viernes, 4 de julio de 2014

Las superpotencias



Hay que señalar antes de empezar que el término “superpotencia” es moderno y se utiliza desde tiempos de la Guerra Fría. Por tanto, en este artículo se van a señalar superpotencias históricas pero a las que nunca se les llamó en su momento con dicho nombre.

La actual superpotencia, y además de manera clara, son los Estados Unidos de América, que ostenta el título de manera no oficial desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, debido a la caída definitiva de la influencia europea y por su expansión militar por todo el Orbe. Eso sí, como sabemos, tuvo que compartir el título durante 45 años con su gran rival en todos los ámbitos, desde el económico al militar: la Unión Soviética.

Finalmente, en 1991 se desmembró la URSS y con ella acababa la dualidad de superpotencias y EEUU quedaba sola expandiendo de manera evidente su cultura y modo de vida incluso entre los países del antiguo bloque comunista.

Estados Unidos, que hoy, cuatro de julio, celebra su 238 aniversario de su declaración de independencia del Imperio Británico, es un país federal compuesto por 50 Estados y un distrito federal además de otros territorios dependientes, y destaca por su población (es el tercer país más poblado del mundo, con más de 300 millones de personas, detrás de China e India) y por su enorme extensión, que le permite poseer abundantes recursos naturales. Inicialmente estaba formado por las trece colonias británicas del este de Norteamérica pero pronto comenzó una rápida expansión conquistando (a los pueblos indios y, más tarde, a México) o comprando territorios (sobre todo a Francia y España, aunque también a Rusia) hasta alcanzar su actual superficie a finales del siglo XIX, y creando sus últimos Estados en 1959. 
 
En el pasado, como decía, hubo otras superpotencias. A todo el mundo le sonarán las grandes potencias de la Antigüedad, como el Imperio Helenístico y efímero de Alejandro Magno, que se extendió desde la actual Grecia en el oeste hasta el río Indo al este. Dicho imperio no perduraría y Alejandro, que lo expandió en muy pocos años con la conquista del Imperio Persa, no pudo garantizar una sucesión estable a su prematura muerte. Sus generales, los llamados diádocos, se repartieron el inmenso territorio pero en los siglos posteriores sus reinos helenísticos fueron desapareciendo, el último el Egipto ptolemaico en 31 a. C. 
Otro gran imperio de la Antigüedad (y esta vez sí considerado superpotencia por motivos obvios) fue el Imperio Romano. En su punto de máximo esplendor en el siglo II d. C llegó a dominar desde gran parte de la isla de Gran Bretaña en el oeste a Mesopotamia en el este y desde territorios de la actual Alemania en el norte a Egipto y el norte de África por el sur. Roma además no solo dominaba sus territorios sino que implantaba paulatinamente sus costumbres, su lengua, moneda, urbanismo, sociedad, etc lo que hace que se le considere una superpotencia antigua. Sus orígenes fueron extremadamente sencillos: un poblado a orillas del río Tíber, en el centro de la península italiana alrededor de mediados del siglo VIII a. C. Con el tiempo fue expandiéndose por los territorios vecinos conquistando a otros pueblos hasta dominar gran parte de la península. Su gran expansión vino con las Guerras Púnicas en las que se enfrentó a la entonces potencia mediterránea, Cartago. En tres guerras (más de cien años de diferencia entre la primera y tercera) logró dominar el Mediterráneo Occidental antes de lanzarse a por el Oriental empezando por Grecia y acabando con Egipto. En el oeste, Julio César conquistó las Galias en el siglo I a. C y su sucesor, el primer emperador, César Augusto, implantó un sistema unipersonal pero estable después de un siglo de luchas civiles en Roma. Con sus sucesores el Imperio consiguió la llamada Pax Romana y su máxima expansión. En el siglo III comenzó la decadencia con gran inestabilidad y comenzó a transformarse en un Estado cristiano y diferente a la Antigüedad clásica. A finales del siglo IV fue dividido y perdió el control progresivamente de sus territorios en el Oeste. La misma Roma fue saqueada y definitivamente ocupada por bárbaros en 476. El Este, como Imperio Bizantino, pervivió mil años más hasta su desaparición definitiva en 1453. 
En la Edad Media hubo imperios destacables pero que no tenían influencia fuera de su continente. Lo más cerca que hubo fueron los imperios Musulmán y Mongol. El Musulmán se extendió desde sus orígenes arábigos por Oriente Próximo, el norte de África y gran parte de la Península Ibérica. Sin embargo, no fue muy longevo ya que algunas partes de su territorio comenzaron a independizarse, como al-Ándalus, en 756. El otro imperio, el Mongol, alcanzó una impresionante extensión al controlar casi toda Asia y parte del este de Europa. Sin embargo, también fue efímero y no perduró ni dos siglos al fraccionarse en el siglo XIV.

Otros, como el Imperio Carolingio, tuvieron una fuerte influencia en su continente, Europa, pero poca fuera de él.

Fue en la Edad Moderna cuando comenzaron a crearse enormes imperios coloniales de potencias europeas. El primero fue el Imperio Español. Comenzó en 1492 con la llegada a América, un continente desconocido para los europeos hasta entonces. Su conquista progresiva en las décadas posteriores y la unificación de Castilla y de Aragón permitieron a los monarcas hispanos poseer el mayor imperio del momento y el más influyente con supremacía en Europa (aunque amenazada por otros países). En América los españoles crearon un imperio gigantesco que ocupaba desde el oeste norteamericano hasta la Patagonia argentina por el sur exceptuando enclaves ingleses y Brasil, bajo control portugués, otro imperio destacable de la época, aunque más bien marítimo. El Imperio Español imitó al Romano y sobre todo en América implantó poco a poco sus costumbres, religión, idioma, modo de sociedad, etc y muestra de ello es que el idioma español sea hoy el segundo más hablado del mundo (por hablantes por lengua materna) y el segundo en la comunicación internacional. Sin embargo, los españoles no solo se asentaron en América sino también en África y en Asia con las Islas Filipinas, que mantuvieron hasta 1898. Fue el imperio más poderoso durante el siglo XVI pero perdió su hegemonía en Europa en el siglo XVII a favor del próximo imperio: el francés. A pesar de ello España mantuvo su imperio colonial hasta principios del siglo XIX y algunos enclaves americanos hasta finales de dicho siglo y africanos hasta el siglo XX. 
Imperio Español (mapa diacrónico) 
El Imperio Francés comenzó de manera modesta creando colonias en Norteamérica y asentándose en islas del Caribe y del Atlántico. En Europa consiguió la supremacía en el siglo XVII y la expandió en el XVIII con triunfos en Norteamérica. Sin embargo, la Revolución de 1789 y la inestabilidad posterior, además de la caída final del Imperio Napoleónico en 1815 hizo que Francia fuera castigada por las potencias triunfales perdiendo su hegemonía. Ello no quitó que continuara su expansión colonial, sobre todo el África y en el sudeste asiático. Así, a finales del siglo XIX era el segundo imperio colonial en extensión pero quedando siempre como segundón. Su decadencia inminente durante la primera mitad del siglo XX hizo que finalmente diera la independencia a todas sus colonias manteniendo actualmente algunas islas y territorios en el Atlántico, Pacífico e Índico. 
 Imperio Francés (mapa diacrónico)

Sería el Imperio Británico el que quitaría a Francia la hegemonía de manera indudable. Ya a mediados del siglo XVIII los británicos habían ido expandiéndose por América y logrando enclaves estratégicos (véase Gibraltar). Su gran oportunidad llegó con la conquista de la India, primero por manos privadas de la Compañía de Indias, y luego del Estado en el siglo XIX. Poseer la India, una auténtica “ganga”, ayudó a convertir a Gran Bretaña en la superpotencia hasta la Primera Guerra Mundial. Su imperio se extendía por los cinco continentes, diferenciándose así del Español y el Francés. En América tenía el control de Canadá, diferentes islas del Caribe como Jamaica, Belice y la Guayana inglesa; en África dominaba el inmenso corredor de norte a sur entre Egipto y Sudáfrica junto a otros enclaves como Nigeria, Guinea o parte de Somalia; en Asia además de la ya mencionada joya de la corona india poseía parte de Arabia, Birmania, Malasia, Singapur y diferentes puertos en el este del continente. Por último, controlaba gran parte de Oceanía con Australia y Nueva Zelanda como territorios más grandes. Como los españoles previamente implantaron en sus territorios su idioma, costumbres y religión, sobre todo en el caso de las llamadas colonias de poblamiento, es decir, territorios a los que emigraban muchos británicos aprovechando los beneficios que les daba su condición de ciudadanos británicos. Estas colonias fueron sobre todo Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica. 
 Imperio Británico (mapa diacrónico)

Después de la Primera Guerra Mundial comenzó su influencia, sobre todo económica, a favor de nuevas potencias como Estados Unidos y Japón pero siguió teniendo un peso político muy importante en la escena internacional que lo hizo decisivo en la Segunda Guerra Mundial. Después de ésta llegó la descolonización y la decadencia y el Imperio Británico desapareció como tal dando la independencia a casi todas sus colonias excepto algunos pequeños enclaves e islas en el Atlántico y el Pacífico (excepto Gibraltar que, aun estando en Europa, sigue siendo una colonia). También la influencia política de Gran Bretaña se fue difuminando ante una Guerra Fría entre dos quedando Londres como comparsa de Estados Unidos hasta ahora.

La última superpotencia reconocida sin contar Estados Unidos fue la Unión Soviética. Ya en los siglos anteriores el Imperio Ruso se había ido expandiendo por Siberia hasta alcanzar una enorme extensión e influencia. A finales del siglo XIX sin embargo estaba en crisis debido a un muy anticuado sistema y a una economía desfasada y anticuada. Así, en 1917, en plena Gran Guerra, estalló la Revolución contra el gobierno zarista, que fue derrocado. En octubre los bolcheviques, marxistas comunistas, se hicieron con el poder, sacaron a Rusia de la guerra a costa de perder grandes territorios en Europa del Este, y comenzó una guerra civil entre los zaristas y moderados y los bolcheviques, que finalmente ganaron los segundos creando en 1922 la URSS. Fue con la Segunda Guerra Mundial con la que la URSS logró el estatus de superpotencia. Ganó a la Alemania Nazi y con ella consiguió el control efectivo de casi toda la Europa del Este creando su propio bloque comunista con países satélites. Proponía un modelo opuesto al capitalista occidental de Estados Unidos y Europa Occidental con un modo de vida diferente. Su sistema de gobierno era dictatorial y su economía era estatalista, no existía la propiedad privada. Compitió con Estados Unidos y hubo momentos de enorme tensión en los que el mundo vivió al borde de una guerra nuclear pero el sentido común imperó sobre los intereses de las dos superpotencias. En los años 80 comenzó la decadencia de la URSS y los intentos de apertura a Occidente y de democratización acabaron llevando a la desmembración de la Unión y a su fin como superpotencia quedando Estados Unidos como la única hasta hoy. 

A pesar de ello, están surgiendo desde hace años nuevas potencias emergentes que pueden en un futuro cercano colocarse al nivel de Estados Unidos como superpotencias. Destacan sobre todo China e India por su enorme potencial demográfico y, en el caso chino, económico y también militar. Otras potencias a día de hoy son Rusia, aunque con evidentes problemas estructurales, que está intentando desde hace poco recuperar parte del antiguo imperio e influencia de la URSS; Brasil, como principal potencia latinoamericana; y la Unión Europea, aunque muy debilitada por la crisis económica y de liderazgo en su interior.

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