El tono verdoso
entre tantos cráteres da la impresión de un enorme bosque recubriendo el satélite
pero esto, obviamente, no es así. Solo nuestra Tierra alberga vida compleja, por
lo que ese color verduzco proviene del efecto óptico de la fotografía y de la composición
de su superficie.
Se trata de Calisto,
el tercer satélite más grande del Sistema Solar y el segundo adscrito a Júpiter.
Como sus lunas hermanas (Ganímedes, Ío y Europa) lleva el nombre de uno de los amantes
del dios Júpiter, señor de los cielos y rey de los dioses en la religión romana
(Zeus en la griega).
Su superficie es
de roca y hielo y se cree que bajo ella existe un océano líquido, como también ocurriría
en la vecina Europa. Sin embargo, en el caso de Calisto es menos probable por sus
características. Por otro lado, los científicos lo consideran el satélite más adecuado
para un hipotético asentamiento humano de exploración de Júpiter debido a la poca
radiación solar que recibe y a la ausencia de movimientos geológicos (al igual que
en nuestra Luna, esos cráteres permanecerán intactos por milenios).


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