“Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”

Con estas palabras el rey Juan Carlos I (Roma, 1938) prometió ante toda la ciudadanía que no volvería a ocurrir. Corría 2012, España estaba casi en la ruina y al borde del rescate debido a la crisis financiera y el entonces monarca fue sorprendido por sorpresa en una caza de elefantes que costaba unos 30.000 euros en un lejano país africano. Juan Carlos, apasionado de la caza, no era la primera vez que lo hacía, pero sí que se le descubría debido a que sufrió un aparatoso accidente por el que se rompió la cadera por tres lados.

La sociedad española, sufriendo como estaba por la crisis económica, se indignó de manera mayoritaria ante el escándalo. Fue tal la reacción de la opinión pública, que los asesores de la Casa Real decidieron que era necesario una intervención informal del rey, en la que, esquivando mirar directamente a la cámara, Juan Carlos dijo la frase que inicia este artículo: “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. El problema es que incumplió su palabra.


Fotografía de una caza de elefantes anterior a la de 2012. Al margen de las consideraciones éticas sobre la caza (más aún tratándose de un animal tan noble e inteligente como los elefantes que, además, están en peligro de extinción de no pocos lugares) cada una de estas suele costar alrededor de 30.000 euros.

Muchos fuimos los que aceptamos esa disculpa, dando una oportunidad a la Corona de cambiar el rumbo. Sin embargo, la institución quedó más tocada todavía con los casos de corrupción que afectaban al yerno del rey, Iñaki Urdangarín, que sigue en prisión actualmente. Todo ello hizo que Juan Carlos decidiese finalizar su reinado, abdicando en 2014 en su hijo, Felipe VI (Madrid, 1968).

El nuevo monarca intentó desde el principio desvincularse del reinado de su padre y de sus hermanas, en especial Cristina (aunque más tarde fue absuelta, al contrario que su marido). Incluso le arrebató el ducado de Palma, después de que saliesen a la luz unos correos entre Urdangarín y su socio corrupto en los que el entonces duque se burlaba de su título haciendo una obscena broma al respecto (“el duque emPALMAdo”).

La familia real quedó reducida a los reyes, sus hijas y los reyes eméritos. Hay que admitir que Felipe VI no está teniendo suerte en su reinado: la crisis económica, su propia crisis familiar (con encontronazos entre su madre y su esposa), el terremoto en el sistema de partidos español iniciado en 2014, con la consiguiente inestabilidad permanente; y ahora la peor pandemia en un siglo, a la que reaccionó tarde y torpemente con un mensaje televisivo tardío y frío que a muchos nos dejó indiferentes.

Pero lo que de verdad está poniendo a la monarquía entre la espada y la pared son sus propios miembros. Primero las actitudes nada ejemplares de algunos sobrinos del rey como los hijos de la infanta Elena, posicionándose públicamente a favor de la ultraderecha. Luego, el propio Urdangarín, en prisión. Y ahora el mismo rey emérito, que presuntamente ocultó millones de euros que no declaró a Hacienda y guardó en Suiza. Esto último ha sido lo más grave que le ha sucedido a la monarquía española desde su restauración en 1975. Revelaciones casi diarias con detalles vergonzosos de la vida privada de Juan Carlos I, de sus excesos económicos y de su antigua amante, Corinna Larsen.

Todo ello ha hecho que anteayer Juan Carlos, previo acuerdo con su hijo y con el Gobierno, decidiese abandonar España en lo que muchos niegan que sea un exilio, pero que se le parece bastante. Lo hace para intentar salvar la institución monárquica, que aun así queda muy tocada. Para las generaciones más jóvenes, Juan Carlos ya no es el rey que impulsó la democracia en España y frenó el golpe de Estado de 1981 sino el rey de los escándalos, de la buena vida y los excesos. Todo un ejemplo negativo pagado por los españoles.

Ahora, ¿va a ser España una república en el futuro? A corto y medio plazo seguro que no. ¿Por qué? Simplemente porque no hay de momento un clamor por la república. Un cambio de sistema político ahora es impensable, en plena pandemia y con una crisis económica a consecuencia de esta. La mayoría de la población ahora está centrada en sortear esta ola, y no es amiga de cambios de régimen.

Por otro lado, la derecha española sigue siendo monárquica y esto es muy importante. En parte la Segunda República fue inestable porque no contó con la lealtad de una parte del espectro político, que seguía siendo más bien monárquica. Sí se pudo proclamar porque las actuaciones del rey Alfonso XIII le habían dejado totalmente desacreditado y toda la izquierda más un sector derechista republicano se unieron y ganaron las elecciones municipales de abril de 1931, señalando la puerta de salida al monarca.

Así mismo, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) tampoco está por la labor de entrar en un terreno desconocido como sería un cambio de sistema. Y menos en el actual contexto de crisis.

Otro motivo por el que no habrá pronto una república es que sus mismos partidarios están divididos y cada uno pretende una república de acuerdo a sus preferencias. Los hay que optan por una república “popular”, lo cual espanta a muchos ya que eso sería una dictadura como las que hubo en Europa Oriental entre los años 40 y los 80 del siglo pasado. Otros sí queremos una república democrática, pero hay distintas posibilidades: unitaria o federal o presidencialista o parlamentaria. Por no hablar del tema de los símbolos como la bandera, que también dividen a los republicanos. Las diferencias entre los tipos de república ya las tratamos en otro artículo, pero personalmente creo que el modelo alemán o austriaco es el ideal: parlamentaria y federal.

Formas de gobierno en el mundo actualmente. Las repúblicas aparecen en azul y verde (presidencialistas con ligeras diferencias en el caso de las verdes), amarillo (semipresidencialistas), naranja (parlamentarias) o marrón (unipartidistas, es decir, dictaduras de partido único, normalmente comunista).

Se profundizaría en el Estado de las autonomías al crearse una federación. Aunque esto no impediría que el independentismo siguiese existiendo, creo que sí lo debilitaría ya que incluso Esquerra Republicana tiene un sector que aceptaría mantenerse en una España federal. Y parlamentaria porque creo que el parlamento debe tener primacía sobre el Ejecutivo, como actualmente. En Alemania, el parlamento elige al presidente de la República y también al canciller (jefe del gobierno), en el segundo caso tras unas elecciones generales. El presidencialismo da demasiado poder al presidente, como en Estados Unidos y la mayoría de repúblicas americanas, y el semipresidencialismo, como en Francia, permite al presidente cesar al primer ministro sin tener en cuenta al parlamento. En definitiva, concentra mucho poder en una sola persona, y eso a mi juicio no es conveniente.

Sin embargo, esto es solo una opinión y reincidimos: España no va a ser una república a corto o medio plazo. Se necesita tiempo para convencer a los que no son republicanos de que a España le iría mejor siendo una república y ello requiere de un gran esfuerzo de paciencia y pedagogía.

No obstante, la Corona no debe olvidar que España no es ni ha sido especialmente monárquica. Cuando Juan Carlos I restauró la institución tras la muerte de Franco, no eran pocos los escépticos con él y, tras sus actuaciones en la Transición, mucha gente se definió como “juan carlista”, pero no como monárquica. ¿Hay “felipistas” convencidos? Lo dudo, sinceramente. Felipe VI no ha tenido un 23-F para ser tan popular.

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