Hay episodios tan
truculentos y macabros que encajarían perfectamente en una serie de televisión
como Game of Thrones (Juego de
Tronos), ya consagrada como la serie más exitosa de la Historia. Sin embargo,
el suceso del que trata este post no es totalmente ficticio sino que tiene un
trasfondo real que los historiadores aún no han podido determinar
completamente.
La
campana de Huesca es una leyenda del siglo XIV que
narra un hecho acaecido en la primera mitad del siglo XII, reinando Ramiro II
de Aragón, apodado el Monje. Cuando murió Alfonso I el Batallador sin
descendencia, los nobles aragoneses eligieron como nuevo rey a su hermano, Ramiro
II, que hasta entonces había sido monje.
Ramiro II tenía
vocación como monje y no deseaba el trono. Por ello, pronto casó a su única
hija, Petronila, con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, quien ejerció
el poder aunque el rey oficialmente continuase siendo Ramiro hasta su muerte en
1157. Y sí, Petronila era aún un bebé, pero el matrimonio se comprometió pronto
por intereses políticos, algo habitual en la época.
Ramiro II parece que
no lo tuvo fácil para asentarse en el trono en sus primeros años ante la
oposición de algunos nobles. Hay que recordar que el anterior rey, Alfonso I,
había legado su reino a órdenes militares, no a su hermano. Así, Ramiro II tuvo
que afianzarse antes de lograr sus planes de sucesión en su hija Petronila y su
marido. Ahí es donde se entronca nuestra leyenda.
Se dice que había
varios grupos de nobles luchando entre sí aprovechando la debilidad del rey en
sus primeros años de gobierno. Incluso Ramiro II tuvo que huir a Besalú por
miedo a perder su trono. Así, fue a pedirle consejo a su antiguo abad, el cual
como respuesta cogió una hoz y segó limpiamente unas hierbas. El mensaje más
claro no podía ser.
Ramiro II volvió a
Huesca e hizo llamar a los nobles rivales invitándoles a ver una nueva campana tan
grande que se oiría en todo el reino. Estos acudieron creyendo que, en su
debilidad, el rey pretendía reconciliarse y haría el ridículo presentando una
campana. El plan de Ramiro II, por el contrario, no pasaba por quedar
precisamente en ridículo.
Según pasaron los
nobles a la estancia en la que estaba la supuesta campana, fueron degollados
uno tras otro y, según la leyenda, en el momento de ser degollados el rey les
decía: “escucha, escucha, mira cómo se oyen las campanadas”. Tras matarlos a
todos, las cabezas cortadas quedaron en un montón en círculo y la del más
rebelde, el obispo de Huesca, quedó en el centro como badajo (instrumento que
cuelga dentro de la campana para hacer la percusión y con ella el sonido). A los
demás nobles presentes les hizo entrar en la sala para que vieran el destino de
sus compañeros y tuviesen claro qué sucedería a otros que le dieran problemas
al rey.
Representación de este macabro suceso en la obra de José Casado del Alisal de 1880. Pertenece a la colección del Museo del Prado pero está expuesta en el ayuntamiento de Huesca.
A esta historia se la
llama La campana de Huesca, y por ella Ramiro II además de como el Monje es
conocido como el Rey Campana. Un suceso legendario pero que muy probablemente
tenga un trasfondo real dada la crónica que la narra en el siglo XIV. Y es que
España (y Europa en general) en la Edad Media no tenían nada que envidiar a
Juego de Tronos.


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