El “premio” del domingo: el Palau de la
Generalitat Catalana
El <> […] se siente maltratado, cuando no insultado por el sector más
desagradable y chillón de la opinión pública española. Mal defendido por
quienes en Madrid y en otras ciudades españolas dicen ser sus amigos. Y menos
beneficiado por la gran oleada de prosperidad española que ha permitido al Gran
Madrid expandirse planetariamente, a Valencia salir con brillantez de su tenue
ostracismo, a Andalucía y Extremadura, blindadas por el discurso moral de la
solidaridad, lanzarse en brazos de la paradoja de la satisfacción, y al País
Vasco y Navarra, el Gran Luxemburgo hispánico, asentarse en los dulces
beneficios que le garantiza la excepción fiscal del siglo XIX.
[…] El catalán
paga religiosamente la cuota mensual de la comunidad, pero sus vecinos apenas
le saludan por la escalera y no acostumbran a invitarle a sus fiestas. Le recriminan
sus aires de suficiencia. No les gusta que siempre esté pendiente de sus
asuntos. Les repele que alterne el castellano con una lengua distinta, que
cuesta entender cuando se habla deprisa. Y le han montado un pollo por querer
cambiar el reglamento de la comunidad. ¡Qué se ha creído! El catalán medio, que paga puntualmente todas
las cuotas, sin poder acogerse a la renta antigua de los del ático primera y
segunda (vascos y navarros), sin derecho a dúplex como los madrileños del
soleado sobreático, y sin la ayuda del Ayuntamiento, como los andaluces y
extremeños que habitan en los bajos, se siente perjudicado. Muy perjudicado”.
"El catalán medio se siente perjudicado. Muy perjudicado"
Estas son las
palabras de un conocido periodista catalán del diario La Vanguardia en uno de
sus libros del año 2009. La crisis económica sólo asomaba y todavía se hablaba
de la prosperidad de los años de bonanza. Una prosperidad que, como dice en el
texto, Cataluña notó menos que otras zonas de España sin que ello signifique
que ahora no esté sufriendo en sus propias carnes una profunda recesión, más
bien al revés.
Este periodista
ya lo vio hace unos años: Cataluña se sentía perjudicada y venida a menos por
lo que no debería extrañar la explosión soberanista del pasado septiembre y que
todavía se mantiene.
El domingo hay
elecciones autonómicas anticipadas en las que el president Artur Mas intentará
sacar rédito de la ola soberanista, a la que se ha apuntado con entusiasmo. Así,
los catalanes elegirán, en un Parlamento con alrededor de ocho fuerzas políticas,
entre los socialistas, federalistas y medio independientes de Madrid (PSC); los
independentistas “viejos” (Esquerra); la coalición de ecologistas y ex
comunistas, entre el viejo obrerismo y la izquierda radical “chic” (ICV-EUiA);
la federación nacionalista-católica, el gran conglomerado de Jordi Pujol, ahora
independentista por conveniencia (CiU); la delegación catalana de la derecha
española (PPC), y los jóvenes neoespañolistas (Ciutadans). A estos se les suma
la posibilidad de entrar en el Parlament de los independentistas sin más
argumentos de Solidaritat (SI) y de las Candidaturas d´Unitat Popular (CUP) por
un lado y por otro de los ultraderechistas y xenófobos de Plataforma per
Catalunya (PxC).
En la campaña
más sucia de las elecciones catalanas recientes, el domingo veremos los
resultados de esta oleada soberanista.


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