sábado, 8 de agosto de 2015

La intervención extranjera en la Guerra Civil



Algo debe tener España para que las guerras que se han dado solo en su territorio hayan motivado históricamente un gran interés internacional. Nuestra posición geográfica, estratégica a caballo entre Europa y África y entre el Mediterráneo y el Atlántico, hace que los intereses políticos de otros países se hayan inmiscuido en nuestros asuntos. Guerras  como la de Sucesión (1701-1713) o la de Independencia (1808-1814) son ejemplo de ello. 

Sin embargo, la Guerra Civil Española (1936-1939) es en la que se ve esto con mayor claridad. Esta guerra fratricida fue un auténtico dolor de cabeza para las potencias aliadas (Gran Bretaña y Francia), que no querían que los países europeos se implicaran, temiendo un estallido general de hostilidades en el continente que condujera a una nueva guerra mundial. Para otras potencias fue una oportunidad para asentar un nuevo régimen afín a ellas y para ensayar su nuevo armamento en vísperas de una posible guerra continental (caso de Alemania, Italia y la Unión Soviética). 

De una forma o de otra, todos sabemos el resultado: en la Guerra Civil hubo combatientes de todas las nacionalidades tanto en un bando como en el otro, fracasando así la política de no intervención de Londres, que pretendía circunscribir el conflicto español estrictamente en nuestras fronteras. Todas las potencias firmaron el Comité de No Intervención, pero importó poco: casi todas participaron directa o indirectamente. 

Bando sublevado 

Había mucho interés en Berlín y en Roma en que los sublevados ganaran la guerra. Entre ellos había claras influencias fascistas y el partido único era Falange Española Tradicionalista y de las JONS, de orientación fascista inspirada en el régimen italiano. Aunque Franco no proviniera del partido, al contrario que Hitler y Mussolini, sino del ejército, podía ser un fiel aliado en el futuro, así que le apoyaron decididamente. 

Italia envió dinero y un cuerpo de voluntarios llamado Corpo Truppe Volontarie, CTV, compuesto por unos 50.000 soldados durante toda la guerra (es decir, nunca estuvieron todos los 50.000 en España), que combatieron en diversas batallas de la guerra junto a los sublevados. Una de las batallas más desafortunadas para ellos fue la de Guadalajara, en la que los republicanos derrotaron sin fisuras a los italianos. Eso sí, esto sirvió para que Franco echara balones fuera y dijera que el resultado de esa batalla no había sido cosa suya. 
 Columna italiana en la Batalla de Guadalajara
Alemania tenía menos afinidad con España y Franco que Italia pero aún así se implicó claramente. Envió dinero, apoyo logístico y la Legión Cóndor, cuerpo de la Luftwaffe que ensayó todo lo que quiso en España las armas que luego emplearían en la II Guerra Mundial. Este cuerpo estuvo formado por 16.000 hombres y 600 aviones que ayudaron a Franco a cruzar el Estrecho primero y más tarde a bombardear las ciudades españolas bajo control de los republicanos. Su acción más vergonzosa y trágica fue el bombardeo de Guernica, en el País Vasco, que destruyó completamente la ciudad y provocó cientos de muertos. Tanto impacto supuso que Picasso realizó su famoso cuadro sobre el bombardeo y Franco aseguró que él no había dado la orden del bombardeo, responsabilidad única de los alemanes. Si nos atenemos a esta versión entonces Franco no controlaba todo lo que hacían sus aliados en su territorio, lo cual tampoco le deja en buen lugar. 
 Bombardero de la Legión Cóndor
Otro país que apoyó a Franco fue nuestra vecina Portugal, dirigida entonces por otro dictador, Antonio de Oliveira Salazar. Aunque diferente en lo personal a Franco, sí compartían el ser muy conservadores y autoritarios. Ambos tuvieron sus flirteos con las potencias fascistas y en la Guerra Civil Portugal apoyó a los sublevados con decisión e incluso devolvió a España a exiliados republicanos en Portugal. Durante la guerra colaboró con Franco enviando un cuerpo de voluntarios (aunque hay historiadores que consideran que de voluntarios tenían poco, al igual que los del CTV italiano y la Legión Cóndor alemana) llamado Os Viriatos, entre 8.000 y 12.000 hombres integrados en el ejército sublevado. 

Por último, Irlanda también envió voluntarios mediante la Irish Brigade, reclutada por un militar pro fascista del ejército irlandés. Irlanda también apoyó a los sublevados por motivos religiosos, ya que ambos eran profundamente católicos. Sin embargo, sus voluntarios fueron meramente simbólicos al ser aproximadamente unos 700. 

Bando republicano 

La República no recibió apenas apoyo de las grandes potencias democráticas, Reino Unido y Francia, ya que ya se ha explicado que en Londres se intentó por todos los medios que nuestra guerra no se internacionalizara. Así, Reino Unido fue la única gran potencia que se mantuvo al margen de la Guerra Civil de manera oficial. 

El principal apoyo a los republicanos vino de la Unión Soviética. Sin embargo, este apoyo no era desinteresado, al igual que el de las potencias fascistas a Franco. La URSS pretendía ampliar su influencia a un país lejano a ella pero muy estratégico y en el occidente del continente. Así, envió a España abundante ayuda militar, que fue pagada mediante el famoso oro del Banco de España, bajo control republicano. Así, los soviéticos enviaron carros de combates como los T-26, cientos de aviones, armas, piezas de artillería así como soldados técnicos y pilotos. Esta ayuda supuso que los comunistas aumentasen considerablemente su influencia dentro del bando republicano en perjuicio de otros grupos como los anarquistas o los republicanos moderados. 
 Tanqueta soviética
Otro importante apoyo a la República fue el de México, que ni siquiera firmó el Comité de No Intervención, por lo que su ayuda fue oficial. Sobre todo enviaron a los republicanos munición (28 millones de cartuchos, 28.000 fusiles y 70 cañones antiaéreos) y unos 55 aviones. Su compromiso se amplió tras la guerra y no reconoció el régimen franquista, recibiendo a muchos exiliados republicanos. 

Al principio de la Guerra Civil la República recibió un tímido apoyo de Francia, también con un gobierno frente populista. Así, llegó por los Pirineos material bélico francés en forma de varios cientos de fusiles, seis tanques y varios aviones. Sin embargo, la influencia británica hizo que París dejase de enviar ayudas durante el resto de la guerra. 

Por último, un gran apoyo a la República vino en forma de voluntarios de muchos países del mundo: las Brigadas Internacionales. La gran mayoría de sus integrantes llegó a España para luchar por ideales, ya que eran afiliados a partidos comunistas o socialistas. Provenían de países tanto democráticos como Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos, como de países con regímenes fascistas como Alemania, Italia o Polonia. Francia aportó el mayor número de brigadistas con unos 9.000, de un total de aproximadamente 60.000 efectivos a lo largo de la guerra. Estas tropas se mantuvieron en España hasta finales de 1938. Ya en época democrática se les reconoció su labor y a los que aún vivían se les dio la nacionalidad española. 
 Voluntarios polacos de las Brigadas Internacionales
Por último, hubo países que ayudaron a ambos bandos mediante sus empresas, como Estados Unidos, que vendió aviones a la República y vehículos y gasolina a los sublevados.

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