jueves, 4 de febrero de 2016

La triste historia en torno a Jerusalén



Jerusalén es una ciudad milenaria que lleva casi toda su historia siendo codiciada por múltiples pueblos y religiones y ese estatus problemático hace que, siendo una ciudad santa para las tres grandes religiones monoteístas, ello pueda ser visto más como una maldición que como una bendición. 

Es ciudad santa para judíos, cristianos y musulmanes en la actualidad. Y esa santidad que la hace tan codiciada se debe principalmente hacia dos pequeñas colinas que hay en el centro de la ciudad, capital declarada tanto de Israel como de Palestina, que no es reconocida por la ONU para el Estado israelí (las embajadas están en Tel Aviv) y tampoco los israelíes reconocen que sea la capital de los palestinos, que provisionalmente la tienen en Ramala, situada al norte. 

Vista satelital de Jerusalén (Google Earth). Al la derecha, el Monte del Templo o Moriah, a la izquierda el monte Gólgota, ocupado por la Iglesia del Santo Sepulcro.


Las dos colinas que mencionaba son los montes Moriah y Gólgota. El primero puede confundirse con el monte del Templo, aunque no todos los especialistas están de acuerdo con esto. Habría sido el marco en el que Abraham, obedeciendo a Dios, se dispuso a sacrificar a su hijo Isaac. Es una de las escenas más tremebundas de la Biblia (Antiguo Testamento, que los cristianos comparten con los judíos) pero termina bien: un ángel retiene en el último momento el brazo de Abraham e Isaac sobrevive ya que es solo una especie de test con el que Dios puso a prueba a Abraham y a su fe. 

Unos metros al oeste, la fama del Gólgota (del arameo “cráneo”) también está relacionada con un hecho sobradamente conocido: la crucifixión de Jesús de Nazaret, predicador judío que vivió a comienzos del S. I en la zona y que para los cristianos fue el Mesías e hijo de Dios, condición que niegan los judíos. 

Iglesia del Santo Sepulcro sobre antiguo monte Gólgota.


El destino de los dos montes fue diferente. Con el paso de los siglos el Gólgota fue absorbido por la ciudad y al ser de escasa altitud desapareció en el S. IV bajo la bóveda de la iglesia del Santo Sepulcro, construida sobre la cueva considerada como la última y efímera morada de Cristo y en la que resucitó. Así, el Gólgota hoy está totalmente ocupado por esta iglesia, que en comparación con su vecina Moriah es muy tranquila ya que solo interesa a los cristianos y, salvo las rencillas entre las seis comunidades cristianas (católicos, ortodoxos, armenios, coptos, siríacos y etíopes), no hay mayores problemas. 
 Vista aérea del Monte del Templo o Moriah, llamado por los musulmanes Explanada de las Mezquitas, destacando la Cúpula de la Roca en su centro.

Caso distinto es Moriah, monte demasiado popular como para que le dejen en paz de una vez. Es venerado por el suceso ya mencionado del sacrificio de Isaac y los judíos le dieron aún más importancia por construir en él su primer templo, el de Salomón, en el S. X a. C. De este templo solo quedan rastros en la Biblia pero el segundo sí tomó forma efectiva cinco siglos más tardes y conoce varias evoluciones hasta su forma final en el templo de Herodes. Sin embargo, fue destruido en el año 70 d. C por los soldados de Tito después de una revuelta judía, tras la cual se inició el éxodo del pueblo hebreo por todo el Mediterráneo. De él solo queda la muralla de contención levantada por Herodes para sostener la explanada sobre la que se erigía el templo. Esta muralla en su parte oeste se denomina “muro occidental” pero es más conocida por el Muro de las Lamentaciones, lugar de importante significación para los judíos. 

Muro de las Lamentaciones, límite oeste del monte del Templo o Moriah.


Por todo ello, este monte de Moriah es el sancta santórum para los judíos. Por suerte, los cristianos no les hacen competencia actualmente (aunque en el pasado sí mostraron algo de interés) y, por otro lado, el Islam a priori tampoco presentaba demasiados intereses ya que los musulmanes sitúan el sacrificio de Isaac en Arabia, al igual que sus principales lugares santos: La Meca y Medina. Sin embargo…aunque el Corán no lo mencione explícitamente Jerusalén, la costumbre ha querido que el monte del Templo (o Moriah) fuera una etapa del isra y miraj, el viaje nocturno durante el cual el profeta Mahoma voló al cielo junto al ángel Gabriel. Esto hace que el monte tenga el rango de tercer lugar santo del Islam, que le da el nombre de Explanada de las Mezquitas, debido a la presencia de la Cúpula de la Roca y de la mezquita de al-Aqsa, ambas construidas en el S. VII. Además, su acceso está restringido para los no musulmanes. 

Todo ello convierte no solo a la ciudad sino a la región entera en un polvorín casi continuo desde la Edad Media. La instrumentalización política de las Sagradas Escrituras de las tres religiones, los intereses nacionalistas y otras razones de diversa índole hacen que lo que debería ser un lugar de convivencia y respeto entre religiones esté sumido permanentemente en una tensión continua que hace que las historias más bonitas e interesantes se conviertan en horrorosas.

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