domingo, 27 de septiembre de 2015

Así nacía el partido único del Franquismo




 Sede de FET y de las JONS en la calle Alcalá, antes y después de la retirada del símbolo del partido (yugo y flechas) durante la Transición.

El día 20 de abril de 1937 muchos falangistas se tuvieron que quedar helados. En Burgos, capital de los sublevados durante la Guerra Civil, se publicaba el Decreto de Unificación, que suponía la creación del que sería el único partido legal durante la dictadura franquista: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (FET de las JONS). 

Franco tuvo una ventaja primordial para lograr su triunfo y mantener un régimen hasta su muerte: tenía un ejemplo reciente de cómo no hacer las cosas, el de la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), militar como él pero que no tuvo la ventaja de tener un precedente. 

Así, Franco desde el primer momento tuvo claro que en el nuevo Estado él debía ser la única cabeza (Primo de Rivera tenía al Rey por encima), y por ello nunca permitió restablecer la monarquía (a pesar del apoyo de los monárquicos en la guerra). Por otro lado, era necesario crear un partido único que consiguiese ideologizar a la población al estilo nazi y fascista pero, al contrario que estos, que no le hiciera sombra. Así, se apoyó en el partido Falange (muy pequeño durante la II República) y lo obligó a fusionarse con los carlistas, de carácter tradicionalista y muy diferente al de los falangistas tanto en su concepción de España como en el aspecto social. 

Sin embargo, si había voces discrepantes con esta forzada unificación, fueron acalladas rápidamente. En plena Guerra Civil no había espacio para la disensión dentro del bando sublevado, y el nuevo partido sería el único permitido durante toda la dictadura.
El único que podía haber hecho sombra al liderazgo de Franco fue José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador y fundador de Falange Española. Sin embargo, fue apresado por los republicanos y fusilado al inicio de la contienda, haciendo un favor a Franco sin querer. Desde ese momento, el dictador aprovechó para utilizar la figura de Primo de Rivera como un mártir (se le apodó “el ausente”) y se le enterró en el Valle de los Caídos con todos los honores, junto a la que posteriormente sería también la tumba de Franco.
En el Decreto de Unificación, breve y conciso, se especificó que los ciudadanos que tuvieran el carnet de afiliado de Falange Española o de Comunión Tradicionalista pasarían automáticamente a ser afiliados de la nueva formación, que se abría a recibir más solicitudes. 

Y el Decreto terminaba de forma rotunda: “quedan disueltas las demás organizaciones y partidos políticos”. Y así fue, al acabar la guerra quedaban todos los partidos ilegalizados durante más de 36 años y no volvería a haber elecciones generales hasta 1977. Mientras, el partido único (que tras la derrota de los fascismos en la II Guerra Mundial se renombró interesadamente como Movimiento Nacional) perdió peso a favor de la Iglesia, los tecnócratas y, cómo no, los omnipresentes militares que, al fin y al cabo, eran los verdaderos camaradas del Caudillo.

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