Esta disparatada historia
comienza en plena Segunda Guerra Mundial. Reino Unido, en guerra con Alemania,
construyó una serie de plataformas en sus costas como apoyo logístico y
militar. Una de ellas fue la de Rough Sands, a 13 km al sureste del condado de
Essex, mar adentro, y en aguas internacionales. En 1956 esa plataforma fue
abandonada por la marina británica.
Así estuvo durante
once años hasta que en 1967 fue ocupada por un tal Roy Bates, un británico
presentador de radio que reclamó la soberanía de la plataforma debido a estar
en aguas internacionales y se autoproclamó príncipe con el nombre de Roy I. El
nuevo país se llamó Sealand y, como es lógico, no ha sido nunca reconocido por
ningún país ni por la ONU, siendo considerada una micronación (no confundir con
microestado: http://elblogdecesarmb.blogspot.com.es/2013/08/paises-y-paises-los-microestados.html).
Bandera de Sealand.
Sin embargo, desde la
proclamación de su “independencia” Sealand ha sufrido hasta crisis. En 1968 el
heredero del principado, Michael, fue procesado tras intercambiar disparos con
un buque de la marina británica que había entrado en las “aguas territoriales”
de Sealand. Finalmente fue absuelto al haber sido en aguas internacionales. Más
“grave” fue el golpe de Estado de 1978 efectuado por el primer ministro Achenbach
aprovechando que Roy I no estaba y manteniendo cautivo a Michael, liberándolo
más tarde en Países Bajos.
Esta plataforma y sus aguas circundantes son el Principado de Sealand. No suele haber más de cinco personas en el mismo a la vez.
Roy I recuperó el
control de Sealand usando un helicóptero y mantuvo cautivos a los participantes
en el golpe de Estado, que fueron repatriados exceptuando a un alemán con
pasaporte de Sealand, que fue acusado de alta traición. El gobierno alemán
solicitó a Reino Unido su liberación pero este se abstuvo de intervenir al no
estar en sus aguas nacionales. Así, Alemania envió a Sealand a un representante
diplomático a negociar con Roy I, quien finalmente cedió a permitió que el
ciudadano alemán pudiera irse. De paso, aprovechó para afirmar que Alemania
había reconocido a su principado con esa visita de la embajada alemana, algo
que obviamente Berlín no vio así.
Achenbach proclamó en
Alemania un gobierno en el exilio, que continúa existiendo hoy en día. Mientras,
Roy falleció en 2012 y le sucedió su hijo Michael. A pesar de mantener esta
fantasía, la realidad es que nadie de la “familia real” de Sealand vive
permanentemente en esa fría plataforma del mar del Norte sino que viven en
Reino Unido y tienen pasaporte británico. Eso sí, la torre siempre está ocupada
por uno o más encargados que aseguran la “soberanía” de Sealand. Y hablando de
soberanía, desde 1987 Sealand ya está en las aguas británicas, que fueron
ampliadas mar adentro, ante lo cual el “gobierno” de Sealand no reclamó. En 2006 sufrió un grave
incendio que no afectó a la estructura de la plataforma, y que necesitó
realizar reparaciones.
Lo curioso de esta
gran “frikada” es que ellos se lo toman tan en serio como que tienen su propia
página web (la cual además está muy bien: http://www.sealandgov.org/),
en la que expiden títulos nobiliarios de Sealand (Lord, Lady, Barón y Baronesa),
que se pueden comprar desde 30 libras esterlinas. Eso sí, Sealand tiene su
propia moneda: el dólar de Sealand, acuñado desde 1972 en cantidades muy modestas
como es lógico. Tiene paridad con el dólar estadounidense. También ha expedido
sellos a partir del traspaso de la gestión de la plataforma a la inmobiliaria
española Inmonaranja (ya estábamos tardando mucho los españoles en salir en
esta historia, ya que ¡solemos estar en todas las salsas!).
La Moneda de Sealand: dólares.
Por último, Sealand
también tiene su propia selección de fútbol, que juega partidos contra otras
micronaciones o Estados no reconocidos, como Somalilandia (Somalia) u Occitania
(Francia).
Sealand no es la
única micronación que existe y, aunque sea difícil creerlo, es la más “seria” y
conocida, ya que otras de sus correligionarias son aún más cómicas. Destaca el
Imperio de Aerica, creado por un niño, Eris Lis, que la ha mantenido con los
años y reclama toda la Tierra y zonas de Plutón y otros planetas (casi nada). Otro
caso llamativo es el Reino Gay y Lésbico de las Islas del Coral, que reclama
todas las islas del mar del Coral, al noreste de Australia, y que son una
expresión del nacionalismo queer, que asegura que los homosexuales son un
pueblo aparte (madre mía).
Otros casos son
Minerva, que fue un atolón en el Pacífico creado por un millonario de Las Vegas
para evitar pagar impuestos pero cuyo intento fue sofocado por Tonga (este sí
es un país verdadero). En Estados Unidos es llamativa la República de Molossia,
dirigida como una dictadura bananera por el dueño de la casa y parcela que la
constituyen y que se autoproclamó su presidente. Molossia hasta tuvo una “guerra”
con la Alemania del Este y con otra micronación, Mustachistán, que declaró que
Molossia era de su territorio. Todos locos.
"Frontera" de Molossia con EEUU. El cartel indica "Bienvenido a la República de Molossia, una nación independiente y soberana. A partir de este punto usted no está en territorio de los Estados Unidos. Se aplican las leyes y el pasaporte molossianos.





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