viernes, 3 de junio de 2016

Las puertas de Madrid



Como tantas otras ciudades europeas, Madrid estaba amurallada durante la Edad Media y, desde el reinado de Felipe IV, estaba rodeada de una cerca hecha de argamasa y ladrillo. Obviamente esta segunda “muralla” no tenía fines defensivos dados sus pobres materiales y su objetivo era limitar el crecimiento de la ciudad y además controlar la entrada de mercancías a la ciudad cobrando así los debidos impuestos. 

En el siguiente plano de Madrid de 1762 se puede observar cómo la ciudad no podía crecer al estar rodeada por dicha cerca. Así se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, cuando fue derribada (solo quedan algunos fragmentos como el de la foto inferior) y Madrid comenzó a crecer en todas direcciones, excepto hacia el oeste, respetando la Casa de Campo. 


En el tiempo que permaneció la cerca de Felipe IV, solo se podía acceder a la ciudad a través de las llamadas puertas reales, que eran las cinco principales, así como 14 portillos de segundo orden que se abrían en diferentes fechas. Vamos a ver ahora cuáles fueron esas puertas reales y si siguen existiendo. 

La más famosa de todas todavía hoy es la Puerta de Alcalá, situada en la Plaza de la Independencia. Daba acceso a Madrid desde Barcelona, Aragón y Francia por lo que era muy transitada. Su nombre, obviamente, se debe a que estaba en el camino a Alcalá de Henares (curiosamente en dicha ciudad hay otra puerta en su zona oeste que se llama Puerta de Madrid y que es la “hermana” de la de Alcalá). Esta puerta en su diseño actual data de época de Carlos III, que quiso embellecer Madrid y ponerla al nivel de otras capitales europeas. Así, su estilo combina el barroco y el neoclasicismo y fue diseñada por el famoso arquitecto Sabatini. Como dato reseñable, destacar que fue el primer arco de triunfo (ya que inicialmente se planteó como homenaje a Carlos III) desde época romana en Europa. La inscripción de su placa superior deja claro su impulsor: Rege Carolo III, y el año: 1778. 

Puerta de Alcalá


Por el norte la puerta real era la de Bilbao, en el camino real hacia el País Vasco. En el siglo XIX fue derribada junto a la cerca y se urbanizó en su lugar la actual glorieta de Bilbao. 

En la zona sureste destacó la Puerta de Atocha. En 1850 fue derribada para iniciar allí la construcción de la nueva estación de Atocha. Actualmente la zona de dicha estación que da servicio a la alta velocidad se llama Puerta de Atocha en su honor. 

En el sur la puerta de acceso era la de Toledo y su última versión, que data de inicios del XIX, sigue en pie. Como la de Alcalá, fue creada para homenajear a un rey, en este caso Fernando VII. En este caso su estilo ya es totalmente neoclásico, más austero en cuanto a decoración que la de Alcalá. 
 Puerta de Toledo
La última de las puertas reales era la de Segovia, situada en la zona oeste de la capital. Como las de Atocha y Bilbao, fue derruida a mediados del XIX. 

Sin embargo, en Madrid hay otras puertas interesantes aunque no formaran parte de la antigua cerca que rodeaba la ciudad. Destaca la Puerta de San Vicente, junto a la estación de Príncipe Pío, de estilo neoclásico. Originalmente servía de acceso hacia el Palacio Real. Otra puerta es la de Hierro, situada al noroeste de la ciudad, en el Monte de El Pardo y, por tanto, más lejos del centro de Madrid. Es de estilo barroco. 
 Puerta de San Vicente
 Puerta de Hierro

Otras puertas monumentales son la Real, que daba acceso al Real Jardín Botánico, y las del Retiro: la de España, la de la Independencia, que es la principal, o la de Felipe IV. 

Puerta de España en el Parque del Buen Retiro


Y, para terminar, destacar que el Arco de la Victoria, apodado popularmente “Puerta de Moncloa”, es totalmente diferente a las anteriores: fue construido en los años 50 y aún tiene un significado polémico: homenajear la victoria de los franquistas en la Guerra Civil.

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