Hace unas
semanas se conocía el primer caso de transmisión del virus del Ébola fuera de África
y concretamente en nuestro país tras traer a un sacerdote enfermo para intentar
curarle aquí sin éxito. Una de las técnicas de enfermería que le atendieron
contrajo el virus creándose una importante alarma social que fue contestada por
el Gobierno torpemente. El protocolo falló pero se consiguió ingresar a Teresa
Romero y, afortunadamente, ya se ha recuperado tras combatir esa grave
enfermedad.
Sin embargo,
esta crisis sanitaria revela varias cosas. La primera, que España no estaba tan
preparada para afrontar el Ébola como pregonaba nuestro Gobierno. Lo segundo,
que al frente de ciertas instituciones hay personas que carecen de la preparación
necesaria para responder eficazmente a crisis como esta. Las declaraciones de
la ministra de sanidad, Ana Mato, demostraron su desconcierto y cómo no supo
responder y, de hecho, el comité creado ante el contagio estuvo dirigido por la
vicepresidenta Sáenz de Santamaría quedando Mato en un discreto segundo plano. Por
otro lado, la actitud de otro de los responsables, el consejero de sanidad de
la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, fue deplorable no solo por no asumir
los errores sino por acusar a la sanitaria de haber mentido sobre su
enfermedad. ¿Acaso Romero deseaba contraer esa enfermedad? Una persona que se
presentó voluntaria para atender al sacerdote desde luego no merece que se le
acuse de habernos mentido. Esas declaraciones deleznables del consejero fueron
posteriormente matizadas pero su dimisión debería haber sido un hecho inmediato
que, siguiendo la tradición española, no se ha producido.
"Una persona que se
presentó voluntaria para atender al sacerdote afectado desde luego no merece que se le
acuse de habernos mentido"
También se ha
demostrado el alcance de los recortes en sanidad que han efectuado las
comunidades autónomas y, en este caso, Madrid. El desmantelamiento del único
hospital capaz de responder a enfermedades tropicales tan graves como el Ébola,
el Carlos III, supuso que no estuviera preparado y que tuvieran que volver a
acondicionarlo rápidamente para albergar a personas en cuarentena por contacto
estrecho con Teresa (todos ellos ya dados de alta al no haber contraído el
virus).
Por último, a
pesar de todos los fallos y errores que se han cometido, Teresa ha superado la
enfermedad demostrando que España, una vez hace las cosas bien, puede
suministrar un tratamiento y una atención adecuados. Esto responde a los que, al
otro extremo de los que consideran que absolutamente todo se hace bien, creen
que España hace todo absolutamente mal entrando en el ya consabido sentimiento
de inferioridad que tenemos los españoles respecto al resto del mundo y que,
ante crisis como esta, se acentúa. Seamos críticos con lo que hacemos mal pero
también positivos cuando al final lo hacemos bien.

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