jueves, 31 de julio de 2014

Pucherazos nazis



Que Adolf Hitler llegó al poder inicialmente por las urnas es bien conocido y puesto de ejemplo de cómo un partido ultra pero populista en tiempos de crisis pudo hacerse con el poder como advertencia futura siempre presente.

El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP con sus siglas en alemán), comúnmente conocido como Partido Nazi, primero ganó las elecciones parlamentarias de julio de 1932 con 230 escaños de 608, es decir, mayoría simple, seguido de los socialdemócratas y de los comunistas.
Ante la imposibilidad de formar gobierno, el presidente de la República convocó nuevos comicios para noviembre del mismo año, que volvieron a ganar los nazis pero por un margen aún más estrecho: 196 escaños de un total de 584, seguido de nuevo por socialdemócratas y comunistas.

Como se ve en el gráfico los nazis (negro) se quedaron muy lejos de la mayoría absoluta. Socialdemócratas (naranja) y comunistas (rojo) les seguían. Como bisagra quedaron los centristas (amarillo).


De nuevo se repitió la situación y se convocaron para marzo de 1933 nuevas elecciones que, esta vez sí, ganaron los nazis por una abultada diferencia aunque sin mayoría absoluta: 288 escaños de 647. Esta victoria se debió a la fuerte intimidación que llevaron a cabo contra las fuerzas de izquierdas. Las Camisas Pardas dominaban la calle y la atmósfera era cada vez más represiva. Adolf Hitler se convirtió en canciller y formó gobierno. 

Los nazis aumentaron su representación ante la intimidación a la que sometieron a sus rivales.


Esas fueron las últimas elecciones “libres” (teniendo en cuenta la presión nazi, las comillas están más que justificadas) de Alemania. El incendio del Reichstag días antes de los comicios, atribuido por los nazis a los comunistas, fue utilizado como pretexto por los primeros para urdir la ilegalización del Partido Comunista y para encarcelar a todos sus dirigentes. El paso siguiente fue acabar con la democracia parlamentaria desde dentro. Para ello, el Partido Nazi presentó en el parlamento la Ley Habilitante el 23 de marzo. Dicha ley entregaba todo el control legislativo a Hitler, iniciar enmiendas constitucionales y firmar tratados con naciones extranjeras. Sin embargo, la ley dejaba las competencias al presidente de la República. Una ley así suponía un auténtico harakiri del parlamento pero la intimidación del gobierno nazi era tal que todos los diputados votaron a favor excepto los socialdemócratas (recordemos que los comunistas estaban encarcelados). Finalizaba así la República de Weimar y la democracia en Alemania. 
 Cartel electoral para las elecciones de noviembre de 1933: "Un Pueblo, un Führer, un SÍ".

Ya solo quedaba eliminar los demás partidos, ilegalizándolos. Solo quedó un partido, el Nazi. En las siguientes “elecciones” de noviembre de 1933 solo hubo una lista presentada, la nazi, por lo que consiguieron todos los escaños del parlamento. Evidentemente las elecciones estaban amañadas y se celebraron sin garantía de voto secreto, y con presiones para votar a favor. Aún así, se contaron algo más de tres millones de votos nulos. La lista incluía 22 miembros no nazis “invitados”, procedentes de antiguos partidos como los nacionalistas o los centristas que se habían avenido a participar en el régimen nazi. Además, los nazis hicieron coincidir la convocatoria electoral con un referéndum para la retirada de Alemania de la Sociedad de Naciones, considerada un instrumento de los aliados. Evidentemente, el sí fue abrumador. 
 Los nazis consiguieron todos los escaños del parlamento ante la ilegalización del resto de los partidos.

Entre estas elecciones y las siguientes ocurrió un suceso importante. En 1934 moría el presidente Hindenburg y Hitler ya podía quedarse también con ese título. Pasaba a ser el Führer, título que incluía tanto la jefatura del Estado como la del gobierno (presidencia y cancillería respectivamente) completando la dictadura.

El siguiente pucherazo electoral nazi vino en 1936. Como en 1933,  las “elecciones” legislativas coincidieron con un referéndum, esta vez para votar sobre la remilitarización de Renania, una de las cláusulas del Tratado de Versalles de 1919. Los resultados fueron tan evidentes como su manipulación: un 99 % de participación de los cuales un 98.80 % votó a favor de los nazis por un 1.20 % que votaron en contra o nulo.

La última convocatoria “electoral” del régimen nazi fue en 1938 y como en las anteriores volvió a coincidir con un referéndum, esta vez para aprobar la anexión de Austria (Anschluss) a Alemania. De nuevo los resultados fueron totalmente favorables a los nazis, un 98.93 % votó sí a la lista nazi y a la anexión de Austria un 99.73 %.

Como clara evidencia del pucherazo tenemos una de las papeletas utilizadas en la que se ve que el círculo del sí (ja) aparece mucho más grande que el del no (nein) induciendo al voto favorable, aunque teniendo en cuenta el ambiente represivo del régimen alemán y la ausencia de voto secreto casi no haría falta tomar medidas como estas. 


Alemania vivió sin elecciones durante once años. A la derrota del régimen nacionalsocialista siguió una etapa de ocupación del país por parte de los aliados hasta que en 1949 los occidentales unificaron sus zonas creándose la República Federal Alemana, que convocó elecciones que ganaron los democristianos de Adenauer, seguidos por los socialdemócratas. En la Alemania del Este los soviéticos sustituyeron una dictadura por otra de distinto signo pero también con elecciones manipuladas.

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