2100, señora Cifuentes


Esa cifra no tiene nada de enigmático, señora presidenta de la Comunidad de Madrid: se trata simplemente de lo que me costó mi máster de Formación de Profesorado en ESO y Bachillerato, en el pasado curso 2014-15. En ese momento, los másteres estaban a precios prohibitivos, más aún de lo que siguen estando ahora. De hecho, mi máster al ser habilitante y profesionalizante es el más barato, los hay que superan ampliamente los 5000 euros por curso. 

Por eso el caso de su máster es especialmente molesto para mí, señora Cifuentes. Todos los indicios apuntan a que usted no realizó ese máster, pero sí que recibió un supuesto título a cambio. Sin ir a clases, ni hacer exámenes ni, por supuesto, hacer el condenado Trabajo de Fin de Máster (TFM), que a mi tantos disgustos me supuso (y que ahora no viene a cuento contar). 

El ex director de su máster sobre Derecho autonómico dice que usted no hizo dicho máster y las supuestas firmantes del acta de entrega de TFM dicen que sus firmas están falsificadas. El rector de la Universidad Rey Juan Carlos (que también debe asumir sus responsabilidades) ha abierto una investigación y está dispuesto a dejarle caer. ¿A qué espera, señora Cifuentes? Le han descubierto la mentira, por mucho que se empeñe en mantenerla. 

Cuando usted llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid, parecía que un nuevo Partido Popular podía llegar a existir. Algunos sabíamos que usted era parte de la vieja guardia, en realidad. Se afilió a las Nuevas Generaciones de Alianza Popular en los 80 y lleva años siendo diputada en la Asamblea de Madrid, pero, al menos, le dimos la opción de demostrar cambios. Alguno ha habido, no se lo voy a negar: ha demostrado tener simpatías hacia colectivos hasta hace dos días despreciados por su partido, como el LGTBI. Además, se sale de la ortodoxia católica, monárquica y conservadora de su formación, al declararse liberal, atea y republicana. 

Pero nada de esto puede ocultar un hecho que parece probado según todos los indicios hasta la fecha: que nos ha mentido. No solo a sus votantes, sino a todos los madrileños, a los que debe su cargo de presidenta autonómica. Y eso no se lo podemos permitir, porque al igual que muchos hemos cumplido con lo que se nos exige, es decir, obtener un máster a base de nuestro trabajo diario para poder trabajar, usted tenía que haber hecho lo mismo, y no buscar vergonzosos atajos, tratos de favor ni abusos. Si quiere una salida digna, señora presidenta, dimita ya y no se convierta en una caricatura de lo que, se suponía, iba a eliminar.

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