Por una vuelta segura

 CSIF demanda que se reduzcan los alumnos por aula para garantizar ...

En los últimos días parece que buena parte de la clase política se ha dado cuenta de que, oh sorpresa, la vuelta a los centros educativos está a la vuelta de la esquina. Como si nunca se hubiese iniciado el curso escolar en el mes de septiembre. Y es que Gobierno central y, sobre todo, comunidades autónomas, han tenido meses para preparar el complejo inicio de curso y no han hecho nada más allá de dar unas instrucciones imprecisas y generales.

Que la vuelta debe ser mayormente presencial es algo imprescindible. La educación virtual a la que nos vimos forzados por el avance de la pandemia de covid-19 entre marzo y junio demostró que no reemplaza a la educación presencial. El alma de la docencia estaba ausente, por mucho que los profesores intentásemos recrearla a distancia. Los alumnos, da igual que sean de infantil, primaria o secundaria, necesitan la interacción social con docentes y compañeros, ya que es una parte fundamental de su educación, al margen de los contenidos académicos.

Sin embargo, la evolución actual de la pandemia en España y, en especial, en comunidades como Madrid, Cataluña, Aragón o País Vasco, hace que esa vuelta a los colegios e institutos sea muy complicada. Algo que ya se podía imaginar en junio e incluso en julio puesto que el virus en ningún momento dejó de circular por España. La relajación de una parte de la población y la torpeza de los distintos gobiernos ha hecho que la segunda ola de infecciones ya esté aquí y coincida con la temida (para las administraciones) vuelta al colegio.

Los profesores queremos volver. Como ya he mencionado, la experiencia de educación virtual no ha sido positiva. Habrá ignorantes que digan que hemos disfrutado en casa y que hemos estado de vacaciones varios meses, pero cualquier persona que tenga hijos en edad escolar habrá podido comprobar cómo los profesores de las distintas materias hemos estado trabajando muy duro, con aulas virtuales creadas de un día para otro con el cierre de los centros, empleando nuestro propio material e Internet, sin horarios, respondiendo a dudas tanto del alumnado como de sus familias a diario y muy supervisados por nuestros equipos directivos.

Ahora se pretende volver a los centros, pero en la mayoría de comunidades sin haber tomado las imprescindibles medidas de seguridad para evitar brotes del virus en las aulas. Se dice que al virus se le combate con las tres M: mascarillas, distancia de seguridad de 1,5 metros o más y lavarse las manos regularmente. Por tanto, las administraciones deben garantizar un suministro diario de mascarillas higiénicas en las aulas, así como de gel hidroalcohólico y/o jabón en cada aula y en cada baño, además de en pasillos, sala de profesores, despachos, etc.

Todo esto requiere de dinero, pero el problema de verdad viene con la distancia de seguridad entre personas. Tras los recortes en educación ejecutados por muchas comunidades, especialmente Cataluña y Madrid, las aulas quedaron masificadas con ratios muy altas de alumnos. Hablamos de hasta 25 en primaria y hasta 30 en ESO, por no hablar de los 35 de Bachillerato. Y esto no siempre es así, ya que la ley permite que se incluya hasta un 10 % más de alumnos, pudiendo haber un máximo de 33 alumnos en la ESO y 38 en Bachillerato, lo cual es una barbaridad y perjudica gravemente a la calidad educativa. Estos problemas afectan especialmente a la educación pública, aunque en la educación concertada también hay casos de aulas masificadas. 

Vuelta segura - Stecyl-i 

Por otro lado, los espacios en los centros se crearon pensando en una ratio de alumnos menor. Así, las aulas están colapsadas a menudo, con las mesas muy juntas y siendo imposible separar al alumnado de manera individual salvo en los exámenes, cuando la tipología de prueba hace necesario que haya cierta distancia entre los estudiantes. Esto, que ya era un problema importante antes, ahora es peligroso.

Por tanto, si queremos evitar rebrotes hay que reducir el número de alumnos urgentemente. Buscar espacios en centros municipales o de cualquier otra índole para habilitar aulas y desdoblar los grupos. Para ello, habría que contratar a más docentes. Y es aquí en donde nos topamos con la negativa rotunda de las administraciones, que rechazan ejecutar esa inversión. Inversión que, no obstante, están haciendo otros países como Italia, que también ha sido duramente golpeada por la pandemia. 

Vuelta segura - Stecyl-i 

En el caso que conozco de cerca, que es la Comunidad de Madrid, hasta esta semana la Consejería de Educación y Juventud se ha limitado a publicar unas instrucciones genéricas para el inicio de curso. En las mismas, se señala a los centros y a sus equipos directivos como los responsables de preparar el curso, pero a la vez negándoseles la posibilidad de habilitar más aulas. Además, designa a un miembro del equipo directivo como coordinador covid, cuando, es obvio, los profesores no somos ni médicos ni enfermeros y por lo tanto desconocemos protocolos y cómo distinguir los síntomas de la covid-19 respecto a los de otras enfermedades comunes en otoño e invierno como la gripe o un simple resfriado.

No se ha hecho nada y ahora, en pleno auge de los contagios, se pretende echar los balones fuera. Las comunidades quieren pasar el problema al ministerio y este a las comunidades. Las competencias son de las comunidades y el ministerio ya les dio instrucciones a tomar, pero sería positivo que la ministra interviniese dentro de sus capacidades para aclarar la situación.

Mientras tanto, a la vista de la nula gestión de la consejería de educación de Madrid, los sindicatos han convocado una huelga docente en los primeros días de curso, como protesta por la ausencia de medidas de seguridad. La respuesta del gobierno autonómico ha sido arrogante: insultos a los docentes, a los que el consejero y la presidenta Ayuso han llamado irresponsables, llegando a acusarles de haber estado comiendo y usando la luz durante el confinamiento a costa de los demás. Ni una sola palabra de agradecimiento a nuestra labor. Y tampoco de autocrítica, en un gobierno que no ha contratado los suficientes rastreadores para frenar la pandemia.

Esta actitud demuestra que una hipotética negociación está todavía lejos, por lo que se augura un curso difícil y caliente en Madrid. Repito, los profesores queremos volver, por supuesto, pero no a costa de arriesgar nuestra salud ni la de nuestros alumnos, sus familias y nuestras familias. El virus no suele ser agresivo con los menores, pero eso no significa que nunca lo sea y, de hecho, hay no pocos alumnos con enfermedades previas. La covid-19 ya ha demostrado sobradamente su capacidad de matar y de destrozar vidas. No dejemos al virus seguir haciéndolo. #PorUnaVueltaSegura.

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