sábado, 2 de mayo de 2015

La arquitectura franquista


El régimen de Francisco Franco tuvo una influencia tan grande en la Historia de España debido a su larga duración que incluso se puede hablar de una arquitectura franquista como de la que va a tratar este post. 

En primer lugar, hay que señalar que, como en otros aspectos, la dictadura franquista fue evolucionando en su arquitectura según la época y el contexto así como sus influencias del extranjero. Así, al comienzo del Franquismo el régimen construyó complejos imitando el estilo herreriano de Felipe II para recrear la época imperial española, a la que admiraba. El principal exponente de esta arquitectura fue la zona de Moncloa, en Madrid. Allí estaba la antigua cárcel Modelo de la ciudad y se levantó un complejo entero con esos aires imperialistas que recuerdan a una mezcla de influencias de la Alemania Nazi y de la España de los Austrias Mayores. El edificio más sobresaliente de esa zona es el cuartel del Ejército del Aire, acompañado del Arco de la Victoria, construido para conmemorar la victoria en la Guerra Civil. Actualmente su estado de conservación es cuestionable y ni siquiera es conocido popularmente por su nombre sino como “Puerta de Moncloa”. 


Siguiendo con ese estilo neo imperialista tenemos la sede del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), también en Madrid, en cuyo friso (ver imagen) queda bien claro mediante inscripción, quién lo mandó construir. 



Este estilo no solo se empleó en Madrid sino que otro importante complejo parecido se encuentra en Gijón, Asturias; la Universidad Laboral, de gran extensión en superficie y que impresiona más aún desde el aire. 


También de los años 40 data un edificio en Torrejón de Ardoz (Madrid), que además fue inaugurado por el mismo Franco: el Colegio público El Buen Gobernador, que aún cumple su función inicial, construido también con ese estilo neo herreriano tan propio de la época y que, como se ve, llegó incluso a pequeños pueblos como era entonces Torrejón. 

Pero el Franquismo pudo adaptarse bien al cambio de estilos y épocas y su arquitectura también varió. Así, la arquitectura franquista se hizo más funcional de acuerdo a los nuevos tiempos. En los años 50 uno de los máximos exponentes y motivo de orgullo para el régimen fue también el primer rascacielos del país: el Edificio España, situado en la plaza homónima, en Madrid. Tiene 117 metros de altura y destaca por su carácter de torre escalonada con una bonita fachada de estilo neobarroco. Es una mole espectacular que hoy está abandonada y pendiente de reconvertir al completo. 

También en los años 50 finalizó el gran proyecto ideado por el mismo Franco: un gigantesco mausoleo cerca de El Escorial, en la sierra de Guadarrama, que se llamó Valle de los Caídos. Allí, excavando una montaña, se creó el mausoleo bajo una inmensa cruz de granito. Dentro están enterrados 34.000 combatientes de la Guerra Civil de ambos bandos y el mismo Franco junto a José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, ambos en un lugar de honor. Fue construido por presos republicanos en condiciones pésimas de trabajo y tiene una gran polémica en torno a él sobre qué destino debería tener al considerarse que se exalta al dictador. Al margen de las polémicas, su cúpula interior es de enorme tamaño de acuerdo al conjunto y fue la principal obra arquitectónica y la de más simbolismo del Franquismo. 

Los años 60 terminaron de traer nuevos aires a España. Fue la época del desarrollismo, cuando España comenzó a dejar atrás su subdesarrollo y se industrializó de manera clara con tasas de crecimiento de en torno a un 7 %. Este boom se reflejó también en la arquitectura: muchos barrios obreros que existen hoy en día son de esa época, con viviendas pequeñas y cercanas a las fábricas en las que trabajaban los obreros. También se construyeron enormes boques de viviendas de más de diez plantas de altura que pueblan muchos barrios de las ciudades españolas y que son fácilmente reconocibles. 
Sin embargo, también hubo edificios emblemáticos, como las Torres Blancas, situadas también en Madrid. Están realizadas con hormigón y tienen 71 metros de altura. A pesar de su nombre se trata de una única torre con una curiosa planta a base de cilindros de color gris e influenciada por la corriente organicista, que promovía una arquitectura armónica con el hábitat natural. 

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