Jerusalén es una
ciudad milenaria que lleva casi toda su historia siendo codiciada por múltiples
pueblos y religiones y ese estatus problemático hace que, siendo una ciudad
santa para las tres grandes religiones monoteístas, ello pueda ser visto más
como una maldición que como una bendición.
Es ciudad santa para
judíos, cristianos y musulmanes en la actualidad. Y esa santidad que la hace
tan codiciada se debe principalmente hacia dos pequeñas colinas que hay en el
centro de la ciudad, capital declarada tanto de Israel como de Palestina, que no
es reconocida por la ONU para el Estado israelí (las embajadas están en Tel
Aviv) y tampoco los israelíes reconocen que sea la capital de los palestinos,
que provisionalmente la tienen en Ramala, situada al norte.
Vista satelital de Jerusalén (Google Earth). Al la derecha, el Monte del Templo o Moriah, a la izquierda el monte Gólgota, ocupado por la Iglesia del Santo Sepulcro.
Las dos colinas que
mencionaba son los montes Moriah y Gólgota. El primero puede confundirse con el
monte del Templo, aunque no todos los especialistas están de acuerdo con esto. Habría
sido el marco en el que Abraham, obedeciendo a Dios, se dispuso a sacrificar a
su hijo Isaac. Es una de las escenas más tremebundas de la Biblia (Antiguo
Testamento, que los cristianos comparten con los judíos) pero termina bien: un ángel
retiene en el último momento el brazo de Abraham e Isaac sobrevive ya que es
solo una especie de test con el que Dios puso a prueba a Abraham y a su fe.
Unos metros al oeste,
la fama del Gólgota (del arameo “cráneo”) también está relacionada con un hecho
sobradamente conocido: la crucifixión de Jesús de Nazaret, predicador judío que
vivió a comienzos del S. I en la zona y que para los cristianos fue el Mesías e
hijo de Dios, condición que niegan los judíos.
Iglesia del Santo Sepulcro sobre antiguo monte Gólgota.
El destino de los dos
montes fue diferente. Con el paso de los siglos el Gólgota fue absorbido por la
ciudad y al ser de escasa altitud desapareció en el S. IV bajo la bóveda de la
iglesia del Santo Sepulcro, construida sobre la cueva considerada como la
última y efímera morada de Cristo y en la que resucitó. Así, el Gólgota hoy
está totalmente ocupado por esta iglesia, que en comparación con su vecina
Moriah es muy tranquila ya que solo interesa a los cristianos y, salvo las
rencillas entre las seis comunidades cristianas (católicos, ortodoxos,
armenios, coptos, siríacos y etíopes), no hay mayores problemas.
Vista aérea del Monte del Templo o Moriah, llamado por los musulmanes Explanada de las Mezquitas, destacando la Cúpula de la Roca en su centro.
Caso distinto es
Moriah, monte demasiado popular como para que le dejen en paz de una vez. Es venerado
por el suceso ya mencionado del sacrificio de Isaac y los judíos le dieron aún
más importancia por construir en él su primer templo, el de Salomón, en el S. X
a. C. De este templo solo quedan rastros en la Biblia pero el segundo sí tomó
forma efectiva cinco siglos más tardes y conoce varias evoluciones hasta su
forma final en el templo de Herodes. Sin embargo, fue destruido en el año 70 d.
C por los soldados de Tito después de una revuelta judía, tras la cual se
inició el éxodo del pueblo hebreo por todo el Mediterráneo. De él solo queda la
muralla de contención levantada por Herodes para sostener la explanada sobre la
que se erigía el templo. Esta muralla en su parte oeste se denomina “muro
occidental” pero es más conocida por el Muro de las Lamentaciones, lugar de
importante significación para los judíos.
Muro de las Lamentaciones, límite oeste del monte del Templo o Moriah.
Por todo ello, este
monte de Moriah es el sancta santórum para los judíos. Por suerte, los
cristianos no les hacen competencia actualmente (aunque en el pasado sí
mostraron algo de interés) y, por otro lado, el Islam a priori tampoco
presentaba demasiados intereses ya que los musulmanes sitúan el sacrificio de
Isaac en Arabia, al igual que sus principales lugares santos: La Meca y Medina.
Sin embargo…aunque el Corán no lo mencione explícitamente Jerusalén, la costumbre
ha querido que el monte del Templo (o Moriah) fuera una etapa del isra y miraj,
el viaje nocturno durante el cual el profeta Mahoma voló al cielo junto al
ángel Gabriel. Esto hace que el monte tenga el rango de tercer lugar santo del
Islam, que le da el nombre de Explanada de las Mezquitas, debido a la presencia
de la Cúpula de la Roca y de la mezquita de al-Aqsa, ambas construidas en el S.
VII. Además, su acceso está restringido para los no musulmanes.
Todo ello convierte
no solo a la ciudad sino a la región entera en un polvorín casi continuo desde
la Edad Media. La instrumentalización política de las Sagradas Escrituras de
las tres religiones, los intereses nacionalistas y otras razones de diversa
índole hacen que lo que debería ser un lugar de convivencia y respeto entre
religiones esté sumido permanentemente en una tensión continua que hace que las
historias más bonitas e interesantes se conviertan en horrorosas.




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