domingo, 3 de enero de 2010

El debate abertzale echa a los más duros


Artículo diario El País.



El debate interno en la izquierda abertzale sobre la apuesta a favor de un polo soberanista, transitando por vías pacíficas y democráticas, en ausencia de violencia y sin injerencias externas, gana posiciones de manera entre sus bases cuando está cerca de su clausura, según fuentes próximas a esa formación política. Sus líderes han fijado los últimos días de enero o los primeros de febrero como fechas límite para cerrar la discusión. La posición oficial, que defiende las tesis de Arnaldo Otegi y Rafael Díez Usabiaga, encarcelados desde octubre, encuentra resistencias en los miembros de Ekin, el sector más duro de la izquierda abertzale. Ekin defiende la presencia de ETA en el proceso, y algunos de sus miembros han sido expulsados de las asambleas.

La izquierda abertzale celebra desde octubre reuniones en los municipios donde tiene presencia. Pretende que de ellas surja una refundación de su formación. El proceso es observado con gran escepticismo por las restantes formaciones políticas, que ven muy difícil que ETA ceda a su brazo político el papel de vanguardia del autollamado MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco) o que su brazo político esté dispuesto a enfrentarse a la banda si ésta regresa al terrorismo tras casi cinco meses de inactividad absoluta, desde el 9 de agosto. Precisamente, el martes el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y su homólogo del Gobierno vasco, Rodolfo Ares, aseguraron que ETA pretende estar presente en la escena pública y no está dispuesta a pasar a un segundo plano en este momento de encrucijada para el futuro de la izquierda abertzale.
La credibilidad de la izquierda abertzale en este debate depende de su actitud ante ETA. Se trata de conocer hasta dónde está dispuesta a llegar en sus conclusiones, que se recogerán en un texto de colofón del debate, respecto a su desvinculación de la organización terrorista. Y de saber si esa desvinculación de la banda armada será explícita o meramente implícita, como ya apuntaba el documento que originó el debate, Interpretación de la fase política y la estrategia.
La necesidad que tiene la izquierda abertzale de presentarse a las elecciones municipales dentro de año y medio, en mayo de 2011, para evitar el riesgo de desaparecer absolutamente de la vida pública, la empuja a desvincularse de ETA hasta las últimas consecuencias. En este sentido, han resultado muy explícitas las recientes declaraciones de Arnaldo Otegi desde la cárcel, extraídas de una carta dirigida a un preso etarra, en las que decía que "quien se resiste a dejar la violencia o no está en sus cabales o trabaja para el enemigo". En la misma onda se han manifestado otros dirigentes, como Rafael Díez Usabiaga, también encarcelado, y Rufi Etxeberria, que, en este momento, ejerce el principal liderazgo en la izquierda abertzale.
Las palabras de Otegi cobran todo el sentido si se tiene en cuenta que la izquierda abertzale sólo está presente hoy en día en unas decenas de ayuntamientos. Tras ser ilegalizada en 2003 por su vinculación con ETA, ha desaparecido de las Cortes Generales, del Parlamento vasco, de las Juntas Generales y de la mayoría de los ayuntamientos.
Juegan, también, a favor de la necesidad de que la izquierda abertzale se desvincule de ETA las exigencias del sindicato nacionalista ELA y del partido Eusko Alkartasuna (EA), proclives a integrarse en el polo soberanista, pero con la condición inexcusable de que la banda se retire de la circulación y no intente tutelar ese proceso. Tanto en ELA como en EA pesa la experiencia del Pacto de Lizarra-Estella, de 1998 y 1999, el proceso de unidad de los partidos nacionalistas para avanzar hacia el derecho a la autodeterminación, que fue reventado con una campaña de atentados de ETA al no lograr tutelarlo.
Pero la izquierda abertzale tiene otra fuerte contraindicación a la ruptura con ETA: la pérdida de su referente histórico. En sus cincuenta años de historia, todas las apuestas internas en el seno de ETA o de su brazo político a favor de las vías políticas y de la desvinculación de la violencia o la ubicación de la banda en una posición secundaria se han zanjado con escisiones en las que ETA ha terminado por predominar. Desde su primera escisión en 1966, que dio origen a la organización obrerista ETA Berri, hasta la del partido independentista y contrario a la violencia Aralar, en 2000.
En ese dilema se sitúa el debate en la izquierda abertzale, que ha puesto en manos de su asesor internacional, Brian Currin, participante en los procesos de paz de Irlanda del Norte y Suráfrica, la redacción del manifiesto con que culminará el debate interno. Currin -que cuenta, a su vez, con el apoyo de un sector del movimiento pacifista vasco Elkarri y la Comunidad de San Egidio, especializada en la mediación internacional- redactó en octubre el documento que está sirviendo de base al debate. Ya entonces tuvo que rebajar sus pretensiones y sustituir la expresión "rechazo a la violencia" por una redacción suavizada como "el proceso democrático tiene que desarrollarse en ausencia total de violencia y sin injerencias internas".
Currin pretende ofrecer un texto base para la izquierda abertzale que le permita lanzar el polo soberanista, concurrir a las próximas elecciones y lograr que ETA asuma que su brazo político sea la vanguardia del MLNV, una cuadratura del círculo muy difícil de encajar.
La incógnita es el comportamiento de ETA, cuyos más de cuatro meses de inactividad absoluta no suponen garantía de nada. El Ministerio del Interior se ha situado en la hipótesis más negativa, que ETA regrese a la actividad con un secuestro o un atentado espectacular para cobrar el protagonismo que ha perdido y dar un golpe de autoridad en la izquierda abertzale.
En la izquierda abertzale conocen la existencia de un debate interno en ETA entre quienes están dispuestos a ceder el protagonismo a los políticos y quienes no lo están. Pero se ignoran los detalles. La principal novedad es que hoy en el seno de la izquierda abertzale se dibujan posiciones beligerantes contra ETA, si ésta irrumpe en este nuevo proceso y lo desbarata, como pasó con los anteriores. La incógnita, una vez más, es si los partidarios de Otegi estarán dispuestos a llegar hasta la ruptura.
El lehendakari, Patxi López, mantiene su escepticismo sobre la actitud final de la izquierda abertzale. Recientemente ha manifestado: "En este país hemos tenido demasiadas palabras. Lo que hace falta es que pasen definitivamente a los hechos. Hemos conocido cartas del propio Otegi, pero si eso no se traduce en un hecho definitivo que demuestre la ruptura con el terrorismo, quedarán en nada".
El PNV está tomando posiciones. Prepara su propia alternativa soberanista para tratar de mantener la hegemonía en el campo nacionalista ante la previsible salida del polo soberanista desde la izquierda abertzale.

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