Edificio del Parlamento de Cataluña, en Barcelona.
El pasado domingo se celebraron elecciones autonómicas en Cataluña para renovar su parlamento. Han sido unos comicios marcados por la pandemia de covid-19, y más ahora que estamos todavía en plena tercera ola del virus en Europa. De hecho, los positivos o personas en cuarentena pudieron ir a votar en la última hora de votación, pero los miembros de las mesas electorales tuvieron que vestirse con Equipos de Protección Individual, lo que dejó escenas realmente surrealistas.
Se elegía a los 135 miembros del Parlamento de Cataluña por quinta vez desde 2010. La legislatura de nuevo no se acabó ante las divergencias dentro del gobierno independentista, por lo que se convocaron comicios para el 14 de febrero, que el gobierno catalán intentó mover a mayo debido a la pandemia, lo cual fue frenado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.
La participación se ha hundido al pasar de su máximo en 2017 (debido al efecto polarizador de la declaración unilateral de independencia y a la intervención de la autonomía por el Gobierno de España) con un 79 % de votantes a la más baja de la historia con menos del 54 % del censo ejerciendo su derecho al voto. Esto ha tenido evidentes repercusiones en los resultados ya que las zonas independentistas han estado más movilizadas que las tradicionalmente más unionistas.
Los resultados son los siguientes:
Parlament de Catalunya (catalán)/Parlamento de Cataluña/Parlament de Catalonha (aranés)
PARTIT DELS SOCIALISTES DE CATALUNYA (PSC-PSOE): 33 (+16)
ESQUERRA REPUBLICANA DE CATALUNYA (ERC): 33 (+1)
JUNTS PER CATALUNYA (JxCat): 32 (-2)¹
VOX: 11 (+11)
CANDIDATURA D´UNITAT POPULAR-UN NOU CICLE PER GUANYAR (CUP-G): 9 (+5)
EN COMÚ PODEM-PODEM EN COMÚ (ECP-PEC): 8 (=)
CIUTADANS-PARTIDO DE LA CIUDADANÍA (Cs): 6 (-30)
PARTIT POPULAR/PARTIDO POPULAR (PP): 3 (-1)
¹ Respecto a los resultados de la coalición homónima formada por el Partit Demòcrata Europeu Català (PDeCAT) y el partido también llamado Junts per Catalunya, que es el que ha logrado 32 escaños en estas elecciones.
Distribución por provincias:
Barcelona:
PSC-PSOE: 23 (+10)
ERC: 19 (+1)
JxCat: 16 (-1)
Vox: 7 (+7)
ECP-PEC: 7 (=)
CUP-G: 5 (+2)
Cs: 5 (-19)
PP: 3 (=)
Girona:
JxCat: 7 (=)
ERC: 4 (=)
PSC-PSOE: 3 (+2)
CUP-G: 2 (+1)
Vox: 1 (+1)
Lleida:
JxCat: 5 (-1)
ERC: 5 (=)
PSC-PSOE: 3 (+2)
CUP-G: 1 (+1)
Vox: 1 (+1)
Tarragona:
ERC: 5 (=)
PSC-PSOE: 4 (+2)
JxCat: 4 (=)
Vox: 2 (+2)
CUP-G: 1 (+1)
Cs: 1 (-4)
ECP-PEC: 1 (=)
Partido ganador por municipios: PSC (rojo), ERC (dorado), Junts (verde azulado), Vox (verde), CUP (amarillo), PDeCAT (azul oscuro).
De estos resultados podemos extraer varias conclusiones. La primera es que la baja participación ha afectado más a los partidos no independentistas que a los independentistas. La segunda es que los resultados no son determinantes para saber hacia dónde se inclinan los catalanes en esta cuestión. Los independentistas superan por primera vez el 50 % de los votos si se cuenta al PDeCAT, que no ha logrado representación, pero ello en el marco de una participación de solo el 53 % de los electores.
El partido ganador ha sido el PSC, representante del PSOE en Cataluña. Llevaba sin ganar en votos unas elecciones autonómicas catalanas desde 2003, cuando tuvo más votos que la antigua Convergència i Unió (CiU) de Pujol pero no más escaños debido al peculiar sistema electoral catalán, que prima a las provincias menos pobladas y tradicionalmente también más nacionalistas. Desde ese año, el PSC había entrado en un declive progresivo al pasar de los 42 escaños de 2003 a solo 16 en 2015, cuando pisó su suelo. En 2017 se recuperó levemente a 17 y ahora hace una espectacular remontada y gana tanto en votos como, por primera vez, en escaños aunque empatado con Esquerra Republicana a pesar de tener un 2 % más de votos que esta. Parte de este éxito de los socialistas ha ido de la mano de su candidato, Salvador Illa (La Roca del Vallés, 1966), ministro de Sanidad durante la pandemia y que ha mantenido la calma en todos estos difíciles meses a pesar de las difíciles circunstancias con las que le tocó lidiar. Ello ha sido premiado por el electorado de su tierra y el PSC gana en la provincia de Barcelona, además de en numerosos municipios, sobre todo en Barcelona y su área metropolitana, la costa de Tarragona y el valle de Arán. El PSC se ha nutrido de los votantes desencantados con Ciudadanos, que en 2017 ganó los comicios pero ni siquiera intentó presentarse a la investidura. Sin embargo, Illa tiene pocas posibilidades de ser investido presidente, ante la mayoría absoluta de los independentistas, que se comprometieron por escrito a no pactar con los socialistas.
Esquerra Republicana de Catalunya al fin consigue su ansiado objetivo de ser el primero en el bloque independentista, aunque de nuevo sin ganar las elecciones autonómicas después de haber ganado las dos últimas generales en esa comunidad. Aumenta sus resultados en un escaño, consiguiendo su máximo histórico desde 1980, y gana en la provincia de Tarragona, aunque no en tantos municipios como sus rivales de Junts. Su candidato ha sido Pere Aragonès (Pineda de Mar, 1982), muy cercano al ex-vicepresidente Oriol Junqueras. Ahora Aragonès es el candidato con más opciones de hacerse con la presidencia de la Generalitat si consigue el apoyo de las otras formaciones independentistas, Junts y la CUP, aunque para ello deberá hacer equilibrios entre la presión de estos para avanzar a la secesión y la decisión de ERC de colaborar con el Gobierno de España.
Junts per Catalunya se queda sin ser el partido más votado del bloque independentista por muy poco. La división entre el partido del ex-presidente Puigdemont y el PDeCAT de otro ex-presidente, Artur Mas, ha hecho que hayan perdido posiciones. Aun así, Junts gana en Lleida y Girona, esta última provincia donde tienen su base de poder. Su candidato formal era el mismo Carles Puigdemont pero la que ejercía como candidata realmente era Laura Borràs (Barcelona, 1970), hasta ahora diputada en el Congreso. Al haber quedado por detrás de ERC, en principio no tienen autoridad para exigir la presidencia de la Generalitat pero sí grandes competencias en el gobierno catalán y exigencias de programa, como avanzar hacia la independencia aludiendo a los números obtenidos (por muy espejo que sean dada la participación).
En cuarta posición ha quedado la ultraderecha española, Vox, que sigue aumentando sus cuotas de poder ante la contemporización y colaboración que siguen teniendo PP y Ciudadanos con este partido. Sin embargo, al final los ultras podrían acabar devorando al centroderecha como ya ha sucedido en otros países como Francia o Italia. En cualquier caso, Vox consigue entrar por primera vez en el Parlamento de Cataluña con un notable resultado de 11 escaños, muy por detrás de los tres primeros pero sí más escaños que PP y Cs juntos. Su candidato era Ignacio Garriga (Sant Cugat del Vallès, 1987) y ya ha adelantado que harán una oposición total al gobierno que salga de las elecciones. Algo que podrán publicitar en el resto de España.
La CUP, aliada esta vez con grupos anticapitalistas anteriormente cercanos a Podemos, mejora notablemente sus resultados de 2017 con nueve escaños y representación por todas las provincias catalanas. Y, de nuevo, tendrá controlado al gobierno catalán independentista ya que les necesitarán para ganar las votaciones del parlamento. La candidata era Dolors Sabater (Badalona, 1960), ex-alcaldesa de Badalona.
En Comú Podem (que se presentó en 2017 como Catalunya en Comú-Podem) ha logrado mantenerse en ocho escaños a pesar del empuje socialista, lo cual salvaguarda la estabilidad del Gobierno de España. Sigue estando lejos de los resultados de la antigua Iniciativa per Catalunya Verds entre 2006 y 2012, pero su objetivo era no seguir empeorando y lo han conseguido. Su candidata ha sido Jéssica Albiach (Valencia, 1979) y ECP ya ha mostrado su disposición a intentar acercar al PSC y a ERC para un gobierno de izquierdas parecido al tripartito que gobernó Cataluña entre 2003 y 2010, pero con escasas posibilidades de éxito. ERC apuesta por atraerse a los comunes.
Llegamos al hundimiento de la jornada. Ciutadans nació en 2006 para frenar al nacionalismo catalán desde una perspectiva de centro o centroizquierda. Con su expansión nacional a partir de 2014, el partido comenzó a inclinarse hacia la derecha para competir con el PP y ello le ha llevado al desastre, que empezó ya en 2019 cuando la repetición de las elecciones generales les llevó a solo diez escuálidos escaños en el Congreso. Desde entonces, Ciudadanos no levanta cabeza: se quedó fuera del Parlamento de Galicia y entró en el vasco solo por ir en coalición con el PP. Esta vez, Cs se queda un millón de votos y 30 escaños ya que en 2017 ganó los comicios con 36 escaños. Ahora solo retiene seis, y a duras penas. Entre las causas están, posiblemente, las mismas que en 2019: la percepción general de que ya no es un partido útil. En 2017 ganaron las elecciones pero no intentaron ni presentarse a la investidura. Además, su candidata entonces y actual líder del partido, Inés Arrimadas, no tardó en dejar Cataluña para irse a Madrid a hacer política nacional. Esto, y el escoramiento a la derecha pueden explicar este desastre sin paliativos, por mucho que su candidato, Carlos Carrizosa (Barcelona, 1964) intente culpar de todo a la alta abstención, que puede haber tenido influencia, pero no tanta como para dejarse un millón de votos de golpe. Tras esto, el partido podría entrar en un proceso de descomposición parecido al de UPyD si no asume la necesidad de un revulsivo.
Finalmente, el PP tampoco ha salido bien librado. A su ya peor resultado histórico (si exceptuamos los primeros comicios de 1980 en los que no tuvo representación) de 2017 sigue uno aún peor esta vez. Solo tres escaños, todos por Barcelona, que ahondan en el declive del que es segundo partido de España y encabeza la oposición pero que en la segunda comunidad del país es marginal, con lo que ello supone de cara a su futuro político. Además, el presidente del partido, Pablo Casado, se implicó decididamente en una campaña que ha ido de más a menos y ha acabado por ser una pesadilla para la formación, que ha sufrido el sorpasso de sus socios de la ultraderecha en varias comunidades. Todo un mal augurio para el centroderecha español, que ha alimentado durante años a Vox homologándolo al resto de partidos al contrario de lo que se hace en otros países como Alemania, Países Bajos o Francia. Su candidato, Alejandro Fernández (Tarragona, 1976) no pudo frenar la debacle.
Por tanto, estas elecciones tienen claros vencedores: el PSC, ERC, la CUP y Vox están entre ellos. En Comú Podem se queda como estaba, lo cual también es un éxito para ellos. Entre los perdedores destaca por su desplome Ciudadanos, que pasa a ser irrelevante, lo mismo que el PP, que no levanta cabeza. Junts pierde su hegemonía en el independentismo pero sigue siendo muy fuerte en el territorio.



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