viernes, 7 de febrero de 2014

Francófilos, anglófilos y germanófilos


Es comúnmente sabido que España es una potencia de segundo orden desde hace siglos y que, por tanto, hemos buscado alianzas con otros países más fuertes, alianzas que han ido variando a lo largo del tiempo de acuerdo a las circunstancias y a nuestros intereses.

De esta manera enlazo con el título de este post. Por cercanía geográfica, motivos históricos o culturales España siempre ha tendido a mirar hacia el norte a la hora de imitar formas de vida o de trabajo, entre otras. Gran Bretaña, Francia y Alemania coinciden en su cultura occidental heredera de la Antigüedad clásica, el judeocristianismo y la Ilustración, al igual que España. Por esa cercanía cultural (y geográfica) la más cercana a nuestro país de esas tres naciones es Francia, latina y mayormente católica.

FRANCÓFILOS 
También podríamos llamarlos afrancesados. Francia desde el siglo XVII superó a España en influencia en Europa y, después de la Guerra de Sucesión, se tejió una fuerte alianza entre ambas naciones por motivos dinásticos (ambos países tenían a la dinastía Borbón en el trono). Dicha alianza se mantuvo durante todo el siglo XVIII e influyó en España de manera cultural. Madrid se convirtió al fin en una capital digna de un imperio durante el reinado de Carlos III, quien imitó a París en la creación de amplios bulevares y monumentos. Además la Ilustración tuvo mucha fuerza en Francia y se exportó al sur de manera evidente aunque a veces con resistencias locales (recordamos el famoso Motín de Esquilache).

A finales de siglo Francia fue un terremoto con la Revolución y las relaciones con España se vieron afectadas. El rey español, Carlos IV, temeroso de los cambios profundos que se estaban dando en el país vecino, no supo reaccionar y primero apostó por derrocar al nuevo régimen junto a otras naciones europeas. La derrota forzó a España a cambiar su política y, ya con Napoleón como emperador francés, se hizo aliada del país galo. Dentro de esa alianza se dio la dura derrota naval de Trafalgar frente a Gran Bretaña. España así perdía casi toda su flota y sus conexiones con su imperio colonial sentenciando así su futuro.

En 1808, por el Tratado de Fontainebleau, las tropas francesas entraban en España para tomar Portugal pero al final terminaron ocupando toda la Península. Comenzó la Guerra de la Independencia en la que los odios a los franceses fueron muy profundos y perduraron más de un siglo después (y aún hoy se recuerdan). Sin embargo, hubo muchos españoles, sobre todo de clases altas e intelectuales) que apoyaron a los franceses, que traían un nuevo régimen político y la Modernidad, frente al oscurantismo y al absolutismo borbónico. Se les llamaba afrancesados, aunque hoy diríamos francófilos, admiradores de Francia y sus tradiciones, idioma, política, etc.

Durante el siglo XIX España tuvo una relación cercana con Francia, y en ambos países se dio un siglo muy convulso. En general se dio colaboración: en 1823 la Santa Alianza acudió en ayuda del rey Fernando VII para restaurar su poder absoluto enviando a los Cien Mil Hijos de San Luis, franceses. Ya en el reinado de Isabel II fue curiosa la expedición a la Cochinchina, de la que Francia obtuvo réditos coloniales pero España prácticamente nada.

A principios del siglo XX la colaboración volvió con el reparto de Marruecos (eso sí, España se quedó con la zona más pobre y Francia no permitió ni que mantuviera la ciudad de Fez) y el posterior apoyo francés en la Guerra del Rif, en la que España tuvo que enfrentarse a la insurrección de los rifeños para lo que contó con el ejército francés.

Con la República y la Guerra Civil Francia se vio en una tesitura. En el conflicto español Francia debía ayudar a los republicanos por múltiples motivos: compartían el Frente Popular izquierdista y eran democráticos, al menos en principio. Sin embargo, la neutralidad clara de Gran Bretaña hizo que finalmente la ayuda francesa a la República se limitase a pequeños envíos de armas al principio de la contienda.

La II Guerra Mundial y la rápida derrota de Francia hizo que en España Franco tuviera la tentación de entrar en el conflicto para conseguir ampliaciones en lo que quedaba de imperio colonial, aunque eso lo veremos con más detalle en la parte referida a los germanófilos.

En épocas más recientes Francia era para los españoles una tierra de inmigración, de admiración por su clara superioridad económica y nivel de vida además de costumbres mucho más liberales que la España nacionalcatólica. Con la Transición a la democracia estas diferencias se fueron atenuando aunque en España se sigue viendo a Francia como un país en general próspero y progresista. Eso no quita que haya suspicacias hacia nuestros vecinos y no solo por motivos históricos: en los años 80 el país galo fue el que más resistencias puso a la entrada de España en la Comunidad Europea por temor a que ello perjudicara a sus agricultores. Por otro lado, en las últimas décadas ha destacado la colaboración entre ambos países frente al terrorismo de ETA, entre otras áreas.

ANGLÓFILOS

Si las relaciones con Francia han sido históricamente difíciles, con Gran Bretaña lo han sido aún más. Durante el reinado de los Reyes Católicos primó la colaboración para aislar precisamente a Francia pero con su bisnieto, Felipe II, comenzaron los problemas: el intento de invadir la isla fracasó estrepitosamente (la Armada Invencible sucumbió a los “elementos”). A partir de ahí se inauguró una larga lista de conflictos que dura aún hoy. Destaca la Guerra de Sucesión en la que Gran Bretaña apoyó al candidato Habsburgo en vez de al Borbón francés. Tras esa guerra se firmó el Tratado de Utrecht, recordado en España porque cedió Menorca y…Gibraltar. Mientras que la isla balear fue recuperada a posteriori, el valor estratégico del peñón hizo que los británicos lo mantuvieran en los siglos posteriores y aún hoy lo posean como colonia, aunque con alto nivel de autogobierno. España desde entonces no ha parado de reclamarlo, al considerarlo parte de su territorio nacional. Esto ha hecho que las relaciones con Gran Bretaña hayan sido difíciles pero también ha habido momentos de colaboración e incluso buena relación.

Después de derrotar a España y Francia en Trafalgar, fueron los británicos quienes acudieron a la Península Ibérica a combatir la ocupación francesa en la Guerra de la Independencia. La conjugación de los ejércitos español, británico y portugués derrotó a los franceses definitivamente. Sin embargo, la valoración de esta coalición es diferente según el país: mientras que en España los historiadores variamos entre la opinión de que la intervención británica fue de mero apoyo a los ejércitos españoles o de que fue fundamental la colaboración de ambos para derrotar a Francia (esta última es la que comparto yo), en Gran Bretaña consideran en general que fueron ellos los que derrotaron a los franceses con mero apoyo de los españoles (Peninsular War). Sea como fuere, hubo colaboración necesaria.

En el siglo XX las relaciones atravesaron diferentes momentos pero la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial acercó contactos entre ambos países. La Guerra Civil hizo que Gran Bretaña fuese la principal impulsora de la no intervencionista en la situación española beneficiando a medio plazo a Franco. En la Segunda Guerra Mundial Gran Bretaña intentó insistentemente que España mantuviera la neutralidad y no entrara en guerra junto al Eje, y lo consiguió. La combinación de amenaza con cortar las importaciones a España de materiales que entonces escaseaban en el país hispano, junto al soborno demostrado en diferentes estudios de altos cargos militares españoles, hizo que al final Franco se decidiera a no entrar en el conflicto mundial.

Sin embargo, la relación entre ambos países llegaría pésimos momentos con el cierre de la verja que separa Gibraltar de España en 1969. Ya durante la Guerra Civil, aprovechando la situación española los británicos se habían apoderado del istmo que une la roca con la península, un terreno que el Tratado de Utrecht no incluía para Gran Bretaña.
El Peñón había sido para el régimen franquista una bandera reivindicativa por su estatus de colonia, en un momento de descolonización. Además, también servía a Franco para centrar la atención de la población en un asunto que a él le interesaba. Así, la verja estuvo cerrada completamente hasta 1982 pero el conflicto continuó. El tráfico aéreo quedó bloqueado hasta 2006, las telecomunicaciones hasta 2007 y la conexión marítima hasta 2009, es decir, hasta prácticamente ayer. Dejando de lado Gibraltar las relaciones han sido fluidas y, con la entrada de España en la Comunidad Europea en 1986, ambos países son aliados, además de por la OTAN.

Esto no ha quitado que hayan desaparecido los problemas con Gibraltar. El año pasado hubo un fuerte incremento de las tensiones entre las autoridades españolas y las del Peñón debido al lanzamiento de bloques de hormigón por parte de los gibraltareños en aguas consideradas por ellos como suyas. España, sin embargo, esgrime que las aguas de Gibraltar se restringen al puerto debido a la ocupación ilegal británica del istmo antes mencionada. Sin embargo, la tensión con Reino Unido se redujo tras reunirse los ministros de Asuntos Exteriores de ambas naciones, aunque la animadversión de los gobiernos de España y Gibraltar sigue siendo evidente hoy.

En cualquier caso, en España siempre ha habido anglófilos. Gran Bretaña siempre se ha visto como un país próspero y moderno, cuna del parlamentarismo y de la revolución industrial por lo que, a pesar de las rivalidades, la ”Pérfida Albión” también ha contado con apoyos en España, que se mostraron de forma evidente en la Primera Guerra Mundial y, de forma más discreta, en la Segunda.

GERMANÓFILOS 
Al contrario que con Francia y Gran Bretaña, España no ha tenido grandes y recientes conflictos con Alemania. Lo más cercano puede considerarse la Guerra de los Treinta Años, que no ha dejado sustrato en la mentalidad colectiva española, como sí dejó la Guerra de la Independencia (por motivos obvios). El motivo es sencillo: Alemania y España están lejos una de la otra por lo que no tenían conflictos fronterizos como sí tenía con Francia por tierra y con Gran Bretaña por mar además de en las colonias.

De hecho, Alemania no existía como Estado único hasta su unificación definitiva en 1871. Antes de eso existía primero el Sacro Imperio Romano Germánico hasta época de Napoleón, con un emperador a la cabeza (que con Carlos V unió dinásticamente a las coronas peninsulares con los principados alemanes) pero sin unión política efectiva. Luego se creó la Confederación del Rin y la Confederación Germánica. Liderada por Prusia. Éste era el Estado alemán más fuerte con diferencia y el que dejaría su impronta. Su cultura, su modo de vida, su potente ejército o su ciencia serán aspectos que en España se alabarán y se intentarán imitar en ocasiones. En 1871 Prusia, con apoyo del resto de los Estados alemanes, derrotó a Francia consiguiendo la unificación definitiva y el nacimiento del II Reich con Bismarck, canciller prusiano, como jefe de gobierno y con el rey de Prusia como emperador alemán. Como se ve, Prusia era el líder del nuevo imperio por su supremacía económica, militar y demográfica sobre el resto de los alemanes. Su desarrollo económico superó a Francia y amenazó a Gran Bretaña, lo que motivaría a largo plazo la Primera Guerra Mundial. Se creó un sistema de alianzas y al final la guerra estalló en 1914, aunque no solo de mano alemana (el estudio de los motivos de la IGM da para una buena tesis).

España, dividida entre aliadófilos y germanófilos, se mantuvo neutral y comerció con ambos bandos. Sin embargo, la tensión con Alemania aumentó con el hundimiento del Sussex, navío en el que viajaban estadounidenses y españoles, por parte de los submarinos germanos. Aún así, no llegó a entrar en guerra como represalia.

Posteriormente, los caminos de España y Alemania se volvieron a unir con la Guerra Civil. Alemania, ya bajo la tiranía nazi, apoyó activamente al bando franquista proveyéndole de armamento, dinero e incluso hombres (la famosa Legión Cóndor). Esto creó un fuerte vínculo entre ambas naciones una vez terminado el conflicto español y estuvo a punto de suponer la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial. Franco y Hitler llegaron a entrevistarse en Hendaya en 1940 pero, aunque España apoyó a Alemania y se comprometió a entrar en la guerra en un futuro indeterminado, al final se mantuvo neutral toda la guerra. Con los reveses alemanes en 1943, España volvió a la neutralidad completa aunque mantuvo su apoyo indirecto a Alemania casi toda la guerra: exportaciones (destacando el wolframio), permiso para sabotear a los británicos, ciertas ventajas en espionaje (caso de Tánger), etc. además, España fue el único país neutral que envió una división entera de voluntarios a combatir junto al Eje, la División Azul a la URSS.

Tras la derrota alemana España quedó aislada internacionalmente por ese apoyo al Eje pero las relaciones se retomaron tras la década de los 50 y volvió a haber intereses entre España y Alemania (Occidental entiéndase. La Oriental al ser comunista quedaba fuera del plano de interés franquista en principio). Con la Transición las relaciones hispano-germanas se intensificaron y destacó el apoyo alemán al ingreso español en la Comunidad Europea frente a las trabas que puso Francia al respecto. Alemania pasó a ser así una fuerte aliada española y la relación en las últimas décadas ha sido óptima, hasta que comenzó la crisis económica actual, en el año 2008. Alemania, junto a otros países del norte europeo, presionó para que España realizara fuertes recortes y ajustes económicos manteniendo la situación actual de fuerte austeridad. Es por ello por lo que, a pesar de que en España siempre se ha visto a los alemanes de manera positiva (trabajadores, aliados, turistas…), actualmente se les vea como responsables de los recortes que se sufren día a día en el país. A pesar de ello, vuelve a haber inmigración española a Alemania (otro motivo de lazo entre ambos naciones desde la década de 1960) debida a la solvencia de dicho país y a su buena reputación en ese sentido.

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