Dimisión y destrucción



Rajoy besa a Cifuentes el pasado lunes en la entrega del Premio Cervantes en la Universidad de Alcalá.


Dimisión o moción de censura. Era lo que se esperaba que pasase con la hasta ahora presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, cuya dimisión pedí hace solo unos días debido a la obtención claramente irregular de su máster. Podía haber dimitido y haberse ahorrado insistir en la mentira a la ciudadanía y en una salida lamentable del gobierno. 

Y es que Cifuentes parecía que prometía: liberal e incluso progresista, ha condenado e intentado regenerar su partido del lodazal de corrupción que le afectaba en la Comunidad de Madrid gracias al “legado” de sus predecesores, Esperanza Aguirre e Ignacio González, este último incluso encarcelado por corrupción. Impuso un nuevo estilo de gobierno y todo parecía indicar que tenía un prometedor futuro en la derecha española, barajándose que llegase a ser incluso presidenta del Gobierno algún día. 

Pero esta popularidad y el ser un verso suelto en el partido (llegó incluso a intentar instaurar las elecciones primarias para elegir a los candidatos del partido) le condujo al enfrentamiento directo con Mariano Rajoy, presidente de la formación y del Gobierno. Rajoy, el principal responsable de la corrupción de su propio partido, cuyo nombre apareció en los papeles de comisiones ilegales del ex tesorero, es indudablemente el principal obstáculo para la reforma del PP, pero sigue teniendo el poder en el mismo, y Cifuentes era una adversaria. 

No pocos consideran que la revelación del máster irregular, que fue obtenido sin esfuerzo ni mérito alguno según todos los indicios, provino de “fuego amigo”, es decir, de los enemigos de Cifuentes dentro del partido, y en absoluto de la oposición. Parecía sospechoso que este caso del máster se revelase justo ahora y no antes, ya que el título se le concedió en 2012. 

Cifuentes, pese a este escándalo, hizo lo que hace la mayoría de políticos españoles: intentar resistir en el cargo a toda costa aun a pesar de su evidente culpabilidad. Y aquí volvemos al principio: dimisión o moción de censura. Se esperaba una dimisión “limpia” de la presidenta, que según ella misma estaba prevista para el mismo día 2 de mayo, fiesta de la Comunidad de Madrid; o, en su defecto, que la moción de censura auspiciada por el PSOE, con apoyo de Podemos, fuese apoyada indirectamente por Ciudadanos, hasta ahora socio de Cifuentes, con una abstención o directamente votando a favor. 

Pero los enemigos de Cifuentes parece que no han querido esperar más y han optado por una tercera vía: la destrucción absoluta de su rival, manchando la política madrileña y superando todos los límites de la indecencia. 

Aprovechando un video de Cifuentes de 2011, en el que aparecía teniendo que devolver unas cremas que había sustraído previamente en un supermercado de Vallecas, se ha procedido a su eliminación definitiva. Un medio de comunicación se ha hecho eco del video (que supuestamente no debería existir por ley pasado este tiempo) y todo se ha precipitado: Cifuentes ha dimitido definitivamente, con un carrera política, antaño prometedora, acabada para siempre. Para la ciudadanía siempre será la mentirosa del máster o la ladrona del supermercado, aun teniendo un buen sueldo en esa época (era vicepresidenta de la Asamblea de Madrid), lo cual evidentemente es muy censurable pero no hasta el punto de destruir a una persona.

Había pedido la dimisión de Cifuentes, sí, pero por considerar que había faltado a la verdad. Una dimisión sincera, admitiendo sus errores y salvando su honor, lo cual ella misma ha descartado al insistir en mantenerse en el cargo. Pero este ensañamiento de los enemigos de Cifuentes dentro del PP, además de ser innecesario (su dimisión era ya un hecho o, si no, la moción de censura), ha demostrado una vez más el carácter mafioso de algunos de sus miembros y que Rajoy no debe seguir ni un día más al frente del país porque, una de dos, o es el responsable de estos vergonzosos acontecimientos, o los ignora totalmente. Un casi mafioso o un ignorante cándido como presidente del Gobierno. ¿Qué puede ser peor?

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