Bandera de Ucrania
Hay países que parece
que, por desgracia, tienen muy mala suerte. Ucrania, del que vamos a hablar en
este post, es uno de ellos. Su situación en Europa puede hacer pensar de
primeras que, al menos, no tiene tan mala suerte como el África Subsahariana. Podemos
considerar que es una mala suerte diferente, herencia de muchas décadas de
penurias y, por supuesto, de un clima en el que nieva la mitad del año y hace
la vida muy dura.
Ucrania tiene una
historia que se remonta a la Edad Media, cuando se comenzaron a formar los
primeros Estados en Europa del Este con influencia del cristianismo ortodoxo,
aunque en la Edad Moderna cayó bajo dominio de la pujante Rusia. En la Edad
Contemporánea nunca fue un país independiente antes de la disgregación de la
Unión Soviética en 1991. Sí lo había intentado en el caos de la Revolución de
1917, sin éxito.
Así, Ucrania tuvo que
sufrir el régimen soviético desde sus inicios. Se convirtió en una república
dentro de la URSS, supuestamente autónoma pero que, en realidad, no decidía
nada, quedando todas las decisiones relevantes en manos del Kremlin y del
aparato central del Partido Comunista. La llegada de Stalin al poder inició una
cruel dictadura que para Ucrania supuso una experiencia traumática: una
hambruna entre 1932 y 1933 provocada por los soviéticos y que mató a 3,5
millones de ucranianos. Esta hambruna se originó por el proceso de
colectivización forzosa realizado por el gobierno comunista. Los millones de
fallecidos en Ucrania hacen que actualmente este horrible suceso sea llamado
Golodomor (en ucraniano literalmente “matar de hambre”).
Portada del periódico Daily Express, en la que trata la hambruna en Ucrania con el titular "El horror de Ucrania".
Pero este genocidio
no fue el único que tuvieron que soportar los ucranianos en esos años. Solo una
década después llegó la ocupación, breve pero muy cruenta, de Ucrania por los
nazis, entre 1941 y 1943. Allí, los invasores hicieron cosas terribles:
masacres de población de manera aleatoria, violaciones y destrucción de
pueblos. La zona fue recuperada por los soviéticos y se inició una lenta
reconstrucción.
En los años 50 llegó
la industrialización, sobre todo el este de Ucrania. La muerte de Stalin mejoró
las cosas para los ucranianos y ciudadanos de otras repúblicas y se inició una
época de crecimiento y mejora de la calidad de vida que, aún así, siguió
estando muy por debajo de los estándares occidentales.
Sin embargo, otra
desgracia esperaba con los años, quizá la peor: la catástrofe de la central
nuclear de Chernóbil en 1986. Uno de sus reactores explotó, liberando abundante
radiación a la zona norte del país y a la vecina Bielorrusia debido al viento
imperante esos días. Las ciudades más cercanas a la central fueron rápidamente
evacuadas (Prípiat y Chernóbil, hoy ciudades fantasma) y la heroica
intervención de los llamados liquidadores hizo que se pudiera frenar la
expulsión de radiactividad. Sin embargo, el daño estaba ya hecho y esa región
al norte del país ha quedado contaminada para los próximos 100.000 años y,
obviamente, deshabitada. El problema con la central continúa: no se sabe cómo
está reaccionando el material radiactivo en el interior del reactor (los demás
reactores de la central fueron clausurados) y la única solución de momento es
enterrarlo mediante un gigantesco sarcófago que estará listo el año que viene
(el antiguo se está derrumbando por el desgaste de los años) y que en principio
resistirá cien años más.
La ciudad de Prípiat, que llegó a contar con 49.000 habitantes, actualmente está completamente abandonada.
Solo cinco años
después de la catástrofe nuclear llegó la independencia de Ucrania y las demás
repúblicas soviéticas ante el colapso de la URSS. Un sistema que había
reprimido a sus ciudadanos durante sesenta años moría pero la democratización
de estos países no iba a ser nada fácil y, de hecho, sigue siendo muy débil. En
el caso de Ucrania, desde el principio el país se dividió entre los partidarios
de europeizarse y los que preferían estrechar los lazos con Rusia, principal
república de la antigua URSS y que pretendió desde el principio recuperar el
imperio soviético, esta vez con una economía de mercado y con un supuesto
sistema democrático que dista mucho de serlo.
Así, Ucrania atravesó
varios gobiernos hasta que ganaron las elecciones los pro occidentales de
Yúschenko en 2005. Los pro rusos llegaron a intentar asesinarle envenenándole
pero sobrevivió y fue presidente entre 2005 y 2010. Durante su mandato se
acercó a la Unión Europea. Pese a esto, en las elecciones de 2010 volvieron al
poder los pro rusos de Yanukóvich, quien se acercó a Putin y reprimió a la
oposición. A finales de 2013 no firmó el acuerdo con la Unión Europea y se
iniciaron fuertes protestas en la capital, Kiev, contra la tendencia pro rusa. A
principios de 2014 las protestas se radicalizaron y exigieron el fin del
gobierno de Yanukóvich, quien al final tuvo que huir a Rusia. Fueron liberados
los opositores en prisión y se inició una transición.
El problema es que
Rusia no aceptó estos hechos y decidió, de manera unilateral, apoderarse de la
península de Crimea, parte de Ucrania desde hacía décadas pero de población
rusófona. Este hecho fue rechazado por Occidente pero no inició una guerra
aunque sí un rebrote de la Guerra Fría que se mantiene hoy en día con Ucrania
en el centro. Además, Rusia desestabilizó de manera más o menos directa
regiones del este ucraniano más partidarias de acercarse a Rusia que el resto
del país (Donetsk y Lugansk), que se secesionaron iniciando una guerra civil.
Mapa con los conflictos iniciados en Ucrania en 2014: al sur Crimea, anexada rápidamente por Rusia y al este dos regiones secesionadas aún en guerra civil.
Por tanto, la mala
suerte y las penurias no acabaron en Ucrania con la independencia sino que, por
desgracia, continúa hoy en día sin que parezca que se atisbe una solución que
permita vivir en paz a los ucranianos, que malviven en su mayoría con un PIB per
cápita de unos 4000 dólares anuales.





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