las dos primeras. Madrid y Barcelona llevan desde el siglo XIX siendo
las dos principales ciudades aunque no siempre fue así: Sevilla, Cádiz, Toledo,
Valladolid o Valencia fueron especialmente relevantes entre los siglos XV y
XVIII. Finalmente han sido Madrid y Barcelona las que han conseguido colocarse
como las grandes urbes del país, aunque siempre con claras diferencias y
rivalidades entre ellas, que vamos a ver en este post.
Comencemos con las
diferencias más sencillas de apreciar: las geográficas.
Madrid está situada en pleno centro de la Península Ibérica, a pocos kilómetros
del considerado punto central en el Cerro de los Ángeles. Así, está muy alejada
del mar, en la Meseta Central castellana y no lejos del Sistema Central. Su clima,
por tanto, es mediterráneo continentalizado, con inviernos fríos y veranos
calurosos y precipitaciones más bien escasas de unos 420 litros por metro
cuadrado al año. Barcelona, en cambio, se sitúa al noreste de la Península, en
la costa mediterránea y en una pequeña llanura litoral junto a pequeñas
elevaciones de la cordillera litoral catalana. Su clima, por tanto, es
mediterráneo de costa, más benigno que el madrileño al tener inviernos suaves y
veranos cálidos además de más precipitaciones, unos 565 litros por metro
cuadrado anuales.
La geografía influye
claramente en otras diferencias notables entre ambas ciudades, las históricas. La historia de ambas
ciudades es muy diferente. Barcelona es muy antigua, bastante más que Madrid,
ya que nació en la Antigüedad, según una leyenda en el marco de las
colonizaciones de los cartagineses y que fue fundada por Amílcar o Aníbal Barca,
de ahí su nombre primigenio de Barcino. Sin embargo, no se han encontrado
evidencias arqueológicas que sostengan esta leyenda y se cree que existía un
poblado sobre el que se asentó la ciudad romana, que también se llamó Barcino. De
ahí proviene su actual nombre, Barcelona. En la Edad Media creció en
importancia y se creó un condado ligado a ella que se liberó del yugo franco
con el conde Wilfredo el Velloso. Siglos después fue otro conde, Ramón
Berenguer IV, quien ya dominaba buena parte de la actual Cataluña, el que unió
sus territorios con los del reino de Aragón mediante su matrimonio con
Petronila. En el siglo XIV Barcelona fue la ciudad más importante de la Corona
de Aragón y un rico centro comercial que declinó en el siglo XV. Destacaron los
conflictos civiles en dicha centuria. Como dato de interés señalar que los
Reyes Católicos recibieron en la Ciudad Condal a Colón a su vuelta del primer
viaje a América. Durante los reyes Habsburgo, Barcelona y los demás territorios
de la Corona de Aragón mantuvieron sus fueros propios pero aún así destacó la
rebelión de Cataluña en 1640 en contra de la Unión de Armas promovida por el
valido de Felipe IV, el Conde-Duque de Olivares. Esa intentona independentista
fracasó y Cataluña volvió a la Monarquía Hispánica. Otro nuevo conflicto
surgiría a la muerte de Carlos II sin hijos: designó como heredero a Felipe de
Anjou, posterior Felipe V, de la dinastía Borbón. Como los demás territorios de
Aragón, Barcelona prefirió apoyar al otro candidato al trono español, el
Archiduque Carlos de Austria. Tras años de guerra, finalmente se firmó el
Tratado de Utrecht poniendo fin a la guerra. Barcelona se resistió hasta 1714,
cuando fue tomada por las tropas de Felipe V. Tras esto se suprimieron los
fueros propios de la Corona de Aragón debido a lo que el nuevo rey consideró una
“traición”, mediante los Decretos de Nueva Planta. Barcelona continuó siendo
importante a pesar de estos conflictos y su industria incipiente se desarrolló
a lo largo del siglo XVIII. Sin embargo, sería en el XIX cuando llegase la
expansión definitiva de la ciudad, al amparo de su industrialización, en especial
del sector textil. Se creó una clase burguesa potente y se expandió la ciudad
mediante el plan de Ildefonso Cerdá de ensanche urbano. El siglo XIX también
fue el del renacimiento de la cultura catalana y el del surgimiento del
nacionalismo catalán como conocemos hoy. Aún así, Barcelona fue muy mimada por
el Estado: se la promovió mediante Exposiciones Universales como las de 1888 y
1929 que la convirtieron en la ciudad española más conocida internacionalmente.
Este estatus lo mantuvo también con la dictadura de Franco, cuando continuó su
industrialización masiva. El Desarrollismo conllevó también su crecimiento
debido a la llegada de millones de personas de otras zonas de España. La vuelta
de la democracia satisfizo durante unas décadas los anhelos de autogobierno del
nacionalismo catalán a través de la concesión de una amplia autonomía en 1979. Barcelona
se convirtió en la capital de la nueva comunidad autónoma. A finales de los 80
Barcelona se reconvirtió y modernizó radicalmente por ocasión de ser sede de
los Juegos Olímpicos de 1992. Esto provocó que la ciudad se colocara en el mapa
del mundo como urbe abierta y muy turística y desde entonces su desarrollo no
se ha frenado a pesar de las dificultades.
Barcelona hacia 1563
Madrid, por su parte,
tiene una historia que se remonta a la Edad Media. Fue fundada alrededor del
siglo IX como una fortaleza islámica llamada al-Mayrit, alrededor de la cual
surgió una pequeña villa con el nombre actual. En el siglo XI fue conquistada
por el reino de Castilla y, desde entonces, comenzó un crecimiento lento pero
inexorable gracias a su estratégica situación geográfica en un cruce de
caminos, en una zona con agua suficiente para su desarrollo y cerca de las
montañas. Reyes castellanos como Enrique IV vivieron en ella a menudo gracias a
la existencia de una residencia real y a que estaba muy cerca de grandes
bosques en los que poder cazar. Muestra de esa importancia fue que Madrid era
la única villa (que no ciudad) con representación en las Cortes de Castilla. Hasta
el siglo XVI no creció exponencialmente y su momento de entrar en la Historia
con mayúsculas llegó finalmente con el rey Felipe II. Este, muy organizado y
burócrata, apostó por establecer la capital de su vasto imperio en Madrid, a
pesar de ser una pequeña ciudad, debido a su situación y cercanía al Monasterio
de El Escorial así como a que en ella el rey no tenía a nadie que le hiciera
sombra del clero ni de la nobleza. Así se hizo y desde entonces Madrid ha sido
la capital de España, salvo el breve lapso entre 1601 y 1605. La llegada de la
capitalidad hizo que Madrid creciera exponencialmente en su población, sobre
todo de funcionarios de la Corona. Tanto era así que se la apodó Villa y Corte.
De esta manera el destino de la ciudad quedaba ligado a la Monarquía Hispánica.
Ser la capital de España también benefició a Madrid en cuanto a grandes obras
públicas, en especial a partir de la llegada de los Borbones al trono español
en el siglo XVIII. Destacó en especial Carlos III, quien modernizó la capital y
la equiparó a otras ciudades europeas de la época, en el marco de un programa
ilustrado. Madrid destacó años después, en 1808, por ser el punto de inicio de
la sublevación contra el ejército invasor francés. En el siglo XIX quedó al
margen de la industrialización de otras zonas de España pero mantuvo su
relevancia como sede política del país. Aún así también aumentó su población y
de esa época data el Plan Castro de ensanche de Madrid y la Ciudad Lineal de
Arturo Soria, de la que solo se construyeron unos kilómetros. El ferrocarril
también tuvo repercusión en Madrid, y se planteó, como en las carreteras, una
red radial que partía de la capital hacia el resto de regiones españolas. Comenzó
el establecimiento de una clase burguesa relevante, aunque inferior en número a
la catalana. Su tímida industrialización llegó en el siglo XX pero se retrasó
hasta el Desarrollismo de los 60, cuando llegaron millones de personas de otras
regiones españolas. Mantuvo su peso político a lo largo de todo el siglo, y
siguió siendo la capital a pesar de todos los regímenes políticos que se
travesaron en dicho siglo. La última constitución, la de 1978, la consagra como
capital. Desde los 80 y 90 se ha procedido a modernizar la ciudad, un proceso
que no ha sido tan rápido como en Barcelona y en el que aún está inmersa. En los
90 se reconoció su importancia mundial (y la de España) al albergar grandes
cumbres internacionales, como la de Paz de Oriente Próximo o de la OTAN.
Plano de Madrid en 1705.
En cuanto a la demografía, ambas ciudades son grandes
urbes europeas que superan ampliamente el millón de habitantes, aunque con
diferencias. Barcelona tiene en su término municipal algo más de 1.600.000
habitantes, pero sumando su área metropolitana aumenta hasta cinco millones,
debido a la existencia de grandes ciudades dormitorio como Hospitalet de
Llobregat, Badalona, Sabadell o Terrassa. Madrid por su parte tiene en su
término municipal más de 3.100.000 habitantes, y ocupa mucha más superficie. Sumándole
su área metropolitana aumenta hasta seis millones de personas, por lo que en
Madrid, al contrario que en Barcelona, la mitad de la población se concentra en
la capital y el resto en su periferia. Además, ambas ciudades han recibido
multitud de inmigrantes desde los 90, aunque de diferentes procedencias ya que
mientras que a Madrid han llegado principalmente personas de Europa del Este y,
sobre todo, Iberoamérica, a Barcelona han ido más personas procedentes del
Magreb.
Hay grandes
diferencias políticas entre las dos
grandes ciudades de España. Mientras que Madrid, como capital del Estado,
siempre ha representado el poder de la Corona y del centralismo, a partir de la
llegada de los Borbones principalmente, Barcelona ha intentado hacer valer su
peso con el conjunto de Cataluña. Con el surgimiento del nacionalismo catalán
moderno, las aspiraciones de constituir una autonomía fuerte fueron constantes
en el siglo XX, consiguiéndolo en la II República y de nuevo desde 1979. Sin embargo,
desde hace unos años se ha iniciado un proceso de independencia de Cataluña de
futuro incierto ante la oposición del Estado. Barcelona, especialmente su área
metropolitana, es la zona de Cataluña menos proclive al independentismo y en
las últimas elecciones autonómicas los no independentistas ganaron ampliamente
en dicha provincia y en la capital. Así, la rivalidad entre ambas ciudades como
sedes del gobierno de España y de la Generalitat de Cataluña respectivamente no
ha hecho sino crecer en los últimos tiempos.
A pesar de la
situación política, esto no ha afectado gravemente a las cuestiones económicas entre las dos grandes
ciudades españolas. Los contactos entre ellas son fluidos desde el
Desarrollismo en los 60 e incluso antes, cuando la expansión del ferrocarril
puso especial hincapié en unir a ambas, lo que se consiguió en la década de
1860. Ya hemos visto que en lo económico Barcelona siempre ha sido muy
importante: en la Edad Media destacó como punto comercial del que partían rutas
a diversos lugares del Mediterráneo y esto se mantuvo en la Edad Moderna. Madrid,
mientras, estaba aislada en el centro de la Península y solo el ser centro
político la salvó de la irrelevancia. En el siglo XIX fue Barcelona la que se
industrializó y se convirtió en capital económica del país, quedando Madrid más
atrasada. Esto comenzó a cambiar con el Desarrollismo de los 60, cuando Madrid
se industrializó completamente y pudo hacer competencia a Barcelona. Su peso
político la benefició en lo económico y desde los años 80 es el principal
centro financiero del sur de Europa, posición afianzada gracias a ser un centro
de rutas aéreas con el quinto aeropuerto más importante de Europa, Barajas. Ambas,
eso sí, son sedes de grandes multinacionales. En cuanto a sectores como el
turístico, Barcelona y Cataluña en conjunto son la región más visitada de
España y la Ciudad Condal se mantiene como la urbe con más pernoctaciones al
año, aunque Madrid ha levantado cabeza tras años de estancamiento y vuelve a
ser la que más visitas totales recibe del país, aunque aún le queda mucho por
desarrollar. Como dato adicional, Madrid alberga la sede de la Organización
Mundial del Turismo, adscrita a la ONU.
Por último, vamos a
ver los aspectos culturales y deportivos.
Barcelona, debido a su cercanía a la frontera con Francia, siempre ha sido más
moderna que Madrid y ha estado más “europeizada” en cuanto a costumbres y
apertura al exterior. Durante muchos años fue el centro de la moda en España, y
donde se recibían primero las tendencias que venían desde Europa. La progresiva
globalización ha derribado las barreras que hacían que Madrid recibiese algo
más tarde esas novedades y hoy Madrid es el principal centro de la moda de
España, aunque sigue siendo distinta a Barcelona en cuanto a influencia
cultural extranjera. A nivel educativo
ambas son sedes de importantes universidades (Madrid alberga en su comunidad a
seis y Barcelona a cuatro) así como de centros de investigación. En deportes
Barcelona siempre ha tenido más desarrollo que Madrid, incentivándolos por
influencia europea. Por ello Barcelona fue la elegida como sede de los Juegos
Olímpicos y Paralímpicos de Verano de 1992, los cuales fueron un gran éxito
para la ciudad y para España en general al mostrar una imagen moderna y de
excelente capacidad organizativa. Madrid compartió la sede Paralímpica ese año
y ha intentado en cuatro ocasiones albergar los Juegos, sin éxito. Ambas ciudades
coinciden en tener un gran potencial en fútbol, albergando a tres de los clubes
más importantes del mundo: el F. C Barcelona, el Atlético de Madrid y el Real
Madrid.
Inauguración de los JJOO de Barcelona 92.
En definitiva, Madrid
y Barcelona coinciden en ser las dos grandes ciudades españolas, con
importancia a nivel global, en especial europeo. Son ampliamente conocidas más
allá de nuestras fronteras pero también son muy diferentes entre sí en los
aspectos que hemos visto a lo largo de este post. Por ello no es de extrañar que
históricamente haya habido una rivalidad entre ellas por aumentar su influencia
en el conjunto de España y Europa. A pesar de ello, y al margen de las disputas
políticas y futbolísticas, la relación entre ambas ciudades ha sido buena y los
lazos entre ambas son fundamentales para el desarrollo de cada una. No en vano
el puente aéreo entre Madrid y Barcelona es de los más utilizados al mes del
mundo, lo que refleja la interdependencia de ambas.










Fascinante informacion. Felicitaciones por el articulo!
ResponderEliminarBuen articulo! Me ha ayudado con un ejercicio de geografía.
ResponderEliminarUn cordial saludo.