En estos días en los que la cuestión catalana está
más viva que nunca, es interesante recordar el origen de este complejo país
llamado España y para ello hay que remontarse una vez más al matrimonio más
influyente de nuestra Historia: el de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla
y Fernando II de Aragón y V de Castilla.
Como ya se ha comentado en posts anteriores, esa
unión fue dinástica, no política, ya que cada reino mantuvo sus instituciones,
moneda y características propias, muy diferentes entre sí. Sin embargo, los
Reyes Católicos sí lograron una política exterior común y, en diversos aspectos
como política religiosa o de seguridad, también interior. Sin embargo, el
objetivo final de crear un nuevo Estado fuerte, quizá el más poderoso de
Europa, estuvo a punto de irse al traste y si no se fue al garete fue por un
conjunto de casualidades.
Isabel falleció en noviembre de 1504 y Fernando
perdió así su título de rey de Castilla, que iba unido a su matrimonio con
Isabel. La heredera era su hija Juana, después de que los anteriores príncipes
de Asturias hubiesen muerto años antes: sus hermanos Juan e Isabel y su sobrino
Miguel de la Paz. Así, Juana pasó a ser reina de Castilla…pero sin poder
ejercer el poder. Los indicios de que tenía una enfermedad mental parecen
claros pero también es cierto que su marido, Felipe el Hermoso, y su padre,
Fernando, aprovecharon esa enfermedad para apartarla del poder y enfrentarse
entre sí para quedarse con el gobierno de Castilla.
Juana I de Castilla (Toledo, 1479-Tordesillas, 1555), apodada la Loca por su supuesta enfermedad mental, reina nominal de Castilla desde 1504 hasta su muerte y de Aragón desde 1516.
Fernando perdió el pulso con Felipe ya que éste se
hizo con el apoyo de gran parte de los nobles castellanos. Así, el Católico se
tuvo que retirar a Aragón y fue en ese momento en el que Castilla y los reinos
del este peninsular estuvieron a punto de tomar caminos diferentes. Sin embargo,
ahí comenzaron las casualidades que contribuyeron a que Cataluña (y Aragón,
Valencia y Baleares) sean hoy parte de España junto a Navarra, Canarias, Granada
y lo que era la Corona de Castilla en el siglo XV.
Felipe I, que ya tenía todo el poder tras ser
proclamado rey de Castilla en julio de 1506 junto con su esposa Juana (que ya
estaba encarcelada en vida por entonces), murió tan solo dos meses después, en
septiembre de ese año. El principal rival de Fernando por Castilla era
eliminado tras beber agua fría después de haber hecho deporte, lo que le
provocó unas fiebres que le llevaron a la tumba. No parece raro que tan
repentina muerte llevara a rumores sobre la posibilidad de que su suegro le
hubiese envenenado, algo que nunca se ha confirmado.
Felipe I de Castilla (Brujas (actual Bélgica), 1478-Burgos, 1506), apodado el Hermoso, rey de Castilla de julio a septiembre de 1506 y duque de Borgoña entre 1482 y 1506.
La segunda casualidad está estrechamente ligada a esta
muerte. Juana, que ya estaba enferma, enloqueció definitivamente con la muerte
de su marido: acompañó su cadáver por toda Castilla durante ocho meses hasta
que finalmente se autorizó su entierro en Granada. Hay que señalar que Fernando
tuvo mucho que ver en ese gran retraso en el entierro, pero aún así Juana
parecía no estar en buen estado psicológico. Finalmente, asumió la regencia el
cardenal Cisneros, quien pidió a Fernando que volviera a Castilla a poner orden y a ejercer como gobernante hasta que
su nieto Carlos (hijo de Juana y Felipe) fuera mayor de edad. Así se cumplía el
testamento de Isabel la Católica, que establecía que, en caso de que Juana no
pudiese reinar (ya había dado signos de inestabilidad), su marido ejercería la
regencia hasta la mayoría de edad de Carlos.
Por último, la tercera casualidad. Fernando quiso
asegurarse de que Aragón no cayese en manos de Felipe, una vez se vio obligado
a abandonar Castilla en 1506. Así, volvió a contraer matrimonio y además con
una doncella de la familia real francesa, con lo que se garantizaba la paz con
Francia. Esa mujer fue Germana de Foix. Sin embargo, por mucho que Fernando
intentó tener un hijo con Germana para que heredase Aragón, solo logró
criaturas que fallecieron al poco de nacer, fracasando en el intento.
Fernando II de Aragón y V de Castilla (Sos del Rey Católico, 1452-Madrigalejo, 1516), el Católico. Gobernador de Castilla entre 1504 y 1506 y desde 1507 hasta su muerte.
Esta casualidad, junto con la muerte de Felipe y
la locura de Juana, hicieron que al morir Fernando en 1516 el heredero de todos
los reinos de manera indiscutible fuese Carlos, el rey-emperador. Desde entonces
todos sus sucesores han sido reyes de todos los territorios que hoy forman
España (la cual se mantuvo también con dos regímenes republicanos y con la dictadura
franquista). En cuanto a Cataluña, se rebeló en 1640 contra Felipe IV, sin
éxito, y en la Guerra de Sucesión Española de 1701-1714 apostó por el candidato
Habsburgo, ganando finalmente el Borbón…e iniciándose la cuestión catalana
hasta hoy.



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