Las primeras
conversaciones para formar gobierno tras las elecciones del 26 de junio están
comenzando a parecerse mucho a las surgidas tras las de diciembre de 2015. Como
en un día de la marmota especialmente desagradable, los ciudadanos vemos cómo
las posturas están tan encontradas que a corto plazo (un mes) no parece que
vayan a llegar a buen puerto, es decir, a la formación de un gobierno tras
siete meses de parálisis.
El PP ganó
ampliamente las elecciones de junio, eso es incontestable. Pero sus 137 escaños
se quedan muy lejos de la mayoría absoluta, que está en 176 de los 350
diputados del Congreso. Es el segundo peor resultado del PP (el peor fue el de
diciembre con 123 escaños) desde 1993, cuando tuvo 141. Ante esto, el PP y su
líder, el presidente en funciones Mariano Rajoy, deben negociar de una vez y no
reclamar que les apoyen solo por haber ganado las elecciones.
En ningún país de
nuestro entorno se forma gobierno sin pasar por una negociación. En Reino Unido
el ahora primer ministro saliente, David Cameron, tuvo que negociar con los
Liberal Demócratas un gobierno en 2010 ante su insuficiente victoria electoral.
En Alemania Merkel ha tenido que pactar tres veces sus gobiernos con los
socialdemócratas y con los liberales (actualmente gobierna en gran coalición
con los socialdemócratas). En Italia Matteo Renzi, del Partido Democrático,
gobierna junto al centro-derecha tras pactar con ellos el ejecutivo.
Como se ve, pactos ha
habido en Europa de sobra ante victorias insuficientes en las urnas. Pero para
ello ha habido que ceder y negociar, no reclamar sin más un apoyo a cambio de
nada. En esto último está ahora el PP, que espera una sumisión de PSOE y C’s
amparándose en que no haya unas terceras elecciones y en el interés de España. Un
interés que poco pareció importar a Rajoy y al PP tras las elecciones de
diciembre y en la fallida XI Legislatura.
A día de hoy el PSOE
insiste en votar en contra de Rajoy, una postura que, en principio, no es
inamovible. Ciudadanos, por su parte, ha anunciado que votará en contra de
Rajoy en primera votación y se abstendrá en segunda. Mucho para un presidente y
partido que no se han comprometido en nada de momento.
¿Y Unidos Podemos,
tercer actor en este vodevil? Poco que decir. De momento siguen insistiendo en
tener más de un grupo parlamentario, aún sabiendo que el reglamento del
Congreso se lo impide al no haber competido electoralmente entre ellos sino al
revés.
En definitiva, para
evitar unas terceras elecciones que llevarían a España a hacer el ridículo
internacional y a una parálisis indefinida, todos los partidos deben intentar
poner de su parte y ceder, pero especialmente el vencedor de las elecciones,
que está instalado en un rigor mortis que, a día de hoy, no presagia nada
bueno.


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