
no sonseír a los
problemas, no luchar
por lo que quieres,
abandonarlo todo
por miedo,
no convertir en realidad
tus sueños.
Pablo Neruda
Tras más de
una década de gobierno laborista (equivalente a socialista) en Reino Unido, el partido está acabado para ellos. Gordon Brown, actual primer ministro de Gran Bretaña, está hundido en un profundo cenagal compuesto por múltiples factores: crisis económica, euro escepticismo tradicional del país, enfrentamientos continuos con dirigentes de su propio partido, rechazo general de la población y la opinión pública…y sobre todo la larga sombra de su predecesor Tony Blair.
A no ser que haya un milagro los laboristas perderán el gobierno del país el año que viene. Ya las europeas de este año fueron un precedente desagradable para Brown: los laboristas no quedaron primeros. Ni segundos. Quedaron terceros detrás de conservadores y liberales. Un profundo descalabro del que los conservadores se aprovecharon.
A no ser que Brown remonte y tape las lagunas de su partido, el próximo inquilino del número 10 de Downing Street se llamará David Cameron.
FRANCIA: BAILANDO AL RITMO DE NICOLÁS
Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, sabe perfectamente cómo gobernar su país. Francia es un país profundamente republicano y luchador. Las huelgas de Francia son terribles, los franceses tienen un carácter perseverante y les gusta cumplir sus objetivos. “Sarko”, como le llaman algunos medios de comunicación, sabe eso y lo aplica. El presidente de Francia es un hombre profundamente activo e hiperactivo, no para. Sólo hay que ver cuando Francia tuvo la presidencia europea en el
segundo semestre de 2008. Sarkozy aparecía más las televisiones españoles que nuestro propio presidente.
Además de su propio carácter y méritos, hay que destacar que Sarkozy tampoco tiene una oposición significativa: la oposición socialista es una nulidad, el PS está dividido en varias facciones que están luchando entre ellas, es la llamada “travesía del desierto”.
Se puede augurar un largo reinado para el hiperactivo Sarkozy, todopoderoso presidente de Francia.
Es uno de los personajes del año. El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, ha copado las portadas de los periódicos varios días durante este año. Y no es para menos. En sólo unos meses el carismático y popular político italiano, propietario de Tele 5 y del Milán C.F ha pasado a ser rechazado por gran parte de la sociedad italiana. Su carácter populista y de la “vieja guardia” le hacen ser profundamente machista.
Sin embargo su decadencia no es fruto de los medios de comunicación ni de la débil oposición italiana sino de sus propios escándalos. El más destacado del año fue el escándalo de las prostitutas en su propia villa de Cerdeña. Se le fotografió con varias de las “velinas” y esas imágenes dieron la vuelta al mundo. Su popularidad quedaba fuertemente lastrada y hasta
El culmen de este rechazo social que ha conseguido el “papito” (nombre con el que le denominaban las prostitutas) llegó al máximo en los últimos días en los que fue agredido por un ciudadano con problemas mentales y tuvo que ser ingresado en un hospital por las heridas que recibió. El populismo tiene un precio.
ALEMANIA: DISCRETA PERO ARRASA
No
enzarza en duros combates con la oposición ni hace declaraciones problemáticas internacionalmente. Más bien pasa desapercibida en la escena internacional. Su imagen gris y hasta su vestimenta común no dicen mucho de esta política. Pero una cosa son las apariencias y otra muy distinta la mente. Y Merkel tiene una mente completamente despejada, es una mujer que controla perfectamente todos sus movimientos y no hace nada impulsivamente, lo reflexiona.
Merkel puede considerarse la cara completamente opuesta a Berlusconi. Pu
ede ser discreta en imagen pero influye de forma determinante en la escena internacional. Aliada con Francia, el tándem París-Berlín puede conseguir muchos de sus objetivos. A pesar de la animadversión de Merkel hacia el hiperactivo Sarkozy.
Una muestra de esa capacidad de victoria es la victoria abrumadora de su partido,
Tras su históri
ca victoria de noviembre de 2008 y su designación oficial como presidente de los Estados Unidos de América, el país más poderoso del mundo, Barack Obama comenzó a trabajar. Consciente de la gran responsabilidad y las grandes ilusiones hechas en la población estadounidense tras ocho años de una administración agresiva ejercida por los sectores neoliberales de George W. Bush, había esperanza de un cambio. Obama supo crear esa imagen de cambio. Es un hombre muy carismático y sabe ejercer plenamente su liderazgo.
A pesar de las múltiples complicaciones de su primer año de gobierno, Obama ha sabido mantener el tipo. Ha comenzado a desmantelar la cruel prisión de Guantánamo, ha realizado un plan de retirada de Irak, ha reforzado sus relaciones con Europa y Rusia, se ha despegado de las políticas de su predecesor, EEUU ha salido de la recesión económica, etc. Pero estuvo a punto de encallarse seriamente con una reforma que en EEUU nunca antes se ha conseguido: la reforma sanitaria, con el objetivo de proporcionar una sanidad también para las personas que no tengan los suficientes recursos para pagar un médico privado. Lo que en España parece sencillo con
En definitiva, aún le queda mucho por hacer a Obama, pero con esas dosis de apoyo puede hacerlo sin problema, suerte señor Obama.
ESPAÑA: EL TALANTE NO SACA DE LA CRISIS
El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, es un hombre carismático, inteligente y, sobre todo, muy tolerante. Sus medidas sociales han beneficiado mucho a España (un país tradicionalmente católico) y la han colocado a la cabeza del progreso mundial. Sin embargo, su política económica parece que le va a desbancar.
España es un país muy sensible a las crisis económicas y el sector más perjudicado es el desempleo. El gran problema para España en la actualidad es la enorme tasa de Paro del país (más del 18 %) y las políticas de Zapatero, aunque van en buena dirección, no logran imponerse. El país se está deslizando a un pozo peligroso del que hay difícil salida y, por tanto, la población mira a su timonel, Zapatero, para salir de la crisis. El timonel comienza a ver los efectos electorales de la crisis: perdió las elecciones europeas y en todas las encuestas aparece por detrás de la oposición conservadora del Partido Popular que ya ha comenzado a resurgir de sus cenizas tras las guerras fratricidas.
Todo parece indicar que podría haber un cambio de gobierno en el futuro de continuar esta situación. Esperemos que no sea así porque si no el sucesor de Zapatero, sea quien sea, no va a heredar nada. Los primeros síntomas de recuperación ya se están dando, aunque son muestras muy tímidas, quizá Zapatero, el presidente del talante, consiga volver a hacer crecer a nuestro país.
La presidenta de
En Madrid no tiene una auténtica oposición, el Partido Socialista es débil y está muy fracturado lo que hace pensar que el liderazgo de Esperanza continuará más allá de 2011 para bien o para mal según de qué lado se vea.

Esto es tan así que la hipótesis básica de la estrategia de Mariano Rajoy, como ha señalado Carlos E. Cué en este diario, es que el Gobierno acabará en manos del PP a la próxima porque le "toca" en la secuencia de la alternancia. Por este motivo, el absentismo ideológico y programático de Rajoy es virtud táctica. Esperar es suficiente para él. El PP no necesita detallar un programa contra la crisis económica, en especial cuando la izquierda gobernante ha sido incapaz de proponer una lectura convincente de sus causas y, sobre todo, de proponer y comunicar políticas para encontrarle una salida. El dirigente popular, mejor director de campaña que candidato, gusta decir que las elecciones las pierden los gobiernos, más que ganarlas la oposición.
La segunda razón para recomendar un relevo es que la generación de un líder capaz de gobernar un ciclo de dos o tres legislaturas requiere casi otras tantas de aprendizaje en la oposición. Y ello tanto para asentarse en el propio partido y ser conocido por la opinión pública como para articular unas líneas maestras de acción de Gobierno y generar un sentido de inevitabilidad respecto al cambio.
La importancia de estos supuestos estructurales ya ha llevado a un presidente del Gobierno español a plantearse si debería aspirar a un tercer mandato. José María Aznar respondió afirmativamente, renunció a esa posibilidad y, al mismo tiempo, intentó, a través de Rajoy, la sucesión más audaz de nuestra democracia. Creyó posible encontrar una fórmula para prolongar las dos-tres legislaturas típicas de un ciclo de poder. Convergían para ello varias coyunturas: Zapatero estaba todavía en su primera etapa de meritorio opositor; el estilo de Rajoy podía ser más soportable para la población que el estilo abrasivo del propio Aznar, y la ideología conservadora estaba entonces en plena hegemonía mundial. Fueron tan extraordinarias las circunstancias que hicieron fracasar aquel intento de Aznar que no invalidan la pertinencia actual de la cuestión planteada: ¿no es lo más inteligente no aspirar a un tercer mandato?
Para afrontar hoy esta cuestión, hay también una razón específica a Zapatero: ya no tiene nada sustancialmente nuevo y distintivo que ofrecer. Lo que no ha tenido más remedio que hacer ya lo ha realizado: resistir en sus primeros cuatro años los intentos de deslegitimación de su triunfo del 14 de marzo de 2004; resistir en la segunda legislatura la laminación de derechos laborales bajo excusa de la crisis que pretenden los conservadores. Y lo que siempre quiso hacer, el epicentro de su visión del mundo y la clave de su posicionamiento electoral, esto es, los avances en derechos de ciudadanía, ya lo ha implementado en buena parte. Pero ahora es tan inverosímil imaginar a Zapatero liderando en la próxima legislatura un cambio de modelo productivo como a Rajoy encabezando la lucha contra la corrupción.
El PSOE tiene dos opciones. La primera es resignarse a la alternancia, sin tomar la iniciativa, que es lo que más conviene a Rajoy. Si éste vence a Zapatero en las próximas generales -a la fecha, el supuesto más racional para la formulación estratégica electoral-, la sucesión en el socialismo será enormemente complicada, al tener que efectuarse desde fuera del Gobierno y con la dificultad añadida de dos vacíos: el de poder que dejaría Zapatero por su ejercicio personalista del liderazgo y el ideológico de la izquierda. La izquierda, al haber pasado de usar la clase social como referencia de representación al vago concepto de ciudadanía, tiene retos de construcción de coaliciones sociales y de desarrollo de ideas-fuerza electorales muy complicados.
Una derrota de Zapatero puede abocar al PSOE a una travesía del desierto similar a la de sus correligionarios franceses, italianos o alemanes. Obviamente, en el menos realista escenario de triunfo socialista con Zapatero, habría sucesión en el PP, pero lo más probable es que emergiera con rapidez un nuevo liderazgo en ese partido (no faltan candidatos; de hecho, lo que inquieta hoy a algunos dirigentes conservadores es, precisamente, el saber que quien lidere al PP en los próximos comicios muy probablemente gobernará España). Los intereses del statu quo conservador son más nítidos que los progresistas y es más fácil articular liderazgos para su defensa. En caso de perder las elecciones, la sucesión será más fácil para la derecha que para la izquierda.
Por el contrario, lo que el PSOE puede hacer antes de las elecciones no lo puede hacer el PP: utilizar la carta de la sucesión en el liderazgo para tomar la iniciativa y cambiar la dinámica competitiva, algo que la derecha sólo puede realizar en un improbable horizonte de desastre en las próximas municipales y autonómicas.
Desarrollar estrategias es pensar en ciclos prolongados de gobierno. Esto es especialmente cierto para la izquierda, que sólo puede liderar transformaciones sociales desde períodos largos en el poder. Y lo interesante de la opción de que Zapatero no vuelva a presentarse es que funcionaría aunque el nuevo candidato socialista perdiera las próximas elecciones, ya que nadie puede realmente exigirle ganar a la primera. El flamante líder socialista avanzaría tiempo de meritorio opositor, anticiparía el siguiente ciclo socialista y podría desgastar desde el principio a Rajoy, quien, si se da el caso, llegaría al poder mucho más avejentado políticamente que en su día lo estaba Aznar también tras tres intentos.
El principal reto de Zapatero ya es su sucesión. Y porque el actual ciclo socialista es tan contingente a su persona debería proponer a alguien muy diferenciado: políticamente orientado a gobernar; ideológicamente enfocado a la economía; sociológicamente abierto a los grupos sociales que, embarcados en proyectos de movilidad vertical, tienen al mérito como seña de identidad y que han huido del PP en los últimos años, y electoralmente mucho más agresivo. Para acertar en esta decisión, Zapatero tendría que vencer uno de los sesgos cognitivos más persistentes: la llamada "reproducción homosocial", que empuja a elegir como sucesores a los semejantes. En esta elección, para Zapatero lo más virtuoso políticamente es lo más difícil psicológicamente.
En todo caso, su estatura en la historia democrática española se resolverá finalmente en cómo deja de ser presidente, un proceso que, dado el poder incontestado que ha acumulado en el PSOE, es de su exclusiva responsabilidad. Lo irónico es que este dominio, que tanto se le critica, es lo que puede hacer posible antes de las elecciones una sucesión no conflictiva en el PSOE. Una fortaleza competitiva de la que ahora carece el PP.
José Luis Álvarez, doctor en Sociología por la Universidad de Harvard, es profesor de ESADE.

La Constitución Española cumple hoy 31 años, pero tiene achaques. Así lo consideran ocho de cada 10 españoles (el 84%), para los que la norma fundamental necesita reformas. La Encuesta de Clima Social de Metroscopia refleja que una amplia mayoría (el 70%) querría incluir en el texto constitucional la regulación del uso del catalán, el euskera y el gallego en las comunidades autónomas en las que son oficiales. El 61% de los entrevistados la modificaría para dar voto en cualquier elección a los inmigrantes con permiso de trabajo y residencia, mientras que poco más de la mitad (el 51%) eliminaría la mención especial a la Iglesia católica.
En consonancia con la preferencia mayoritaria de aprobar cambios menores, entre las modificaciones no se encontraría la de la forma de Estado. La Monarquía parlamentaria sigue siendo el régimen favorito de los españoles -la prefiere el 66%-, un porcentaje que, con pequeños altibajos, se ha mantenido estable en los últimos 13 años. Los favorables a instaurar una hipotética tercera república reflejan, sin embargo, un incremento sostenido en ese mismo periodo. En los últimos años de la década pasada sus partidarios oscilaban entre el 11% y el 15%. En 2009 se han incrementado en 10 puntos y han dado el salto hasta el 25%, la cuarta parte del país.
La reforma favorita entre los encuestados es la regulación del uso de las lenguas cooficiales, demandada por siete de cada 10 españoles. Le sigue la de dar derecho al voto a los inmigrantes regularizados en cualquier elección -no sólo municipal o autonómica- con un apoyo del 61%, y la de abolir la pena de muerte también para tiempos de guerra -la actual redacción remite en ese caso a lo que establezcan las leyes penales militares-, preferida por el 56%. Más discutido (lo apoya el 51%) sería eliminar la referencia especial a la Iglesia contenida en el artículo que regula la libertad religiosa o la de la distinción entre nacionalidades y regiones.
Casi la mitad de los entrevistados (48%) blindaría las competencias del Estado para impedir nuevas transferencias a las comunidades autónomas y sólo el 36% derogaría el papel que la norma fundamental da al Ejército como garante de la unidad de España.
P.D: Aquí añado mi reconocimiento a Jordi Solé Tura, uno de los padres de la Constitución, que falleció el pasado 4 de Diciembre en Barcelona.


Bandera búlgara con los colores paneslavos, aunque sustituyendo el azul por el verde. El blanco representa la paz, el verde la fertilidad de...
