Aunque suene ligeramente a Juego de Tronos, este es el
nombre con el que se denomina comúnmente en historiografía a los cinco núcleos
que existieron en la Península Ibérica entre los siglos XIII y XV y, de hecho,
es interesante porque es un término que ya se utilizó en esa época por lo que
no es una denominación a posteriori (como Reconquista, por ejemplo, que data
del siglo XIX).
Al final de la
Alta Edad Media, alrededor del siglo X, el territorio cristiano de la Península
estaba formado por el reino asturleonés (cuyo núcleo original había sido
Covadonga y desde allí se había ido expandiendo por lo que hoy en Asturias y
después Galicia y León), el condado de Castilla (independizado de León con Fernán
González), el reino de Pamplona (que incluía no solo Navarra sino también Aragón
y los condados de Sobrarbe y Ribagorza) y los condados orientales catalanes,
que aún dependían directamente de los francos.
En la zona
musulmana destaca la existencia de un poderoso Estado unitario, primero emirato
y desde 929 califato, con plenos poderes de la dinastía Omeya. En 1031, después
de años de pugnas, se desintegra surgiendo multitud de pequeños reinos llamados
de taifas. Es entonces cuando en la zona cristiana se da un proceso evolutivo y
los núcleos comentados se reducen a cinco: el Reino de Portugal, el Reino de
Castilla, el Reino de León, el Reino de Navarra y la Corona de Aragón. El término
“los cinco reinos” hace referencia al principio a estos cinco reinos cristianos
pero, con la unificación definitiva de Castilla y de León en 1230 pasa a
incluirse posteriormente al Reino de Granada como quinto reino, después de que
las taifas fueran derrotadas una a una.
La constitución
de estos cinco reinos no será sencilla ya que entre los reyes de la época había
una concepción puramente patrimonial de sus reinos, lo que motivaba que, a la
muerte de un monarca, éste repartiese sus territorios entre sus hijos,
impidiendo así el mantenimiento de Estados estables. Esto perdura hasta el
siglo XIII, cuando se recoge por escrito que la sucesión pasa íntegra al hijo
primogénito y, en caso de morir éste, al siguiente en edad. Si solo tenía
hijas, le sucedía la mayor y, en caso de muerte, la siguiente en edad como en
los varones. Sin embargo, en Navarra y Aragón las mujeres podían heredar el
trono, pero no ejercer el poder, lo cual hacía el bajulus, un hombre que solía
ser su marido o tutor. En los condados orientales catalanes las mujeres
directamente no podían heredar y solo en Castilla y Portugal podían gobernar
por sí solas, aunque hubo pocos casos (ejemplo, Urraca de Castilla).
Por último, en
caso de que el rey muriese sin hijos, le sucedían sus hermanos o hermanas (con
prioridad a los hombres). Y en caso de no haber ningún heredero posible, el
cargo era elegido por la nobleza, en una cierta reminiscencia de la monarquía
electiva visigoda.
REINO DE
NAVARRA
Desde el año
1087 el reino de Pamplona pasa a llamarse de Navarra. Al comenzar el siglo XI
es el reino cristiano más importante, durante el reinado de Sancho III el
Mayor. Este rey además controlaba el primitivo Aragón y era conde consorte de
Castilla. Sin embargo, como ya hemos visto, a su muerte siguió la tradición y
repartió el reino entre sus hijos: Navarra, Aragón, Castilla y los condados de
Sobrarbe y Ribagorza. Con esta división acaba la hegemonía de Navarra pero en
1076 volvió a unirse a Aragón pero después de una conjura que coloca al rey de
ese territorio como rey también de Navarra, por lo que ésta pasaba a tener una
relación de dependencia y no de dominancia.
El 1134 muere
Alfonso I de Aragón sin descendencia y los nobles navarros eligen como rey a
García IV el Restaurador.
A partir de
entonces Navarra inicia su historia independiente de los demás reinos pero con
fuertes influencias de ellos ya que queda encajonado entre fuertes vecinos:
Castilla, Aragón y Francia. Mantendrá la independencia de facto hasta 1515, cuando
es anexada por Castilla, aunque mantendrá su condición de reino hasta la década
de 1830.
CORONA DE ARAGÓN
A la muerte de Alfonso I el Batallador, los
nobles de Aragón eligen como su sucesor a Ramiro II, su hermano. Éste era
monje pero a pesar de ello los nobles le
eligen como rey. Para ello deja los hábitos y se casa para tener heredero. Fruto
de esa unión nace una hija, Petronila. Esto causa un problema porque Ramiro no
quería ser rey y había retomado los hábitos. Como en Aragón las mujeres no podían
gobernar, se la busca un marido que actúe de bajulus. Así, se firma un
compromiso matrimonial entre Petronila, entonces aún un bebé, con Ramón
Berenguer IV, conde de Barcelona y de otros condados catalanes (ya independientes
de los francos). Éste comienza a gobernar Aragón como bajulus. Este matrimonio
será el que una de manera definitiva Aragón y los condados catalanes a pesar de
que Ramón Berenguer IV nunca fue rey de Aragón (la reina nominal era
Petronila). El hijo de ambos ya heredó todos los territorios. Esta unión es
solo dinástica porque cada zona mantendrá sus leyes, lenguas, moneda, etc, dando
lugar a la tan compleja Corona de Aragón.
CORONA DE CASTILLA
Y LEÓN
Entre los
siglos XI y XIII hubo interés de unir ambos reinos y, de hecho, hubo dos
unificaciones fallidas hasta que en 1230 quedan definitivamente unidos bajo
reinado de Fernando III el Santo.
Primero,
Fernando I, hijo de Sancho III el Mayor, quien había heredado Castilla, pasó a
ser rey consorte de León uniendo ambos reinos por primera vez hasta que a su
muerte se repartieron los territorios. El segundo intento fue inmediatamente
posterior ya que en el reparto los hermanos entrarán en guerra y el
superviviente, Alfonso VI, conseguirá ambos reinos en una unión que se mantuvo
hasta 1157 con Alfonso VI, Urraca I y Alfonso VII como reyes. A la muerte de
este último volvieron a dividirse por reparto (como se ve, esta tradición
pesaba mucho).
En 1217 muere
el rey Enrique I de Castilla y le sucede Berenguela, su hermana, quien renuncia
a ser reina y da sus derechos a su hijo Fernando III, uno de sus hijos con el
rey de León, Alfonso IX. A la muerte de éste en 1230, Fernando III hereda también
León y así se produjo la unión definitiva. Al principio cada reino mantuvo sus
leyes y Cortes pero, poco a poco, se fueron fusionando y ya en el siglo XIV no
había distinciones entre ellos.
REINO DE
PORTUGAL
Desde finales
del siglo IX los territorios al sur del río Miño del reino asturleonés se convirtieron en un condado llamado
Portucale (por la ciudad de Porto). Al frente había un conde a las órdenes del
rey de León.
A mediados del
siglo XI comenzó ciertas tendencias separatistas que se concretaron en 1095,
cuando Alfonso VI entregó el condado a Enrique de Borgoña, en recompensa por su
lucha contra el Islam como cruzado. Además, le casa con su hija Teresa, quien
aportará como dote el condado portugués. El matrimonio apoyará al rey leonés a
cambio de una autonomía cada vez mayor y será con su hijo, Alfonso Enríquez, el
que a partir de 1139 comienza a usar el título de rey. La oposición inicial de Alfonso
VII de Castilla y León cede cuando Enríquez acepta ser su vasallo, que perdurará
hasta 1179, cuando en rey portugués deja de ser vasallo de su vecino para serlo
solo del Papa y así garantizar su plena independencia.
REINO DE
GRANADA
Se formó en la
tercera fase de reinos de taifas, después de la derrota de los almohades frente
a los cristianos. Lo fundó Ibn al-Ahmar en 1232 y lo expandió desde Arjona
hacia las actuales provincias de Granada, Jaén, Málaga, Almería y parte de Cádiz
trasladando pronto su capital a Granada.
Es curioso cómo
este reino (o, mejor dicho, emirato, ya que su líder era un emir de la dinastía nazarí) sobrevivió
hasta 1492 como último reducto musulmán en la Península. Ello se debió a varios
factores: por su situación geográfica en parte montañosa y en parte con valles
muy fértiles, que le garantizaban poder exportar productos y conseguir fondos
para pagar tributo de vasallaje a los cristianos; por su intensa actividad
diplomática, con la que se convirtieron en vasallos de Castilla y León pagando
grandes parias (tributos) que llegaban a 300.000 monedas de oro anuales; y por
el apoyo de los benimerines, pueblo bereber del norte de África, con el que
comerciaba y con el que obtenía ayuda militar. Los benimerines no intentaron
conquistar la Península, como sí hicieron en el pasado almorávides y almohades.
Por último, la supervivencia de Granada también se debió a la crisis de la Baja
Edad Media, que afectó duramente a Castilla.
Nota: Para la redacción de este post me he ayudado de mis apuntes de la asignatura La Formación de las Sociedades Hispánicas (Siglos V-XV). Para más información: cesar_valleinclan@hotmail.com
Nota: Para la redacción de este post me he ayudado de mis apuntes de la asignatura La Formación de las Sociedades Hispánicas (Siglos V-XV). Para más información: cesar_valleinclan@hotmail.com




.svg.png)

Como se formaron los cincos reinos de la edad media
ResponderEliminar