Como tantas otras
ciudades europeas, Madrid estaba amurallada durante la Edad Media y, desde el
reinado de Felipe IV, estaba rodeada de una cerca hecha de argamasa y ladrillo.
Obviamente esta segunda “muralla” no tenía fines defensivos dados sus pobres materiales
y su objetivo era limitar el crecimiento de la ciudad y además controlar la
entrada de mercancías a la ciudad cobrando así los debidos impuestos.
En el siguiente plano
de Madrid de 1762 se puede observar cómo la ciudad no podía crecer al estar
rodeada por dicha cerca. Así se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, cuando
fue derribada (solo quedan algunos fragmentos como el de la foto inferior) y
Madrid comenzó a crecer en todas direcciones, excepto hacia el oeste,
respetando la Casa de Campo.
En el tiempo que
permaneció la cerca de Felipe IV, solo se podía acceder a la ciudad a través de
las llamadas puertas reales, que eran las cinco principales, así como 14
portillos de segundo orden que se abrían en diferentes fechas. Vamos a ver
ahora cuáles fueron esas puertas reales y si siguen existiendo.
La más famosa de
todas todavía hoy es la Puerta de Alcalá, situada en la Plaza de la
Independencia. Daba acceso a Madrid desde Barcelona, Aragón y Francia por lo
que era muy transitada. Su nombre, obviamente, se debe a que estaba en el
camino a Alcalá de Henares (curiosamente en dicha ciudad hay otra puerta en su
zona oeste que se llama Puerta de Madrid y que es la “hermana” de la de
Alcalá). Esta puerta en su diseño actual data de época de Carlos III, que quiso
embellecer Madrid y ponerla al nivel de otras capitales europeas. Así, su
estilo combina el barroco y el neoclasicismo y fue diseñada por el famoso
arquitecto Sabatini. Como dato reseñable, destacar que fue el primer arco de
triunfo (ya que inicialmente se planteó como homenaje a Carlos III) desde época
romana en Europa. La inscripción de su placa superior deja claro su impulsor:
Rege Carolo III, y el año: 1778.
Puerta de Alcalá
Por el norte la
puerta real era la de Bilbao, en el camino real hacia el País Vasco. En el
siglo XIX fue derribada junto a la cerca y se urbanizó en su lugar la actual
glorieta de Bilbao.
En la zona sureste
destacó la Puerta de Atocha. En 1850 fue derribada para iniciar allí la
construcción de la nueva estación de Atocha. Actualmente la zona de dicha
estación que da servicio a la alta velocidad se llama Puerta de Atocha en su
honor.
En el sur la puerta
de acceso era la de Toledo y su última versión, que data de inicios del XIX,
sigue en pie. Como la de Alcalá, fue creada para homenajear a un rey, en este
caso Fernando VII. En este caso su estilo ya es totalmente neoclásico, más
austero en cuanto a decoración que la de Alcalá.
Puerta de Toledo
La última de las
puertas reales era la de Segovia, situada en la zona oeste de la capital. Como las
de Atocha y Bilbao, fue derruida a mediados del XIX.
Sin embargo, en Madrid
hay otras puertas interesantes aunque no formaran parte de la antigua cerca que
rodeaba la ciudad. Destaca la Puerta de San Vicente, junto a la estación de
Príncipe Pío, de estilo neoclásico. Originalmente servía de acceso hacia el
Palacio Real. Otra puerta es la de Hierro, situada al noroeste de la ciudad, en
el Monte de El Pardo y, por tanto, más lejos del centro de Madrid. Es de estilo
barroco.
Puerta de San Vicente
Puerta de Hierro
Otras puertas
monumentales son la Real, que daba acceso al Real Jardín Botánico, y las del
Retiro: la de España, la de la Independencia, que es la principal, o la de
Felipe IV.
Puerta de España en el Parque del Buen Retiro
Y, para terminar,
destacar que el Arco de la Victoria, apodado popularmente “Puerta de Moncloa”,
es totalmente diferente a las anteriores: fue construido en los años 50 y aún
tiene un significado polémico: homenajear la victoria de los franquistas en la
Guerra Civil.







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