martes, 25 de marzo de 2014

Gracias, Presidente


                                
El presidente Suárez acude en ayuda de Gutiérrez Mellado durante el golpe de Estado del 23-F
 


Hace dos días falleció el Presidente. Y lo pongo en mayúsculas porque Adolfo Suárez González (Cebreros (Ávila), 1932-Madrid, 2014) fue el director de la gran orquesta que fue la Transición, una reforma que hizo que España transitase en solo dos años y medio de un régimen autoritario a un sistema democrático al celebrarse elecciones generales libres el 15 de junio de 1977.

Suárez había iniciado su carrera política durante el Franquismo, primero de manera local, luego provincial y, finalmente, llegando a su máxima responsabilidad durante el régimen franquista, director general de RTVE. Esa carrera, como estos días señalan muchos de sus críticos, fue dentro del partido único, Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Suárez era uno de los llamados “reformistas azules”, es decir, estaban en Falange pero apostaban por cambios en España ante el hecho palpable que suponía un régimen dictatorial en plena Europa Occidental. Con la muerte de Franco en noviembre de 1975, el rey Juan Carlos asumió la jefatura del Estado y formó nuevo gobierno. En él Suárez se integró como ministro secretario general del Movimiento, es decir, jefe del todavía partido único.

Ese gobierno, presidido por Arias Navarro, se vio incapaz de asumir la rapidez que se requería para las reformas hacia la democracia y el rey, finalmente, hizo dimitir a Arias Navarro y, con ayuda de Torcuato Fernández Miranda, presidente de las Cortes, escogió de una terna de nombres al nuevo presidente en julio de 1976: Adolfo Suárez. Éste no perdió el tiempo y comenzó un plan arriesgado pero inteligente para una transición pacífica (aunque por desgracia no sin sangre, pues los atentados de la ultraderecha, ETA y GRAPO fueron continuos) mediante una reforma del régimen que fuera “de la ley a la ley”, por lo que apostaba por una tercera vía en vez de por las apuestas reaccionarias (los que querían que el Franquismo continuara sin Franco) y revolucionarias (un cambio radical hacia una república popular).

Así, Suárez y su gobierno elaboraron la Ley para la Reforma Política, de iure la última de las Leyes Fundamentales del Franquismo. Por esta ley, el régimen se hacía un auténtico harakiri, ya que disolvía las Cortes franquistas y convocaba elecciones para el próximo año. El mayor riesgo de ese plan, por tanto, era que dichas Cortes, en las que había elementos muy reaccionarios, se negaran a aprobar la Ley para la Reforma Política ya que Suárez sabía que el referéndum al respecto sería aprobado por los españoles, que querían cambios. No es de extrañar que, cuando finalmente las Cortes aprobaron la ley, la cara de Suárez reflejara un gran alivio. El régimen desaparecía desde dentro.
El diciembre de 1976 los españoles aprobaban por referéndum de manera muy amplia la ley: 94.17 % a favor con una participación muy alta, del 77.8 %.

Quedaba, pues, abierta la puerta a las elecciones para Cortes Constituyentes y, en los meses posteriores, Suárez maniobró de cara a esas elecciones legalizando los partidos. El punto más arriesgado fue la legalización del Partido Comunista, temiéndose una reacción virulenta de parte del ejército. Sin embargo, la legalización, aunque fue acogida fríamente, solo provocó la dimisión del ministro de Marina. Las elecciones quedaban plenamente legitimadas con la participación de los comunistas.

Por su parte Suárez participó también en las elecciones como candidato por una coalición de diversos elementos democristianos, socialdemócratas, conservadores y de otra índole llamada Unión de Centro Democrático. En las elecciones de junio de 1977 UCD obtuvo la victoria por mayoría relativa después de una campaña intensa y en la que Suárez brilló con su famoso discurso televisado del “Puedo prometer y prometo”, como así hizo. Prometió una nueva Constitución consensuada entre las diversas fuerzas políticas, y así se hizo.
Y es que Suárez, con 166 escaños de UCD, podría haber sumado a la Alianza Popular de Manuel Fraga (franquismo sociológico aunque no ultra) y haber redactado una constitución de centro-derecha, pero sin embargo apostó por el consenso para la redacción de una constitución de todos, algo que nunca antes había ocurrido en la Historia de España. Así, en la ponencia de redacción hubo miembros de UCD, del PSOE, del PCE, de AP y de los nacionalistas catalanes. Se ideó un nuevo modelo territorial para la siempre compleja España: un sistema autonómico semejante al pensado en la II República pero con cierta inspiración en los sistemas federales europeos, pues otorga amplia autonomía a cada comunidad. En este sentido, Suárez legalizó la Generalitat de Cataluña rápidamente dándosele prioridad, junto al País Vasco, Galicia y Andalucía. Las demás comunidades serían creadas después de su mandato.

La Constitución abordó temas complejos y su redacción se prolongó hasta finales de 1978, cuando primero las Cortes y luego los españoles la aprobaron. En las Cortes solo los más extremistas se opusieron a ella y en el referéndum fue aprobada por el 88.54 % de los votantes con una participación del 67.11 %.
España ya era una democracia en todos los sentidos y, de hecho, muchos historiadores consideran que la Transición acabaría aquí, pero yo personalmente considero que se prolonga al menos hasta 1982, con la victoria por mayoría absoluta del PSOE.

Una vez ratificada la Constitución las Cortes Constituyentes ya habían hecho su labor y Suárez convocó nuevas elecciones generales para comenzar la I Legislatura de la nueva democracia. En la convocatoria de marzo de 1979 Suárez volvió a ganar aumentando ligeramente su resultado de 1977, con 168 escaños para UCD quedando el PSOE con 121, principal partido de la oposición desde las anteriores elecciones.

A partir de ese momento comenzaron las fuertes dificultades para Suárez. Unos Felipe González y Alfonso Guerra que deseaban llegar muy rápido al gobierno, junto a muchas conspiraciones dentro de UCD acabaron con el gobierno de Suárez en solo dos años a pesar de los éxitos políticos evidentes. Además, tuvo que superar una moción de censura del PSOE en 1980. Así, en enero de 1981 Suárez dimitió anteponiendo los intereses de España a los personales (“Me voy con el convencimiento de que este comportamiento es el que mi patria me exige en este momento […] yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”).

Sin embargo, a Suárez aún le quedaba por demostrar una última vez su entereza como presidente del Gobierno cuando el 23 de febrero, en la investidura de Calvo-Sotelo como su sucesor, se dio un golpe de Estado que tuvo como principal protagonista el secuestro del Congreso por un grupo de guardias civiles dirigidos por Antonio Tejero. Durante la entrada a la cámara baja, los guardias civiles dispararon sus armas al techo y el vicepresidente Gutiérrez Mellado se enfrentó con los guardias civiles, acudiendo Suárez en su ayuda. Durante los disparos, ambos, junto a Carrillo en su escaño, permanecieron desafiantes y no se ocultaron, siendo ampliamente admirados desde entonces. El golpe fracasó con la intervención del rey y días después se consumó la dimisión de Suárez como presidente. UCD se disgregó definitivamente en el año posterior y Suárez creó un nuevo partido, el Centro Democrático y Social, para las siguientes elecciones generales de 1982.

En dichas elecciones obtuvo un resultado muy malo, solo dos escaños, pudiendo mantener su escaño por Madrid. En 1986 volvió a presentarse logrando que el CDS se convirtiera en el tercer partido del país, pero fue algo solo momentáneo, pues Alianza Popular fue fortaleciéndose asumiendo elementos centristas y se convirtió en la única alternativa grande al PSOE. Así, en 1991 el CDS sufrió un descalabro en las elecciones municipales y Suárez dejó la presidencia del partido y la política activa.

Los reconocimientos a su labor no llegaron hasta mediados de la década de 1990 y fueron lentos pero paulatinos llegando a su cénit al otorgársele el premio Príncipe de Asturias de la Concordia de 1996. En los 2000 su figura fue ganando reconocimiento… justo cuando su memoria comenzó a apagarse por el Alzheimer, después del duro golpe de perder a su esposa por el cáncer y a su amigo Gutiérrez Mellado en los años previos. Enfermo, se retiró de la vida pública sin recordar haber sido presidente del gobierno y su labor para España, que, ahora sí, es recordada y reconocida con gratitud por la mayoría de los españoles.

Descansa en paz, Presidente, y gracias por todo. 

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