Messenger, ese
servicio de comunicación por Internet en los ordenadores, muere el próximo mes
de octubre de manera definitiva después de resistir atrincherado en China. Ya desde
el año pasado Messenger había desaparecido en el resto del mundo después de
años de perder usuarios a favor de las redes sociales y de servicios semejantes
como Skype, marca que precisamente absorbió Messenger (y por la que nunca he sentido predilección, quizá por haber suplantado a la red de mis años 2000).
Atrás quedaban
catorce años de uso de un servicio que me acompañó en mi adolescencia. Por la
noche recuerdo que todos íbamos poniéndonos en “ausente” a la hora de cenar,
creando una curiosa comunidad. Horas con el ordenador utilizando Messenger, hablando
con amigos cuando tan solo un rato después ibas a verlos en persona.
Los estados,
los emoticonos, los avatares… y los zumbidos, términos nacidos con Messenger y
que aún hoy utilizamos en las actuales redes sociales (aunque el zumbido, esa
eficaz herramienta para recordar a tu interlocutor que estabas ahí si veías que
te ignoraba, ha desaparecido con Messenger: demasiado agresivo para los estándares
de la sociedad líquida en la que vivimos).
Como todo en
la vida, iba a tener su principio y su final. En esta era digital hay algo que
he aprendido, y es que todo es muy volátil y dura solo unos años. Ahora son Whatsapp,
Facebook y Twitter los reyes de los servicios de comunicación pero, ¿para
siempre? Parece impensable hoy que estas redes puedan desaparecer pero os
aseguro que en 2006 nadie habría pensado que Messenger solo ocho años después
iba a desaparecer superado por otros y sin que nadie le eche en falta.


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