viernes, 23 de noviembre de 2012

Sucede en Cataluña



 El “premio” del domingo: el Palau de la Generalitat Catalana 

“En Cataluña sucede lo siguiente: la segunda sociedad metropolitana de la Península se siente venida a menos. Injustamente venida a menos. Y enfadada consigo misma, porque su reacción ante el declive no acaba de gustarle. Le falta fuerza, empuje y capacidad de resolución. Carece de buenos aliados y cuando se equivoca-con frecuencia-las risas de los espectadores retumban malamente en sus oídos.

El <> […] se siente maltratado, cuando no insultado por el sector más desagradable y chillón de la opinión pública española. Mal defendido por quienes en Madrid y en otras ciudades españolas dicen ser sus amigos. Y menos beneficiado por la gran oleada de prosperidad española que ha permitido al Gran Madrid expandirse planetariamente, a Valencia salir con brillantez de su tenue ostracismo, a Andalucía y Extremadura, blindadas por el discurso moral de la solidaridad, lanzarse en brazos de la paradoja de la satisfacción, y al País Vasco y Navarra, el Gran Luxemburgo hispánico, asentarse en los dulces beneficios que le garantiza la excepción fiscal del siglo XIX.

[…] El catalán paga religiosamente la cuota mensual de la comunidad, pero sus vecinos apenas le saludan por la escalera y no acostumbran a invitarle a sus fiestas. Le recriminan sus aires de suficiencia. No les gusta que siempre esté pendiente de sus asuntos. Les repele que alterne el castellano con una lengua distinta, que cuesta entender cuando se habla deprisa. Y le han montado un pollo por querer cambiar el reglamento de la comunidad. ¡Qué se ha creído!  El catalán medio, que paga puntualmente todas las cuotas, sin poder acogerse a la renta antigua de los del ático primera y segunda (vascos y navarros), sin derecho a dúplex como los madrileños del soleado sobreático, y sin la ayuda del Ayuntamiento, como los andaluces y extremeños que habitan en los bajos, se siente perjudicado. Muy perjudicado”.

"El catalán medio se siente perjudicado. Muy perjudicado"

Estas son las palabras de un conocido periodista catalán del diario La Vanguardia en uno de sus libros del año 2009. La crisis económica sólo asomaba y todavía se hablaba de la prosperidad de los años de bonanza. Una prosperidad que, como dice en el texto, Cataluña notó menos que otras zonas de España sin que ello signifique que ahora no esté sufriendo en sus propias carnes una profunda recesión, más bien al revés.

Este periodista ya lo vio hace unos años: Cataluña se sentía perjudicada y venida a menos por lo que no debería extrañar la explosión soberanista del pasado septiembre y que todavía se mantiene.

El domingo hay elecciones autonómicas anticipadas en las que el president Artur Mas intentará sacar rédito de la ola soberanista, a la que se ha apuntado con entusiasmo. Así, los catalanes elegirán, en un Parlamento con alrededor de ocho fuerzas políticas, entre los socialistas, federalistas y medio independientes de Madrid (PSC); los independentistas “viejos” (Esquerra); la coalición de ecologistas y ex comunistas, entre el viejo obrerismo y la izquierda radical “chic” (ICV-EUiA); la federación nacionalista-católica, el gran conglomerado de Jordi Pujol, ahora independentista por conveniencia (CiU); la delegación catalana de la derecha española (PPC), y los jóvenes neoespañolistas (Ciutadans). A estos se les suma la posibilidad de entrar en el Parlament de los independentistas sin más argumentos de Solidaritat (SI) y de las Candidaturas d´Unitat Popular (CUP) por un lado y por otro de los ultraderechistas y xenófobos de Plataforma per Catalunya (PxC).     

En la campaña más sucia de las elecciones catalanas recientes, el domingo veremos los resultados de esta oleada soberanista. 

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