En el pasado tampoco estuvo demasiado claro. Y hoy lo está menos. En general, consideramos que Castilla es toda la región central de España, en especial la que comprenden actualmente las comunidades de Castilla-La Mancha, Madrid y Castilla y León.
Sin embargo, la historia del concepto de Castilla es mucho más antigua y compleja. Todo comenzó, como casi todo en Europa, en la Edad Media, en concreto alrededor del siglo IX. La zona más oriental del reino de León (sucesor directo del reino de Asturias) estaba desprotegida frente a los ataques de los musulmanes andalusíes, al no existir grandes ríos ni montañas que sirviesen como delimitación geográfica clara entre ambos espacios. Por ello, el reino de León decidió fortificar toda esa región, actuales provincias de Burgos y Soria, aproximadamente, con abundantes castillos. Debido a la presencia de estos, la zona acabó por denominarse Castilla.
Debido a esa propia idiosincrasia, la región terminó por conformarse como un condado dependiente de León con capital en Burgos. Otro elemento identitario, además de su geografía y localización, fue el comienzo de la lengua castellana en el triángulo entre las actuales provincias de Cantabria, Burgos y La Rioja como derivación del latín vulgar, en un proceso semejante al de otras lenguas peninsulares como el catalán, el gallego, el asturleonés o el aragonés.
En el siglo X un conde castellano, Fernán González, logró la autonomía de Castilla respecto a León, preparando el camino para la futura constitución como reino, que aún tardaría. Antes de eso, Castilla cambió de manos: de León a Navarra con Sancho III. Este monarca, que logró reunir bajo su corona a Navarra, Castilla y el primitivo Aragón, repartió su reino entre sus hijos a su muerte, pasando Castilla a manos de Fernando I, quien poco después consiguió la corona leonesa debido a su matrimonio con la hermana del rey leonés. Fue rey de León hasta el año 1065, cuando hizo lo mismo que su padre: dividir el reino entre sus hijos a su muerte. Castilla fue a parar a su hijo Sancho II, quien se convirtió oficialmente en el primer rey de Castilla como tal, ya que Fernando I lo había sido más de León.
Por tanto, vemos que la historia inicial de Castilla está muy ligada a la de León. Incluso cuando ambos reinos estaban separados, había grandes vínculos entre ellos. De hecho, después de la breve unión con Fernando I, Sancho II intentó reunificar los reinos de su padre. Lo logró y fue de manera efímera rey tanto de Castilla como de León hasta que murió en 1072, siendo sucedido por su hermano Alfonso VI, que también fue monarca de ambos reinos. Su hija, Urraca, le sucedió en el trono (en Castilla y León estaba permitido a las mujeres reinar) y a esta le sucedió su hijo, Alfonso VII. Este incluso se hizo proclamar imperator totius Hispaniae (emperador de todas las Españas), teniendo como vasallos a los reyes de Navarra y Aragón, así como el conde de Barcelona.
Sin embargo, de nuevo a su muerte sus reinos se separaron. Castilla pasó a Sancho III y León a Fernando II. Después de Sancho III, el monarca castellano fue Alfonso VIII, famoso por comandar al ejército de los reinos cristianos en la célebre batalla de las Navas de Tolosa contra los almohades, que derrotó de manera clave al ejército musulmán. Tras este fueron reyes Enrique I y, al morir este sin hijos, su hermana, Berenguela. Esta reina fue breve ya que abdicó a favor de su hijo, Fernando III. Y con él los reinos de Castilla y León acabarían reunificándose, esta vez para siempre.
Como vemos, los reyes poseían los reinos como si fuesen una propiedad más e incluso podían dividirlos a su muerte entre sus hijos. Era una concepción patrimonial de los reinos que retrasó unos siglos el proceso de creación del Estado en su concepción actual. Fue precisamente Fernando III el que puso la base de un nuevo tiempo al heredar primero Castilla de su madre y, más tarde, León de su padre, Alfonso IX. Esto, obviamente, no estaba previsto puesto que Berenguela no estaba inicialmente en la línea de sucesión castellana. En cualquier caso, Fernando III reunió a Castilla y León bajo su cetro en 1230 y desde entonces siempre han estado bajo un mismo gobernante.
Además, Fernando III a su muerte no dividió los reinos sino que ambos pasaron a su hijo Alfonso X, llamado el Sabio por su trabajo en favor de las artes y la cultura, además del impulso definitivo a la lengua castellana que, en estándares actuales, diríamos que pasó a ser la oficial con el latín, que poco a poco comenzó a estar en desuso.
Mapa de la Corona de Castilla y sus subdivisiones tradicionales en reinos como el mismo de Castilla o el de Toledo.
Desde entonces, la Corona de Castilla y León estuvo unida y, con los Reyes Católicos pasó a estar también unida dinásticamente con la Corona de Aragón, poniéndose las bases de lo que hoy es España. Ya desde el siglo XV Castilla era el reino más potente económicamente de la Península, posición que afianzó en el XVI. Portugal fue el único de los otros reinos que mantuvo la independencia de la Monarquía Hispánica.
Esta situación no cambió y España no nació legalmente hasta la llegada de los Borbones, que unificaron la legislación de todos los reinos hispánicos en un proceso de centralización a semejanza del de Francia. El castellano se extendió a toda la Península menos a Portugal y las otras lenguas perdieron parte de su peso.
En 1833 se crearon las provincias actuales y se fijaron unas regiones que no tenían competencias administrativas y se veían más como concepción geográfica, histórica y cultural. Castilla quedaba dividida en dos regiones: Castilla la Vieja, que incluía las provincias de Santander, Burgos, Logroño, Palencia, Valladolid, Ávila, Segovia y Soria; y Castilla la Nueva, que estaba formada por Madrid, Guadalajara, Cuenca, Toledo y Ciudad Real. Los nombres parecen claros: Castilla la Vieja debido a que fue donde se formó la Castilla primitiva en el norte peninsular, y Castilla la Nueva al haber sido conquistada a los musulmanes más tarde.
Esta situación se mantuvo a grandes rasgos hasta la Transición a la democracia. Con la creación de las comunidades autónomas, hubo que reorganizar el mapa territorial de España y Castilla, debido a su importancia histórica, siguió estando presente, aunque más fraccionada que en el pasado. Castilla la Vieja fue sucedida a grandes rasgos por la actual Castilla y León, que incluye también a las provincias de León, Zamora y Salamanca, anteriormente consideradas una región distinta. Las provincias de Santander y Logroño, no obstante, lograron constituirse como comunidades uniprovinciales con los nombres de Cantabria y La Rioja, aunque sus vínculos históricos y culturales con Castilla siguen existiendo.
En el sur hubo menos cambios. Castilla la Nueva fue sucedida por Castilla-La Mancha, llamada así por la comarca más extensa de toda España, La Mancha, que ocupa una parte importante de la comunidad, aunque no toda. De hecho, la provincia de Guadalajara no tiene nada de su territorio en La Mancha. Sin embargo, Madrid, debido a su población, su economía y su capitalidad estatal, pasó a ser una comunidad uniprovincial en interés de la nación, ya que nunca antes había existido como región diferenciada. Por el contrario, Albacete, que hasta entonces era parte de la Región de Murcia, pasó a Castilla-La Mancha al tener parte de su territorio en esa comarca.
Por tanto, hoy Castilla es un concepto algo difuso. Hay tres comunidades que se reconocen como castellanas, que son Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha. A estas se sumarían Cantabria y La Rioja como tradicionalmente castellanas, aunque podrían ampliarse por motivos históricos a Asturias, Extremadura y Murcia, aunque la Corona de Castilla incluyó también a Galicia, Euskadi, Andalucía y Canarias.
Por tanto, Castilla está todavía muy presente en la actualidad a pesar de su división, tanto en las comunidades de tradición castellana como en las demás que forman España debido a la importancia de la lengua castellana, que a la vez es una lengua global. Es definitiva, es un legado milenario.






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