Hay que
señalar antes de empezar que el término “superpotencia” es moderno y se utiliza
desde tiempos de la Guerra Fría. Por tanto, en este artículo se van a señalar
superpotencias históricas pero a las que nunca se les llamó en su momento con
dicho nombre.
La actual
superpotencia, y además de manera clara, son los Estados Unidos de América, que
ostenta el título de manera no oficial desde el fin de la Segunda Guerra
Mundial, debido a la caída definitiva de la influencia europea y por su expansión
militar por todo el Orbe. Eso sí, como sabemos, tuvo que compartir el título
durante 45 años con su gran rival en todos los ámbitos, desde el económico al
militar: la Unión Soviética.
Finalmente, en
1991 se desmembró la URSS y con ella acababa la dualidad de superpotencias y
EEUU quedaba sola expandiendo de manera evidente su cultura y modo de vida
incluso entre los países del antiguo bloque comunista.
Estados
Unidos, que hoy, cuatro de julio, celebra su 238 aniversario de su declaración
de independencia del Imperio Británico, es un país federal compuesto por 50
Estados y un distrito federal además de otros territorios dependientes, y
destaca por su población (es el tercer país más poblado del mundo, con más de
300 millones de personas, detrás de China e India) y por su enorme extensión,
que le permite poseer abundantes recursos naturales. Inicialmente estaba
formado por las trece colonias británicas del este de Norteamérica pero pronto
comenzó una rápida expansión conquistando (a los pueblos indios y, más tarde, a
México) o comprando territorios (sobre todo a Francia y España, aunque también
a Rusia) hasta alcanzar su actual superficie a finales del siglo XIX, y creando
sus últimos Estados en 1959.
En el pasado,
como decía, hubo otras superpotencias. A todo el mundo le sonarán las grandes
potencias de la Antigüedad, como el Imperio
Helenístico y efímero de Alejandro Magno, que se extendió desde la actual
Grecia en el oeste hasta el río Indo al este. Dicho imperio no perduraría y
Alejandro, que lo expandió en muy pocos años con la conquista del Imperio
Persa, no pudo garantizar una sucesión estable a su prematura muerte. Sus
generales, los llamados diádocos, se repartieron el inmenso territorio pero en
los siglos posteriores sus reinos helenísticos fueron desapareciendo, el último
el Egipto ptolemaico en 31 a. C.
Otro gran
imperio de la Antigüedad (y esta vez sí considerado superpotencia por motivos
obvios) fue el Imperio Romano. En su
punto de máximo esplendor en el siglo II d. C llegó a dominar desde gran parte
de la isla de Gran Bretaña en el oeste a Mesopotamia en el este y desde
territorios de la actual Alemania en el norte a Egipto y el norte de África por
el sur. Roma además no solo dominaba sus territorios sino que implantaba
paulatinamente sus costumbres, su lengua, moneda, urbanismo, sociedad, etc lo
que hace que se le considere una superpotencia antigua. Sus orígenes fueron
extremadamente sencillos: un poblado a orillas del río Tíber, en el centro de
la península italiana alrededor de mediados del siglo VIII a. C. Con el tiempo
fue expandiéndose por los territorios vecinos conquistando a otros pueblos
hasta dominar gran parte de la península. Su gran expansión vino con las
Guerras Púnicas en las que se enfrentó a la entonces potencia mediterránea,
Cartago. En tres guerras (más de cien años de diferencia entre la primera y
tercera) logró dominar el Mediterráneo Occidental antes de lanzarse a por el
Oriental empezando por Grecia y acabando con Egipto. En el oeste, Julio César
conquistó las Galias en el siglo I a. C y su sucesor, el primer emperador,
César Augusto, implantó un sistema unipersonal pero estable después de un siglo
de luchas civiles en Roma. Con sus sucesores el Imperio consiguió la llamada
Pax Romana y su máxima expansión. En el siglo III comenzó la decadencia con
gran inestabilidad y comenzó a transformarse en un Estado cristiano y diferente
a la Antigüedad clásica. A finales del siglo IV fue dividido y perdió el
control progresivamente de sus territorios en el Oeste. La misma Roma fue
saqueada y definitivamente ocupada por bárbaros en 476. El Este, como Imperio
Bizantino, pervivió mil años más hasta su desaparición definitiva en 1453.
En la Edad
Media hubo imperios destacables pero que no tenían influencia fuera de su
continente. Lo más cerca que hubo fueron los imperios Musulmán y Mongol. El
Musulmán se extendió desde sus orígenes arábigos por Oriente Próximo, el norte
de África y gran parte de la Península Ibérica. Sin embargo, no fue muy longevo
ya que algunas partes de su territorio comenzaron a independizarse, como
al-Ándalus, en 756. El otro imperio, el Mongol, alcanzó una impresionante
extensión al controlar casi toda Asia y parte del este de Europa. Sin embargo,
también fue efímero y no perduró ni dos siglos al fraccionarse en el siglo XIV.
Otros, como el
Imperio Carolingio, tuvieron una fuerte influencia en su continente, Europa,
pero poca fuera de él.
Fue en la Edad
Moderna cuando comenzaron a crearse enormes imperios coloniales de potencias
europeas. El primero fue el Imperio
Español. Comenzó en 1492 con la llegada a América, un continente
desconocido para los europeos hasta entonces. Su conquista progresiva en las
décadas posteriores y la unificación de Castilla y de Aragón permitieron a los
monarcas hispanos poseer el mayor imperio del momento y el más influyente con
supremacía en Europa (aunque amenazada por otros países). En América los
españoles crearon un imperio gigantesco que ocupaba desde el oeste
norteamericano hasta la Patagonia argentina por el sur exceptuando enclaves
ingleses y Brasil, bajo control portugués, otro imperio destacable de la época,
aunque más bien marítimo. El Imperio Español imitó al Romano y sobre todo en
América implantó poco a poco sus costumbres, religión, idioma, modo de
sociedad, etc y muestra de ello es que el idioma español sea hoy el segundo más
hablado del mundo (por hablantes por lengua materna) y el segundo en la
comunicación internacional. Sin embargo, los españoles no solo se asentaron en
América sino también en África y en Asia con las Islas Filipinas, que
mantuvieron hasta 1898. Fue el imperio más poderoso durante el siglo XVI pero
perdió su hegemonía en Europa en el siglo XVII a favor del próximo imperio: el
francés. A pesar de ello España mantuvo su imperio colonial hasta principios
del siglo XIX y algunos enclaves americanos hasta finales de dicho siglo y
africanos hasta el siglo XX.
Imperio Español (mapa diacrónico)
El Imperio Francés comenzó de manera
modesta creando colonias en Norteamérica y asentándose en islas del Caribe y
del Atlántico. En Europa consiguió la supremacía en el siglo XVII y la expandió
en el XVIII con triunfos en Norteamérica. Sin embargo, la Revolución de 1789 y
la inestabilidad posterior, además de la caída final del Imperio Napoleónico en
1815 hizo que Francia fuera castigada por las potencias triunfales perdiendo su
hegemonía. Ello no quitó que continuara su expansión colonial, sobre todo el África
y en el sudeste asiático. Así, a finales del siglo XIX era el segundo imperio
colonial en extensión pero quedando siempre como segundón. Su decadencia
inminente durante la primera mitad del siglo XX hizo que finalmente diera la
independencia a todas sus colonias manteniendo actualmente algunas islas y
territorios en el Atlántico, Pacífico e Índico.
Imperio Francés (mapa diacrónico)
Sería el Imperio Británico el que quitaría a
Francia la hegemonía de manera indudable. Ya a mediados del siglo XVIII los
británicos habían ido expandiéndose por América y logrando enclaves estratégicos
(véase Gibraltar). Su gran oportunidad llegó con la conquista de la India,
primero por manos privadas de la Compañía de Indias, y luego del Estado en el
siglo XIX. Poseer la India, una auténtica “ganga”, ayudó a convertir a Gran
Bretaña en la superpotencia hasta la Primera Guerra Mundial. Su imperio se
extendía por los cinco continentes, diferenciándose así del Español y el Francés.
En América tenía el control de Canadá, diferentes islas del Caribe como
Jamaica, Belice y la Guayana inglesa; en África dominaba el inmenso corredor de
norte a sur entre Egipto y Sudáfrica junto a otros enclaves como Nigeria,
Guinea o parte de Somalia; en Asia además de la ya mencionada joya de la corona
india poseía parte de Arabia, Birmania, Malasia, Singapur y diferentes puertos
en el este del continente. Por último, controlaba gran parte de Oceanía con
Australia y Nueva Zelanda como territorios más grandes. Como los españoles
previamente implantaron en sus territorios su idioma, costumbres y religión,
sobre todo en el caso de las llamadas colonias de poblamiento, es decir, territorios
a los que emigraban muchos británicos aprovechando los beneficios que les daba
su condición de ciudadanos británicos. Estas colonias fueron sobre todo Canadá,
Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica.
Imperio Británico (mapa diacrónico)
Después de la
Primera Guerra Mundial comenzó su influencia, sobre todo económica, a favor de
nuevas potencias como Estados Unidos y Japón pero siguió teniendo un peso político
muy importante en la escena internacional que lo hizo decisivo en la Segunda
Guerra Mundial. Después de ésta llegó la descolonización y la decadencia y el
Imperio Británico desapareció como tal dando la independencia a casi todas sus
colonias excepto algunos pequeños enclaves e islas en el Atlántico y el Pacífico
(excepto Gibraltar que, aun estando en Europa, sigue siendo una colonia). También
la influencia política de Gran Bretaña se fue difuminando ante una Guerra Fría
entre dos quedando Londres como comparsa de Estados Unidos hasta ahora.
La última
superpotencia reconocida sin contar Estados Unidos fue la Unión Soviética. Ya en los siglos anteriores el Imperio Ruso se había
ido expandiendo por Siberia hasta alcanzar una enorme extensión e influencia. A
finales del siglo XIX sin embargo estaba en crisis debido a un muy anticuado
sistema y a una economía desfasada y anticuada. Así, en 1917, en plena Gran
Guerra, estalló la Revolución contra el gobierno zarista, que fue derrocado. En
octubre los bolcheviques, marxistas comunistas, se hicieron con el poder,
sacaron a Rusia de la guerra a costa de perder grandes territorios en Europa
del Este, y comenzó una guerra civil entre los zaristas y moderados y los
bolcheviques, que finalmente ganaron los segundos creando en 1922 la URSS. Fue con
la Segunda Guerra Mundial con la que la URSS logró el estatus de superpotencia.
Ganó a la Alemania Nazi y con ella consiguió el control efectivo de casi toda
la Europa del Este creando su propio bloque comunista con países satélites. Proponía
un modelo opuesto al capitalista occidental de Estados Unidos y Europa
Occidental con un modo de vida diferente. Su sistema de gobierno era
dictatorial y su economía era estatalista, no existía la propiedad privada. Compitió
con Estados Unidos y hubo momentos de enorme tensión en los que el mundo vivió
al borde de una guerra nuclear pero el sentido común imperó sobre los intereses
de las dos superpotencias. En los años 80 comenzó la decadencia de la URSS y
los intentos de apertura a Occidente y de democratización acabaron llevando a
la desmembración de la Unión y a su fin como superpotencia quedando Estados
Unidos como la única hasta hoy.
A pesar de
ello, están surgiendo desde hace años nuevas potencias emergentes que pueden en
un futuro cercano colocarse al nivel de Estados Unidos como superpotencias. Destacan
sobre todo China e India por su enorme potencial demográfico y, en el caso
chino, económico y también militar. Otras potencias a día de hoy son Rusia,
aunque con evidentes problemas estructurales, que está intentando desde hace
poco recuperar parte del antiguo imperio e influencia de la URSS; Brasil, como
principal potencia latinoamericana; y la Unión Europea, aunque muy debilitada
por la crisis económica y de liderazgo en su interior.






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hermione
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