sábado, 31 de octubre de 2015

Regionalismos en España



Nacionalismo y regionalismo están muy presentes en España debido a su gran variedad territorial y a que hasta hace tan solo 150 años dichas regiones estaban relativamente aisladas entre sí por la compleja orografía ibérica. La construcción del ferrocarril tuvo entre sus causas precisamente vertebrar España y además de manera radial desde la capital, Madrid. 

En cualquier caso, los regionalismos y nacionalismos han sobrevivido al paso del tiempo y precisamente ahora que España es miembro de una organización supranacional con importantes competencias como es la Unión Europea, en una época de globalización en la que las costumbres y los usos cambian continuamente y mucho más rápido que en cualquier momento pasado, es cuando estos fenómenos están más fuertes desde sus inicios en el siglo XIX. 

Hay que diferenciar entre nacionalismo y regionalismo. El primero considera que un territorio determinado constituye una nación diferenciada debido a motivos culturales, históricos o étnicos. El objetivo final del nacionalismo es constituir esa nación como un Estado independiente. El regionalismo, sobre el que va a tratar este post, es bastante diferente. 

Los regionalistas defienden la existencia de una región que, por sus características naturales y culturales, se diferencia de otros espacios geográficos vecinos. Sin embargo, no considera que ese territorio sea una nación sino que acepta una nación que engloba más regiones aparte de la suya. Por tanto, los regionalistas españoles no niegan la existencia de la nación española y por tanto no quieren independizarse de ella. Sí pretenden, sin embargo, la autonomía de su región y que se la reconozcan sus particularidades, así como reclaman inversiones en las mismas.

Prácticamente en todas las regiones españolas existen movimientos regionalistas pero con muy desigual fuerza. Es habitual que las comunidades en las que los nacionalistas son más fuertes los regionalistas tengan menos fuerza. En otras comunidades existe un fuerte regionalismo y no existe nacionalismo y en otras apenas se dan ambos fenómenos. 

Comencemos por regionalismos que están ampliamente extendidos en sus comunidades autónomas. En Galicia, País Vasco y Cataluña existe un regionalismo que está ampliamente extendido en la sociedad: galleguismo, vasquismo y catalanismo. Los tres son aceptados por todos los partidos políticos, sean de carácter estatal o nacionalista. Reivindican la lengua, cultura y tradiciones locales y en principio no entran en choque con la existencia de España.

En Galicia el galleguismo está presente en todos lados. La lengua gallega es ampliamente hablada en la comunidad, tanto o más que el castellano. Todos los partidos han asumido el galleguismo y, de hecho, la fuerza del PP en esta comunidad se debe en parte a que asumió muy rápido el galleguismo. En Euskadi sucede algo parecido pero con bastante menor fuerza debido a la influencia clara del nacionalismo y a que el euskera es menos hablado allí que el gallego en Galicia. Sin embargo, las tradiciones locales vascas sí son ampliamente reconocidas por todas las fuerzas políticas. Por último, en Cataluña el catalanismo está, como el galleguismo mencionado, totalmente extendido y la lengua y tradiciones catalanas están asumidas por todos los partidos, estatales y nacionalistas. 

A parte de estas comunidades, destacan en menor medida el valencianismo en la Comunidad Valenciana y el andalucismo en Andalucía. El valencianismo está extendiéndose pero tiene como hándicap la relativa debilidad del valenciano y la influencia que el nacionalismo catalán siempre pretende tener en los territorios que ellos consideran “Països Catalans”. Por otro lado, las tradiciones valencianas como las Fallas o su rica gastronomía sí están reconocidas por toda su población pero sin connotación política. En cuanto al andalucismo, todos los partidos nacionales en Andalucía hicieron gala en las últimas elecciones autonómicas del mismo. El color verde omeya, propio de Andalucía, estuvo presente en todos los partidos en la campaña, así como un discurso distintivo local que permite hablar del andalucismo. 

A pesar de la existencia de estos regionalismos extendidos en las comunidades mencionadas, no existe un partido regionalista significativo como tal en ninguna de ellas. En Galicia tienen cierto peso el BNG y Anova pero son nacionalistas, en Euskadi son mayoritarios el PNV y la coalición EH Bildu, de carácter nacionalista e independentista en el segundo caso. En Cataluña, sumida en pleno proceso independentista, todos los partidos locales o son independentistas (CDC, ERC, CUP), o nacionalistas (Unió). 

En la Comunidad Valenciana ha adquirido peso la coalición Compromís, cuyo principal partido es el Bloc Nacionalista. En Andalucía el Partido Andalucista ha anunciado su disolución y además era nacionalista, no regionalista. Por tanto, no hay un partido regionalista como tal en ninguna de estas comunidades. 

Caso diferente se da en otras regiones españolas. En Asturias existe el Foro Asturias, surgido en 2011 por iniciativa del ex vicepresidente del gobierno Francisco Álvarez-Cascos, como escisión del PP. Su carácter regionalista es evidente y no ha conseguido obtener representación fuera de Asturias. En las últimas elecciones perdió fuerza al quedarse en tres escaños. 

Más relevante es el caso del Partido Regionalista de Cantabria del actual presidente cántabro Miguel Ángel Revilla, que ya lo fue entre 2003 y 2011. El PRC es el segundo partido de la comunidad en el parlamento autonómico con 12 escaños, lo que refleja un regionalismo fuerte en Cantabria, que además tiene fuerza extra por el carácter del mismo Revilla. 

En Navarra se da un intenso choque entre regionalismo y nacionalismo. Los regionalistas reclaman el carácter propio de Navarra respecto al País Vasco mientras que los nacionalistas son vasquistas y reclaman en última instancia a unión de ambas comunidades para crear Euskal Herria. El partido representante del regionalismo es Unión del Pueblo Navarro, que ha gobernado Navarra desde 1996 hasta este año, cuando ha sido relegado del poder por una coalición de los nacionalistas con Podemos e Izquierda-Ezkerra, marca de IU. A pesar de todo, UPN sigue siendo el primer partido de Navarra con 15 escaños en el parlamento foral. 

En La Rioja ha existido un regionalismo significativo desde la creación de la autonomía en 1983 con el Partido Riojano como principal representante. Sin embargo, este año perdió su representación por primera vez, aunque sigue teniendo relevancia en los municipios, como en la capital, Logroño. 

Castilla y León es una comunidad especialmente compleja en el mosaico español. Está formada por dos regiones históricas como indica su nombre: Castilla la Vieja (excluyendo Cantabria y La Rioja que formaron autonomías diferenciadas) y el antiguo reino de León, formado por las provincias de León, Salamanca y Zamora. En estas últimas provincias, sobre todo en León, el sentimiento regionalista se mantiene y se rechaza la influencia, que ellos consideran excesiva, de la castellana Valladolid. 
Bandera del reino de León.
De ahí que el nombre de la comunidad tenga la conjunción y, de coordinación, y que equipara a ambas. Aún así, existe un partido, Unión del Pueblo Leonés, que apuesta por la conversión de León en comunidad autónoma diferenciada o, al menos, por tener mayores competencias dentro de la comunidad. Actualmente tiene un escaño en las Cortes regionales. Además, existe el Partido Castellano, con una mezcla de regionalistas e independentistas, que está desigualmente implantado en la región además de en Madrid y Castilla-La Mancha, donde es testimonial. 

En Aragón ocurre lo mismo que en Navarra pero con mucha menor intensidad ya que tanto regionalistas como nacionalistas son mucho menos relevantes. Por parte de los nacionalistas destaca la Chunta Aragonesista, con 2 escaños actualmente, y de los regionalistas el Partido Aragonés (PAR). Este ha tenido históricamente mucha fuerza en Aragón y ha gobernado en la comunidad en varias ocasiones junto a PP o PSOE. Tras las elecciones de mayo, tiene 6 escaños en las Cortes aragonesas, y mantiene su fuerza en Teruel y el Aragón rural. 

En las Islas Baleares convive el nacionalismo pancatalanista con el regionalismo propio de las islas. Estos últimos han tenido siempre menos fuerza que los primeros pero en las pasadas elecciones entraron en el parlamento regional de manera significativa mediante Proposta per les Illes con tres escaños. 

En Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura y Murcia el regionalismo (y ya no digamos nacionalismo) es poco relevante. Lo más destacable es Extremadura, en donde existe la Coalición Extremeña PREx-CREx, de carácter regionalista y antaño aliada del PSOE e integrada en sus listas. En la derecha existe Extremadura Unida, también regionalista pero aliada con el PP hasta este año, por lo que actualmente ninguno de los dos tiene representación en el parlamento extremeño. 

En Murcia hay algunos movimientos en Cartagena para la constitución de una provincia separada de Murcia, herencia del cantonalismo del siglo XIX. Actualmente el alcalde de Cartagena pertenece al Movimiento Ciudadano de Cartagena, que pretende en un futuro plantear este debate. 
 Bandera de la provincia naval de Cartagena.

En Canarias no existe un regionalismo como tal de todas las islas, sino insularismo por islas. Este es especialmente destacable en islas como El Hierro (Agrupación Herreña Independiente) o Lanzarote (Partido de Independientes de Lanzarote) como reivindicación del peso de dichas islas en el conjunto canario. Por lo demás, los nacionalistas moderados son mayoría, con partidos como Coalición Canaria o Nueva Canarias, que no plantean la independencia de las islas sino más autonomía. 

Por último, en las ciudades de Ceuta y Melilla no puede considerarse que exista regionalismo como tal sino más bien localismo al tratarse de ciudades y no de regiones. Destacan Coalición Caballas en Ceuta con 4 escaños y Coalición por Melilla con 7 escaños.

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