La curiosa historia de los leones del Congreso



Llevan desde el siglo XIX franqueando y protegiendo la entrada principal del Congreso de los Diputados. Unas esculturas que todos los españoles conocen, pero de las que se ignoran muchos datos curiosos y la historia de cómo llegaron allí. 

Están realizados en bronce y sobre sendos pedestales a los lados de la escalinata de entrada en el Palacio de las Cortes, inaugurado en 1850 por la reina Isabel II. Los leones fueron apodados Daoiz y Velarde en honor de los héroes del levantamiento del 2 de mayo de 1808, muriendo ambos en el mismo. Los leones son tan populares que hasta aparecen en la imagen corporativa del Congreso. 

Hay que destacar que en el siglo XIX y parte del XX era habitual que España fuese simbolizada como un león, animal que además aparece en el escudo del país representando al reino de León. 

Sin embargo, los leones no estaban en el proyecto inicial del palacio, realizado por el arquitecto Narciso Pascual Colomer, quien también proyectó los diseños de las plazas de Oriente, de la Armería y del Campo del Moro. En su lugar, en los pedestales que hoy ocupan iba a haber dos farolas. No obstante, las farolas pronto fueron rechazadas por los diputados y por muchos ciudadanos, que consideraban que encajaban con la solemnidad del edificio. Así, se decidió la opción de los leones. 

Los actuales leones no son los primeros que fueron colocados, eso sí. Antes hubo dos parejas, que fueron reemplazadas por diferentes motivos. La primera pareja la hizo el mismo escultor que la pareja definitiva, Ponciano Ponzano y Gascón, quien también había realizado las figuras del frontón del Congreso. Por falta de recursos ante la mala situación económica, el autor realizó las esculturas en yeso imitando el bronce. Fueron colocadas en 1851, pero su pobre calidad hizo que se empezasen a deteriorar rápidamente, provocando las críticas generales, por lo que fueron reemplazadas por otra pareja con mejores materiales. 

Así, los segundos leones fueron realizados por José Bellver y Collazos, quien diseñó dos felinos… bastante pequeños, que si no fuese por la melena parecerían gatos. Así, ante las nuevas protestas fueron rechazados y retirados. Actualmente se pueden encontrar en el Jardín de Monforte en Valencia. Allí siguen guardando una entrada, aunque bastante más discreta que la original. 

El tercer y último proyecto de pareja de leones recayó de nuevo en Ponciano Ponzano. En 1860 el ejército español consiguió una destacada victoria en el norte de Marruecos, consiguiendo el control de la ciudad de Tetuán. Durante la misma se capturaron unos cañones al enemigo, que fueron transportados a España y entregados a Ponzano para fundirlos y hacer con estos los leones, lo cual se realizó en 1865. No estuvieron exentos de polémica: hubo diputados que criticaron su origen bélico y que fuesen a ser colocados en la entrada al Congreso. Tras unos años de debate, este se zanjó definitivamente en 1872, cuando fueron colocados en sus pedestales, de donde no se han movido hasta ahora excepto en 1985, cuando fueron retirados para su restauración. 

Otra curiosidad es que según varias fuentes sus nombres no serían Daoiz y Velarde, sino que su autor se inspiró en los leones del carro de la diosa Cibeles, que podemos encontrar en la plaza homónima, cerca del Congreso. Así, serían Hipómenes y Atalanta, dos personajes mitológicos que fueron convertidos en leones y condenados a no volver a mirarse. Y, de hecho, los leones que nos ocupan tampoco se miran ya que cada uno dirige su mirada a un lado de la calle (Carrera de San Jerónimo). 

Otro dato muy curioso es que uno de los leones no tiene testículos (en el otro sí son bien visibles). En 2012 el Canal Historia lanzó una campaña para que se los colocasen. ¿Por qué se dejó a uno de los leones sin sus atributos masculinos? Hay diferentes teorías. Una dice que fue un error de la fábrica de fundición, en la que, tras fundirse los cañones, se fueron realizando los leones por partes, obviando esa en uno de los dos felinos. Otra dice que Ponzano se quedó sin bronce y, como solo tenía el que provenía de los cañones, decidió dejar a un león sin testículos y, para disimularlo, colocarle la cola enroscada. Esto sería algo absurdo dado el pequeño tamaño del que hablamos. Y, finalmente, también hay que tener en cuenta la historia ya mencionada de Hipómenes y Atalanta. Si los leones del Congreso están inspirados en ellos, entonces el que no tiene testículos sería Atalanta. Podrían haber puesto una leona, ¿no?

Y hablando de diseño, los leones sujetan con una de sus patas delanteras una bola (¿del mundo?), imitando a los leones de la Villa Médicis en Roma, situados hoy en la Logia della Signora, en Florencia. Estos leones fueron inspiración también para una “copia” de los mismos encargada por el mismo Velázquez al escultor Matteo Bouncelli para el rey Felipe IV. Los leones resultantes de ese viaje de Velázquez hoy se hallan en el salón del trono del Palacio Real. 

Por tanto, los leones del Congreso tienen detrás una interesante historia para recordar cuando los veamos, impertérritos, protegiendo la sede de la soberanía nacional. 

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