Ayer a las
21:30 horas de la noche en París, capital francesa, comenzaba el horror. Un horror
que en Europa se ha vivido antes, en Madrid, en Londres y en la misma París,
aunque allí sin llegar al extremo de fanatismo y terror que se dio anoche.
Una serie
de atentados simultáneos, que todo indica que han sido responsabilidad del
Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés), sembraron París de muertos,
alrededor de 120 según las últimas estimaciones, lo que convierte a estos
atentados en los segundos más sangrientos de Europa tras el 11-M en Madrid.
Los
ataques, cerca de un estadio de fútbol, contra varios bares y en una sala de
fiestas, no son solo contra personas sino contra nuestro modo de vida, contra
la civilización y el bienestar. Fueron ataques contra el ocio de las personas,
y aunque fueron en París podían haber sido en cualquier otra ciudad, porque
nuestro modo de vida al fin y al cabo es muy parecido: los fines de semana
salimos y nos queremos divertir.
Esto último
no lo entienden los fanáticos, con un pensamiento más propio del siglo XI que
del XXI, basado en sufrir en esta vida ya que la verdadera está tras la muerte.
Por ello los terroristas de anoche no dudaron en suicidarse o en caer abatidos
antes que en entregarse a la policía. Contra ese pensamiento radical y bárbaro es
muy difícil luchar, al igual que contra su terrorismo.
Así, dentro
de los atentados, es especialmente estremecedor el ataque a la sala de fiestas,
en la que había cien personas, que fueron hechas rehenes. Finalmente, los
terroristas los masacraron y ha habido más de 70 muertos solo en ese punto, en
un suceso dantesco y estremecedor.
Sin embargo,
al igual que en Madrid apretamos los dientes y seguimos adelante tras el terror
y la matanza del 11-M (diferente en el modus operandi, contra transporte público,
como en Londres, pero igual en cuanto a dramáticas consecuencias) estoy seguro
de que los parisinos resistirán y para ello contarán con el apoyo de todos los
europeos y ciudadanos decentes y compasivos que habitamos en el mundo y que,
por suerte, somos amplia mayoría en este planeta que tanto ruido hace a pesar
de su insignificancia en el cosmos. DEP.


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