Nacionalismo y
regionalismo están muy presentes en España debido a su gran variedad
territorial y a que hasta hace tan solo 150 años dichas regiones estaban
relativamente aisladas entre sí por la compleja orografía ibérica. La construcción
del ferrocarril tuvo entre sus causas precisamente vertebrar España y además de
manera radial desde la capital, Madrid.
En cualquier caso,
los regionalismos y nacionalismos han sobrevivido al paso del tiempo y
precisamente ahora que España es miembro de una organización supranacional con
importantes competencias como es la Unión Europea, en una época de
globalización en la que las costumbres y los usos cambian continuamente y mucho
más rápido que en cualquier momento pasado, es cuando estos fenómenos están más
fuertes desde sus inicios en el siglo XIX.
Hay que diferenciar
entre nacionalismo y regionalismo. El primero considera que un territorio
determinado constituye una nación diferenciada debido a motivos culturales,
históricos o étnicos. El objetivo final del nacionalismo es constituir esa
nación como un Estado independiente. El regionalismo, sobre el que va a tratar
este post, es bastante diferente.
Los regionalistas
defienden la existencia de una región que, por sus características naturales y
culturales, se diferencia de otros espacios geográficos vecinos. Sin embargo,
no considera que ese territorio sea una nación sino que acepta una nación que
engloba más regiones aparte de la suya. Por tanto, los regionalistas españoles
no niegan la existencia de la nación española y por tanto no quieren
independizarse de ella. Sí pretenden, sin embargo, la autonomía de su región y
que se la reconozcan sus particularidades, así como reclaman inversiones en las
mismas.
Prácticamente en
todas las regiones españolas existen movimientos regionalistas pero con muy
desigual fuerza. Es habitual que las comunidades en las que los nacionalistas
son más fuertes los regionalistas tengan menos fuerza. En otras comunidades
existe un fuerte regionalismo y no existe nacionalismo y en otras apenas se dan
ambos fenómenos.
Comencemos por
regionalismos que están ampliamente extendidos en sus comunidades autónomas. En
Galicia, País Vasco y Cataluña existe un regionalismo que está ampliamente
extendido en la sociedad: galleguismo, vasquismo y catalanismo. Los tres son
aceptados por todos los partidos políticos, sean de carácter estatal o
nacionalista. Reivindican la lengua, cultura y tradiciones locales y en
principio no entran en choque con la existencia de España.
En Galicia el
galleguismo está presente en todos lados. La lengua gallega es ampliamente
hablada en la comunidad, tanto o más que el castellano. Todos los partidos han
asumido el galleguismo y, de hecho, la fuerza del PP en esta comunidad se debe
en parte a que asumió muy rápido el galleguismo. En Euskadi sucede algo parecido
pero con bastante menor fuerza debido a la influencia clara del nacionalismo y
a que el euskera es menos hablado allí que el gallego en Galicia. Sin embargo,
las tradiciones locales vascas sí son ampliamente reconocidas por todas las
fuerzas políticas. Por último, en Cataluña el catalanismo está, como el
galleguismo mencionado, totalmente extendido y la lengua y tradiciones
catalanas están asumidas por todos los partidos, estatales y nacionalistas.
A parte de estas
comunidades, destacan en menor medida el valencianismo en la Comunidad
Valenciana y el andalucismo en Andalucía. El valencianismo está extendiéndose
pero tiene como hándicap la relativa debilidad del valenciano y la influencia
que el nacionalismo catalán siempre pretende tener en los territorios que ellos
consideran “Països Catalans”. Por otro lado, las tradiciones valencianas como
las Fallas o su rica gastronomía sí están reconocidas por toda su población
pero sin connotación política. En cuanto al andalucismo, todos los partidos
nacionales en Andalucía hicieron gala en las últimas elecciones autonómicas del
mismo. El color verde omeya, propio de Andalucía, estuvo presente en todos los
partidos en la campaña, así como un discurso distintivo local que permite
hablar del andalucismo.
A pesar de la
existencia de estos regionalismos extendidos en las comunidades mencionadas, no
existe un partido regionalista significativo como tal en ninguna de ellas. En Galicia
tienen cierto peso el BNG y Anova pero son nacionalistas, en Euskadi son mayoritarios
el PNV y la coalición EH Bildu, de carácter nacionalista e independentista en
el segundo caso. En Cataluña, sumida en pleno proceso independentista, todos
los partidos locales o son independentistas (CDC, ERC, CUP), o nacionalistas
(Unió).
En la Comunidad
Valenciana ha adquirido peso la coalición Compromís, cuyo principal partido es
el Bloc Nacionalista. En Andalucía el Partido Andalucista ha anunciado su
disolución y además era nacionalista, no regionalista. Por tanto, no hay un
partido regionalista como tal en ninguna de estas comunidades.
Caso diferente se da
en otras regiones españolas. En Asturias existe el Foro Asturias, surgido en
2011 por iniciativa del ex vicepresidente del gobierno Francisco
Álvarez-Cascos, como escisión del PP. Su carácter regionalista es evidente y no
ha conseguido obtener representación fuera de Asturias. En las últimas
elecciones perdió fuerza al quedarse en tres escaños.
Más relevante es el
caso del Partido Regionalista de Cantabria del actual presidente cántabro
Miguel Ángel Revilla, que ya lo fue entre 2003 y 2011. El PRC es el segundo
partido de la comunidad en el parlamento autonómico con 12 escaños, lo que
refleja un regionalismo fuerte en Cantabria, que además tiene fuerza extra por
el carácter del mismo Revilla.
En Navarra se da un
intenso choque entre regionalismo y nacionalismo. Los regionalistas reclaman el
carácter propio de Navarra respecto al País Vasco mientras que los nacionalistas
son vasquistas y reclaman en última instancia a unión de ambas comunidades para
crear Euskal Herria. El partido representante del regionalismo es Unión del
Pueblo Navarro, que ha gobernado Navarra desde 1996 hasta este año, cuando ha
sido relegado del poder por una coalición de los nacionalistas con Podemos e
Izquierda-Ezkerra, marca de IU. A pesar de todo, UPN sigue siendo el primer
partido de Navarra con 15 escaños en el parlamento foral.
En La Rioja ha
existido un regionalismo significativo desde la creación de la autonomía en
1983 con el Partido Riojano como principal representante. Sin embargo, este año
perdió su representación por primera vez, aunque sigue teniendo relevancia en
los municipios, como en la capital, Logroño.
Castilla y León es
una comunidad especialmente compleja en el mosaico español. Está formada por
dos regiones históricas como indica su nombre: Castilla la Vieja (excluyendo
Cantabria y La Rioja que formaron autonomías diferenciadas) y el antiguo reino
de León, formado por las provincias de León, Salamanca y Zamora. En estas
últimas provincias, sobre todo en León, el sentimiento regionalista se mantiene
y se rechaza la influencia, que ellos consideran excesiva, de la castellana
Valladolid.
Bandera del reino de León.
De ahí que el nombre
de la comunidad tenga la conjunción y, de coordinación, y que equipara a ambas.
Aún así, existe un partido, Unión del Pueblo Leonés, que apuesta por la
conversión de León en comunidad autónoma diferenciada o, al menos, por tener mayores
competencias dentro de la comunidad. Actualmente tiene un escaño en las Cortes
regionales. Además, existe el Partido Castellano, con una mezcla de
regionalistas e independentistas, que está desigualmente implantado en la
región además de en Madrid y Castilla-La Mancha, donde es testimonial.
En Aragón ocurre lo
mismo que en Navarra pero con mucha menor intensidad ya que tanto regionalistas
como nacionalistas son mucho menos relevantes. Por parte de los nacionalistas
destaca la Chunta Aragonesista, con 2 escaños actualmente, y de los
regionalistas el Partido Aragonés (PAR). Este ha tenido históricamente mucha
fuerza en Aragón y ha gobernado en la comunidad en varias ocasiones junto a PP
o PSOE. Tras las elecciones de mayo, tiene 6 escaños en las Cortes aragonesas,
y mantiene su fuerza en Teruel y el Aragón rural.
En las Islas Baleares
convive el nacionalismo pancatalanista con el regionalismo propio de las islas.
Estos últimos han tenido siempre menos fuerza que los primeros pero en las
pasadas elecciones entraron en el parlamento regional de manera significativa
mediante Proposta per les Illes con tres escaños.
En Madrid,
Castilla-La Mancha, Extremadura y Murcia el regionalismo (y ya no digamos
nacionalismo) es poco relevante. Lo más destacable es Extremadura, en donde
existe la Coalición Extremeña PREx-CREx, de carácter regionalista y antaño
aliada del PSOE e integrada en sus listas. En la derecha existe Extremadura
Unida, también regionalista pero aliada con el PP hasta este año, por lo que
actualmente ninguno de los dos tiene representación en el parlamento extremeño.
En Murcia hay algunos
movimientos en Cartagena para la constitución de una provincia separada de
Murcia, herencia del cantonalismo del siglo XIX. Actualmente el alcalde de
Cartagena pertenece al Movimiento Ciudadano de Cartagena, que pretende en un
futuro plantear este debate.
Bandera de la provincia naval de Cartagena.
En Canarias no existe
un regionalismo como tal de todas las islas, sino insularismo por islas. Este es
especialmente destacable en islas como El Hierro (Agrupación Herreña
Independiente) o Lanzarote (Partido de Independientes de Lanzarote) como
reivindicación del peso de dichas islas en el conjunto canario. Por lo demás,
los nacionalistas moderados son mayoría, con partidos como Coalición Canaria o
Nueva Canarias, que no plantean la independencia de las islas sino más
autonomía.
Por último, en las
ciudades de Ceuta y Melilla no puede considerarse que exista regionalismo como
tal sino más bien localismo al tratarse de ciudades y no de regiones. Destacan Coalición
Caballas en Ceuta con 4 escaños y Coalición por Melilla con 7 escaños.













