sábado, 10 de septiembre de 2016

Las diferencias y rivalidades entre Madrid y Barcelona



Hace unos días publicábamos un post sobre las ciudades globales y veíamos que en España solo destacan a nivel mundial la capital, Madrid, y Barcelona y Valencia, en especial las dos primeras. Madrid y Barcelona llevan desde el siglo XIX siendo las dos principales ciudades aunque no siempre fue así: Sevilla, Cádiz, Toledo, Valladolid o Valencia fueron especialmente relevantes entre los siglos XV y XVIII. Finalmente han sido Madrid y Barcelona las que han conseguido colocarse como las grandes urbes del país, aunque siempre con claras diferencias y rivalidades entre ellas, que vamos a ver en este post. 

Comencemos con las diferencias más sencillas de apreciar: las geográficas. Madrid está situada en pleno centro de la Península Ibérica, a pocos kilómetros del considerado punto central en el Cerro de los Ángeles. Así, está muy alejada del mar, en la Meseta Central castellana y no lejos del Sistema Central. Su clima, por tanto, es mediterráneo continentalizado, con inviernos fríos y veranos calurosos y precipitaciones más bien escasas de unos 420 litros por metro cuadrado al año. Barcelona, en cambio, se sitúa al noreste de la Península, en la costa mediterránea y en una pequeña llanura litoral junto a pequeñas elevaciones de la cordillera litoral catalana. Su clima, por tanto, es mediterráneo de costa, más benigno que el madrileño al tener inviernos suaves y veranos cálidos además de más precipitaciones, unos 565 litros por metro cuadrado anuales. 


La geografía influye claramente en otras diferencias notables entre ambas ciudades, las históricas. La historia de ambas ciudades es muy diferente. Barcelona es muy antigua, bastante más que Madrid, ya que nació en la Antigüedad, según una leyenda en el marco de las colonizaciones de los cartagineses y que fue fundada por Amílcar o Aníbal Barca, de ahí su nombre primigenio de Barcino. Sin embargo, no se han encontrado evidencias arqueológicas que sostengan esta leyenda y se cree que existía un poblado sobre el que se asentó la ciudad romana, que también se llamó Barcino. De ahí proviene su actual nombre, Barcelona. En la Edad Media creció en importancia y se creó un condado ligado a ella que se liberó del yugo franco con el conde Wilfredo el Velloso. Siglos después fue otro conde, Ramón Berenguer IV, quien ya dominaba buena parte de la actual Cataluña, el que unió sus territorios con los del reino de Aragón mediante su matrimonio con Petronila. En el siglo XIV Barcelona fue la ciudad más importante de la Corona de Aragón y un rico centro comercial que declinó en el siglo XV. Destacaron los conflictos civiles en dicha centuria. Como dato de interés señalar que los Reyes Católicos recibieron en la Ciudad Condal a Colón a su vuelta del primer viaje a América. Durante los reyes Habsburgo, Barcelona y los demás territorios de la Corona de Aragón mantuvieron sus fueros propios pero aún así destacó la rebelión de Cataluña en 1640 en contra de la Unión de Armas promovida por el valido de Felipe IV, el Conde-Duque de Olivares. Esa intentona independentista fracasó y Cataluña volvió a la Monarquía Hispánica. Otro nuevo conflicto surgiría a la muerte de Carlos II sin hijos: designó como heredero a Felipe de Anjou, posterior Felipe V, de la dinastía Borbón. Como los demás territorios de Aragón, Barcelona prefirió apoyar al otro candidato al trono español, el Archiduque Carlos de Austria. Tras años de guerra, finalmente se firmó el Tratado de Utrecht poniendo fin a la guerra. Barcelona se resistió hasta 1714, cuando fue tomada por las tropas de Felipe V. Tras esto se suprimieron los fueros propios de la Corona de Aragón debido a lo que el nuevo rey consideró una “traición”, mediante los Decretos de Nueva Planta. Barcelona continuó siendo importante a pesar de estos conflictos y su industria incipiente se desarrolló a lo largo del siglo XVIII. Sin embargo, sería en el XIX cuando llegase la expansión definitiva de la ciudad, al amparo de su industrialización, en especial del sector textil. Se creó una clase burguesa potente y se expandió la ciudad mediante el plan de Ildefonso Cerdá de ensanche urbano. El siglo XIX también fue el del renacimiento de la cultura catalana y el del surgimiento del nacionalismo catalán como conocemos hoy. Aún así, Barcelona fue muy mimada por el Estado: se la promovió mediante Exposiciones Universales como las de 1888 y 1929 que la convirtieron en la ciudad española más conocida internacionalmente. Este estatus lo mantuvo también con la dictadura de Franco, cuando continuó su industrialización masiva. El Desarrollismo conllevó también su crecimiento debido a la llegada de millones de personas de otras zonas de España. La vuelta de la democracia satisfizo durante unas décadas los anhelos de autogobierno del nacionalismo catalán a través de la concesión de una amplia autonomía en 1979. Barcelona se convirtió en la capital de la nueva comunidad autónoma. A finales de los 80 Barcelona se reconvirtió y modernizó radicalmente por ocasión de ser sede de los Juegos Olímpicos de 1992. Esto provocó que la ciudad se colocara en el mapa del mundo como urbe abierta y muy turística y desde entonces su desarrollo no se ha frenado a pesar de las dificultades. 


 Barcelona hacia 1563

Madrid, por su parte, tiene una historia que se remonta a la Edad Media. Fue fundada alrededor del siglo IX como una fortaleza islámica llamada al-Mayrit, alrededor de la cual surgió una pequeña villa con el nombre actual. En el siglo XI fue conquistada por el reino de Castilla y, desde entonces, comenzó un crecimiento lento pero inexorable gracias a su estratégica situación geográfica en un cruce de caminos, en una zona con agua suficiente para su desarrollo y cerca de las montañas. Reyes castellanos como Enrique IV vivieron en ella a menudo gracias a la existencia de una residencia real y a que estaba muy cerca de grandes bosques en los que poder cazar. Muestra de esa importancia fue que Madrid era la única villa (que no ciudad) con representación en las Cortes de Castilla. Hasta el siglo XVI no creció exponencialmente y su momento de entrar en la Historia con mayúsculas llegó finalmente con el rey Felipe II. Este, muy organizado y burócrata, apostó por establecer la capital de su vasto imperio en Madrid, a pesar de ser una pequeña ciudad, debido a su situación y cercanía al Monasterio de El Escorial así como a que en ella el rey no tenía a nadie que le hiciera sombra del clero ni de la nobleza. Así se hizo y desde entonces Madrid ha sido la capital de España, salvo el breve lapso entre 1601 y 1605. La llegada de la capitalidad hizo que Madrid creciera exponencialmente en su población, sobre todo de funcionarios de la Corona. Tanto era así que se la apodó Villa y Corte. De esta manera el destino de la ciudad quedaba ligado a la Monarquía Hispánica. Ser la capital de España también benefició a Madrid en cuanto a grandes obras públicas, en especial a partir de la llegada de los Borbones al trono español en el siglo XVIII. Destacó en especial Carlos III, quien modernizó la capital y la equiparó a otras ciudades europeas de la época, en el marco de un programa ilustrado. Madrid destacó años después, en 1808, por ser el punto de inicio de la sublevación contra el ejército invasor francés. En el siglo XIX quedó al margen de la industrialización de otras zonas de España pero mantuvo su relevancia como sede política del país. Aún así también aumentó su población y de esa época data el Plan Castro de ensanche de Madrid y la Ciudad Lineal de Arturo Soria, de la que solo se construyeron unos kilómetros. El ferrocarril también tuvo repercusión en Madrid, y se planteó, como en las carreteras, una red radial que partía de la capital hacia el resto de regiones españolas. Comenzó el establecimiento de una clase burguesa relevante, aunque inferior en número a la catalana. Su tímida industrialización llegó en el siglo XX pero se retrasó hasta el Desarrollismo de los 60, cuando llegaron millones de personas de otras regiones españolas. Mantuvo su peso político a lo largo de todo el siglo, y siguió siendo la capital a pesar de todos los regímenes políticos que se travesaron en dicho siglo. La última constitución, la de 1978, la consagra como capital. Desde los 80 y 90 se ha procedido a modernizar la ciudad, un proceso que no ha sido tan rápido como en Barcelona y en el que aún está inmersa. En los 90 se reconoció su importancia mundial (y la de España) al albergar grandes cumbres internacionales, como la de Paz de Oriente Próximo o de la OTAN. 


 Plano de Madrid en 1705.

En cuanto a la demografía, ambas ciudades son grandes urbes europeas que superan ampliamente el millón de habitantes, aunque con diferencias. Barcelona tiene en su término municipal algo más de 1.600.000 habitantes, pero sumando su área metropolitana aumenta hasta cinco millones, debido a la existencia de grandes ciudades dormitorio como Hospitalet de Llobregat, Badalona, Sabadell o Terrassa. Madrid por su parte tiene en su término municipal más de 3.100.000 habitantes, y ocupa mucha más superficie. Sumándole su área metropolitana aumenta hasta seis millones de personas, por lo que en Madrid, al contrario que en Barcelona, la mitad de la población se concentra en la capital y el resto en su periferia. Además, ambas ciudades han recibido multitud de inmigrantes desde los 90, aunque de diferentes procedencias ya que mientras que a Madrid han llegado principalmente personas de Europa del Este y, sobre todo, Iberoamérica, a Barcelona han ido más personas procedentes del Magreb. 

Hay grandes diferencias políticas entre las dos grandes ciudades de España. Mientras que Madrid, como capital del Estado, siempre ha representado el poder de la Corona y del centralismo, a partir de la llegada de los Borbones principalmente, Barcelona ha intentado hacer valer su peso con el conjunto de Cataluña. Con el surgimiento del nacionalismo catalán moderno, las aspiraciones de constituir una autonomía fuerte fueron constantes en el siglo XX, consiguiéndolo en la II República y de nuevo desde 1979. Sin embargo, desde hace unos años se ha iniciado un proceso de independencia de Cataluña de futuro incierto ante la oposición del Estado. Barcelona, especialmente su área metropolitana, es la zona de Cataluña menos proclive al independentismo y en las últimas elecciones autonómicas los no independentistas ganaron ampliamente en dicha provincia y en la capital. Así, la rivalidad entre ambas ciudades como sedes del gobierno de España y de la Generalitat de Cataluña respectivamente no ha hecho sino crecer en los últimos tiempos. 

A pesar de la situación política, esto no ha afectado gravemente a las cuestiones económicas entre las dos grandes ciudades españolas. Los contactos entre ellas son fluidos desde el Desarrollismo en los 60 e incluso antes, cuando la expansión del ferrocarril puso especial hincapié en unir a ambas, lo que se consiguió en la década de 1860. Ya hemos visto que en lo económico Barcelona siempre ha sido muy importante: en la Edad Media destacó como punto comercial del que partían rutas a diversos lugares del Mediterráneo y esto se mantuvo en la Edad Moderna. Madrid, mientras, estaba aislada en el centro de la Península y solo el ser centro político la salvó de la irrelevancia. En el siglo XIX fue Barcelona la que se industrializó y se convirtió en capital económica del país, quedando Madrid más atrasada. Esto comenzó a cambiar con el Desarrollismo de los 60, cuando Madrid se industrializó completamente y pudo hacer competencia a Barcelona. Su peso político la benefició en lo económico y desde los años 80 es el principal centro financiero del sur de Europa, posición afianzada gracias a ser un centro de rutas aéreas con el quinto aeropuerto más importante de Europa, Barajas. Ambas, eso sí, son sedes de grandes multinacionales. En cuanto a sectores como el turístico, Barcelona y Cataluña en conjunto son la región más visitada de España y la Ciudad Condal se mantiene como la urbe con más pernoctaciones al año, aunque Madrid ha levantado cabeza tras años de estancamiento y vuelve a ser la que más visitas totales recibe del país, aunque aún le queda mucho por desarrollar. Como dato adicional, Madrid alberga la sede de la Organización Mundial del Turismo, adscrita a la ONU. 


Por último, vamos a ver los aspectos culturales y deportivos. Barcelona, debido a su cercanía a la frontera con Francia, siempre ha sido más moderna que Madrid y ha estado más “europeizada” en cuanto a costumbres y apertura al exterior. Durante muchos años fue el centro de la moda en España, y donde se recibían primero las tendencias que venían desde Europa. La progresiva globalización ha derribado las barreras que hacían que Madrid recibiese algo más tarde esas novedades y hoy Madrid es el principal centro de la moda de España, aunque sigue siendo distinta a Barcelona en cuanto a influencia cultural extranjera.  A nivel educativo ambas son sedes de importantes universidades (Madrid alberga en su comunidad a seis y Barcelona a cuatro) así como de centros de investigación. En deportes Barcelona siempre ha tenido más desarrollo que Madrid, incentivándolos por influencia europea. Por ello Barcelona fue la elegida como sede de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Verano de 1992, los cuales fueron un gran éxito para la ciudad y para España en general al mostrar una imagen moderna y de excelente capacidad organizativa. Madrid compartió la sede Paralímpica ese año y ha intentado en cuatro ocasiones albergar los Juegos, sin éxito. Ambas ciudades coinciden en tener un gran potencial en fútbol, albergando a tres de los clubes más importantes del mundo: el F. C Barcelona, el Atlético de Madrid y el Real Madrid. 

Inauguración de los JJOO de Barcelona 92.


En definitiva, Madrid y Barcelona coinciden en ser las dos grandes ciudades españolas, con importancia a nivel global, en especial europeo. Son ampliamente conocidas más allá de nuestras fronteras pero también son muy diferentes entre sí en los aspectos que hemos visto a lo largo de este post. Por ello no es de extrañar que históricamente haya habido una rivalidad entre ellas por aumentar su influencia en el conjunto de España y Europa. A pesar de ello, y al margen de las disputas políticas y futbolísticas, la relación entre ambas ciudades ha sido buena y los lazos entre ambas son fundamentales para el desarrollo de cada una. No en vano el puente aéreo entre Madrid y Barcelona es de los más utilizados al mes del mundo, lo que refleja la interdependencia de ambas. 

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