Bandera de Checoslovaquia, con los tradicionales colores paneslavos. Fue heredada por la República Checa.
Con este nombre tan
peculiar los historiadores llaman a la separación definitiva de checos y
eslovacos en 1993, tras decidirlo de mutuo acuerdo el año previo. Acababa así
la historia de Checoslovaquia, un país surgido de las ruinas del Imperio
Austrohúngaro en 1919 y que había existido hasta entonces, con la salvedad de
la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis separaron forzosamente a ambos
pueblos.
El divorcio entre
checos y eslovacos se precipitó después de la caída del comunismo en
Checoslovaquia, como consecuencia de la caída del Muro de Berlín y el desplome
del bloque del Este. Sin embargo, la división ejemplar del país entre los dos pueblos
no se debió exclusivamente al fin del comunismo, como veremos en este artículo.
Escudo federal de Checoslovaquia: aparecen las armas checas (el león de Bohemia) y las eslovacas (la doble cruz de plata)
Por mucho que desde
otros países los veamos como gente idéntica, checos y eslovacos habían tenido
un pasado muy distinto. Las regiones de Bohemia y Moravia (que forman junto a
parte de Silesia la actual República Checa) fueron una región muy rica y
próspera durante la Edad Media, cuando formaron parte del Sacro Imperio Romano
Germánico. En el siglo XIX fueron de las pocas zonas altamente industrializadas
en Europa Central y, con ello, el motor económico del Imperio Austrohúngaro. Así,
los checos disfrutaron de una mayor autonomía desde Viena y su capital, Praga,
era uno de los centros artísticos del continente.
Vista de Praga. Su pasado medieval queda reflejado, así como su poderío de antaño.
Los eslovacos, por el
contrario, no podían presumir de tener una rica Historia a sus espaldas. Habían
estado tradicionalmente gobernados por Hungría y se les consideraba desde
Budapest simples campesinos de habla eslava en una región salvaje al norte del
país. Las pocas ciudades de la zona estaban pobladas por alemanes, húngaros y
judíos principalmente y la más destacada estaba en el extremo oeste de la
región, a orillas del Danubio, y se solía llamar Presburgo. Solo con la
independencia de Checoslovaquia, con los eslovacos como segundo grupo del país
tras los checos, la ciudad pasó a comenzar a estar habitada por los nativos y
comenzó a llamarse Bratislava, nombre que mantiene hoy en día.
La Checoslovaquia del
periodo de Entreguerras fue una democracia pero que favorecía a los checos,
quienes tenían los mejores puestos en el gobierno. Eslovaquia era básicamente
una provincia pobre y olvidada por Praga. Así, cuando llegaron los problemas,
Checoslovaquia desapareció del mapa. Los ciudadanos de habla alemana que vivían
en la región fronteriza entre Bohemia y Alemania (los llamados Sudetes),
apostaron por unirse al nuevo Tercer Reich de Hitler y los eslovacos escucharon
con agrado los discursos populistas de sus líderes locales, que hablaban de
independencia.
Vista de Bratislava, capital eslovaca. Situada en el extremo occidental del país, durante mucho tiempo estaba habitada más bien por alemanes, húngaros y judíos.
Hitler primero se hizo
con los Sudetes en 1938 y, en marzo de 1939, decidió anexionarse lo que quedaba
del país: Bohemia y Moravia, mientras que para Eslovaquia decidió permitir la
creación de un Estado títere y autoritario. El hecho de estar sometida a los nazis
hizo que tras la guerra la opción de una Eslovaquia independiente quedase
descartada por el trauma de haber colaborado en el Holocausto, entre otros
crímenes.
Tras ser liberada por
los soviéticos, Checoslovaquia resurgió de sus cenizas cual ave fénix. Los sospechosos
de ser nacionalistas eslovacos fueron reprimidos por verlos como simpatizantes
de la antigua Alemania Nazi[i].
Como el resto de países
de Europa del Este, Checoslovaquia tras la Segunda Guerra Mundial quedó
gobernada por los comunistas y sometidos a las directrices de la Unión
Soviética, siendo miembro del Pacto de Varsovia y del CAME[ii]. Pronto
el gobierno comunista se dio cuenta de que incentivar el nacionalismo podía ser
una buena arma de cohesión estatal. En las reformas de 1968, las cuales fueron
finalmente oprimidas por Moscú salvo esta, se planteó la creación de un Estado
federal formado por dos repúblicas, la checa y la eslovaca.
División territorial checoslovaca en época comunista, igual a la que posteriormente se decidió en 1992.
Incluso los comunistas
comenzaron a favorecer a Eslovaquia, fomentando su desarrollo: al haber menos
coches y televisiones que pudiesen tentarlos hacia Occidente, los eslovacos
comenzaron a recibir un trato de favor y sufrieron muchas menos purgas y
represión que los checos, más urbanitas y rebeldes[iii].
Por tanto, teniendo en
cuenta esta historia previa, no es extraño que la ruptura de Checoslovaquia
tras la caída del comunismo en 1989 fuese un hecho a medio plazo. Había una
mutua animadversión que solo el férreo gobierno socialista había logrado
silenciar.
Sin embargo, contra
todo pronóstico la división tardó más de lo previsto. Entre 1989 y 1993, las
encuestas de opinión reflejaron que la mayoría de checos y eslovacos preferían
mantener Checoslovaquia, aunque con reformas. Tampoco los políticos apostaban a
priori por dividir el país sino por una federación.
Las primeras elecciones
libres fueron en 1990 y la cuestión nacional quedó en un segundo plano. Tanto
en Chequia como en Eslovaquia los nacionalistas estuvieron en un segundo plano,
por detrás de democristianos, comunistas, verdes, etc. En Eslovaquia, el
Partido Nacional solo tuvo un 11 % de votos.
No obstante, pronto
surgieron desavenencias entre checos y eslovacos por motivos económicos: los
primeros apostaban por una liberalización rápida del país y una total apertura
al capitalismo, mientras que los eslovacos creían que era necesario un proceso
más lento ya que la mayoría dependían del empleo que proporcionaban las
fábricas y minas estatales. Eslovaquia pasaba a ser una “losa” para Praga.
Entre 1991 y 1992
checos y eslovacos tuvieron largas negociaciones para acordar una constitución
descentralizada y federal. Sin embargo, el líder eslovaco, Mečiar, decidió
asumir el populismo nacionalista alertando contra los riesgos privatizadores,
contra la posible incorporación de Eslovaquia a Hungría, etc. Así, ganó
ampliamente las elecciones federales de 1992. Al mismo tiempo, en la zona checa
ganaron los nacionalistas y democristianos, que tampoco iban a lamentar la
división del país. Solo el presidente federal, Havel, mantenía unida a
Checoslovaquia.
Las negociaciones se
estancaron ante las ganas, no disimuladas, de los líderes checo y eslovaco de
dirigirlas hacia la ruptura. Así, finalmente en julio de 1992 los eslovacos
adoptaron una nueva bandera, una constitución y el nombre de República Eslovaca.
Los dos líderes acordaron amistosamente la división definitiva del país el 1 de
enero de 1993. Ese día, Checoslovaquia desapareció y sus dos repúblicas pasaron
a ser Estados independientes. Quedaba atrás una unión de casi 70 años.
Bandera de Eslovaquia.
En los siguientes diez
años no se sabía realmente si la división había sido buena o mala: ambos países
tenían una economía frágil pero no había realmente nostalgia de la antigua
Checoslovaquia: la solución no había sido brillante pero tampoco el pasado. El papel
de los dos líderes fue clave para la separación y podría haber ocurrido que,
con más tiempo, se hubiese llegado a un acuerdo federal, centrándose en intentar
el ingreso en la Unión Europea, lo cual consiguieron ambas repúblicas en 2004. Pero
eso, como se suele decir, es ya Historia ficción frente a lo real: el Divorcio
de Terciopelo.
BIBLIOGRAFÍA
BIBLIOGRAFÍA
JUDT, T. Postguerra. Una historia de Europa desde 1945. Madrid: Taurus, 2012.
VVAA. Historia Universal Contemporánea. Barcelona: Ariel, 2010.
[i] Incluso
era una grave acusación que suponía un juicio e incluso la cárcel.
[ii] Consejo
de Ayuda Mutua Económica, más conocido por sus siglas en inglés, COMECON. Era una
organización internacional de cooperación económica entre los países del bloque
comunista, aunque en la práctica en sus inicios fue un medio de explotación por
parte de la URSS a los países miembros. Una Liga de Delos contemporánea, aunque
eso es otra historia.
[iii] Esto
comenzó a crear inquina desde Praga hacia Eslovaquia. Incluso los profesores
eslovacos que trabajaban en la zona checa eran menospreciados por los padres de
los alumnos, que les acusaban de ser unos provincianos e incompetentes.







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