viernes, 10 de julio de 2015

Portugal, el gran desconocido





Este julio he estado visitando por primera vez Portugal, ese pequeño país vecino de España que es un gran desconocido no solo para los españoles sino para los europeos en general. 

Existen una serie de tópicos sobre Portugal que, desgraciadamente, se mantienen en nuestras mentes, tan a menudo reacias a admitir que están equivocadas. Portugal no es un país en el que no haya nada que visitar ni es un país mucho más pobre que España a simple vista. Hay que excavar, visitar sus pueblos, hablar con sus gentes y ver de cerca la sociedad lusa. 

En primer lugar, hay que destacar que Portugal es, efectivamente, un país de pequeña extensión. Atravesarlo de lado a lado lleva un par de horas aproximadamente y ello permite que el contacto entre los portugueses sea fluido e intenso. Si algo he admirado de ellos es el sentimiento de unidad y nación en común que tienen. A la vez me ha permitido contrastarlo, tristemente, con España, un país que ha fracasado como nación pero sigue, siglo tras siglo, sin destruirse a sí mismo a pesar de los abundantes intentos de todo signo político para lograrlo. 

En segundo lugar, Portugal es efectivamente un país más pobre que España. Fuera de Lisboa y Porto se percibe cierto aire de decadencia en ciudades medias como Coimbra o Évora, sumidas en pleno proceso de renovación de cara a un turismo que parece que en Portugal es incipiente y en plena expansión. Portugal puede ofrecer desde playas excelentes en el Algarve, su zona sur (la Andalucía local, distinta y con personalidad propia respecto al resto del país), a una oferta cultural muy rica en sus grandes ciudades y turismo que allí parece que aún no se ha desarrollado, como el rural o el de montaña, pero que puede ofrecer. Por otro lado, sí es cierto que se ve en sus trenes o autobuses muchos años de uso pero quizá lo que no es buena idea es cambiarlos regularmente como hacemos en España si su funcionamiento es correcto, algo que solemos hacer, en una cultura de despilfarro que ahora con la crisis parece que estamos cambiando. 

Vista satelital de la espectacular localización de Lisboa en la desembocadura del río Tajo (Tejo).


En tercer lugar, Portugal tiene ofertas turísticas que son simple y llanamente espectaculares. Destaco varias: Lisboa, como capital nacional, es increíble y supera con mucho las expectativas. No es una gran metrópoli (Madrid es mucho más grande y poblada) pero su situación en el estuario del Tajo, su arquitectura, su Castelo de Sao Jorge, sus míticos tranvías, su Ponte 25 de Abril tan semejante al Golden Gate de San Francisco… la hacen irresistible para el visitante; cerca de Lisboa tenemos la ciudad de Sintra, situada en un paraje natural de enorme belleza y en la que se emplaza el Palacio da Pena, que transporta a las Crónicas de Narnia o a Memorias de Idhún en un segundo ya que parece más un palacio de fantasía que uno real; en el norte portugués tenemos la ciudad de Porto (Oporto en castellano), segunda en importancia del país, con un río Duero (o Douro) impresionante y que nada tiene que envidiar al Támesis o al Sena debido a su gran anchura y caudal, y cruzado por puentes tan preciosos como el de Dom Luis I, decimonónico y que transporta a otra época solo con verlo. 
Finalmente, también en el norte, tenemos la ciudad que fue la primera capital de Portugal, Guimarães, en la que se puede encontrar un palacio de estilo normando que nunca habría imaginado que pudiera existir en la Península Ibérica, el Pazo dos duques de Braganza, sede de la antigua casa real portuguesa. 
 Vista de Porto (izquierda) y del Ponte Dom Luis I en el río Duero (Douro).

Por último, hay que señalar que los portugueses son algo distintos de los españoles. Son extremadamente educados en general y no faltará amabilidad por su parte al visitante. Por otro lado, los portugueses suelen hablar bien idiomas y no es porque sean más habilidosos que los españoles sino que lo achaco a que las películas y series extranjeras se emiten en su idioma original con subtítulos en portugués y no las doblan como es habitual en España. Esto permite una adquisición de otras lenguas mayor que en nuestro país. Por otro lado, el portugués fonéticamente hablando es más complejo que el español y por ello a nosotros nos cuesta más entenderles cuando hablan mientras que para ellos el español es bastante sencillo. 

Finalmente, destacar que Portugal es un país que merece mucho la pena y que no deja indiferente sino al revés, motiva a volver, lo cual haré en un futuro.

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