Este julio he estado visitando por primera vez
Portugal, ese pequeño país vecino de España que es un gran desconocido no solo
para los españoles sino para los europeos en general.
Existen una serie de tópicos sobre Portugal que,
desgraciadamente, se mantienen en nuestras mentes, tan a menudo reacias a
admitir que están equivocadas. Portugal no es un país en el que no haya nada
que visitar ni es un país mucho más pobre que España a simple vista. Hay que excavar,
visitar sus pueblos, hablar con sus gentes y ver de cerca la sociedad lusa.
En primer lugar, hay que destacar que Portugal es,
efectivamente, un país de pequeña extensión. Atravesarlo de lado a lado lleva
un par de horas aproximadamente y ello permite que el contacto entre los
portugueses sea fluido e intenso. Si algo he admirado de ellos es el
sentimiento de unidad y nación en común que tienen. A la vez me ha permitido
contrastarlo, tristemente, con España, un país que ha fracasado como nación
pero sigue, siglo tras siglo, sin destruirse a sí mismo a pesar de los
abundantes intentos de todo signo político para lograrlo.
En segundo lugar, Portugal es efectivamente un
país más pobre que España. Fuera de Lisboa y Porto se percibe cierto aire de
decadencia en ciudades medias como Coimbra o Évora, sumidas en pleno proceso de
renovación de cara a un turismo que parece que en Portugal es incipiente y en
plena expansión. Portugal puede ofrecer desde playas excelentes en el Algarve,
su zona sur (la Andalucía local, distinta y con personalidad propia respecto al
resto del país), a una oferta cultural muy rica en sus grandes ciudades y
turismo que allí parece que aún no se ha desarrollado, como el rural o el de
montaña, pero que puede ofrecer. Por otro lado, sí es cierto que se ve en sus trenes
o autobuses muchos años de uso pero quizá lo que no es buena idea es cambiarlos
regularmente como hacemos en España si su funcionamiento es correcto, algo que
solemos hacer, en una cultura de despilfarro que ahora con la crisis parece que
estamos cambiando.
Vista satelital de la espectacular localización de Lisboa en la desembocadura del río Tajo (Tejo).
En tercer lugar, Portugal tiene ofertas turísticas
que son simple y llanamente espectaculares. Destaco varias: Lisboa, como capital nacional, es
increíble y supera con mucho las expectativas. No es una gran metrópoli (Madrid
es mucho más grande y poblada) pero su situación en el estuario del Tajo, su
arquitectura, su Castelo de Sao Jorge, sus míticos tranvías, su Ponte 25 de
Abril tan semejante al Golden Gate de San Francisco… la hacen irresistible para
el visitante; cerca de Lisboa tenemos la ciudad de Sintra, situada en un paraje natural de enorme belleza y en la que
se emplaza el Palacio da Pena, que transporta a las Crónicas de Narnia o a
Memorias de Idhún en un segundo ya que parece más un palacio de fantasía que
uno real; en el norte portugués tenemos la ciudad de Porto (Oporto en castellano), segunda en importancia del país, con
un río Duero (o Douro) impresionante y que nada tiene que envidiar al Támesis o
al Sena debido a su gran anchura y caudal, y cruzado por puentes tan preciosos
como el de Dom Luis I, decimonónico y que transporta a otra época solo con
verlo.
Finalmente, también en el norte, tenemos la ciudad que fue la primera
capital de Portugal, Guimarães, en la que se puede encontrar un palacio
de estilo normando que nunca habría imaginado que pudiera existir en la
Península Ibérica, el Pazo dos duques de Braganza, sede de la antigua casa real
portuguesa.
Vista de Porto (izquierda) y del Ponte Dom Luis I en el río Duero (Douro).
Por último, hay que señalar que los portugueses
son algo distintos de los españoles. Son extremadamente educados en general y
no faltará amabilidad por su parte al visitante. Por otro lado, los portugueses
suelen hablar bien idiomas y no es porque sean más habilidosos que los
españoles sino que lo achaco a que las películas y series extranjeras se emiten
en su idioma original con subtítulos en portugués y no las doblan como es
habitual en España. Esto permite una adquisición de otras lenguas mayor que en
nuestro país. Por otro lado, el portugués fonéticamente hablando es más
complejo que el español y por ello a nosotros nos cuesta más entenderles cuando
hablan mientras que para ellos el español es bastante sencillo.
Finalmente, destacar que Portugal es un país que
merece mucho la pena y que no deja indiferente sino al revés, motiva a volver,
lo cual haré en un futuro.




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