Fuente: El País.
Estamos a mediados de junio y ya tenemos encima la primera ola de calor del verano. En Madrid se esperan hasta 40 grados pero es que en Francia pueden alcanzarse 45, récord absoluto. Los negacionistas del cambio climático pueden insistir en rechazar la ciencia y la evidencia pero cada año es más obvio que algo le pasa al clima de la Tierra, que alcanza máximos de temperatura de los últimos milenios y la causa no es natural sino la combustión sin parar de carbón, gas y petróleo, que emiten gases de efecto invernadero que recalientan la atmósfera del planeta.
Ante esto podemos seguir como hasta ahora, es decir, haciendo lo justo en algunos países o directamente nada en otros, o cambiar de una vez varios aspectos de nuestras vidas cotidianas que pueden limitar en lo posible la emisión de gases como el dióxido de carbono (CO2).
Aunque en Madrid la Regla 3-30-300 no es la favorita del ayuntamiento, que no solo no planta árboles sino que a veces los tala o insiste en soluciones surrealistas como toldos en plazas, esta es una buena iniciativa para mejorar las condiciones de vida en las ciudades, en especial en verano.
Esta consiste en lo siguiente: desde la ventana de tu casa debes ver al menos tres árboles. En tu barrio debería haber al menos un 30 % de cobertura vegetal, ya sean árboles en las aceras para procurar sombras o zonas verdes. Y, finalmente, toda vivienda debería situarse a como mucho 300 metros de una zona verde. En resumen, la idea es mejorar la calidad de vida de los habitantes de las ciudades renaturalizándolas. Esto según la ciencia mejora los niveles de estrés y la salud mental. En verano la vegetación limita el efecto de isla de calor urbana que se produce en las ciudades debido a la concentración de asfalto, aires acondicionados y vehículos. Una zona de sombra puede tener varios grados menos que otra a la que le dé el sol directamente.
La receta está clara, ya solo queda que haya voluntad política. Y el reloj del calentamiento global no se para.