
Entrada al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, donde más de un millón de personas fueron asesinadas entre 1941 y 1945.
Actualmente estoy preparando mi trabajo de fin de
máster, que trata precisamente sobre cómo enseñar a los adolescentes el tema de
los genocidios que conllevaron las dos guerras mundiales, el Genocidio Armenio
y el Holocausto.
Concluyo que son temas delicados pero que, sin
dudas, deben tratarse en el aula de Secundaria de manera decidida y teniendo la
certeza de que son claves para la formación de nuevas generaciones de
ciudadanos.
De ahí que la reciente polémica debido a que el ya
ex concejal de cultura y deporte del ayuntamiento de Madrid, Guillermo Zapata (que
había sido elegido el pasado sábado tras la elección de Manuela Carmena como
nueva alcaldesa de la capital española), publicó unos tweets con bromas de muy
mal gusto sobre el Holocausto y sobre las víctimas del terrorismo, sea esclarecedora
sobre los límites de bromear con temas como el genocidio que realizaron los
nazis.
Más de seis millones de judíos fueron exterminados
en campos creados para ello. La barbarie nazi llegó al punto de asesinar a todo
hombre, mujer o niño judío de una gran parte de Europa. El discurso del odio no
tuvo límite en su momento y, de ahí que haya que cortarlo de raíz hoy en día. Con
esto último no dudo que la izquierda española coincidirá, pero ciertos
individuos que se suelen adscribir a ella quizá necesiten saber que no solo
fueron asesinados judíos (motivo más que suficiente para condenarlo sin fisuras
y no practicar el “humor negro”) sino también opositores políticos, entre ellos
no pocos republicanos españoles, así como otros grupos sociales que “molestaban”
a los nazis, como homosexuales, enfermos mentales, testigos de Jehová,
feministas, etc.
En definitiva, es necesaria una mayor
concienciación en las aulas y en la calle sobre el Holocausto, qué fue, qué
significa a día de hoy y garantizar que los ciudadanos de hoy y del mañana
tengan claro que con la Barbarie no se bromea, ni en 2011 ni en 2015. Por ello,
la dimisión del señor Zapata como concejal era imprescindible para un nuevo
gobierno municipal que ha prometido cambiar los modos de hacer política local.

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