Los colores de las banderas europeas

Colores más habituales en las banderas.

Las banderas son probablemente el símbolo nacional más poderoso, el que más adeptos tiene y el más fácilmente identificable. Supera así a los otros símbolos de los estados, el himno, el lema y el escudo, que tienen un papel secundario si se compara con la bandera nacional. En España, por ejemplo, el escudo se emplea más en las instituciones mientras que el himno, al carecer de letra, no levanta precisamente pasiones. En cuanto al lema, Plus Ultra, es un gran desconocido del que ya hablamos en la revista El Magacín

Esto es algo que, a grandes rasgos, se repite en todos los países europeos: protagonismo de la bandera en mayor o menor medida (en países como Francia la bandera está ampliamente reconocida, mientras que en Alemania su uso es más discreto y en España cuenta con detractores, al igual que en otros estados).

Así, en este artículo vamos a ver qué colores son los más habituales en las banderas europeas. No hay grandes sorpresas en el continente, ya que el color más popular es el rojo, simbolizando la sangre, la fuerza y el sacrificio, sin las connotaciones comunistas que pudo tener en el pasado en países del este. El rojo es, en general, el color que está más presente en las banderas de todo el mundo. Posteriormente nos encontramos el blanco, un color también habitual en banderas europeas, aunque en el conjunto mundial es menos empleado. Le sigue el azul, otro color muy popular en banderas del mundo.

Continuamos con el verde, que es un color más específico pero que aun así se puede ver en varias banderas europeas. Por último, tenemos el amarillo, que aparece en varias banderas, entre ellas la española, presente en un número de banderas similar al verde. Hay colores mucho menos habituales, como el negro o el naranja. Llama la atención la ausencia de colores como el morado o el rosa, que en el pasado eran muy caros de producir, de ahí su notable ausencia. 
La preeminencia del rojo y el blanco en las banderas de la UE.

Las combinaciones de colores más habituales son de rojo con blanco y azul (como en las banderas de Países Bajos, Francia, Luxemburgo, Eslovenia, Eslovaquia, Rusia, Reino Unido, Noruega, Islandia…), seguida de rojo y blanco (Suiza, Polonia, Malta, Dinamarca…). Otras posibles combinaciones son de rojo, verde y blanco (Italia, Hungría) o rojo con amarillo o verde, esta más común en África aunque con casos en Europa.

Si nos centramos en los países de la Unión Europea, podemos ver esa preeminencia del rojo, que está presente en nada menos que 21 de los 27 países. Solo Irlanda, Suecia, Finlandia, Estonia, Grecia y Chipre prescinden del rojo. Algunos países le dan al rojo un peso notable, como España y Polonia (la mitad de la bandera) o Austria, Portugal y Dinamarca (más de la mitad). Los demás casos le dedican una tercera parte. En cuanto a Letonia, muestra una variedad de rojo llamada carmesí, más oscuro.

El blanco es otro color muy popular en las banderas de la Unión Europea, el segundo tras el rojo al estar presente en 20 banderas sin incluir escudos (si los incluyésemos, estaría presente también en las banderas de España y Portugal). Solo siete países prescinden del blanco: España y Portugal (con la salvedad mencionada ya), y Bélgica, Alemania, Suecia, Lituania y Rumania.

En el caso del azul, está presente en doce banderas (Francia, Países Bajos, Luxemburgo, Suecia, Finlandia, Estonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Rumania y Grecia). En el caso de Luxemburgo, es azul celeste, más claro que el de las demás. Además, es el color principal en la bandera de la propia Unión Europea.

El verde es un color menos habitual pero aun así se ve en varias banderas: las de Italia, Irlanda, Portugal, Lituania, Hungría, Chipre y Bulgaria. El amarillo, por su parte, está en siete banderas de la UE más la de la propia Unión (en sus estrellas): España, Bélgica, Alemania, Suecia, Lituania, Rumania y Chipre. El negro es minoritario y solo aparece en las enseñas de Alemania, Bélgica y Estonia. Finalmente, el naranja aparece en la bandera irlandesa.

Otros países europeos repiten esta tónica. Reino Unido, miembro de la UE hasta este año, tiene la combinación más habitual de rojo, blanco y azul. Idéntica combinación se emplea en Noruega, Islandia, Serbia y Rusia. De los demás países europeos, solo dos introducen colores menos habituales: el negro en Albania (por su águila bicefala) y el naranja en Armenia. 

¿Y qué pasa con las banderas que tienen escudos? Introducen más colores, como hemos visto en los casos de España y Portugal. En el caso de la española, el escudo aporta el mencionado blanco, pero también el rosa (por el león), el azul (por el emblema Borbón del centro) y el verde (por la granada). En el caso de Portugal, el escudo le añade el blanco y el azul. En otros países el escudo también añade colores a la bandera, como en Malta, Croacia o Moldavia.

Si nos fijamos en España, vemos que el rojo se repite como color más habitual en las banderas de las comunidades autónomas. Está presente en doce de las 19 (incluyendo las ciudades autónomas). En el caso de Castilla-La Mancha y de la Región de Murcia es un rojo oscuro carmesí. Como en el resto de Europa, el blanco es el segundo color más popular, con hasta once banderas. El amarillo en España está más presente que en otros países europeos, empezando por la bandera nacional. En las autonómicas aparece en diez (incluyendo los castillos en ambas Castillas, la cruz de Asturias y los castillos y coronas de Murcia). 
 
Azul y verde aparecen menos en las banderas de las comunidades. El azul en Galicia, Asturias, Canarias, Melilla y la Comunidad Valenciana y el verde en Euskadi, La Rioja, Extremadura y Andalucía. De colores minoritarios podemos ver el negro en Extremadura y Ceuta y el morado en las Islas Baleares y Castilla y León (por el castillo y el león respectivamente).

Por tanto, podemos ver que en Europa no somos demasiado originales con los colores empleados en nuestras banderas. El rojo, blanco, azul y amarillo dominan ampliamente el paisaje, con colores menos habituales como el verde o el negro.

Resumen por colores (banderas UE):
Rojo (21): Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Italia, Dinamarca, España, Portugal, Austria, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Malta, Croacia.
Blanco (20): Francia, Países Bajos, Luxemburgo, Italia, Irlanda, Dinamarca, Grecia, Finlandia, Austria, Estonia, Letonia, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Bulgaria, Malta, Chipre, Croacia.
Azul (12): Francia, Países Bajos, Luxemburgo, Grecia, Suecia, Finlandia, Estonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Rumania, Croacia. Además, la de la Unión Europea.
Amarillo (7): Alemania, Bélgica, España, Suecia, Lituania, Rumania, Malta. Además, la de la Unión Europea.
Verde (7): Italia, Irlanda, Portugal, Lituania, Hungría, Bulgaria, Chipre.
Negro (3): Alemania, Bélgica, Estonia.
Naranja (1): Irlanda.

Resumen por colores (banderas CCAA):
Rojo (12): Cantabria, Euskadi, Navarra, La Rioja, Castilla y León, Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana, Islas Baleares, Madrid, Castilla-La Mancha, Murcia.
Blanco (11): Galicia, Cantabria, Euskadi, La Rioja, Castilla y León, Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía, Canarias, Ceuta.
Amarillo (10): Asturias, La Rioja, Castilla y León, Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana, Islas Baleares, Castilla-La Mancha, Murcia, Canarias.
Azul (5): Galicia, Asturias, Comunidad Valenciana, Canarias, Melilla.
Verde (4): Euskadi, La Rioja, Extremadura, Andalucía.
Negro (2): Extremadura, Ceuta.
Morado (2): Castilla y León, Islas Baleares.

El Orgullo LGTBI en España desde los 70

Manifestación del Orgullo LGTBI en el EuroPride de 2007.
Hoy conmemoramos el día nacional e internacional del Orgullo de Lesbianas, Gais, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales, entre otras minorías sexuales, conocidos por sus siglas más habituales LGTB, LGTBI o LGTBIQ+.

Muchos años han pasado desde que el 28 de junio de 1969 comenzó la lucha de homosexuales, transexuales y bisexuales por lograr la igualdad efectiva con la mayoría de población heterosexual. Fue en Nueva York, en un pub llamado Stonewall Inn y tras una redada policial, una gota que colmó el vaso de un colectivo históricamente despreciado por tener una sexualidad diferente a la mayoritaria. 
Placa conmemorativa de los sucesos de Stonewall Inn, considerado sitio histórico de Nueva York desde 2014. Dice lo siguiente: Los sucesos que se iniciaron en Stonewall Inn en 1969 marcaron un cambio monumental para las lesbianas, gais, bisexuales, transexuales y personas queer americanas (LGTBQ). Stonewall, que ocupaba el 51-53 de la calle Christopher, era un bar gay que fue sometido a redada el 28 de junio de 1969. Los dueños y una multitud en el exterior se resistieron y los disturbios continuaron en las siguientes noches en el parque Christopher y en las calles adyacentes. Este levantamiento catalizó el movimiento de derechos civiles LGTBIQ, resultando en un incremento de la visibilidad de la comunidad, que continúa resonando en la lucha por la igualdad.
 
Lo sucedido en Stonewall tuvo repercusiones en todo el mundo, incluida España. Nuestro país, entonces bajo control de una férrea dictadura, también vivió a principios de los años 70 el nacimiento del movimiento LGTBI, aun a pesar de lo peligroso que era reivindicar derechos en ese momento. No en vano la dictadura rechazaba a las personas LGTBI y había una ley que se ocupaba de reprimirlos, la Ley de Peligrosidad Social, aprobada en 1970 y que solo fue totalmente abolida en 1995. Destacó el Movimiento Español de Liberación Homosexual, primera organización LGTBI en el país, sucedido por el Front d´Alliberament Gai de Catalunya.

La muerte de Franco y la Transición hicieron que el movimiento cogiese el impulso definitivo, aunque siguiese siendo clandestino e ilegal hasta 1978, cuando la homosexualidad fue legalizada en España. Antes, en 1977, se había realizado por primera vez una manifestación por los derechos LGTBI en Barcelona. 
Primera manifestación por los derechos LGTBI en España, en Barcelona (1977).
 
El Front fue legalizado en 1979 y, a partir de ahí, comenzaron a surgir más asociaciones LGTBI por toda España. En 1983 la homosexualidad dejó de ser considerada motivo de escándalo público y durante toda la década de los 80 fue desarrollándose el movimiento con mayor libertad.

Si nos centramos en el día del Orgullo cada 28 de junio y en las manifestaciones asociadas a este día, es curioso ver que en España fueron más numerosas a partir de 1977 que a mediados de los 80, cuando entraron en crisis. En 1988, en Madrid solo acudieron 100 personas, y en 1984 en Barcelona no se llegó al millar. En 1990 en Madrid solo hubo 200, pero el número fue poco a poco creciendo durante los 90: entre 500 y 1000 en 1991 y 500 en 1993 y 1994. Este último año, además, se celebraba el 25 aniversario del inicio en Stonewall.

Las cifras en otros países eran muy distintas. En Nueva York en 1994 acudieron a la manifestación unas 750.000 personas, incluidos varios españoles como Mili Hernández, propietaria de una de las librerías de vanguardia del colectivo LGTBI, Berkana.

A raíz de esta experiencia, las asociaciones españolas se dieron cuenta de que había que hacer mejoras en la marcha de Madrid. Lo primero fue cambiar el día: el 28 de junio podía ser entre semana o en fin de semana, pero para mejorar la asistencia era mejor que fuese siempre un sábado por la tarde, como así se hace hasta hoy. También se adoptó el nombre Orgullo, no sin ciertas dudas de una parte del colectivo. Orgullo se refería a la reivindicación de la dignidad como personas del colectivo, lo cual se hacía (y se hace) con orgullo, especialmente después de pasar décadas reprimidos bajo la dictadura franquista. 
Además de este debate, destacó el de los símbolos. El colectivo LGTBI había utilizado desde hacía años el triángulo rosa invertido, empleado cruelmente por los nazis para marcar a los homosexuales en sus campos de exterminio. Tiempo después de este horrible acontecimiento, el colectivo LGTBI lo tomó como símbolo de recuerdo y reivindicación, hasta hoy. Asociaciones como la Fundación Triángulo o COGAM lo siguen empleando. Otro símbolo tradicional era la letra griega lambda en color rosa. Esta letra se asocia en física con la energía, y de ahí que se decidiese en los 70 adoptarla como símbolo de unión y energía del movimiento. 
 Letra griega Lambda, uno de los símbolos del colectivo LGTBI.

Sin embargo, Mili Hernández trajo de Nueva York un nuevo y poderoso símbolo para el colectivo: la bandera arcoíris. Esta fue creada en 1978 en San Francisco y se empleaba en Estados Unidos. Originalmente tenía ocho colores: rosado, rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y púrpura. Más tarde, se quedaron en los seis actuales: rojo (representando la vida), naranja (salud), amarillo (sol), verde (naturaleza), azul (serenidad) y púrpura (espíritu). 
 Bandera original del movimiento LGTBI, de 1978.

 Bandera actual, de seis colores.

Así, en 1995 la manifestación del Orgullo se modernizó, siendo el sábado anterior al 28 de junio, la marcha empezaría en la Puerta de Alcalá y acabaría en Sol, y se mostró por primera vez la bandera del arcoíris. El resultado fue un éxito: 2.000 personas, cifra muy por encima de las anteriores.

A partir de 1995 las marchas no hicieron sino crecer en todas las grandes ciudades españolas. En 1996 hubo entre 2.000 y 4.000 personas. En 1998 el número creció a entre 6.000 y 10.000 y en 1999 a hasta 30.000. En el año 2000 se dio la primera convocatoria estatal, en Madrid, con entre 50.000 y 70.000 asistentes. Barcelona no se modernizó tan deprisa como Madrid en este sentido y quedó rezagada hasta hoy.

Para el año 2000, la manifestación no era el único evento que se realizaba sino que duraba una semana, incluyendo actividades no necesariamente reivindicativas sino también festivas. Así, en los primeros años 2000 la cifra se participantes continuó creciendo, y cada vez más rápido. Primero se reclamó el matrimonio igualitario y luego se celebró una vez se consiguió en 2005 de la mano del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Una vez conseguido el matrimonio, la Federación Estatal LGTB comenzó a organizar años temáticos, cada uno centrado en un aspecto particular que se pretendía impulsar: visibilidad lésbica, VIH, transexualidad, educación afectivo-sexual, la juventud sin armarios, los derechos LGTBI en el ámbito internacional, la atención a los mayores LGTBI o la bisexualidad.

También en 2005 la organización del Orgullo estatal cambió. Hasta entonces se ocupaban las asociaciones. Ese año se creó el MADO, organismo compuesto por COGAM, la Federación Estatal LGTB y la Asociación de Empresarios LGTB (AEGAL). A partir de entonces, la parte festiva quedó en manos privadas y la reivindicativa en la de las asociaciones. Con esta gestión, se logró el récord de asistentes: en 2007 con ocasión del EuroPride, con hasta dos millones de asistentes. Esta cifra se repitió en 2017 con el WorldPride, que coincidió de nuevo con el EuroPride en Madrid, consagrándola como una de las principales capitales mundiales de los derechos LGTBI. 
Manifestación del WorldPride en Madrid en 2017.

Este modelo de Orgullo no carece de detractores a pesar del éxito en asistencia ya que se le acusa de dejar a un lado la reivindicación para primar la celebración, bajo gestión de los empresarios. Así, ha habido alternativas en los últimos años como el Orgullo Crítico, estrictamente político.

Este año no habrá una masiva manifestación debido a la pandemia de Covid-19, pero habrá actividades por el Orgullo, este año dedicado a las mujeres lesbianas, transexuales o bisexuales. Y así seguirá siendo en los próximos años, porque queda mucho por hacer hasta alcanzar la igualdad real

BIBLIOGRAFÍA

MARTÍNEZ, R. Lo nuestro sí que es mundial. Una introducción a la historia del movimiento LGTB en España. Madrid: Egales, 2019.  

El tablero de ajedrez en el centro de Lisboa

Vista de satélite del centro de Lisboa. Se puede observar el plano perfecto de la Baixa, formando un auténtico tablero de ajedrez. A la derecha se ve que otro barrio, la Alfama, mantuvo el plano irregular, en parte debido a su situación en una colina.

Sí, en pleno casco histórico de la capital portuguesa, Lisboa, hay un tablero de ajedrez gigante, en concreto en el barrio de la Baixa. ¿Cómo? Debido al plano ortogonal que forman sus calles, que se cruzan perpendicularmente creando cuadrados y formando manzanas. Este plano es el más habitual en ciudades romanas y griegas y fue recuperado a partir del siglo XVI en las ciudades europeas y americanas debido a que es el mejor para organizar las ciudades.

Sin embargo, hasta 1755 el centro de Lisboa tenía un plano irregular, con calles estrechas y tortuosas, que se cruzaban desordenadamente y a veces con callejones sin salida. Podemos observar este plano en muchas ciudades medievales, tanto con pasado islámico como cristiano, como Toledo, Córdoba o incluso la zona más antigua de Madrid.

¿Qué ocurrió para que en Lisboa prescindiesen de ese plano medieval que hoy todavía se puede apreciar en otro barrio histórico llamado Alfama? En realidad no prescindieron sino que algo les hizo cambiar todo el centro de la ciudad porque este quedó destruido. El 1 de noviembre de 1755 se produjo un terremoto en las costas portuguesas que fue seguido de un tsunami que entró por el estuario del Tajo y destrozó la ciudad, incluido el palacio real, que se hallaba en donde hoy encontramos la Praça do Comércio. 
 Vista de la Praça do Comércio, espacio en el que hasta el terremoto de 1755 estaba el palacio real. Hoy es sede de varios ministerios y del impresionante arco de triunfo que la corona. 

En vez de reedificar la ciudad con el plano anterior, el entonces gobernante del país, el marqués de Pombal (que da nombre a una gigantesca glorieta de la ciudad), ordenó su reconstrucción de acuerdo con el espíritu ilustrado de la época. El plan era revolucionario: en donde había calles estrechas y desordenadas se planteó un enorme tablero de ajedrez, que estaba precedido en el río por una gran plaza abierta a este. En dicha plaza, la del Comercio antes mencionada, estarían los edificios del gobierno y de la administración (todavía hoy varios ministerios tienen su sede allí).

A esos edificios se sumaba un bello arco triunfal que da acceso desde la plaza a una de las avenidas más comerciales y elegantes de Lisboa: la Rúa Augusta. Para coronar la Plaza del Comercio, se colocó una estatua ecuestre del rey José I, que todavía podemos observar en el centro de la plaza. 
Arco de triunfo de Lisboa con uno de sus famosos tranvías.
 
Tras esto, la mayor parte del centro de Lisboa quedaba perfectamente organizado desde un punto de vista urbanístico, reflejando los principios de la Ilustración basados en la razón y en la planificación. Toda una delicia para los pensadores de la época y para los visitantes de esa preciosa ciudad. 
Vista satelital de la ciudad en su conjunto, con el estuario del Tajo y la Baixa en la parte inferior.

BIBLIOGRAFÍA

DE OLIVEIRA MARQUES, A.H. Brevísima Historia de Portugal. Lisboa: Tinta da China, 2019. 

Las fronteras en el mundo


Hay cientos de miles de kilómetros de fronteras en el mundo, quizá demasiados. Tenemos fronteras físicas, como los mares y océanos o ríos y montañas y, las más abundantes, fronteras políticas, que separan a los diferentes estados. Sobre estas últimas vamos a hablar en este artículo.
La existencia de las fronteras es casi tan antigua como la Humanidad. Ya en la Antigua Grecia se consideraba a todos los que no viviesen en Grecia como “bárbaros”, término que también usaron los romanos, quienes siempre buscaron fronteras físicas para delimitar su imperio, como los ríos Danubio y Rin o el desierto del Sáhara. En donde no era posible, construyeron muros para protegerse de incursiones de sus vecinos, como en Britania (actual Gran Bretaña), donde el emperador Adriano construyó un muro entre las actuales Inglaterra y Escocia.
Otro ejemplo famoso de frontera fortificada: la Gran Muralla que separaba al original imperio chino de sus vecinos mongoles.
Esto no es muy distinto hoy, en un mundo en el que hay numerosas barreras en forma de muros o vallas para delimitar claramente fronteras, algunas no muy lejos, como en las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, que limitan con Marruecos.
Las fronteras pueden estar abiertas, lo que las convierte en un elemento más bien administrativo aunque separe a dos estados. Es lo que ocurre en el Espacio Schengen, que incluye a la mayoría de países de la Unión Europea más Suiza, Noruega e Islandia. La circulación es libre entre los países salvo si se reinstauran los controles por causa de fuerza mayor (como en estos meses debido a la pandemia de Covid-19).
Otras fronteras sí tienen controles permanentes, como las de España con Andorra, Gibraltar y Marruecos y la mayoría del mundo. Y, por último, hay fronteras totalmente cerradas debido a la enemistad manifiesta entre dos países vecinos. Esto ocurre entre Marruecos y Argelia, que comparten una larga frontera que está cerrada desde hace años. También sucede entre las dos Coreas o entre Armenia y Turquía.
En cuanto a su longitud, hay fronteras de todos los tamaños. Una de las más cortas, quizá la que más, es la de España con Marruecos en el Peñón de Vélez de la Gomera, una de las plazas de soberanía, que consta de solo unos metros y está marcada con una cadena. En el lado contrario, hay fronteras de miles de kilómetros, como la de Mongolia con China, que tiene más de 6.000 km, o la de Rusia y Kazajistán, con casi 7.000 km. Por no hablar de la frontera de Estados Unidos con Canadá, de casi 9.000 km si incluimos Alaska.
El Peñón de Vélez de la Gomera, territorio español, con la minúscula frontera con Marruecos.
En la longitud de fronteras por países influye, evidentemente, la geografía. Un país enorme como Australia no tiene ninguna frontera terrestre debido a que es una isla continental. Sin embargo, China es el país con más km de fronteras debido a que su salida al mar está solo al este. España, por ejemplo, es más extensa que Alemania pero tiene menos km de fronteras porque está situada en una península.
Países del mundo sin fronteras terrestres.
Los países con más de 5.000 km de fronteras son China (con casi 23.000 km), Rusia (casi 21.000 km), Brasil (17.000), India (14.000), Estados Unidos (12.000), Kazajistán (12.000), República Democrática del Congo (11.000), Argentina (9.000), Canadá (9.000), Mongolia (8.000) y otros países más pequeños (Mali, Perú, Pakistán, Sudán, Bolivia, Argelia, Uzbekistán, Chile, Colombia, Chad, Birmania, Níger, Zambia, Afganistán, Congo, Irán, Etiopía, Angola, Laos y Mauritania.
España, en comparación, solo tiene 1918 km de los que la mayoría son con Portugal, la frontera ininterrumpida más larga dentro de la Unión Europea.
En el lado contrario, los microestados tienen fronteras muy cortas debido a su escasa extensión, como la Ciudad del Vaticano (solo tres kilómetros con Italia), Mónaco o San Marino. Dinamarca tiene solo 68 km con Alemania debido a que es una península y varias islas.
En cuanto a los países totales con los que limita cada nación, en buena medida tiene relación con la extensión del país y su posición geográfica. China es el país que tiene más vecinos: hasta 16, incluidas las regiones administrativas especiales de Hong Kong y Macao. Rusia limita con 14, Brasil con 10, la República Democrática del Congo con 9, Austria o Turquía con 8, Malí, Sudán o Argelia con 7… en Europa, Francia limita con 11, incluyendo el departamento de la Guayana Francesa en Sudamérica. Alemania limita con 9 y España, aunque a simple vista pueda pasarse por alto, con cinco (Portugal, Francia, Andorra, Marruecos y Reino Unido a través de su colonia de Gibraltar).
Por tanto, las fronteras actuales son muy heterogéneas y hay diversos tipos. Su situación también es distinta según el continente, la geografía, la historia o los estados a los que limiten.

Las alianzas de las antiguas repúblicas soviéticas



Un hombre posa con una estatua de Lenin, fundador de la URSS en 1922, recién desmantelada después de la desintegración de la unión en 1991.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), también llamada Unión Soviética, cayó a lo largo de 1991 debido a sus múltiples problemas tanto internos como externos, destacando la debilidad de su economía, la caída del bloque de Europa del Este, hasta entonces bajo su control; y la derrota militar en Afganistán.

Así, cada una de las repúblicas que la conformaban se proclamó independiente. Algunas de ellas se anticiparon, como las repúblicas bálticas, ansiosas de recuperar su independencia. Otras, como las de Asia Central, lo hicieron casi a regañadientes y se mantuvieron fieles al estado soviético hasta prácticamente cuando se disolvió de manera oficial la unión, a finales de diciembre de 1991.

De esta manera, el antiguo espacio soviético está ocupado hoy por quince países distintos. La Federación de Rusia fue la que reemplazó a la URSS como sujeto en el ámbito internacional, incluyendo su sillón en el Consejo de Seguridad de la ONU. También recopiló todo el armamento nuclear soviético, incluido el que estaba en otras repúblicas, que decidieron cedérselo a Rusia ante la dificultad de su mantenimiento. Así, Rusia, aunque debilitada, sigue siendo una potencia a tener en cuenta a ser la heredera de la URSS, en su día superpotencia mundial junto a Estados Unidos.

Así, la vieja rivalidad entre Rusia y Occidente se mantiene hasta hoy. Cuando se derrumbó el bloque soviético, Estados Unidos y sus aliados en Europa Occidental aprovecharon la situación y expandieron el capitalismo y la democracia a Europa Oriental. De esta manera, la OTAN y también la Unión Europea se ampliaron con mus países anteriormente aliados de la URSS, como Polonia, Hungría, la República Checa, Eslovaquia, Rumania o Bulgaria. A estos se les suman Estonia, Letonia y Lituania, únicas ex repúblicas soviéticas en la OTAN, a la que se unieron esperando estar protegidas frente a Rusia.

La principal consecuencia de estos movimientos de los 90 y de los 2000, es que Rusia ha visto como un amplio territorio de protección entre Berlín y su frontera se ha desvanecido, estando amenazada por el oeste. Hay que recordar que Rusia ha sido invadida varias veces desde el oeste: por Francia a principios del siglo XIX y por Alemania en 1914 y 1941.

Además, la geografía rusa es favorable a hipotéticas invasiones: en su zona europea es completamente llana hasta los montes Urales al ser parte de la gran llanura europea, que se inicia en Francia al oeste y finaliza en los citados Urales al este.

De esta manera, y con las repúblicas bálticas y Europa del Este ya perdidas, Rusia tuvo que intentar mantener a toda costa la amistad o, como mínimo, la neutralidad del resto de ex repúblicas soviéticas. Primero fue por las buenas, con organizaciones como la Comunidad de Estados Independientes, que pronto se reveló ineficaz, o la más reciente Unión Eurasiática, que incluye a Rusia y a sus más estrechos aliados, que veremos después.

La influencia de la lengua rusa también revela cuáles son los aliados de Rusia.

Pero Rusia también ha reaccionado por las malas a acciones que considerase agresivas contra su espacio de protección. Así, en 2008 hubo una guerra (corta) entre Rusia y Georgia después de que esta intentase recuperar dos territorios independientes de facto que están protegidos por los rusos: Osetia del Sur y Abjasia. Y es reciente lo sucedido en 2014, cuando cayó el gobierno prorruso de Ucrania y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, reaccionó anexionándose la península de Crimea, de mayoría étnica rusa pero bajo dominio ucraniano. Rusia también protege a otros territorios independientes de facto como Transnistria en Moldavia o las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk en el este de Ucrania.

Así, las alianzas de las catorce ex repúblicas soviéticas (sin contar a Rusia, obviamente) son actualmente las siguientes:

Aliadas con Estados Unidos y la Unión Europea:


Flag of EstoniaFlag of LatviaFlag of Lithuania

Estonia, Letonia y Lituania: las tres son miembros de la UE y la OTAN desde 2004. Así, acogen ejércitos de la alianza atlántica y están plenamente integradas en Occidente.


Flag of Georgia

Georgia: es claramente favorable a Occidente desde que se independizó. Habría deseado imitar a las repúblicas bálticas, pero simplemente está demasiado lejos del alcance de la OTAN y demasiado cerca de Rusia. De hecho, como hemos mencionado anteriormente, dos pequeños territorios reconocidos aún como georgianos, Osetia del Sur y Abjasia, son independientes por apoyo de Rusia. Así, Georgia querría acceder a la OTAN, como mínimo, pero su entrada es difícil ya que Rusia lo vería como una clara amenaza.

Más proclive a Occidente:


Flag of Ukraine

Ucrania: después de los sucesos de 2014, es partidaria de la UE y la OTAN pero, como en el caso de Georgia, le es muy difícil el poder acceder a ambas organizaciones. Rusia ya le ha arrebatado Crimea y ha desestabilizado el este del país, activando movimientos prorrusos. Además, la misma Ucrania no está unida: la zona occidental es mucho más partidaria de acercarse a la UE que la zona sur y este, en donde hay amplias minorías rusas y se habla más ruso que ucraniano.

Neutrales:

Flag of Moldova
Moldavia: le pasa algo parecido a Georgia, dados sus vínculos históricos con Rumania (de hecho, en Moldavia se habla rumano). Sin embargo, sus gobiernos han variado entre favorables a Occidente o más proclives a la neutralidad. Además, el territorio de Transnistria está controlado por Rusia, lo cual es una garantía de que Moldavia permanezca como mínimo neutral.


Three equally sized horizontal bands of blue, red, and green, with a white crescent and an eight-pointed star centered in the red bandFlag of UzbekistanFlag of Turkmenistan

Azerbaiyán, Uzbekistán y Turkmenistán: los tres ven pocos motivos para tomar partido por ninguno de los dos bandos. Los tres son potencias energéticas, sobre todo de gas natural, y su seguridad no depende ni de Rusia ni de Occidente. Así, prefieren mantenerse al margen en lo posible. Sí que tienen vínculos culturales con Turquía ya que sus lenguas están emparentadas con el turco. Eso no es un peligro para Rusia ya que Turquía está cada vez más alejada de Occidente y más cercana a Moscú.

Aliadas con Rusia:

Miembros de la Comunidad de Estados Independientes (CEI). Solo quedan Rusia y sus aliados, así como países neutrales. Rusia y Bielorrusia son estrechas aliadas (amarillo). En verde, otros aliados de Rusia que desean entrar en el Estado de la Unión (Rusia-Bielorrusia) más Moldavia, cuya política varía. En rojo, países de la CEI que son neutrales o aliados de Rusia.
Flag of Kazakhstan

Kazajistán: es la segunda ex república soviética más extensa, en pleno centro de Asia. Como las demás aliadas de Rusia, es llamativo y nada inocente que el ruso se hable allí. De hecho, en Kazajistán hay importantes minorías rusas en el norte del país. Es miembro de la Unión Euroasiática.
Flag of Kyrgyzstan

Kirguistán: es un caso parecido al anterior. El ruso también es oficial y es miembro de la Unión Euroasiática.
Flag of Tajikistan

Tayikistán: de nuevo es parecido a los anteriores, pero con algunas diferencias. El ruso no es lengua oficial y tiene fuertes vínculos con Irán, ya que comparten la misma cultura y una lengua hermana. Sin embargo, Irán es aliada de Rusia, por lo que Tayikistán también lo es, aunque dependa mucho más de Rusia que Irán, potencia en sí misma. Es el único de los aliados de Rusia que no pertenece a la Unión Euroasiática.
Flag of Belarus

Bielorrusia: es el más firme aliado de Rusia desde que cayó la URSS. Juntas firmaron el Estado de la Unión, una entidad supranacional incluye a ambas y que actúa como una auténtica confederación. De hecho, la frontera entre Rusia y Bielorrusia está levantada, al estilo de Schengen en la UE.
Flag of Armenia

Armenia: también aliada con Rusia por motivos políticos y culturales. No se habla ruso y tiene su propia idiosincrasia, pero está enemistada con Turquía, todavía aliada de Occidente, y con Azerbaiyán. Rusia posee tropas en Armenia.

Por tanto, podemos ver cómo el antiguo espacio soviético es muy complejo desde el punto de vista geopolítico. Rusia mantiene su influencia en buena medida en la zona, pero debe afrontar la competencia de otras potencias, como Estados Unidos y la UE, que han extendido su influencia a varios países de la región. Y, por supuesto, la competencia de China, que ha extendido sus redes de negocios a los países de Asia Central.


BIBLIOGRAFÍA:

MARSHALL, T. Prisioneros de la geografía. Barcelona: Península Ed, 2017.

¿Qué tenemos al otro lado del océano?

Hoy vamos a ver un mapamundi en el que se muestra el continente americano, pero de una manera especial. Aparecen todos los países con algunas de las ciudades más destacadas y una serie de franjas de distintos colores que recorren las costas de América. Básicamente se quiere presentar a qué países mira cada kilómetro de la costa americana en línea recta. Así, podemos observar muchos aspectos curiosos, como que Europa está a una latitud bastante más norteña de lo que podemos imaginar.

También este mapa nos sirve para entender ciertos sucesos históricos. Estados Unidos estuvo toda la Segunda Guerra Mundial bastante más preocupado por Japón que por lo que ocurría en Europa. Es entendible viendo que casi toda su costa oeste tiene enfrente a Japón, aunque sea a miles y miles de kilómetros, ya que les separa todo el océano Pacífico.

En el caso de España, vemos que su costa atlántica está dividida en dos por Portugal. La costa atlántica sur, la andaluza de Huelva y Cádiz, tiene enfrente si no nos movemos en una línea recta, a Estados Unidos, en concreto al estado de Virginia. La costa atlántica norte, la de Galicia, también tiene enfrente a Estados Unidos, en concreto los estados de Massachusetts, New Hampshire y Maine. Pero antes de alcanzar la costa estadounidense, llega a tener enfrente una pequeña porción de Canadá, en concreto la provincia de Nueva Escocia, situada en una península que mira al sur, hacia Estados Unidos. Así, España está situada muy al norte, como el conjunto de Europa. Madrid, de hecho, está justo a la misma latitud que Nueva York.

Si España tiene un clima más cálido que el del noreste de Estados Unidos es por la influencia de las corrientes marinas, que moderan el clima europeo, en contraposición al de esa zona de América. Reino Unido, que tiene un clima moderado de tipo oceánico, tiene justo enfrente al otro lado del océano el norte de Canadá, que es extremadamente frío.

Una pregunta inevitable si vemos este mapa es, ¿por qué España colonizó en América territorios más al sur en vez de los actuales Estados Unidos, que estaban enfrente? De nuevo es por influencia de las corrientes marítimas. Colón en su primer viaje se trasladó a Canarias, ya posesión española en esa época, que en la costa sur de Marrueco, es decir, en la misma latitud que Florida, también en Estados Unidos. Desde Canarias, Colón se embarcó hacia el oeste pero los vientos le llevaron algo más al sur, hasta las islas Bahamas, al sureste de Florida. Y allí fue donde desembarcó por primera vez. Las siguientes expediciones siguieron esa ruta y la colonización española siguió por las Antillas y de ahí a Centroamérica, México y, más tarde, Sudamérica. En cambio, los británicos colonizaron el noreste del continente, la zona más cercana a su tierra.

Los mapas, siempre, dándonos información interesante.

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