La representación más conocida de César Augusto, la de Prima Porta.
Cayo Julio César Augusto (Roma, 63 a. C-Nola, 14
d. C), más conocido como César Augusto, fue el primer emperador de la Antigua Roma. Sin embargo,
nació como Cayo Octavio Turino, nombre que cambió a Cayo Julio César Octaviano,
tras haber sido adoptado póstumamente por su tío abuelo Julio César, asesinado
en el año 44 a. C.
Octavio, entonces sin apoyos destacables y muy
joven, tuvo que aliarse con dos de los generales de César, Marco Antonio y
Marco Lépido frente a los asesinos de su tío abuelo. La guerra civil que se
sucedió acabó con la batalla de Filipos, en la que los asesinos cabecillas
fueron derrotados. Roma quedaba en manos de los cesaristas, que se repartieron
el ingente territorio en tres partes: el norte de África para Lépido, Occidente
(Hispania, Galia e Italia) para Octavio, y Oriente (Grecia, Asia Menor y la
zona de Siria) para Marco Antonio.
Pronto las diferencias y las ansias de poder entre
los miembros de lo que se llamó Triunvirato llevaron a una nueva guerra civil:
Octavio arrebató sus provincias a Lépido y lo relegó al ostracismo y la
cuestión quedó entre él y Antonio, que se había aliado con la reina Cleopatra
de Egipto (y casado) y le había hecho grandes concesiones, como ceder las
provincias orientales a los hijos de ambos. Ante semejante escándalo para Roma,
Octavio declaró la guerra a Antonio y Cleopatra. El desenlace sería la batalla
de Antium, en la que las tropas de Antonio fueron derrotadas. Tras esto,
Octavio desembarcó en Egipto, que se convirtió en provincia romana tras el
suicidio de Cleopatra y Antonio.
Quedaba así Octavio como único señor de la guerra
superviviente y dueño de Roma. En el año 27 a. C el Senado le concedía el
título honorífico de Augusto y se convertía en emperador. Este título nunca fue
utilizado en esa época, sino el de Princeps, refiriéndose a que él era el “primer
ciudadano”, manteniéndose la apariencia de una república, aunque por lo demás
Augusto tuviese todo el poder. De esta manera se iniciaba la etapa del
Principado dentro de lo que en historiografía se enmarca como Imperio Romano.
Augusto fue un gobernante excepcional. Hay un
dicho que señala que se encontró con una Roma de ladrillo y dejó una Roma de
mármol, como símil a su labor de engrandecimiento de la ciudad. Y hay que
admitirlo, su gobierno autócrata trajo muchos más beneficios que inconvenientes
para los habitantes del Imperio. Su etapa se ha denominado en ocasiones la "Pax romana", por la estabilidad que caracterizó su gobierno después de cien años de conflictos civiles (El Ara Pacis en Roma es el principal monumento en este sentido).
Ara Pacis
Por lo demás, engrandeció territorialmente a un
imperio que ya alcanzaba tres continentes al final de la época republicana. A la
muerte de César Roma controlaba toda Italia, territorios en el norte de África,
la mayor parte de Hispania, la Galia (conquistada por el mismo César), Grecia,
parte de Asia Menor y Siria. Augusto en sus primeras décadas de gobierno lo
amplió: terminó de conquistar Hispania, amplió su dominio sobre Asia Menor e
incorporó Egipto. Años después añadió Dalmacia, Retia, Panonia y Judea. Por lo
demás, tuvo una política de Estados-satélite con reyezuelos amigos, en
Mauritania, Germania, Tracia y Capadocia.
En verde, territorios conquistados por Augusto.
Este gran imperio se extendería más aún con sus
sucesores hasta Britania, Dacia y Mesopotamia en lo que sería el imperio más
poderoso de su época y la de la actual civilización occidental.
Menos suerte tuvo Augusto en otros aspectos. Era de
salud frágil aunque ello no le impidió vivir hasta unos excepcionales 77 años
para la época. Además, su matrimonio con Livia, si bien en lo político fue muy
exitoso, no le dio ningún hijo varón propio que pudiese heredar su cargo. Así,
adoptó como hijo a su hijastro, Tiberio, hijo de Livia de su anterior
matrimonio.
Tras su muerte fue deificado como dios y
ampliamente reconocido y homenajeado desde entonces. El mes de Sextilis pasó a
llamarse Augustus (agosto en castellano) en su honor dado que fue el mes en el
que obtuvo la victoria total sobre sus enemigos Marco Antonio y Cleopatra. Además,
se ocupó de ponerle un día más para que tuviese 31 como Julio y no ser inferior
a su tío abuelo (ese día extra se lo quitó a febrero, que ya tenía menos días
en esa época).
Su sucesión fue manejada astutamente por Livia
para colocar su hijo como nuevo emperador y tampoco le resultó muy difícil: tras
tantos años de gobierno de Augusto ya nadie parecía desear el retorno a la
República. El Imperio lograba así sobreponerse a la pérdida de su fundador,
situación que se mantendría en los siglos siguientes.
Mausoleo de Augusto, en Roma, lugar en donde se le enterró, junto con miembros de la familia imperial como Livia y sus sucesores Tiberio y Nerva.



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