El régimen
dictatorial de Francisco Franco, iniciado en 1939 tras su victoria en la Guerra
Civil, se vio puesto contra las cuerdas en 1945. Ese año acababa la Segunda
Guerra Mundial con la derrota total de los antaño aliados de Franco, la
Alemania Nazi y la Italia fascista. Ambas le apoyaron activamente en nuestra
guerra y, aunque el dictador español no llegase a participar directamente en la
contienda mundial, sí les dio un apoyo económico y envió al frente ruso a la
División Azul.
Así, el régimen tuvo
que cambiar desesperadamente para asegurarse su continuidad y no provocar a los
aliados. De ahí que Franco reformara su gobierno ese mismo año y redujera el
peso del partido único, Falange, que había sido la principal partidaria de los
fascismos. A cambio, dio más peso a los católicos en su gobierno, intentando
presentar a España de cara al exterior como un país católico y no fascista.
Así mismo, se procuró
mostrar una imagen más amable del régimen y por ello se aprobaron ese año dos
de las llamadas Leyes Fundamentales del Franquismo: el Fuero de los Españoles,
que permitía unos ciertos derechos civiles a la población; y la Ley de
Referéndum Nacional, que establecía los mecanismos para la celebración de
consultas a la ciudadanía, referendos que en realidad serían simples armas de
la dictadura para apoyarse en el extranjero.
En todo el Franquismo
solo hubo dos referendos. El primero se celebró en 1947 para aprobar la Ley de
Sucesión en la Jefatura del Estado. La misma establecía que España era un
reino, pero sin rey, y que Franco sería el jefe del Estado con carácter
vitalicio y, además, podría elegir a su sucesor puesto que las Cortes de la
época eran solo un pseudoparlamento que en realidad no disponía nada al margen
del dictador. Para apoyar esta ley y, con ella, al régimen, se convocó un
referéndum el día 6 de julio de 1947.
En todo momento se procuró incitar a los electores al "sí".
La pregunta que se
planteó a los hombres españoles mayores de edad fue: “¿Aprueba el proyecto de Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado?”.
Según el gobierno participó el 89 % de los electores y de ellos un 93 % votó a
favor, un 4.7 % en contra y un 2.3 % en blanco. Obviamente el referéndum fue
solo un pucherazo con el objetivo de reforzar la posición de Franco y mostrar
al extranjero en plena época de aislamiento internacional que España tenía
mecanismos parecidos a los de las democracias (hay que recordar que el régimen
se autodefinía como “democracia orgánica”, aunque estuviese a años luz de ser
un régimen democrático).
Portada de La Vanguardia tras el referéndum: como no podía ser de otra manera, también en Barcelona ganó el sí ampliamente.
El segundo
referéndum-pucherazo del Franquismo se celebró el 14 de diciembre de 1966. En
esa ocasión el objetivo era también reforzar al régimen con una supuesta
consulta popular sobre una Ley Fundamental, la Ley Orgánica del Estado, la cual
disponía la separación de la jefatura del Estado y la del Gobierno (aunque Franco
siguió manteniendo ambas hasta 1973), la incorporación de 102 procuradores de
las Cortes electos por el llamado tercio familiar (un tercio de los
procuradores podían ser votados por los padres de familia, en otro intento de
intentar mostrar que España era una “democracia”) y el asentamiento de la
monarquía en el país.
La pregunta planteada
fue: “¿Aprueba el proyecto de Ley
Orgánica del Estado?”. En este caso el régimen aseguró que la participación
fue del 100 % al ser obligatorio votar, de los cuales un 95,05 % de los votos
fueron afirmativos, un 2,47 % negativos (pensarían que algún “no” debía haber
para que colara) y otro 2,47 % en blanco. El contexto era muy diferente al de
1947: España en 1966 estaba en pleno desarrollismo y el gobierno estaba en manos
sobre todo de tecnócratas católicos y estaba plenamente reconocido en el
exterior.
Cartel propagandístico pidiendo el sí en el referéndum de 1966. Se identificó a la Ley Orgánica del Estado con la misma figura de Franco.
Así vemos cómo los
primeros referendos de la Historia de España fueron meros pucherazos para que
el régimen franquista se justificara en el extranjero y aumentara su fuerza en
el interior, mostrando cómo la población “apoyaba” a Franco. Esto muestra cómo
una consulta popular puede ser un arma de doble filo, incluidas las celebradas
en democracias plenas. Un ejemplo reciente es el famoso Brexit: solo un 52 % de
los electores británicos ha decidido que el 100 % se vea obligado a salir de la
Unión Europea. Significativo, ¿no?















