En 1519 tuvo lugar uno de esos acontecimientos que
llaman especialmente la atención de la Historia. Maximiliano I, emperador del
Sacro Imperio Romano Germánico, falleció. Ello abría el debate sucesorio de
quién debía ser el nuevo emperador.
El Sacro Imperio Romano Germánico era un
conglomerado de varios Estados, principados y condados en lo que hoy son
Alemania, Austria, República Checa, Suiza, etc. El poder efectivo del
emperador era escaso pero tenía un gran prestigio al ser considerado heredero
del ya lejano título imperial que lograse Carlomagno en el año 800, herencia
lejana a su vez de los emperadores romanos. Así, era un título codiciado.
Mapa del Sacro Imperio y sus subdivisiones en 1512.
La dinastía de los Habsburgo llevaba casi un siglo
ostentando el título de emperador del Sacro Imperio. Parecía lógico, por tanto,
que el sucesor de Maximiliano fuera su heredero directo, su nieto Carlos I de
España desde la muerte de su abuelo materno, Fernando II de Aragón (gobernador
a su vez de Castilla por incapacidad de su hija Juana, madre de Carlos).
El joven Carlos de Habsburgo, I de España y V del Sacro Imperio.
Sin embargo, como se dice popularmente, con la
Iglesia hemos topado, y eso sucedió en este caso. Maximiliano nunca fue
coronado emperador por el Papa y por tanto incumplía el requisito para dejar en
herencia el título a su nieto. Se abría el debate sucesorio y Carlos no fue
el único candidato: Francisco I de Francia y Enrique VIII de Inglaterra también
optaron a ser los nuevos emperadores.
Se inició el proceso que establecía la Bula de Oro
de 1356. La elección estaba confiada a siete electores: tres de ellos
eclesiásticos, los arzobispos de Maguncia, Tréveris y Colonia, y los otros
cuatro restantes nobles, el rey de Bohemia, el margrave de Brandemburgo, el
conde del Palatinado y el duque de Sajonia.
Carlos de Habsburgo salía bien posicionado como
nieto del anterior emperador y sucesor de la dinastía pero tenía como
inconvenientes el ser muy joven e inexperto. Francisco I de Francia tenía un
gran prestigio militar en esa época tras haber conquistado Milán en 1515. Enrique
VIII de Inglaterra pronto quedó aparte y la lucha se centró entre Carlos y
Francisco, que desde entonces serían enemigos casi irreconciliables.
Francisco I de Francia.
Obtener el título pasaba a ser una cuestión
puramente diplomática y económica. El candidato que moviera más contactos y dinero (en resumen, dar regalos a los electores) sería el
elegido. Francisco I tenía como ventaja el apoyo del Papa, temeroso del
excesivo poder de Carlos.
Este tuvo problemas al principio incluso entre su
propia familia. Su tía Margarita prefirió como candidato de los Habsburgo a su
hermano Fernando, que no levantaba recelos en la Iglesia. Sin embargo, Carlos
impuso sus derechos como primogénito apagando esos movimientos.
Para lograr el apoyo de los electores procedió al
envío de carta a los mismos recordándoles las promesas contraídas con Maximiliano
para apoyarle, medida que complementó con los ya mencionados regalos: gracias a
la ayuda de los banqueros Welser y Fugger, los electores del Palatinado y
Maguncia recibieron 139.000 y 100.000 florines de oro respectivamente, así como
otras donaciones a príncipes y ciudades para crear un clima de apoyo a Carlos
en el Sacro Imperio.
Siendo los Fugger la familia más rica del imperio,
los recursos económicos de Francisco I no pudieron competir con los apoyos a
Carlos. La elección se produjo el 28 de junio de 1519 y se resolvió a favor de
Carlos, con apoyo decidido de electores como el arzobispo de Tréveris y con
reticencia por parte de otros como el margrave de Brandemburgo.
Carlos pasaba a ser Carlos V, título que compartió
con el de rey de Castilla, Aragón, Sicilia, Nápoles y otros reinos y
territorios que le hicieron el monarca más poderoso de Europa. Sin embargo, el
Papa no le coronó hasta 1530 (a partir de entonces ya podría elegir a su
sucesor, como así hizo cuando abdicó en 1556 en su hermano Fernando, que
finalmente sería emperador) aunque eso daba igual al ser designado rey de
romanos, es decir, emperador en la práctica en septiembre de 1520 en Aquisgrán,
antigua capital del Imperio Carolingio, del que era heredero el Sacro Imperio
Romano Germánico.
Bibliografía: LYNCH, John y otros. Monarquía e Imperio: El reinado de Carlos V. Madrid: El País, S.L (2007).




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