Algo debe tener España para que las guerras que se
han dado solo en su territorio hayan motivado históricamente un gran interés
internacional. Nuestra posición geográfica, estratégica a caballo entre Europa
y África y entre el Mediterráneo y el Atlántico, hace que los intereses
políticos de otros países se hayan inmiscuido en nuestros asuntos. Guerras como la de Sucesión (1701-1713) o la de
Independencia (1808-1814) son ejemplo de ello.
Sin embargo, la Guerra Civil Española (1936-1939)
es en la que se ve esto con mayor claridad. Esta guerra fratricida fue un auténtico
dolor de cabeza para las potencias aliadas (Gran Bretaña y Francia), que no
querían que los países europeos se implicaran, temiendo un estallido general de
hostilidades en el continente que condujera a una nueva guerra mundial. Para otras
potencias fue una oportunidad para asentar un nuevo régimen afín a ellas y para
ensayar su nuevo armamento en vísperas de una posible guerra continental (caso
de Alemania, Italia y la Unión Soviética).
De una forma o de otra, todos sabemos el
resultado: en la Guerra Civil hubo combatientes de todas las nacionalidades
tanto en un bando como en el otro, fracasando así la política de no
intervención de Londres, que pretendía circunscribir el conflicto español estrictamente
en nuestras fronteras. Todas las potencias firmaron el Comité de No
Intervención, pero importó poco: casi todas participaron directa o
indirectamente.
Bando
sublevado
Había mucho interés en Berlín y en Roma en que los
sublevados ganaran la guerra. Entre ellos había claras influencias fascistas y
el partido único era Falange Española Tradicionalista y de las JONS, de
orientación fascista inspirada en el régimen italiano. Aunque Franco no
proviniera del partido, al contrario que Hitler y Mussolini, sino del ejército,
podía ser un fiel aliado en el futuro, así que le apoyaron decididamente.
Italia
envió dinero y un cuerpo de voluntarios llamado Corpo Truppe Volontarie, CTV,
compuesto por unos 50.000 soldados durante toda la guerra (es decir, nunca
estuvieron todos los 50.000 en España), que combatieron en diversas batallas de
la guerra junto a los sublevados. Una de las batallas más desafortunadas para
ellos fue la de Guadalajara, en la que los republicanos derrotaron sin fisuras
a los italianos. Eso sí, esto sirvió para que Franco echara balones fuera y
dijera que el resultado de esa batalla no había sido cosa suya.
Columna italiana en la Batalla de Guadalajara
Alemania
tenía menos afinidad con España y Franco que Italia pero aún así se implicó
claramente. Envió dinero, apoyo logístico y la Legión Cóndor, cuerpo de la
Luftwaffe que ensayó todo lo que quiso en España las armas que luego emplearían
en la II Guerra Mundial. Este cuerpo estuvo formado por 16.000 hombres y 600
aviones que ayudaron a Franco a cruzar el Estrecho primero y más tarde a
bombardear las ciudades españolas bajo control de los republicanos. Su acción
más vergonzosa y trágica fue el bombardeo de Guernica, en el País Vasco, que
destruyó completamente la ciudad y provocó cientos de muertos. Tanto impacto
supuso que Picasso realizó su famoso cuadro sobre el bombardeo y Franco aseguró
que él no había dado la orden del bombardeo, responsabilidad única de los
alemanes. Si nos atenemos a esta versión entonces Franco no controlaba todo lo
que hacían sus aliados en su territorio, lo cual tampoco le deja en buen lugar.
Bombardero de la Legión Cóndor
Otro país que apoyó a Franco fue nuestra vecina Portugal, dirigida entonces por otro
dictador, Antonio de Oliveira Salazar. Aunque diferente en lo personal a
Franco, sí compartían el ser muy conservadores y autoritarios. Ambos tuvieron
sus flirteos con las potencias fascistas y en la Guerra Civil Portugal apoyó a
los sublevados con decisión e incluso devolvió a España a exiliados
republicanos en Portugal. Durante la guerra colaboró con Franco enviando un
cuerpo de voluntarios (aunque hay historiadores que consideran que de
voluntarios tenían poco, al igual que los del CTV italiano y la Legión Cóndor
alemana) llamado Os Viriatos, entre 8.000 y 12.000 hombres integrados en el
ejército sublevado.
Por último, Irlanda
también envió voluntarios mediante la Irish Brigade, reclutada por un militar pro
fascista del ejército irlandés. Irlanda también apoyó a los sublevados por
motivos religiosos, ya que ambos eran profundamente católicos. Sin embargo, sus
voluntarios fueron meramente simbólicos al ser aproximadamente unos 700.
Bando
republicano
La República no recibió apenas apoyo de las
grandes potencias democráticas, Reino Unido y Francia, ya que ya se ha
explicado que en Londres se intentó por todos los medios que nuestra guerra no se
internacionalizara. Así, Reino Unido fue la única gran potencia que se mantuvo
al margen de la Guerra Civil de manera oficial.
El principal apoyo a los republicanos vino de la Unión Soviética. Sin embargo, este
apoyo no era desinteresado, al igual que el de las potencias fascistas a
Franco. La URSS pretendía ampliar su influencia a un país lejano a ella pero
muy estratégico y en el occidente del continente. Así, envió a España abundante
ayuda militar, que fue pagada mediante el famoso oro del Banco de España, bajo
control republicano. Así, los soviéticos enviaron carros de combates como los
T-26, cientos de aviones, armas, piezas de artillería así como soldados
técnicos y pilotos. Esta ayuda supuso que los comunistas aumentasen
considerablemente su influencia dentro del bando republicano en perjuicio de
otros grupos como los anarquistas o los republicanos moderados.
Tanqueta soviética
Otro importante apoyo a la República fue el de México, que ni siquiera firmó el Comité
de No Intervención, por lo que su ayuda fue oficial. Sobre todo enviaron a los
republicanos munición (28 millones de cartuchos, 28.000 fusiles y 70 cañones
antiaéreos) y unos 55 aviones. Su compromiso se amplió tras la guerra y no
reconoció el régimen franquista, recibiendo a muchos exiliados republicanos.
Al principio de la Guerra Civil la República
recibió un tímido apoyo de Francia,
también con un gobierno frente populista. Así, llegó por los Pirineos material
bélico francés en forma de varios cientos de fusiles, seis tanques y varios
aviones. Sin embargo, la influencia británica hizo que París dejase de enviar
ayudas durante el resto de la guerra.
Por último, un gran apoyo a la República vino en
forma de voluntarios de muchos países del mundo: las Brigadas Internacionales. La gran mayoría de sus integrantes llegó
a España para luchar por ideales, ya que eran afiliados a partidos comunistas o
socialistas. Provenían de países tanto democráticos como Francia, Gran Bretaña
o Estados Unidos, como de países con regímenes fascistas como Alemania, Italia
o Polonia. Francia aportó el mayor número de brigadistas con unos 9.000, de un
total de aproximadamente 60.000 efectivos a lo largo de la guerra. Estas tropas
se mantuvieron en España hasta finales de 1938. Ya en época democrática se les
reconoció su labor y a los que aún vivían se les dio la nacionalidad española.
Voluntarios polacos de las Brigadas Internacionales
Por último, hubo países que ayudaron a ambos
bandos mediante sus empresas, como Estados Unidos, que vendió aviones a la
República y vehículos y gasolina a los sublevados.





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